Cómo Combatir las Técnicas de Control Mental de las Sectas, Steven Hassan

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NOTA: Está agotada la versión española de esta obra. La colocamos aquí sólo con fines didácticos y mientras no se ponga de nuevo a la venta.

Cómo Combatir las Técnicas de Control Mental de las Sectas

Steven Hassan

Dedico este libro a las personas de todo el mundo que alguna vez se han visto privados de su libertad, con la esperanza de poder aliviar sus sufrimientos.

Steven Hassan.

ÍNDICE

Prólogo: de Margaret T. Singer

Capítulo 1: Asesoramiento en abandonos: los antecedentes

Capítulo 2: Mi vida en la Iglesia de la Unificación.

Capítulo 3: La amenaza: las sectas de control mental en la actualidad.

Capítulo 4: Comprender el control mental

Capítulo 5: Psicología de la secta

Capítulo 6: Evaluación de las sectas: cómo protegerse a uno mismo

Capítulo 7: Asesoramiento en abandonos: libertad sin coacción

Capítulo 8: Cómo prestar ayuda

Capítulo 9: Cómo vencer el control mental de una secta

Capítulo 10: Estrategias para la recuperación

Capítulo 11: El siguiente paso

Apéndice: Los ocho criterios de Lifton sobre el control mental

AGRADECIMIENTOS

Con mi más sincero reconocimiento doy las gracias a mis padres, Milton y Estelle Hassan, por todo su amor y su apoyo. Cada vez que los he necesitado, allí estaban a mi disposición. Lo arriesgaron todo para rescatarme de los «Moonies»* y les estaré agradecido eternamente por lo que hicieron.

Quiero dar las gracias a mis hermanas, Thea y Stephanie, lo mismo que a mis cuñados, Doug y Ken, por todo lo que hicieron en el transcurso de los años. A mis tíos, Phyllis y Mort Slotnick, que siempre me han dado un apoyo muy fuerte.

Además quiero agradecer a Gary Rosenberg, Michael Strom, Néstor García y Gladys Rodríguez por su fuerza de voluntad puesta de manifiesto en cinco días muy difíciles de 1976, en los que me ayudaron a volver a la realidad. Sin su ayuda, podría haber pasado muchos años más con los Moonies.

Un reconocimiento muy especial para Aureet Bar-Yam, quien durante más de siete años ha soportado las formidables exigencias que ha requerido mi trabajo. Sus padres, los doctores Zvi y Miriam Bar-Yam, han sido una fuente de amor, inspiración y ayuda en innumerables ocasiones.

También me gustaría dar las gracias a unos cuantos amigos muy especiales: Gary Birns, Mar y Elyse Hirschorn, Monica Weiss, Lenny Harris, el doctor Karen Magarian, Joan Lebach, Michael Lisman, Russell Backer y Susan Mayer, Michael Stone, Chris y Lee Benton, Steve y Nelí Morse, y a muchos más, demasiado numerosos para ser citados aquí. Ellos saben quiénes son.

Algunas personas han sido mis maestros y, en ocasiones, mi inspiración. Me gustaría dar las gracias a Robert Jay Lifton, doctor en Medicina; Milton H. Erickson, doctor en Medicina; Margaret Singer, doctora en Filosofía; Fío Conway y jim Siegelman: John Grinder, doctor en Filosofía, y a Richard Bandíer, Buí y Lorna Goldberg, David Gordon y Stephen Lankton.

* Moonies es el apodo inglés que se aplica a los seguidores de la secta Moon. (N. del T.)

Mi caluroso agradecimiento a todos aquellos que contribuyeron de forma importante a la elaboración de este libró. Mi mejor amigo, Chris Kilham, me ayudó a buscar mi editor, Ehud Sperling, quien tuvo el valor, la visión y la integridad para publicar esta obra. También quiero dar las gracias a Leslie Colket, gerente editorial, que creyó en este libro, realizó innumerables aportaciones y supervisó su desarrollo desde la primera página hasta el final.

También quiero expresar mi reconocimiento a Ed Conroy por su contribución al revisar y corregir el manuscrito. Se sumó al proyecto con entusiasmo, y con sus conocimientos consiguió que esta obra tuviese más alcance y efectividad.

Mi agradecimiento también a Susan Davidson y Anna Congdon por su valiosa asistencia para darle a este libro su forma final.

A lo largo del camino muchas otras personas me han ayudado sustancialmente con sus informaciones, evaluaciones y comentarios literarios. Doy también las gracias a Alan MacRobert, Herb Rosedale, Betty y Kate Kilham, Fred Clarkson, James y Marcia Rudin, Priscilla Coates, David Rich, Caro Tumbulí, Carol y Noel Giambalvo, Chip Berlet y Ford Greene.

Algunas de las personas mencionadas aquí -amigos colegas, antiguos clientes- estuvieron dispuestas a compartir las historias acerca de su participación en las sectas, y con ello enriquecieron este trabajo. Les estoy muy agradecido por su ayuda y su estímulo. A lo largo de los muchos años que llevo vinculado al campo de las sectas, he encontrado algunas de las personas de mayor talento, interés y bondad del mundo.

PRÓLOGO

El teléfono sonaba con insistencia. El reloj marcaba las 4.30 de la mañana. Resultaba muy difícil comprender lo que el reportero de The Berkeley Gazette me decía por el auricular: “Margaret, odio tener que molestarte tan temprano, pero acabamos de enterarnos de que Jim Jones ha decidido apretar el gatillo allá en Guyana. Me he pasado toda la noche en una casa de Berkeley hablando con ex miembros del Templo de, la Gente y con parientes de las personas que están en Jonestown. Aquí hay una madre cuyo marido y su hijo de doce años están allí, y se encuentra desesperada.

No sabemos si están todos muertos o si hay supervivientes. Ya sé que te dije que no atendieras a ex miembros del Templo de la Gente por el peligro de las amenazas que los llamados de Jones profieren contra los antiguos miembros, pero estas personas necesitan hablar contigo y recibir ayuda por lo que ha sucedido”.

Ya amanecía cuando subí los peldaños vigilados por sombríos policías de Berkeley, puestos en estado de alerta ante el temor de que Jones hubiera dado «órdenes» a los miembros de la zona para acabar con los desertores cuando decidiera el final de la «noche blanca», nombre que había dado al momento, tantas veces ensayado, en que dispondría que todos sus seguidores se envenenaran.

El reportero, mi hijo (que también es periodista) y unos cuantos oficiales de policía me habían advertido que no ofreciera mis habituales servicios gratuitos de consulta a los ex miembros del Templo de la Gente, a pesar de que desde hacía mucho tiempo yo ofrecía estos servicios a antiguos miembros de sectas. Al parecer, Jones utilizaba a sus «ángeles» para vengarse de sus seguidores que le hablan abandonado y de quienes les habían ayudado.

La mujer cuyo marido e hijo fueron identificados entre los muertos de Jonestown era sólo una entre muchos. Pasé horas y días en reuniones y charlas con diversos supervivientes que regresaban desde Guyana al área de Bay e intentaban rehacer sus vidas después del holocausto guyanés. Estaban el abogado Tim Stoen y su esposa Grace, cuyo joven hijo había sido mantenido cautivo por Jones y asesinado en Jonestown. Estaban los miembros del equipo de baloncesto que habían escapado de los suicidios y asesinatos en masa. Estaba la niña de nueve años que había sobrevivido a pesar de que una mujer le cortó la garganta antes de suicidarse en Georgetown, Guyana, siguiendo las órdenes de muerte masiva impartidas por Jones. Estaba Larry Layton, reclamado por los tribunales de dos países bajo la acusación de matar al representante Leo J. Ryan y a otras personas en el aeropuerto de Guyana en cumplimiento de las órdenes de Jones.

Empecé a trabajar con ex miembros de sectas unos seis años antes de los sucesos de Jonestown, y continúo haciéndolo en la actualidad. He prestado atención psicológica a más de 3.000 personas que estuvieron en sectas. He escrito sobre este trabajo y he hablado con grupos de legos y profesionales de muchos países acerca de los programas de modificación de pensamiento, programas de adoctrinamiento intensivo, sectas y temas afines.

Mi interés por los efectos de los programas de modificación de pensamiento comenzó cuando trabajé en el Instituto de Investigación del Hospital Militar Walter Reed después de la guerra de Corea. En aquel entonces conocí y colaboré con Edgar H. Schein, doctor en Filosofía, Robert J. Lifton, doctor en Medicina, y Louis J. West, doctor en Medicina, pioneros en el estudio de los efectos de los programas de adoctrinamiento intensivo. Yo me dedicaba a los estudios de seguimiento de los ex prisioneros de guerra. Entrevisté a soldados que durante mucho tiempo fueron prisioneros de los chinos, y participé durante varios años en gran parte de los programas de modificación del pensamiento conceptual. Al igual que Steve Hassan en este libro, he descrito en reiteradas ocasiones las necesidades específicas de las personas que han sido sometidas a dichos programas y he insistido en la falta de conocimientos de la mayor parte de los ciudadanos y profesionales de la salud mental sobre los procesos, efectos y consecuencias de estar sometido a programas de modificación de pensamiento.

Steve Hassan ha descrito clara y convincentemente cómo se induce el control mental. Ha incluido sus experiencias personales en una secta y los conocimientos prácticos que ha adquirido a lo largo de doce años de asesoramiento a personas que se hablan encontrado en situaciones de control mental, junto con las teorías y conceptos de la literatura científica. El libro está vivo gracias a los ejemplos tomados de la vida real.

Por primera vez, un experto en ayuda para abandonar las sectas describe paso a paso los métodos actuales, las secuencias y las directrices de su trabajo y de cómo actúa con las familias y las personas sometidas a control mental. Se basa en diversos trabajos académicos en los campos de modificación de pensamiento, persuasión, psicología social e hipnosis para ofrecernos el marco teórico de cómo se consigue el control mental.

La asesoría para abandonar las sectas es una profesión nueva, y Steve Hassan explica la clase de consejos éticos y educativos que él y otros como él han desarrollado. Ha empleado mucho tiempo y toda su capacidad literaria y sus conocimientos para conseguir que este libro fuera una contribución muy importante al tema, El lector es llevado desde los primeros contactos telefónicos de Steve con familias desesperadas hasta el resultado final de sus intervenciones. Estas técnicas y tácticas de asesoramiento están social y psicológicamente bien desarrolladas. Son éticas y contribuyen a la consecución de la madurez. Pese a ser cada vez más necesarios son muy pocos los consejeros que están de verdad bien preparados y cuentan con la experiencia adecuada. No ofrecen lo que psicólogos y psiquiatras garantizan, ni tampoco pueden reemplazar a estos o a otros profesionales de la salud mental. El asesoramiento en abandono de sectas es un campo especial que requiere conocimientos, técnicas y métodos específicos, así como un alto grado de habilidad.

Este libro tendrá una gran resonancia. Cualquiera que tenga un familiar o un amigo que se haya comprometido con un grupo que emplea procedimientos de control mental lo encontrará útil. También será de provecho para cualquier individuo, pues muestra lo vulnerables que somos todos a las influencias y advierte que el control mental no es un mito sino que existe en realidad.

Debemos prestar atención al potencial destructivo y al terrible impacto que la utilización del control mental por parte de grupos con motivaciones egoístas pueden tener en muchos sectores de la sociedad. Este libro satisface una necesidad y es merecedor de una amplia audiencia.

MARGARET T. SINGER, Ph. D.

Profesora Adjunta, Departamento de Psicología

Universidad de California, Berkeley, California

Galardonada con el Leo J. Ryan Memorial Award

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CAPÍTULO 1

Asesoramiento en abandono: los antecedentes

Por fin: una oportunidad para relajarme, olvidar el trabajo y disfrutar de una reunión social con los amigos. Tal vez conozca a unas cuantas personas nuevas en esta fiesta.

-Hola. Me llamo Steve Hassan. Encantado de conocerle. (Espero que a nadie se le ocurra preguntarme cuál es mi trabajo.)

La pregunta: -Y usted, ¿a qué se dedica? (¡Oh, no, otra vez no!)

La excusa: -Trabajo por mi cuenta.

-¿Haciendo qué? (No hay escapatoria.)

-Soy asesor en abandono de sectas. (Aquí vienen las cincuenta preguntas.)

-¿De verdad? Es muy interesante. ¿Cómo es que se metió en ,eso? ¿Me podría decir por qué…?

Desde febrero de 1974, he estado involucrado con los problemas causados por los cultos destructivos. Fue cuando me reclutaron en la «Cruzada por un mundo»,1 un grupo pantalla de la Iglesia de la Unificación, también conocidos como los Moonies. Después de dos años y medio como miembro de la secta, fui desprogramado tras sufrir graves lesiones en un accidente automovilístico.

Desde entonces he estado comprometido activamente en la lucha contra las sectas destructivas. Me he convertido en un terapeuta experimentado profesionalmente y viajo a cualquier parte donde mi ayuda sea de verdad necesaria. Mi teléfono suena a todas las horas del día. Mis clientes son personas que por una razón u otra han sufrido daños emocionales, sociales y, algunas veces incluso físicos por sus relaciones con sectas destructivas. Ayudo a esas personas a recuperarse y a iniciar una nueva vida. Mi forma de abordar el asesoramiento les permite realizar la transición de una manera que evita la mayor parte de los traumas que presentan con las técnicas más rigurosas conocidas con el nombre de «desprogramación».

Yo prefiero llamar a mi trabajo «asesoramiento en abandono» para distinguirlo de la «desprogramación» y de otras formas de asesoramiento que se practican en la actualidad. El trabajo es intensivo y me compromete por entero con la persona y con su familia, algunas veces durante días enteros. Denomino a estos periodos intensivos «intervenciones». Por lo general, soy capaz de ayudar a una persona a conseguir una impresionante recuperación de su identidad original. Dado que sólo un puñado de personas en todo el mundo realizan un trabajo similar con miembros de sectas destructivas, este libro revela, por primera vez, la mayoría de los aspectos significativos de esta profesión única.

Tras haber visto que las sectas destructivas socavan de forma deliberada la forma democrática de vida, también soy un activista en la protección de los derechos de las personas. Estoy especialmente interesado en el derecho de todo el mundo a conocer cómo las sectas destructivas utilizan técnicas extraordinariamente complejas para reclutar, retener y explotar a las personas productivas y de gran talento. Durante los últimos doce años, mi activismo y mi trabajo como terapeuta se han centrado en estos problemas.

Mi vida como asesor en abandono de sectas a menudo me hace sentir como si estuviera en medio de un campo de batalla. En los siete años que llevamos juntos, Aureet ha tenido que soportar en nuestro hogar las situaciones más increíbles que se puedan imaginar. A pesar de que intento ajustar el número de casos atender sólo a una cantidad razonable de clientes por semana, planificar únicamente una o dos intervenciones al mes, mis planes tan bien estructurados siempre se ven alterados por algún acontecimiento inesperado.

Un viernes por la noche, Aureet y yo regresamos tarde a casa después de haber estado con unos amigos. Escuché las llamada. registradas en el contestador automático. Había cuatro. Cuando volví a escucharlas, resultaron ser todas de una familia de Minnesota. «Por favor, llámenos a la hora que sea», decía en la grabación una voz de mujer. «Nuestro hijo se ha afiliado a los Moonies. El próximo lunes se marchará con ellos a Pennsylvania, a un taller de trabajo de tres semanas de duración. Está haciendo el doctorado en Física en el MIT. Por favor, conteste nuestra llamada.»

Les llamé de inmediato, y estuve hablando con los padres durante casi una hora. Se habían enterado de que su hijo se había integrado en una organización llamada C. A. R. P. (Collegiate Association for the Research of Principles).* Efectuaron unas cuantas averiguaciones y descubrieron que C. A. R. P. era el brazo internacional de la Iglesia de la Unificación para reclutar estudiantes.2 Estuvimos todos de acuerdo en que no había tiempo que perder.

* Asociación Colegial para la Investigación de Principios. (N. del T.)

Discutí la situación con los padres. Trazamos un plan de acción. Al día siguiente, cogerían el vuelo de las 6.45 de la mañana a Boston. Irían al apartamento de su hijo, le llevarían a un restaurante y evaluarían su situación. El éxito o el fracaso dependían de lo unido que estuviera Bruce con sus padres y de lo lejos que hubieran ido los Moonies en su adoctrinamiento. ¿Habrían llegado al punto en que podían hacerle rechazar a su familia por «satánica»? Tanto la madre como el padre me aseguraron que conseguirían hablar con él. Yo no estaba tan seguro, pero convine en que valía la pena intentarlo. Por mi experiencia con los Moonies, presentía que si Bruce iba a esas tres semanas de adoctrinamiento, quedaría, a partir de ese momento, enganchado a la mentalidad del grupo.

El siguiente paso sería que los padres convencieran a Bruce para que hablara conmigo. Yo dudaba de que pudieran conseguirlo. Los Moonies son muy eficaces a la hora de convencer a la gente de que los antiguos miembros de la secta son satánicos y que incluso el simple hecho de estar en su presencia puede resultar peligroso.3 Por el momento, todo lo que yo podía hacer era esperar.

A la mañana siguiente grabé un programa sobre sectas para la televisión, algo que hago con frecuencia en diversos lugares del país. Después de la grabación, cancelé todos mis compromisos para el resto del día. Los padres de Bruce me llamaron desde aeropuerto de Boston. Habían llegado bien y se disponían a ir apartamento de su hijo. Repasamos nuestra estrategia una vez más. Crucé los dedos.

Dos horas después sonó el teléfono. Se las habían arreglado para llevarlo a un restaurante chino que no estaba lejos de su casa. Bruce aceptaba reunirse conmigo. Cogí todo lo que se me ocurrió que podía enseñarle -expedientes, fotocopias de artículos, libros-, lo arrojé al interior del coche y conduje hasta el restaurante.

Cuando llegué y me reuní con la familia, las caras de los padres reflejaban preocupación y desconsuelo. Bruce ensayó una tímida sonrisa y estrechó mi mano. Pero para mí estaba muy claro que en esos momentos pensaba: «¿Puedo confiar en este tipo ¿Quién es?»

Me senté con ellos en el reservado y empecé a preguntar Bruce acerca de su propia persona y de si tenía alguna idea de motivo que habla impulsado a sus padres a viajar desde Minneapolis. Al cabo de una hora, después de plantear suficientes cuestiones como para formarme una opinión bastante acertada de su estado mental, decidí arriesgarme y formular la gran pregunta.

-¿Te han hablado ya del juramento de servicio? -quise saber.

Él negó con un movimiento de cabeza y pareció sorprendido

-¿Qué es eso?

-Oh, se trata de una ceremonia muy importante que los miembros practican cada primer domingo de mes y en los cuatro días sagrados que tiene el grupo -respondí-. Los miembros hacen tres reverencias hasta tocar con la cara el suelo, frente a un altar con un retrato de Sun Myung Moon, y recitan un juramento de seis puntos por el que se comprometen a ser fieles a Dios, a Moon y a la madre patria… Corea.

-Está de broma.

En ese momento supe que Bruce saldría adelante. Pude comprobar que todavía no se hallaba sometido por completo al control mental del grupo, supe que respondería positivamente al resto de información que pensaba proporcionarle acerca del líder del grupo, el multimillonario industrial coreano Sun Myung Moon. En primer lugar le hablé de hechos relacionados con los Moonies sin mencionar para nada el control mental: la condena de Moon por fraude fiscal, el informe del Congreso sobre las conexiones de los Moonies con la CIA coreana, sus presuntas actividades ilegales..

-Sabe, he estado buscando a alguien como usted desde hace varios meses -dijo Bruce después de escucharme-. Fui a hablar con el capellán del MIT para pedirle información, pero no sabía nada sobre el tema.

Bruce todavía era capaz de pensar por sí mismo, pero, en mi opinión, había estado a punto de ser reclutado. Su participación en los talleres de trabajo de tres y siete días le habían preparado para el programa de veintiún días. Cuando yo era un adepto, la práctica común después de este último programa era pedirle a los reclutados que donaran el dinero de sus cuentas bancarias, que se mudaran a la casa de los Moonies y que se convirtieran en miembros plenos.

Bruce y yo pasamos los dos días siguientes analizando otras informaciones, mirando vídeos y hablando del control mental y las sectas destructivas. Para gran alivio de sus padres, al fin anunció que no iría al taller de trabajo. Empleó muchas horas en fotocopiar pilas de documentos, y deseaba hablar con otros estudiantes reclutados en el MIT. Hizo una nueva visita al capellán y le narró la experiencia. Una semana más tarde, el capellán me llamaba para saber si yo podía mantener una breve charla informativa con los directivos del colegio.

Este caso fue fácil y tuvo un final feliz. La familia detectó a tiempo el cambio de personalidad de su hijo; descubrieron que el C.A.R.P. era una fachada de los Moonies y encontraron a otras personas que les pusieron en contacto conmigo. Su rápida actuación les permitió ayudar a su hijo con eficacia y prontitud.

Las llamadas telefónicas que recibo son por lo general variaciones de la misma solicitud de ayuda. Un hijo o una hija, hermana o hermano, marido o mujer, madre o padre, novia o novio, tiene problemas. Algunas veces, él o ella acaban de ser reclutados; en otras ocasiones, la llamada se refiere a alguien que ha estado en una secta durante muchos años.

Es relativamente fácil tratar con alguien que aún no está totalmente adoctrinado, como en el caso de Bruce. Sin embargo, la mayoría de las personas que me llaman se enfrentan al problema desde hace tiempo. Algunos casos son auténticas urgencias; otros, en cambio, requieren una aproximación más lenta y metódica. Urgencias como las de Bruce son un tanto arriesgadas porque no se dispone de tiempo para ir preparado. No obstante, he aprendido que a menudo es necesario actuar con rapidez. Si alguien se ve involucrado en una situación de control mental, en ocasiones la diferencia de unas pocas horas puede resultar crucial.

Por alguna razón que desconozco, las peticiones de ayuda parecen llegar en oleadas; sólo unas cuantas al día durante un tiempo, y luego, de repente, diez o quince llamadas diarias. A pesar de que he viajado al extranjero para ayudar a personas afiliadas a sectas, paso gran parte de mi tiempo en viajes por Estados Unidos y Canadá. Más de una vez me he encontrado en un tren o en un avión sentado junto a un miembro descontento de alguna secta destructiva. Durante el encuentro, he descubierto que la persona quería disponer de mayor información sobre cómo cambiar su vida. Siempre les ofrezco gratuitamente esta información. Estos encuentros son «mini-intervenciones». Empleo en ellos las mismas técnicas de escuchar y aconsejar que en las intervenciones más importantes, sólo que les dedico menos tiempo.

Mi trabajo tiene dos partes: asesorar individualmente y alertar al público en general sobre el fenómeno de las sectas. Creo que sensibilizar a la opinión pública acerca del problema que representa el control mentales el único camino para moderar el crecimiento de estos grupos. Resulta relativamente fácil prevenir a la gente sobre las cosas de las que deben tener cuidado, aun si sólo escuchan a medias la radio mientras están lavando los platos. Es mucho más difícil y complicado sacar a alguien de una secta cuando ya está metido en ella. A veces tengo la impresión de que por cada persona que consigo alejar de una secta, ellos reclutan a un millar de nuevos adeptos.

Creó que la única solución al daño que se inflige a la gente en las sectas destructivas es «inmunizar» a la población en general contra los grupos de control mental. El medio más efectivo para conseguirlo es brindarle al público la información sobre la forma de actuar de tales grupos. La resistencia individual aumenta si la persona sabe con qué debe tener cuidado cuando se halla frente a un reclutador. Con este propósito doy conferencias y seminarios, y aparezco en programas de televisión y de radio en todas las ocasiones posibles. Esta es también la razón por la que escribo el presente libro.

Sectas: una pesadilla real

Si alguien me hubiera dicho cuando estaba en la escuela que los 34 años sería un experto en sectas, hubiera considerado que se trataba de una idea ridícula. Yo quería ser poeta y escritor, pensaba que algún día llegaría a ser profesor de inglés. Si esa persona me hubiera asegurado que mis clientes serían personas a quienes se les había mentido sistemáticamente, abusado físicamente, estimulado a romper sus vínculos con familiares y amigos, e inducido a trabajar en empleos que les ofrecían pocas o nulas posibilidades importantes para su desarrollo personal o profesional, me hubiera reído en su cara e incluso hubiera pensado que estaba conjurando una imagen del totalitarismo tomada del 1984 de George Orwell.

El mundo en general no se ha convertido en la pesadilla que Orwell describía: un lugar donde la «policía mental» mantenía un estado de control absoluto sobre la vida emocional y mental de los ciudadanos, y donde era un crimen actuar y pensar de forma independiente, e incluso enamorarse. Sin embargo, en un número siempre creciente de organizaciones de todo el mundo, 1984 se ha hecho realidad: el respeto básico por el individuo ha dejado de existir sin más, y se induce gradualmente a las personas a pensar y a comportarse de un modo similar a través de un proceso de control mental. Como resultado, se convierten en seres dependientes por completo del grupo; pierden su capacidad para actuar según su propia voluntad, y a menudo son explotados en beneficio de los fines políticos o económicos del grupo. Cualquier grupo que utilice el engaño para la consecución de sus fines -ya sean éstos, en su orientación aparente, religiosos o seculares-, es para mi una secta destructiva.

El mundo de 1984 era un eco lejano de mi infancia en el mundo americano de la clase media. Crecí en el seno de una familia judía conservadora en Flushing, Queens, Nueva York. Era el menor de tres hijos y el único varón. Recuerdo con claridad cómo ayudaba a mi padre en la tienda que tenía en Ozone Park. Mi madre, maestra de arte en un instituto, me crió en un ambiente cálido y cariñoso, y siempre me brindó su apoyo incondicional. Recuerdo los tiempos de la niñez y me veo a mí mismo más como un solitario que como un ser participativo. Si bien siempre he tenido varios amigos íntimos, jamás me he sentido cómodo con los grupos estudiantiles. El único grupo al que en realidad pertenecía era el equipo de baloncesto de la sinagoga. Después del bachillerato, decidí seguir una carrera en artes liberales en el Queens College, lugar donde me encontré por primera vez con los reclutadores de los Moonies. Antes de que supiera lo que estaba sucediendo, mi mundo sufrió un cambio dramático.

¿Quiénes son los Moonies?

La Iglesia de la Unificación (cuyo nombre completo es la Asociación del Espíritu Santo para la Unificación de la Cristiandad Mundial) es una de las más grandes y, desde luego, la más visiblemente destructiva secta en Estados Unidos. La organización está bajo el dominio total de su líder absoluto, Sun Myung Moon,5 un hombre de negocios nacido en Corea que en 1982 cumplió una condena de trece meses de cárcel en la prisión federal de Danbury, Connecticut,6 por fraude fiscal.

Durante la década de los setenta, los miembros de este grupo tenían una presencia habitual en la mayor parte de las ciudades norteamericanas, Se apostaban en las esquinas y vendían flores, golosinas, muñecos y diversos objetos, mientras se dedicaban activamente a reclutar jóvenes en los colegios y universidades. Bien arreglados, corteses y perseverantes, los Moonies proliferaron durante años al tiempo que eran objeto de fuertes criticas en la prensa de casi todas partes. En lo que a los medios periodísticos se refiere, la Iglesia de la Unificación y sus seguidores se esfumaron en los ochenta. La verdad es, sin embargo, que la organización Moon se hizo aún más compleja y aumentó el número de grupos religiosos, políticos, culturales y económicos que le sirven de pantalla. Debido a que la Iglesia de Unificación mantiene las cifras de sus miembros en el más riguroso secreto, resulta imposible determinar un número fiable que represente la cifra de adeptos. Si bien los líderes de la Iglesia declaran que los miembros’ en Estados Unidos suman treinta mil (y alrededor de tres millones en todo el mundo), yo calculo que las cifras son mucho más bajas. Probablemente, hay unos 4.000 norteamericanos y otros 4.000 extranjeros (muchos casados con miembros norteamericanos) que trabajan actualmente en Estados Unidos.7

Otro aspecto todavía poco conocido de la Iglesia de la Unificación, es que sus miembros justifican el uso de la superchería para reclutar a los nuevos adeptos. Cuando yo era reclutador de los Moonies, también utilizábamos la presión psicológica para convencer a los miembros de que entregaran a la Iglesia todas sus pertenencias materiales y su fortuna.9 A los miembros se les integra en talleres de trabajo donde son adoctrinados concienzuda mente en las creencias de la Iglesia,10 y pasan por la típica experiencia de conversión en la cual se someten al grupo. Como resultado, se convierten en seres con una dependencia total de grupo para el soporte económico y emocional, y pierden su capacidad para actuar con independencia del, mismo. Subordinados ¿estas condiciones, se exige a los miembros que trabajen durante muchas horas, que duerman muy poco, que se alimenten con una comida de ínfima calidad y rutinaria, a veces durante semanas, y que soporten innumerables sufrimientos en aras de su «crecimiento espiritual». Se les impide que establezcan relaciones estables con miembros del sexo opuesto,11 y sólo se pueden casar de acuerdo con las disposiciones establecidas por el mismo Moon o sus acólitos.12 Algunas veces se les ordena que participen en manifestaciones políticas y otras actividades en pro de causas, candidatos y funcionarios públicos que cuentan con el apoyo de Moon y su organización.13 Si no pueden soportar la presión, comienzan a cuestionar la autoridad de sus líderes o se apartan del grupo, se les acusa de estar bajo la influencia de Satanás y son sometidos a presiones aún mayores en problemas de readoctrinamiento. Yo sé que todo esto es cierto. Yo fui un líder en la secta Moon.

¿Qué es el control mental?

Hay muchas formas diferentes de control mental, y la mayoría de la gente piensa en el lavado de cerebro en cuanto escucha el término. Mas para el propósito que persigue este libro -ayudarle a usted a reconocerlo y a protegerse a sí mismo y a otras personas de los grupos que lo emplean- el «control mental» puede ser entendido como un sistema de influencias que desbarata la identidad del individuo (creencias, comportamiento, forma de pensar y emociones) y la reemplaza por una nueva, En la mayoría de los casos, esta nueva identidad es de tal naturaleza que la identidad original la rechazaría con todas sus fuerzas si pudiera saber de antemano lo que le espera en el futuro.

En este libro me referiré a los usos negativos del control mental. No todas las técnicas de control mental son intrínsecamente malas o antiéticas; en algunas, la manera en que son empleadas es lo realmente importante. El dominio del control siempre debe pertenecer al individuo. Está muy bien, por ejemplo, utilizar la hipnosis para conseguir que una persona deje de fumar, siempre y cuando el hipnotizador permita que el deseo y el control para dejar de fumar estén en manos del cliente y no intente desplazarlos hacia sí mismo.

En la actualidad, existen numerosas técnicas de control mental que son muchísimo más complejas que las técnicas de lavado de cerebro utilizadas en la segunda guerra mundial y en la guerra de Corea. Algunas incluyen formas encubiertas de hipnosis, mientras que otras se instrumentan a través del entorno social; muy rígido y controlado, de las sectas destructivas. Sobre todo, hay que tener presente que el control mental es un proceso muy sutil. He incluido una información más amplia sobre el control mental en el Capítulo 4, y también algunas guías básicas para reconocer los signos del control mental cuando se practica en un grupo. Todos los grupos mencionados en este libro como sectas destructivas que utilizan técnicas de control mental han merecido tal calificativo después de una minuciosa investigación. Sería injusto acusar a un grupo de practicar un control mental antiético sin una base sólida para hacerlo. No tengo ningún remordimiento al referirme a la Iglesia de la Unificación como una secta destructiva.14 Los antecedentes del grupo hablan por sí mismos, ya que se trata de un grupo político muy controvertido que ya ha sido objeto de una profunda investigación por parte del Congreso.15

Las numerosas caras de la Iglesia de la Unificación

¿Cómo se inició este grupo? Uno de los mejores resúmenes de la historia de los primeros años de la Iglesia de la Unificación se encuentra en el Informe Fraser, publicado el 31 de octubre de 1978, por el Subcomité de Organizaciones Internacionales del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Bajo la presidencia de Donald Fraser, representante demócrata por Minnesota, el comité llevó a cabo la investigación que sacó a la luz muchos hechos, desconocidos hasta entonces, sobre la organización Moon, entre los que figuraban la vinculaciones de la Iglesia de la Unificación con la Agencia Central de Inteligencia Coreana (CCIA). La investigación expuso ante la opinión pública el hecho de que la Iglesia de la Unificación no sólo es un grupo de creyentes sino también una organización política con un programa político muy activo. El Informe Fraser narra la historia de los comienzos de la organización Moon:

A finales de los años cincuenta, el mensaje de Moon fue recibido favorablemente por cuatro jóvenes oficiales del ejército coreano que hablaban inglés, lo que tiempo después facilitó importantes contactos con el gobierno coreano surgido después de 1961. Uno era Bo Hi Pak, que se había incorporado al ejército de la República de Corea en 1950. Han Sang Keuk [...] se convirtió en asistente personal de Kim Jong Pil, artífice del golpe de Estado de 1961 y fundador d la CCIA. Kim Sang In abandonó el ejército en mayo de 1961, se unió a la CCIA y se convirtió en intérprete de Kim Jong Pil hasta 1966. En aquel año Kim Sang In volvió a su puesto de oficial de la CCIA, más tarde llegó a ser el jefe de la delegación de la CCIA en la Ciudad de México. Era amigo íntimo de Bo Hi Pak y partidario de la Iglesia de la Unificación. El cuarto, Han Sang Kil, era agregado militar En la embajada de Corea en Washington a finales de los sesenta. Informes gubernamentales lo vinculan con la CCIA. Al abandonar el sevicio en el gobierno coreano, Han se convirtió en secretario personal de Moon y tutor de sus hijos.

Inmediatamente después del golpe, Kim Jong Pil fundó la CCI y supervisó la creación de una base política para el nuevo régimen Un informe no evaluado de la CIA, fechado en febrero de 1963, señalaba que Kim jong Pil había «organizado» la Iglesia de la Unificación cuando era director de la CCIA y que había utilizado a la Iglesia de la Unificación como un «instrumento político».16

Fred Clarkson, que cita este informe en el número de la primavera de 1987 de CovertAction Information Bulletin (Boletín Informativo de Actividades Encubiertas), una revista que publica política de las organizaciones de inteligencia y grupos políticos extremistas, va más allá y dice:

A pesar de que el Informe Fraser hace notar que «organizar» no debe confundirse con ,«fundar», dado que la Iglesia de la Unificación «fundada» en 1954, el Informe Fraser señala que «… una gran cantidad de datos, independientes unos de otros, y tanto en este como en otros informes, indican que Kim Jong Pil y la organización Moon tenían una relación de apoyo mutuo» así como que Kim utilizaba la Iglesia de la Unificación con fines políticos».17

Es digno de mención el hecho de que tanta gente se viera involucrada con la Iglesia sin saber absolutamente nada acerca de los antecedentes de la misma o los de Moon. Desde luego, si yo hubiera sabido que estaba vinculada con la CCIA o que en 1967 Moon había establecido relaciones con Yoshi Kodama, uno de los jefes de la Yakuza, la red japonesa del crimen organizado,18 jamás me hubiera unido a ellos. Pese a que la historia de la teología de la Iglesia de la Unificación es demasiada complicada para detallaría aquí, cabe destacar como punto principal de la misma que Sun Myung Moon es el nuevo Mesías y que su misión es establecer un nuevo «reino» en la Tierra. Sin embargo, muchos ex creyentes, como yo mismo, han observado que la visión que tiene Moon de ese reino es de un marcado acento coreano. Durante los dos años y medio de mi período en la Iglesia, me di cuenta de que los puestos más altos en la jerarquía (los más cercanos a Moon) eran accesibles sólo para los coreanos, con los japoneses en segundo lugar. Los miembros norteamericanos como yo estábamos en el tercer escalón. Los adeptos creen, como creía yo, que la donación de su tiempo su dinero y su esfuerzo está contribuyendo a la salvación del mundo. Lo que no perciben es que son víctimas del control mental.19

Sin embargo, es imposible tener un cuadro completo de Moon y su influencia si sólo se mira a la Iglesia de la Unificación, a pesar de lo mucho que allí hay para ver. De hecho, Moon ha desarrollado un complejo entramado que abarca empresas comerciales y organizaciones no lucrativas en su Corea natal, en Estados Unidos, y en muchos otros países, con un interés especial en América Latina. Moon ha emprendido negocios que van desde la exportación de ginseng a la fabricación de fusiles M-16,20 y en Estados Unidos ha puesto en marcha varios «grupos de estrategas» y diversas organizaciones para promover una variedad de conferencias y programas de intercambio cultural (tanto científicos, académicos y religiosos como legales). Tal vez la empresa que está más visiblemente conectada a Moon en Estados Unidos es el The Washington Times, un periódico con una respetable tirada que ronda los 100.000 ejemplares y que tiene una considerable influencia en Washington.21 Ronald Reagan, cuando era presidente, declaró muchas veces que era su periódico predilecto y que lo leía a diario.22 Han Sang Keuk y Bo Hi Pak son dos altos ejecutivos del Times.

El hilo conductor que enlaza todas las actividades de la organización Moon, tanto dentro como fuera de la Iglesia de la Unificación, es la decidida postura anticomunista de Moon. Para explicarlo de una manera sencilla, los Moonies creen que los cristianos y los ciudadanos del mundo no comunista están enzarzados en una lucha a muerte con las fuerzas satánicas del comunismo materialista. Si Estados Unidos y los otros países no luchan contra el comunismo, se volverán débiles y sucumbirán. La única salvación para el mundo reside en Moon y en el establecimiento de una forma teocrática de gobierno que reemplace a las democracias seculares.

De no haber sido por la investigación del subcomité del Congreso y el trabajo del representante Donald Fraser, es muy posible que Moon hubiera reclutado a muchos norteamericanos más, con lo que habría aumentado su poder aún más deprisa. Yo estoy satisfecho de haber entregado a los miembros del subcomité Fraser una copia de El Maestro habla, una serie de discursos privados de Moon reservada a los líderes y miembros de la Iglesia de la Unificación, que fue presentada como evidencia en la investigación. Uno de los discursos que se incluyó en el informe corresponde a 1973 y en él Moon dice: «Cuando llegue nuestro tiempo, deberemos contar con una teocracia automática que gobierne al mundo. Así que no podemos separar el campo político del religioso. [...] La separación entre la religión y la política es lo que Satán más desea»23

La creencia declarada de Moon en la necesaria fusión de religión y política subraya los compromisos de su organización, a lo largo de los años, con una extensa variedad de grupos de extrema derecha. En la actualidad, su principal brazo político es una organización conocida con las siglas CAUSA,24 que fue fundada en 1980 después de una gira por América Latina del hombre que es la mano derecha de Moon, Bo Hi Pak. En 1983 se constituyó una rama norteamericana, y desde entonces CAUSA se ha extendido a todos los continentes del planeta, ofreciendo seminarios para personas que ocupan puestos dirigentes. De acuerdo con Fred Clarkson: «El principal objetivo de CAUSA es ofrecer un educación anticomunista desde una perspectiva histórica. El antídoto de CAUSA contra el comunismo es “diosismo”, que no es más que la filosofía de la Iglesia de la Unificación sin la mitología moonista».25

A finales de la década actual, los Moonies continúan con la expansión de sus esferas de influencia y poder. Al parecer, Moon está tratando de comprar su camino hacia la legitimidad mediante el préstamo o la donación de millones de dólares a las causa conservadoras.26 Su estrategia de «servir y ayudar a las personas hasta hacerlas dependientes y entonces controlarlas» parece que todavía le resulta fructífera.

Sin embargo, no todo es de color de rosa para el grupo. Según el informe Knight-Ridder de Frank Greve,27 «los vendedores a domicilio de los Moonies [en Japón], mediante la utilización de tácticas de venta ilegales, estafaron a los compradores de sus baratijas religiosas, amuletos y talismanes, más de 165 millones de dólares en el período comprendido entre 1980 y 1987. Se supone que esta cifra se corresponde con el monto total del dinero que tuvieron que pagar por las 14.579 demandas presentadas por los centros de defensa del consumidor gubernamentales y por abogados particulares. El informe [facilitado por el Colegio de abogados japonés] estima que sólo el uno porciento de las víctimas de fraude al consumidor presentan una demanda, y concluye que los 165 millones son únicamente “la punta del iceberg”.

De acuerdo con Greve, la mayor parte de las víctimas son «mujeres que han tenido en la familia un caso de muerte por accidente o de enfermedad incurable, que se han quedado viudas o se han divorciado, o que han sufrido un aborto». Al parecer, hay quien ha pagado más de 100.000 dólares por urnas, pagodas u otros amuletos, persuadido por los vendedores Moonies de que «los librarían de los espíritus malignos que les atacaban».

Es muy probable que al menos una parte de estas ganancias ilegales haya sido enviada a Estados Unidos para financiar el The Washington Times, que está dirigido a los políticos conservadores. Alrededor de 200 millones de dólares ya han sido invertidos en este periódico,28 pero hasta el momento el negocio no ha producido beneficios. Sin embargo, el diario sirve a su auténtico propósito: permitir a Moon el acceso a los círculos de poder de la política norteamericana.

La Iglesia de la Unificación es la secta destructiva por antonomasia. No obstante, hay otros muchos grupos que sostienen extrañas doctrinas teológicas y cuyos miembros se entregan a prácticas que, para mucha gente, resultan totalmente ridículas. ¿Son todos estos grupos «sectas destructivas»?

De ninguna manera. Los Estados Unidos de América siempre han sido una tierra donde la libertad de pensamiento y la tolerancia de los diferentes credos han florecido bajo la protección de la Primera Enmienda de la Constitución. La vida política y religiosa norteamericana es tan diversa como en cualquier otro país del mundo. Las bases para esta diversidad se, encuentran en el principio de respeto a los derechos del individuo que están escritos en la Constitución. Aunque cueste de creer, en los últimos veinticinco años han surgido en la sociedad estadounidense organizaciones que violan sistemáticamente los derechos de sus miembros, les someten a múltiples formas de abuso y les hacen menos capaces de actuar y de pensar como adultos responsables. Para la personas que se adhieren a dichas organizaciones, el resultado es el daño no sólo en su autoestima sino también, a menudo, en su sentido de identidad. Sus vínculos con las demás personas se ver asimismo afectados, y en algunos casos pierden por completo el contacto con sus familiares y amigos durante largos períodos de tiempo.

El daño que resulta de vivir en una secta puede no ser evidente de inmediato para familiares o amigos, e incluso en las etapas iniciales- para alguien que conozca a dicha persona por primera vez. Pero las más variadas formas de violencia, desde la más primarias a las más sutiles, son el resultado inevitable. Algunos miembros de las sectas destructivas sufren abusos físicos en el período de adhesión, en forma de palizas o violaciones, mientras que otros simplemente padecen el engaño de largas horas de trabajos pesados y monótonos -de quince a dieciocho horas diarias, año tras año-. En esencia, se convierten en esclavos con pocos o ningún recurso, personal o económico, para abandonar grupo, y éste hace todo lo posible para retenerlos mientras resulten productivos. En el momento en que caen enfermos o dejan de producir, a menudo se les expulsa del grupo.

Por lo general, los grupos que realizan estas prácticas son, en apariencia, asociaciones respetables. Las sectas que utilizan control mental apelan a muchos y diferentes impulsos humanos.

Las sectas religiosas, que son las más conocidas, se centran en los dogmas religiosos. Las sectas políticas, que aparecen con frecuencia en las noticias, se estructuran alrededor de una teoría política muy pobre. Las sectas psicoterapéuticas/educacionales, que ha gozado de gran popularidad, proclaman que aportan a sus miembros «conocimiento interior» y «cultura». Las sectas comerciales juegan con los deseos de las personas de obtener carreras prestigiosas y lucrativas. Ninguna de estas sectas destructivas puede cumplir lo que promete; a la larga todas enganchan a sus miembros y destruyen su autoestima.

Las sectas destructivas ocasionan los más variados daños a sus adeptos, y, lo demostraré con varios casos reales incluyendo el mío propio. No es fácil recuperarse del daño sufrido como miembro de una secta destructiva, pero es posible. Mi experiencia demuestra que se pueden dar algunos pasos definitivos para aprender a ayudar, a un amigo o a sí mismo, para volver a una vida productiva normal. El control mental de las sectas no tiene por qué ser permanente.

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CAPÍTULO 2

Mi vida en la Iglesia de la Unificación

Desde que era un niño, siempre he sido muy independiente Quería ser escritor y poeta, pero durante mis años de colegio luchaba por dar con una carrera que me permitiera ganar el suficiente dinero para realizar mis sueños. Mi enfrentamiento con la vida se agudizó por la depresión en que caí tras la ruptura de mi noviazgo en enero de 1974. Me preguntaba a mí mismo si alguna vez llegaría a encontrar mi verdadero amor. Siempre he sido un ávido lector, y por aquel entonces comencé a leer muchos libros de psicología y filosofía. A través de los escritos de G. 1. Gurdjieff y P. D. Ouspensky, me interesé en lo que era presentado como un conocimiento antiguo y esotérico. Mucho de lo que leí describía la condición natural del hombre como «dormida» ante la verdad, y necesitada de alguien espiritualmente más avanzado que le guiara hacía niveles más altos de concienciación. La sugerencia de que era imprescindible unirse a una escuela espiritual estaba implícita en aquellos libros.

A los 19 años, presentía que jamás sería feliz como hombre de negocios, dedicado toda mi vida a ganar dinero. Deseaba conocer las respuestas a preguntas más profundas. ¿Existe Dios? Y si existe, ¿por qué permite tantos sufrimientos? ¿Qué papel debía desempeñar yo en el mundo? ¿Podía hacer algo que significara una diferencia? En aquel entonces, sentía una enorme presión por hacer algo que fuera una gran contribución a la humanidad. Durante toda mi vida me habían repetido lo inteligente que era y lo mucho que conseguiría cuando fuera adulto. Al año siguiente obtendría mi título, y no me quedaba mucho tiempo por delante.

Ya me había convertido en «padre adoptivo» de una pequeña niña en Chile a la que enviaba dinero cada mes. Decidí que ser escritor era el mejor caminó para mí, así que me dediqué a escribir. Sin embargo, pensaba que no era suficiente. Miraba el mundo y veía tanta injusticia social, corrupción política y problemas ecológicos que me parecía que yo tenía muy poco que ofrecer. Era consciente de mi deseo de que las cosas cambiaran, pero no sabía qué camino debía seguir para conseguirlo.

Un día, mientras leía un libro en la cafetería de la unión estudiantil, se acercaron a mi mesa tres atractivas mujeres de origen japonés y un hombre italoamericano. Iban vestidos como estudiantes y llevaban libros. Me preguntaron si podían compartir mi mesa. Asentí, y pocos minutos después estábamos conversando amigablemente. Dado que yo disponía de un descanso de tres horas entre clases, me quedé con ellos y proseguimos la charla Me comentaron que ellos también eran estudiantes y que pertenecían a una pequeña comunidad de «jóvenes de todas partes del mundo». Me invitaron a que fuera a visitarles.

El semestre acababa de empezar y yo quería hacer nuevos amigos, así que, aquella misma noche, después de clase, fui hasta su casa. Al llegar, me encontré con un animado grupo de unas treinta personas procedentes de media docena de países. Les pregunté si formaban un grupo religioso. «Oh, no, en absoluto», me contestaron, riéndose. Me dijeron que formaban parte de algo llamado la Cruzada por Un Mundo, dedicada a superar las barreras culturales entre los pueblos y a combatir los importantes problemas sociales que tanto me preocupaban.

«Un mundo donde las personas se traten los unos a los otros con amor y respeto», pensé para mis adentros: «¡Qué idealistas son estas personas!».

Disfruté con las estimulantes conversaciones y la atmósfera de entusiasmo de la reunión. Estas personas se relacionaban entre sí como si fueran hermanos, y resultaba evidente que se consideraban parte de una familia global. Parecían muy felices con sus vidas. Tras mi depresión del mes anterior, me sentía vigorizado con toda aquella energía positiva. Regresé a mi casa creyéndome afortunado por haber conocido a gente tan encantadora.

Al día siguiente me crucé con Tony, el hombre que me había abordado en la cafetería. «¿Disfrutaste de la velada?», me preguntó. Le contesté afirmativamente. «Oye», continuó Tony, «esta tarde Adri, que es de Holanda, dará una breve conferencia sobre algunos interesantes principios de la vida, ¿por qué no te dejas cae por allí?»

Al cabo de unas horas, escuchaba la conferencia de Adri. Era un tanto vaga y simplista, pero agradable, y yo estaba de acuerdo con casi todo lo que dijo. Sin embargo, el contenido de su discurso no explicaba por qué todos los integrantes del grupo parecía siempre tan felices. Sentía que o bien había algo que no andaba bien en mí, o que ellos tenían algo excepcional. Me picaba la curiosidad.

Acabé por regresar al día siguiente, y en esta ocasión otra persona dio una charla sobre el origen de todos los problemas que tenía planteados la humanidad. La conferencia era de un tono claramente religioso; trataba de Adán y Eva y de cómo fueron corrompidos por una interpretación errónea del amor en el Jardín del Edén. En aquel momento no me di cuenta de que mis preguntas jamás eran contestadas, y no sospeché que me estaban manipulando deliberadamente. Sin embargo, me sentía un tanto confuso y manifesté la intención dé no volver a las reuniones.

En cuanto pronuncié estas palabras, pareció que sonara una alarma entre todos los presentes. Cuando salí de la casa y subí a coche, una docena de personas aparecieron a la carrera, en el aire helado de febrero, con los pies descalzos (era una costumbre quitarse los zapatos en el interior de la casa) y rodearon mi automóvil. Dijeron que no permitirían que me marchara hasta que no les prometiera que volvería a la noche siguiente. «Esta gente debe de estar loca», pensé, «quedándose aquí fuera descalzos con e frío que hace, sin chaquetas, reteniéndome sólo porque les caigo bien». Después de unos minutos, accedí más que nada porque no quería sentirme culpable de que alguno de ellos pillara un resfriado, Una vez que les di mi palabra ya no podía echarme atrás, a pesar de que no me apetecía volver.

Cuando me presenté el jueves por la noche, me vi halagado por todos durante toda la velada. Esta práctica, como aprendí luego, se llama «bombardeo amoroso». Una y otra vez me repetían que era una magnífica persona, lo bueno, lo listo, lo dinámico que era, y así sin parar. No menos de treinta veces me invitaron a que les acompañara a «un fin de semana fuera de la ciudad para un retiro en una hermosa zona al norte del estado».

Una y otra vez les respondí que los fines de semana trabajaba de camarero y que no podía ir. Antes de marcharse me presionaron tanto que les prometí que si se presentaba la ocasión de un fin de semana libre, les acompañaría Como no disfrutaba de un sábado ni un domingo libre desde hacía más de un año y medio, estaba convencido de que no tendría que cumplir mi promesa.

Al día siguiente, telefoneé a mi jefe en la oficina de banquetes de Holiday lnn para que me informara de mis compromisos para el fin de semana. Él me dijo: «Steve, no te lo vas a creer, pero la boda ha sido suspendida esta misma tarde. ¡Tómate el fin de semana libre!» Yo me quedé boquiabierto. ¿Era una señal de que debía acompañarles en la salida del fin de semana? Me pregunté qué hubieran hecho Gurdjieff o Ouspensky en mi situación. Habían dedicado años a la búsqueda de un conocimiento superior. Llamé a las personas de la casa y me fui con ellos el viernes por la noche.

Mi adoctrinamiento: cómo me convertí en Moonie

Cuando atravesábamos las altas y negras verjas de hierro forjado de la finca multimillonaria en Tarrytown, Nueva York, alguien se arrimó a mi hombro y me dijo: «Este fin de semana tendremos un taller de trabajo conjunto con la Iglesia de la Unificación». Mi reacción inmediata fue plantearme una serie de preguntas que en ese momento no expresé en voz alta. ¿Taller de trabajo? ¿Iglesia? ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué nadie me habló antes de esto? ¿Cómo puedo regresar a Queens?

Nos llevaron en manada desde la furgoneta hasta una pequeña estructura de madera resguardada entre grandes árboles. Experimentaba una sensación de temor. «Oye, de verdad que me gustaría volver a Queens», le dije a uno de los miembros, un joven de cabellos rubios con la sonrisa enganchada a la cara.

«¡Oh, venga, te lo pasarás muy bien!», me respondió, palmeándome la espalda. «De todas manera, no hay nadie que vuelva a la ciudad esta noche». Decidí sacar el mejor partido posible de la situación y no montar una escena. Subimos las escaleras y entramos en una habitación que, según supe después, había sido el estudio de un artista. Una gran pizarra colgaba de la pared del fondo. En un rincón había varios montones muy bien ordenados de sillas de metal plegables.

Transcurridos unos minutos, ya nos habían dividido en varios grupos pequeños. Los líderes nos entregaron unas hojas de papel y lápices, y pidieron que dibujáramos un cuadro con una casa, un árbol, una montaña, un río, el sol y una víbora. Nadie preguntó el porqué; simplemente obedecimos todos. (Mucho tiempo después aprendí que este ejercicio es una forma de test de proyección de personalidad utilizado para sondear los pensamientos íntimos del individuo.)

Nos fuimos presentando por turnos mientras estábamos sentados con las piernas cruzadas en el suelo del hermoso recinto que forma parte de una extensa finca con una enorme mansión que había sido comprada, según me enteré más adelante, a la familia Seagram. Nos hicieron cantar canciones folklóricas mientras permanecíamos sentados en el suelo. Yo me sentía avergonzado por lo infantil que resultaba todo, pero a nadie más parecía importarle. La atmósfera del momento, con todos aquellos jóvenes entusiastas que cantaban, me trajo cálidos recuerdos de los campamentos de verano. Aquella noche fuimos conducidos hasta las literas instaladas en la planta alta de un garaje reformado, y los hombres y las mujeres ocuparon habitaciones separadas. Conciliar el sueño resultaba casi imposible No sólo estábamos apretujados, sino que para colmo había dos que roncaban profundamente. Demasiados para pensar que estaba en un campamento de verano. Los otros recién llegados y yo pasamos la noche en blanco.

Por la mañana, vino uno de los animosos jóvenes del grupo de la casa de Queens y conversó conmigo. Me dijo que él también se había sorprendido un poco ante las cosas extrañas que habla visto y oído en su primer taller de trabajo. Me rogó que no adoptara una actitud cerrada y que les diera a «ellos» la oportunidad de exponerme lo que él llamó el Principio Divino. «Por favor, no los juzgues hasta tener la oportunidad de escuchar todo el asunto», me suplicó Me dijo también que si me marchaba ahora lo lamentaría durante el resto de mi vida.

Su voz estaba imbuida de tanto misterio e intriga que disipó mis sospechas al tiempo que despertaba mi curiosidad. «Ahora», me dije, «tendré por fin las respuestas a todas mis preguntas.» Esto al menos era lo que yo creía.

Poco después, nos hicieron practicar unos minutos de calistenia antes de tomar el desayuno. Luego, cantamos más canciones.

Cuando nos sentamos en el suelo, un hombre carismático de frío ojos azules y voz penetrante se presentó y enunció las reglas seguir durante el fin de semana. Era el director del taller de trabajo. Se nos dijo que debíamos permanecer siempre en los pequeños grupos que nos habían asignado. No se podía pasear a solas por la finca. Las preguntas se formularían tan sólo después de que hubiera terminado la conferencia y cuando estuviéramos de nuevo con nuestro grupo. A continuación, presentó al conferenciante, Wayne Miller.

El señor Miller, un norteamericano a punto de cumplir los 30 vestido con traje azul, camisa blanca y corbata roja, irradiaba el encanto y la confianza de un médico de familia. A medida que su conferencia se prolongaba durante horas, comencé a sentirme muy incómodo. El taller de trabajo me resultaba demasiado extraño. Me caían bien la mayor parte de los presentes como individuos: eran alegres y bien intencionados estudiantes, como yo mismo. Pero me desagradaba el ambiente tan rígidamente estructurado, la atmósfera religiosa un tanto infantil y el haber sido engañado con respecto a la naturaleza del lugar. Cada vez que intentaba formular una objeción, me pedían que guardara mis preguntas para después de la conferencia. En el grupo pequeño la respuesta era invariable: «Es una buena pregunta. No la olvide porque será contestada en la próxima conferencia». Una y otra vez me decían que no debía juzgar lo que escuchaba hasta no haberlo oído todo. Mientras tanto, tenía que soportar una enorme cantidad de información sobre la especie humana, la historia, e. propósito de la creación, el mundo espiritual versus el mundo físico y muchas cosas más, la mayoría de las cuales se basaba en la aceptación de lo que se había dicho antes.

Todo el fin de semana estaba programado de la mañana a la noche. No había tiempo libre. No había ninguna posibilidad de estar a solas, Los miembros superaban a los recién llegados en una proporción de tres a uno, y nos mantenían sitiados, No se nos permitía hablar entre nosotros sin la presencia de uno de ellos. El primer día pasó, dejando mi sentido de la realidad más o menos intacto. Antes de que nos fuéramos a la cama, nos pidieron que contestáramos a unas hojas de «reflexión» concebidas para revelar todo lo que pensábamos y sentíamos. Inocentemente, las contesté. Pasé otra noche inquieta, pero estaba tan exhausto emocional y físicamente que conseguí dormir unas cuantas horas.

El segundo domingo, comenzó exactamente igual que el anterior. Pero ahora todos habíamos soportado 36 horas en aquel entorno tan febril y enloquecido, y parecía que hubiera transcurrido una semana. Empecé a interrogarme a mí mismo: «¿Hay algo que está mal en mi? ¿Por qué, al parecer, soy la única persona que cuestiona todas estas cosas? ¿Es algo tan profundo que está más allá de mi alcance? ¿No estoy preparado espiritualmente para comprender lo que me están enseñando?» Me propuse escuchar al señor Miller con mayor atención, y comencé a tomar notas.

Al atardecer del domingo, yo estaba más que dispuesto para iniciar el viaje de regreso a casa, pero transcurrían las horas y nadie hacía el menor gesto de marcharse. Por fin, pedí la palabra y dije que tenía que irme. «Oh, por favor, no te marches!», me rogaron varias personas. «¡Mañana es el día más importante!»

«¿Mañana? ¡Los lunes tengo que ir a clase!» Les expliqué que me resultaba imposible quedarme un día más.

El director del taller de trabajo me llevó aparte y me informó que todos los demás habían decidido quedarse el tercer día. «¿Nadie le dijo que se trataba de un taller de trabajo de tres días?», me preguntó.

«No», le respondí. «No hubiera venido de ninguna de las maneras si hubiera sabido que tenía que perderme un día de clases.»

«Bueno, dado que ya ha participado en las dos terceras partes, ¿no le interesa saber cuál es la conclusión final?», me preguntó, con tono de intriga. Mañana, me prometió, todo quedaría aclarado.

Una parte de mí sentía verdadera curiosidad por saber cómo acababa aquello. Además, dependía de estas personas para que me llevaran. No quería preocupar a la familia o a mis amigos con una llamada de urgencia para que vinieran a recogerme o, peor todavía, salir a la carretera para hacer autostop en una parte desconocida del estado, en mitad de la noche y en pleno invierno.

El lunes nos estimularon hasta un nivel emocional sin precedentes. El plato fuerte de las conferencias del día del señor Miller se titulaba: «La Historia de la Restauración». Pretendía ser un preciso y ajustado guión de los métodos de Dios para conducir a la humanidad al camino de Su intención original. «Es un hecho científicamente demostrado que existe una pauta que marca los ciclos recurrentes en la historia», declaró el señor Miller. A lo largo de horas y horas de conferencia, quedaba claro que todos estos ciclos apuntaban a una conclusión increíble: Dios había enviado a Su segundo Mesías a la Tierra entre los años 1917 y 1930.

¿Quién era este nuevo Mesías? Nadie de entre los presentes en el taller de trabajo podía decirlo.

Cuando llegó el momento en que estábamos listos para regresar a la ciudad, no sólo me sentía agotado sino también muy confuso. Me entusiasmaba la escasísima posibilidad de que Dios hubiera estado dirigiendo toda mi vida con el único fin de prepararme para este momento histórico. Otras veces, pensaba que todo el asunto era un engaño, una broma pesada. Sin embargo, nadie se reía. Una atmósfera de profunda seriedad reinaba en el estudio atestado. Recuerdo el parlamento final de la conferencia del señor Miller.

«¿Y qué si…? ¿Y qué si…? ¿Y que si… es verdad? ¿Podríais vosotros traicionar al Hijo de Dios?» El señor Miller lo preguntaba con voz apasionada, elevando su mirada con parsimonia mientras daba por concluida su conferencia. Por último, el director del taller se puso en pie y comenzó a rezar una plegaria muy emocionada acerca de que todos éramos los hijos perdidos de Dios y que necesitábamos mantener nuestras vidas. No dejaba de rezar, pidiendo que toda la humanidad dejara de vivir hundida en el egoísmo materialista y que volviera a Él. Pidió perdón reiteradamente por todas las veces a lo largo de la historia en que Dios había pedido a los hombres que cumplieran Su voluntad y había sido engañado. Por su parte, se comprometió a poner todo su empeño y dedicación. Su sinceridad era sobrecogedora. Uno no podía menos que sentirse conmovido.

Cuando la furgoneta llegó por fin, a altas horas de la noche, a la casa de la Cruzada por Un Mundo, yo estaba completamente agotado y sólo deseaba irme a mi casa y dormir. Pero aún no se me permitió marcharme. Jaap van Rossum, director de la casa, insistió en que me quedara y conversara con él durante un rato. Yo no veía la hora de marcharme, pero él se mostró inflexible. Se sentó a mi lado frente al fuego que ardía en el hogar y me leyó la biografía de un humilde hombre coreano del cual jamás había oído hablar antes: Sun Myung Moon. La historia contaba que Moon había tenido que sufrir tremendas penurias y tribulaciones para proclamar la verdad de Dios y luchar contra Satán y el comunismo. Cuando acabó con su lectura, Jaap me rogó que rezara por todo lo que acababa de oír. Me dijo que ahora yo era résponsable de la gran verdad que me habían enseñado. Si le volvía la espalda, jamás me lo perdonaría a mí mismo. Después, intentó persuadirme para que pasara la noche en la casa.

En mi interior gritaba: «¡Lárgate! ¡Lárgate! ¡Apártate de esta gente! ¡Necesitas tiempo para pensar!». Para poder escapar, grité:

«No! ¡Suelte mi maleta!», y salí a toda prisa de la casa. Sin embargo, me sentía culpable por haber sido grosero con unas personas tan sinceras y maravillosas. Volví a mi casa casi llorando.

Cuando llegué, mis padres (me lo dijeron tiempo después) pensaron que estaba drogado. Dijeron que presentaba un aspecto terrible: tenía los ojos vidriosos y, evidentemente, sufría una gran confusión mental. Intenté explicarles lo que acababa de suceder. Yo estaba agotado y hablaba de manera incoherente. Cuando les conté que el taller de trabajo estaba vinculado con la Iglesia de la Unificación, mis padres se trastornaron y creyeron que me disponía a convertirme al cristianismo. Su respuesta inmediata fue:

«Mañana mismo iremos a hablar con el rabino».

Por desgracia, mi rabino no había oído hablar jamás de la Iglesia de la Unificación ni tampoco’ había tenido tratos con nadie que estuviera relacionado con una secta.. Pensó que yo estaba interesado en hacerme cristiano. No sabia qué hacer ni qué decir. Salí de allí diciéndome a mí mismo,: «La única forma que tengo de poner en claro todo este asunto es investigarlo por mi cuenta». No obstante, estaba asustado. Deseaba poder hablar con alguien que tuviera información del grupo pero que no fuera un adepto. En febrero de 1974, nadie que yo conociera había oído hablar de los Moonies.

Innumerables preguntas asaltaban mi mente. ¿Había estado Dios preparándome a lo largo de mi vida para la misión de ayudar a levantar el Reino del Cielo en la Tierra? ¿Era Sun Myung Moon el Mesías? Recé con fervor para que Dios me enviara una señal. ¿Era el Principio Divino la nueva verdad? ¿Qué debía hacer?

No se me ocurrió pensar, en mi estado de confusión, que me habían sometido a control mental,1 que tan sólo una semana antes no creía en la existencia de Satanás y que ahora tenía miedo de que estuviera influyendo en mis pensamientos.

Mis padres me aconsejaron que me mantuviera apartado del grupo. No querían que abandonara el judaísmo. Yo tampoco deseaba abandonarlo; yo quería hacer lo que fuera correcto. Pensé que si Moon era el Mesías, entonces estaría cumpliendo con mi herencia judía al seguirlo. A pesar de que mis padres se opusieran al grupo, yo creía que como persona independiente de diecinueve años de edad estaba capacitado para tomar mis propias decisiones en la materia. Deseaba hacer lo correcto. Los miembros del grupo me habían dicho que si lo hacía, podría interceder luego por mis padres y salvarles espiritualmente.

Después de varios días de oración, recibí lo que yo supuse que era una «señal». Incapaz de concentrarme en mis tareas estudiantiles, estaba sentado en el borde de mi cama. Me incliné para recoger uno de mis libros de filosofía y, al abrirlo al azar, leí un párrafo que decía que la historia pasa por determinados ciclos que ayudan a los seres humanos en su evolución hacia un plano superior. En aquel momento, creí que había tenido una expériencia espiritual. ¿Cómo era posible que hubiese abierto el libro precisamente donde estaba ese párrafo? Pensé que Dios me indicaba que prestara atención a las conferencias del señor Miller. Sentía que debía volver y aprender más acerca de este movimiento.

Se estrecha el lazo: me convierto en un «adepto»

Tan pronto como llamé al centro, me llevaron de inmediato a otro taller de trabajo de tres días. Cuando le pregunté a un miembro por qué no me habían dicho la verdad acerca del carácter religioso del movimiento, me respondió con otra pregunta: «¿De haberlo sabido antes, hubieras venido?». Tuve que admitir que no lo hubiera hecho. Me explicó que el mundo estaba controlado por Satanás desde el momento en que había engañado a Adán y Eva para que desobedecieran a Dios. Ahora, los hijos de Dios tenían que engañar a los hijos de Satanás para que siguieran la voluntad de Dios. Añadió: «Deja de pensar desde el punto de vista del hombre caído. Piensa en el punto de vista de Dios. Él desea ver su creación devuelta a Su idea original, el Jardín del Edén. ¡Esto es lo único que importa!» Más adelante, se hizo evidente que el «engaño celestial» era utilizado en todos los aspectos de la organización: reclutamiento, recolección de fondos, relaciones públicas. Dado que los miembros están tan imbuidos en cumplir con las metas asignadas, no hay lugar para la «vieja moralidad». El grupo utiliza la Biblia para «demostrar» que Dios perdona el engaño en diversas ocasiones a lo largo de la historia a fin de conseguir que Sus planes triunfen.2 Al aceptar el engaño que había sufrido yo mismo, estaba dispuesto a comenzar a engañar a otros.

A pesar de que el taller de trabajo era casi idéntico en contenido al de la semana anterior, sentía que en esta ocasión tenía que escuchar con la mente abierta y tomar apuntes. «La semana pasada me comporté como un cínico», pensé.

Esta vez, Miller pronunció una conferencia sobre el comunismo. Explicó que el comunismo era la versión satánica del plan ideal de Dios, aunque negaba la existencia de Dios. Era, por lo tanto, la religión de Satanás en la tierra y había que oponerse a ella con toda vehemencia. Afirmó que la última guerra mundial enfrentaría al comunismo con la democracia, y que ocurriría dentro de los próximos tres años (en aquel momento, hacia 1977), y que si los miembros del movimiento no trabajaban con el suficiente ahínco, se desencadenarían terribles sufrimientos.

Al final de aquellos tres días, el Steve Hassan que había entrado en el taller de trabajo había desaparecido, reemplazado por el nuevo «Steve Hassan». Me entusiasmaba pensar que yo era uno de los «elegidos» de Dios y que el camino de mi vida estaba ahora en la «auténtica senda». También experimentaba una amplia variedad de sentimientos; estaba sorprendido y también orgulloso de haber sido escogido para el liderazgo, asustado por la inmensa responsabilidad que caía sobre mis hombros, y exaltado emocionalmente al pensar que Dios estaba trabajando activamente para traer el jardín del Edén. No habría más guerras, ni más pobreza ni más destrucción ecológica. Sólo amor, verdad, belleza y bondad. Sin embargo, en lo más profundo de mi ser, una voz me decía que estuviera alerta, que siguiera cuestionándolo todo.

Después de aquel taller de trabajo, volví a Queens. Decidí mudarme a la casa local de los Moonies durante unos cuantos meses para acostumbrarme a su estilo de vida y estudiar el Principio Divino hasta llegar a comprometerme para el resto de mi vida. A las pocas semanas de vivir allí, conocí a un poderoso líder, Takeru Kamiyama,3 un japonés encargado de la Iglesia de la Unificación en la ciudad de Nueva York. De inmediato me sentí atraído hacia él. Me impresionó por su carácter tan espiritual y humilde. Deseaba aprender todo lo que pudiera de él.

En retrospectiva, me doy cuenta de que el señor Kamiyama me atrajo porque poseía unas cualidades muy diferentes a las que yo conocía desde niño. Era un visionario. Tenía mucho poder y posición. Mi padre, un sencillo empresario, me había repetido en incontables ocasiones que no existía la persona que pudiera cambiar el mundo. Kamiyama creía con todas sus fuerzas que una persona podía establecer una gran diferencia. Era muy religioso y emocionalmente expresivo. Mi padre, pese a ser un hombre sincero a su manera, en realidad no lo era. Al mirar atrás y analizar la relación, veo que le permití a Kamiyama ocupar el lugar de mi padre. El tipo de aprobación verbal y el afecto físico que buscaba en mi padre me lo dio este hombre, que supo utilizar esta ventaja emocional para motivarme y controlarme.

Se dio el caso de que yo fui el primer nuevo recluta del centro de Queens. Tan sólo un mes antes, el gran centro de Manhattan había sido dividido en ocho centros satélites dispersos por los diferentes distritos. Dado que yo era el primero, el señor Kamíyama aseguró que era una señal de que yo estaba destinado a ser un gran líder. Me convirtió en uno de sus doce discípulos norteamericanos, y supervisaba todo lo que yo hacía.

A pesar de que nunca me había gustado pertenecer a grupos, mi situación de privilegio en este grupo me hacía sentir especial. Gracias a mi relación con Kamiyama, tenía acceso al mismísimo Mesías -Sun Myung Moon-, que era la máxima figura paterna.

La vida con el «Padre»: me acerco a Moon

Sun Myung Moon es un hombre de baja estatura, complexión robusta y poseedor de un enorme carisma. Nació en 1920 en lo que en la actualidad es Corea del Norte. Se mueve con el porte de un pequeño luchador de sumo, y viste trajes de 1.000 dólares. Es un manipulador astuto y un gran comunicador, sobre todo con aquellos que han sido adoctrinados en la creencia de que él es el hombre más importante que existe sobre la superficie terrestre. Por lo general, Moon habla en coreano o japonés y utiliza los servicios de un intérprete. Me dijeron que lo hacía por razones «espirituales». Durante mi permanencia en la secta, asistí a más de cien de sus conferencias y participé en unas veinticinco reuniones de líderes presididas por él.

Los señores Moon y Kamiyama sabían cómo cultivar a sus discípulos para que fueran leales y bien disciplinados. Los miembros más altos de la jerarquía estaban entrenados para cumplir sus órdenes sin preguntas ni vacilaciones. Cuando estuve completamente adoctrinado, todo lo que yo deseaba hacer era cumplir con las instrucciones que me daban. Estaba tan comprometido que suprimí mi auténtico yo por la nueva identidad. Cada vez que lo recuerdo, me sorprendo de la manipulación de que fui objeto y de cómo yo manipulé a otras personas «en el nombre de Dios». También puedo ver con toda claridad que cuanto más alto subía en la jerarquía, más me corrompía; Moon nos estaba moldeando a su semejanza. De hecho, una vez explicó a los líderes que si permanecíamos fieles y realizábamos nuestras misiones correctamente, podríamos llegar a ser presidentes de nuestros respectivos países. Todos tendríamos automóviles Mercedes Benz, secretarios personales y guardaespaldas.

Aprendí a presentar las conferencias introductorias del Principio Divino a los tres meses de mi ingreso. Para ese entonces, ya había reclutado a dos personas que se convirtieron en mis «hijos espirituales», y se me ordenó que abandonara los estudios y el trabajo y que me fuera a vivir al centro. Me corté el pelo muy corto y comencé a vestirme con traje y corbata. A petición de un miembro más antiguo, realicé una «condición» de cuarenta días, un ejercicio de autopenitencia: abandoné a mis amigos y familiares durante cuarenta días, sin verlos ni comunicarme con ellos de ninguna manera.

Doné el dinero de mi cuenta bancaria al centro, y les habría dado mi coche si no hubiera estado a nombre de mis padres. Hube de abandonar a mi «hija adoptiva» chilena porque no tenía forma alguna de ganar el dinero que debía enviarle. Se me pidió que sacrificara mi «Isaac», un término utilizado por los Moonies para referirse a aquello que más estiman sus miembros. En mi caso era mi poesía. Tiré todo lo que había escrito (alrededor de 400 poemas).

Después de abandonar oficialmente los estudios, me enviaron al campus para reclutar a nuevos miembros. Los líderes me aseguraron que podía volver a la universidad al año siguiente para obtener mi licenciatura. Cuando les manifesté mi deseo de ser profesor, me informaron que la «familia», que es como llaman los miembros al movimiento, pensaba abrir su propia universidad dentro de unos años y que yo podría dar mis clases allí.

Se me ordenó que montara un club estudiantil oficial en el Queens College aunque yo ya no era estudiante. El club llevaría el nombre de Asociación Colegial para la Investigación de los Principios, o C.A.R.P. (Collegiate Association for the Research of PrincipIes). Al cabo de un par de semanas había cumplido mitarea y fui nombrado director del C.A.R.P. Pese a mis afirmaciones a los estudiantes de que el C.A.R.P. no tenía conexiones con otros grupos, yo recibía las instrucciones y los fondos del director de la Iglesia de la Unificación en Queens. Ofrecíamos conferencias gratuitas, lecturas poéticas, mítines políticos contra el comunismo y funciones cinematográficas gratis, mientras buscábamos miembros potenciales. Éramos la rama del C.A.R.P. con mayor éxito en el país.

Vivía envuelto en una especie de nube, exhausto, lleno de celo y sobrecargado emocionalmente. Sólo dormía entre tres y cuatro horas cada noche. Casi todo mi tiempo, durante aquel primer año, estuvo dedicado a reclutar nuevos miembros y a dar conferencias. De vez en cuando, salía con otros «recolectores de fondos» vendíamos flores y otros objetos en las calles- para mantener la casa y las actividades de la Iglesia de Nueva York. Aprendí cómo ayunar durante tres días bebiendo sólo agua. Más tarde, tendría que hacer tres tandas de ayuno de una semana cada una a base de agua, como parte de un proceso de purificación.

Durante mi pertenencia al grupo, estuve involucrado directamente en numerosas manifestaciones políticas, a pesar de que, por lo general, estaban organizadas por grupos pantalla. (La organización Moon ha utilizado, a lo largo de los años, cientos de estos grupos.4) Por ejemplo, en julio de 1974 fui enviado a una manifestación frente al Capitolio, con cientos de Moonies bajo la pancarta de «Oración y Ayuno Nacional por la Crisis del Watergate» para dar apoyo a Richard Nixon.

Antes de unirme a los Moonies, había mantenido largas discusiones con mi padre, en el comedor de casa, respecto a Nixon. Mi padre, un hombre de negocios, era por aquel entonces un firme partidario de Nixon. Yo, en cambio, siempre había sido de la opinión de que no se podía confiar en Nixon y de hecho, en más de una ocasión, durante la comida le había calificado de tramposo. Ahora, al calor de las oraciones inspiradas por Moon en pro de Nixon, llamé a mis padres desde Washington para hablarles del ayuno. Como mi padre siempre había apoyado a Nixon, pensé que estaría satisfecho.

Cuando le puse al corriente, mi padre dijo:

-Steve, tenias razón, ¡Nixon es un tramposo!

-Pero papá, es que no lo entiendes. ¡Dios quiere que Nixon sea presidente! -exclamé.

-Ahora sé que te han lavado el cerebro -replicó, irritado, mi padre-. El tipo es un tramposo.

Sólo después de abandonar el grupo pude reírme de la ironía de aquel súbito cambio de roles.

A fines de 1974, tomé parte en el ayuno de siete días ante la sede de las Naciones Unidas,5 en la semana en que la Asamblea General votaba si retiraba sus tropas de Corea del Sur por la violación de los derechos humanos. Sun Myung Moon se encargó personalmente de impartir las órdenes pertinentes. Nos dijo que no debíamos contarle a nadie que éramos miembros de la Iglesia de la Unificación y negar que tuviéramos motivación política alguna. A tal fin, creamos un grupo pantalla llamado Comité Americano para los Derechos Humanos de las Esposas japonesas de los Repatriados Norcoreanos, y conseguimos cierto éxito al desviar la atención de los delegados de las violaciones de los derechos humanos en Corea del Sur a los abusos perpetrados por Corea del Norte. Los delegados votaron en contra. Los Moonies se adjudicaron el triunfo y fuimos informados de que el gobierno surcoreano estaba satisfecho.

Estar tan cerca del «Mesías» resultaba muy estimulante. Me sentía tremendamente afortunado de formar parte de’ este movimiento y me tomaba a mí mismo muy en serio por las repercusiones espirituales de todo lo que yo hacia. Pensaba que cada acción que realizaba tenía una gran repercusión histórica. Me esforzaba por convertirme en el «hijo» perfecto de los «Padres Verdaderos»,7 leal y obediente (estas dos virtudes eran valoradas por encima de todas las demás). Siempre hacía lo que me mandaban. Quería dar pruebas de mi lealtad, y fui sometido a prueba en muchas ocasiones por Kamiyama y otros líderes.

Como líder, pude ver y oír cosas de las que los miembros rasos no sabrían nada jamás. En una ocasión, a finales de 1974, Moon se llevó a varios de nosotros a inspeccionar unas fincas que había comprado en Tarrytown. Como siempre, nos dio una de sus habituales charlas. Sin embargo, ésta se me quedó grabada en la mente. «Cuando ostentemos el poder en este país», dijo, «reformaremos la Constitución y se castigará con la pena capital mantener relaciones sexuales con cualquier otra persona que no sea la asignada». Agregó que el sexo que no estaba centrado en Dios era el pecado más grande que se podía cometer; en consecuencia, si una persona era incapaz de sobreponerse a la tentación, lo mejor que se podía hacer por ella era despojaría de su cuerpo físico. De esta manera le haríamos un favor y sería mucho más fácil conducirle a la senda correcta dentro del mundo espiritual. Pensé en todas las personas casadas ajenas al movimiento que estaban destrozando sus cuerpos espirituales cada vez que mantenían relaciones sexuales, jamás dejé de pensar en el genocidio que podía desencadenarse si nos hacíamos con el poder en Estados Unidos.

Ser líder reportaba también otros beneficios. En una ocasión, Moon me regaló una estatuilla de cristal italiano hecha a mano y 300 dólares en efectivo. A menudo me permitía jugar al béisbol con su hijo y su aparente heredero, Hyo un Moon (en la actualidad director del C.A.R.P.) En dos ocasiones comí con Moon en su espléndida mesa. Llegué a desear el sentimiento de estar frente a cientos de personas y oficiar el servicio dominical o pronunciar una conferencia sobre el Principio Divino, de ver cómo los miembros me miraban como a una persona espiritual y maravillosa.

Incluso habla «milagros» en mi vida. Cierta vez, me enteré de que Moon había ordenado que todos los miembros norteamericanos participaran en un curso de entrenamiento en liderazgo que debía durar 120 días. Para mi gran sorpresa, Kamiyama intercedió ante Moon para que no me enviaran al curso. Fui conducido a la presencia de Moon -designado como «Padre» por los miembros- y antes de saber lo que estaba pasando, él puso su mano sobre mi cabeza y anunció que yo acababa de graduarme en el curso de 120 días. Cuando le pregunté a Kamiyama por qué había pedido mi exclusión del programa, respondió que el trabajo que yo realizaba en Nueva York era demasiado importante y que no deseaba perderme. Sentí que había logrado la aprobación del hombre a quien consideraba como el representante de Dios en la tierra.

Moon empleaba un estilo nuevo para motivar a los líderes, Al principio se mostraba amable con nosotros, comprándonos regalos o llevándonos a cenar o al cine. Luego, nos invitaba a su mansión y nos chillaba y reñia por lo mal que estábamos haciendo nuestro trabajo.

A Moon también le agradaba estimular al máximo el grado de competitividad entre los líderes para conseguir el mayor rendimiento. Escogía a alguien que tuviera mucho éxito en reclutar nuevos miembros o recolectar fondos (esto lo hizo conmigo) y lo presentaba como un modelo de perfección, avergonzando a los demás para que así rindieran más. Resultaba irónico comprobar que mientras la meta proclamada por Moon es la unificación del mundo, la mayoría de sus estrategias estimulaban el rencor y los celos entre los líderes, asegurando virtualmente la falta de unidad.

Cuando yo le conocí, Moon era un adicto al cine. Una de sus películas favoritas era Rocky, que según sus palabras había visto varias veces. En una ocasión memorable, nos dijo que todos nosotros debíamos tener la misma determinación que Rocky Balboa para derrotar a nuestro enemigo. Más adelante invertiría 48 millones de dólares en producir su propia película, Inchon, que trata del desembarco del general Douglas MacArthur en Corea para frenar la invasión comunista. A pesar de que Moon buscó actores como Laurence Olivier y Jacqueline Bisset, Inchon fue un fracaso. Era la película más cara de su época, y todas las críticas fueron desfavorables.8

Al recordar todos estos episodios, creo que uno de los principales problemas de Moon como líder era su cortedad de miras. Siempre parecía estar más preocupado por los resultados inmediatos que por el futuro. Por ejemplo, su despreocupación por los aspectos legales y contables le llevaron a la cárcel.9 Las añagazas que utilizaba para comprar terrenos y empresas le granjeó enconadas enemistades en muchas poblaciones. Sus enredos políticos, como el apoyo de Nixon, le llevaron a ser conocido en todo el país, pero también alertaron a la sociedad sobre sus antecedentes y sus prácticas antiéticas. Esta falta de visión le ha causado enormes problemas a su organización a lo largo de los años.

En una nueva etapa, me convertí en el conferenciante principal de Manhattan y sufrí un extraño cambio en mi relación con otro norteamericano del grupo. Me designaron director asistente de la Iglesia de la Unificación en la sede nacional y se me ordenó trabajar con Neil Salonen, a la sazón presidente de la Iglesia de la Unificación de América. El señor Kamiyama me explicó que Salonen tenía que aprender a someterse al liderazgo coreano y japonés de la Iglesia, y que mí trabajo en el cuartel general consistiría en enseñarle’ las «normas japonesas». Aquel mes, el cuartel general había sido trasladado de Washington D.C. a Nueva York para colocar al personal americano bajo un estricto control oriental.

En esta nueva posición, mi tarea consistía en reclutar nuevos miembros para los talleres de trabajo. Habían salido a la luz muchas de las actividades del grupo, y nos enfrentábamos a una especie de «persecución» pública sin cuartel. Nos identificábamos sinceramente con los primeros cristianos; cuanto más se oponía la gente a nosotros, más fortalecidos nos sentíamos. ,Por aquel entonces, los periódicos publicaron artículos sensacionalistas y la televisión emitió varios programas sobre los Moonies, lo que reforzó nuestras sospechas de que los comunistas estaban haciéndose con el control de Estados Unidos. Motivados aún más por este creciente miedo, continuamos con nuestras actividades de reclutamiento a un ritmo febril. Nos presionaban para que cada miembro reclutara por lo menos a una nueva persona al mes, y todos los miembros informaban cada noche a su jefe central de las actividades del día. Era como si fuésemos el ejército de Dios en medio de una batalla espiritual; los únicos que podíamos marchar al frente y luchar a diario contra Satanás.

Cuando Moon decidió, en 1976, pronunciar una conferencia en el Yankee Stadium, tuvimos que recaudar varios millones de dólares para la campaña de publicidad. Me enviaron con otros líderes norteamericanos a Manhattan y formamos un equipo modelo para conseguir fondos. Trabajábamos las veinticuatro horas del día. Estábamos constantemente en la calle, en los peores sitios que uno pueda imaginar. En una ocasión estuve a punto de ser asaltado en Harlem por un hombre armado con un garrote que me vio cuando vendía velas por la noche. Otro día, un hombre intentó robarme el dinero a punta de navaja. Dado que yo era un Moonie leal y disciplinado, no podía permitir que nadie se quedara con el dinero de Dios y me negué a entregarlo. Por suerte, conseguí escapar en ambas ocasiones.

Dormido al volante

Una de las ironías de mi experiencia con los Moonies consistía en que cuanto más alto ascendía en la organización,. más cerca estaba del agotamiento total, que al final sería la causa de mi abandono del grupo. Dado que tenía tanto éxito en la recaudación de fondos, me exigía a mi mismo hasta el límite una y otra vez. En aquellos días me preocupaba muy poco por mi persona. Lo único importante era trabajar tanto como pudiese para el «Padre». Por suerte, mi familia no me había olvidado y estaban muy preocupados por mi bienestar.

Cuando hube finalizado mi trabajo con el equipo recolector de fondos en Manhattan, me dijeron que mi familia intentaba secuestrarme y desprogramarme. Me enviaron en secreto a Pennsylvania y me dieron órdenes de no informar a mis familiares sobre mi paradero; la correspondencia debía recibirla en una dirección de otra ciudad. Años más tarde, después de haber abandonado el grupo, llegué a la conclusión de que me habían sacado de la ciudad con un engaño. Lo que los Moonies deseaban era que dejara de plantear una serie de objeciones bastante molestas acerca de la validez de los «paralelos en el tiempo» utilizados en la conferencia titulada «Historia de la Restauración». Yo había descubierto varias incongruencias que clamaban al cielo. Era peligroso que alguien con mi posición dentro de la organización formulara preguntas que no podían ser contestadas. Los otros líderes de grupo me infundieron tanto miedo a los desprogramadores que me olvidé de mis preguntas. Creía que mi supervivencia espiritual estaba amenazada.

Me hablan contado terribles historias sobre la desprogramación. Llegué a creer que los miembros del grupo eran secuestrados, golpeados y torturados por los desprogramadores: los soldados de elite de Satanás dedicados a destrozar físicamente a las personas para que perdieran su fe en Dios.10 Un par de miembros fueron enviados de gira por los diferentes centros para que narraran las experiencias que habían sufrido en manos de los desprogramadores a nuestros padres. A pesar de que en aquel entonces yo no me daba cuenta, cada nueva historia sobre la desprogramación era más exagerada que la anterior.

Tras un par de meses de recolectar fondos con un equipo de Pennsylvania, me encargaron de la recaudación en Baltimore. Mi comandante regional me ordenó que cada miembro recolectara un mínimo de 100 dólares diarios aunque para ello tuviese que estar en pie toda la noche. Yo contaba con un equipo «joven» formado por ocho personas inexpertas. Como un buen líder, yo tenía que dar ejemplo y acompañarlos a todas horas.

Exigía a mi equipo al máximo, y recaudaban más de 1.000 dólares diarios, en efectivo y libres de impuestos. Formaba parte de mis responsabilidades alimentar, vestir y alojar al equipo, a como encargar, pagar y recoger los artículos que entregábamos a la gente a cambio de sus donativos, y también recaudar el dinero cada noche y enviarlo a Nueva York dos veces por semana. Vendíamos chocolatinas, caramelos, rosas, claveles y velas. Los precios eran carísimos. Una caja de caramelos que no costaba más de treinta centavos, se vendía a dos dólares. Una flor de diez centavos la vendíamos a un dólar como mínimo, cuando no dos dólares.

La gente compraba estos artículos porque creían que estaba haciendo una donación a una causa benéfica. Nuestras conciencias habían sido reprogramadas según la escala de valores de Moon. Decíamos a la gente que patrocinábamos programas para la juventud cristiana: una mentira. Decíamos que dirigíamos centros para la rehabilitación de drogadictos: otra mentira. Declamo, que ayudábamos a los niños huérfanos: más mentiras. Según la inspiración del momento, inventábamos la mentira que más nos convenía para conseguir nuestros propósitos.11 Como pensábamos que salvar al mundo de manos de Satanás y establecer el reino de Dios en la Tierra era la tarea más importante, no considerábamos que en realidad estuviéramos mintiendo. Después de todo, excepto nosotros, todas las demás personas estaban controladas por Satanás, y correspondía a las «criaturas de Dios» quitarle el dinero a Satanás para entregarlo al Mesías de Dios, Sun Myung Moon. Creíamos a pies juntillas que con la venta de aquellos artículos estábamos salvando al mundo de Satanás y del comunismo, y que le estábamos dando a la gente la oportunidad de ayudar al Mesías en la creación del Jardín del Edén en la Tierra.

Alrededor de las 5.30 de la mañana del 23 de abril de 1976, conducía una furgoneta con la que iba a recoger al último miembro de mi equipo que habla pasado la noche recolectando fondos frente a una tienda que permanecía abierta noche y día. No había dormido en las últimas 48 horas, y viajaba solo. Por lo general, lo hacía acompañado para estar protegido contra el ataque de las fuerzas del mal, los «espíritus del sueño». Por ridículo que parezca ahora, yo creía que seres espirituales estaban a mi alrededor, esperando el momento para invadir mi cuerpo y poseerme. Todo esto formaba parte del adoctrinamiento del control mental.

Mantener la atención concentrada en los Verdaderos Padres era el único medio para alejar a los espíritus malignos. Si mi atención flaqueaba, podía ser dominado. Fobias como éstas servían para mantener la dependencia y disciplina de todos los miembros.

En esta ocasión iba demasiado confiado. Me quedé dormido y me desperté bruscamente. Todo lo que podía ver era la parte posterior de un enorme camión rolo al cual me aproximaba a gran velocidad. Pisé el freno, pero era demasiado tarde. El impacto fue terrible. La furgoneta quedó aplastada, y yo atrapado entre sus restos. El dolor resultaba insoportable, pero me era imposible hacer algo: no podía salir. Tuvieron que cortar la puerta. El equipo de emergencia empleó más de media hora en montar una polea que pudiese tirar de la barra de dirección y apartarla para disponer de espacio para sacarme de allí.

Todo lo que se me ocurría pensar en aquellos momentos era «Padre, perdóname» y «Aplastemos a Satanás». Una y otra vez repetía estas palabras para intentar centrar mi mente en Dios y suplicarle Su perdón. Pensaba que lo ocurrido era «espiritual», que me había enfrentado a Satanás en el mundo espiritual y que había sido derrotado, y que ésta era la causa del accidente y no el hecho de que no hubiera dormido en los dos últimos días. Como cualquier otro buen miembro de la secta me culpaba a mí mismo por no haber sido lo bastante «puro». Ni se me ocurrió pensar que tendría que haber dormido al menos mis habituales tres o cuatro horas por noche. Sentía que había sido escogido por Dios para esta misión santa y que había fallado.

La desprogramación: cómo volví a encontrarme a mí mismo

Después de dos semanas en el hospital y una intervención quirúrgica en mi pierna rota, recibí permiso de mis superiores Moonies para visitar a mi hermana Thea. Lo pude hacer por dos motivos:

Thea jamás se había opuesto abiertamente a mi vinculación con los Moonies, y yo era un líder de confianza, alguien cuya fe en Dios y en el grupo se creía absoluta.

El accidente, sin embargo, provocó que de forma sutil comenzaran a cortarse los lazos que me unían a los Moonies. En primer lugar, podía dormir, comer y descansar. En segundo lugar, al fin podía ver a mi familia. Mis padres y mi otra hermana, Stephani eran seres «satánicos» según los Moonies, pero yo todavía los amaba y deseaba convertirles. En tercer lugar, podía tomarme las cosas con más calma y pensar, pues estaba alejado del constante adoctrinamiento del grupo. En cuarto lugar, mis padres había decidido que me desprogramaran. En quinto, llevaba un yeso en la pierna desde la punta de los dedos hasta la pelvis, así que no podía moverme sin muletas. No podía oponer resistencia física ni tampoco huir.

Yo estaba sentado en el sofá del salón comedor de la casa de mi hermana cuando mi padre se presentó de improviso. Se sentó a mi lado y me preguntó cómo estaba. Cuando le respondí que me encontraba bien, se puso en pie. Cogió mis muletas y las llevó al otro extremo del salón mientras exclamaba: «¡Magnífico!» En ese instante aparecieron otras siete personas y anunciaron que habían venido para «hablarme de mi afiliación a la Iglesia de la Unificación». Me quedé asombrado, y luego comprendí que me habían atrapado.

Yo estaba muy bien adoctrinado, y de inmediato «supe» que el equipo de desprogramadores había sido enviado por el mismísimo Satanás. Por consiguiente, quedé muy sorprendido cuando demostraron ser personas amables y amistosas. Estuvieron varias horas hablándome de lo que ellos sabían que estaba mal en los Moonies. Como miembro juramentado, me resistía a escuchar sus palabras. Después de todo, los líderes de grupo me habían aleccionado sobre la desprogramación. No permitiría que Satanás me hiciera perder mi fe en Dios.

A la mañana siguiente, mi padre me dijo que iríamos a visitar a mi madre. Según pude saber tiempo después, lo que sucedía en realidad era que los Moonies habían llamado para averiguar por qué no me había presentado y estaban en camino para rescatarme. Como creía que mi madre se pondría de mi parte y acabaría con la desprogramación, me apresuré a coger mis muletas y me instalé en el asiento trasero del coche, con la pierna estirada. Mi padre conducía, y dos desprogramadores iban a su lado. Me enfurecí, sin embargo, cuando mi padre no tomó la salida de la autopista de Long Island que conducía a su casa. Aunque resulte difícil de creer, mi primer impulso fue intentar escapar partiéndole el cuello a mi padre. Pensé que era mejor matarlo que traicionar al Mesías. Como miembro, me habían dicho en repetidas ocasiones que era mejor morir o matar que abandonar la Iglesia.12

No obstante, en aquel momento tenía plena confianza en que no podrían vencerme. Sabía que se me presentarían nuevas oportunidades de escapar, así que decidí no matar a mi padre. Cuando llegamos al apartamento donde debían continuar las sesiones de desprogramación, intenté resistirme por la fuerza a salir del coche. Amenacé a mi padre con mucha violencia, y le dije que me abriría las heridas y las dejaría sangrar hasta morir.

Mi padre se giró en su asiento y comenzó a llorar. Sólo había visto llorar antes a mi padre en una ocasión: cuando yo tenía quince años y murió mi abuela. Entonces, como ahora, sentí un nudo en la garganta y un gran peso en el corazón.

-Esto es una locura –dijo mi padre-. Dime, ¿qué harías tú si tu hijo, tu único hijo, se fuera a un taller de trabajo para pasar un fin de semana y de pronto desapareciera, abandonara la escuela, renunciara al trabajo, y se uniera a una organización un tanto dudosa?

Ésta fue la primera ocasión desde que me había unido a la secta que, por un momento, me permití pensar desde su punto de vista. Comprendía su dolor y su ira, y también su amor paterno; pero seguía creyendo que los comunistas le había hecho un lavado de cerebro.

-Supongo que haría lo mismo que estás haciendo tú -respondí, y lo decía de corazón-. ¿Qué quieres que haga? -le pregunté.

-Sólo que hables con estas personas -dijo–. Escucha lo que tienen que decir. Como padre, no puedo dormir por las noches sabiendo que no has escuchado a las dos partes.

-¿Durante cuánto tiempo? -quise saber.

-Cinco días -respondió.

-¿Y entonces qué? ¿Puedo volver a irme si lo deseo?

-Sí, y si quieres salir del movimiento, será tuya la elección.

Reflexioné sobre la propuesta. Yo sabía que lo que estaba haciendo era correcto. Sabía que Dios deseaba que permaneciera en el grupo. Conocía personalmente al Mesías, en carne y hueso. Me sabia el Principio Divino de memoria. ¿De qué podía tener miedo? Además, creía que así les demostraría a mis padres, de una vez por todas, que no me habían lavado el cerebro. Por otra parte, sabía que si permanecía con mis padres contra mi voluntad y luego escapaba, podrían obligarme a presentar una denuncia en su contra, y yo no quería hacer semejante cosa.

Acepté el acuerdo. Yo no intentaría escapar. Hablaría con ex miembros en el apartamento y escucharía lo que tuvieran que decir, tomándome todos los descansos que quisiera.

Los antiguos miembros no eran en absoluto como yo esperaba. Había supuesto, debido a mi entrenamiento, que serían fríos y calculadores, poco espirituales, amantes del dinero y agresivos. En cambio, eran cariñosos, comprensivos, idealistas, espiritual y me trataron con respeto. Como ex miembros, deberían haber mostrado infelices y atormentados por la culpa. No era así. Por el contrario, parecían muy felices y satisfechos de no estar en grupo y de ser libres para vivir su vida como quisieran. Todo eso resultaba muy contradictorio.

Yo fui una persona muy difícil de desprogramar. Me resistí, proceso mediante rezos y cánticos, y les respondía levantando barreras con negativas, racionalizaciones, justificaciones e ilusiones. Los ex miembros me enseñaron el libro de Robert Jay Lifton Thought Reform and the Psychology of Totalism [La reforma del pensamiento y la psicología del totalismo] y discutieron las técnicas y procedimientos utilizados por los comunistas chinos (¡el enemigo!) para lavarles el cerebro a sus prisioneros durante los años cincuenta. Me resultaba obvio que los procedimientos que usábamos en los Moonies era casi idénticos. La gran pregunta que me formulaba era: «¿Empleaba Dios las mismas tácticas que Satanás para conseguir un mundo ideal?». Pensar y razonar me resultaba tan difícil en aquellos momentos como caminar con el barro hasta la cintura.

Al cuarto día, hablaron de Hitler y el movimiento nazi. Compararon a Moon y su filosofía de la teocracia mundial con las metas globales de Hitler para el nacional-socialismo alemán. Recuerdo que en un determinado momento exclamé: «¡No me importa si Moon es igual que Hitler! ¡He escogido seguirle y le seguiré hasta el final!» Cuando me oí a mí mismo pronunciar estas palabras, un escalofrío me recorrió la columna vertebral. Me contuve a toda prisa.

Por la mañana del último día de desprogramación, tuve la indescriptible experiencia de sentir cómo se abría mi mente, como si de pronto hubieran encendido una luz. Los antiguos miembros me leían uno de los discursos de Moon a los representantes del Congreso. Pensé: «Vaya víbora», cuando me leyeron las hipócritas palabras de Moon. Hablaba de que los norteamericanos eran demasiado listos para dejarse lavar el cerebro por un coreano, y de lo mucho que él respetaba a los norteamericanos. Yo le había oído decir, al menos una docena de veces, lo estúpidos, haraganes y corruptos que eran los estadounidenses, especialmente los políticos. Los tres americanos ex miembros, que estaban sentados frente a mi, me contaron uno tras otro cómo Moon les había lavado el cerebro. Les pedí a todos que salieran de la habitación. En comparación, el dolor del accidente no era ni la mitad del que sentía en ese momento. Lloré durante mucho rato. Alguien entró y me puso una compresa fría en la frente. La cabeza me latía con fuerza, y sentía corno si tuviera una gran herida abierta. Fue la noche más terrible de mi vida.

La recuperación: la vuelta a una vida normal

Tras reencontrarme conmigo mismo, un millón de preguntas danzaban en mi cabeza. ¿Cómo había podido llegar a creer que el Mesías era un industrial coreano multimillonario? ¿Cómo había podido renunciar a casi todos los principios éticos y morales? ¿Cómo había podido cometer tantísimas crueldades contra tanta gente? La fantasía en la que me había apoyado para inspirarme día tras día y mes tras mes se había evaporado. Lo que quedaba era una persona asustada y confusa, pero todavía orgullosa. Era como si me hubiera despertado de un sueño y no estuviese seguro de haber vuelto a la realidad, o como si hubiera caído de un rascacielos pero sin llegar a estrellarme contra el suelo.

Me embargaban muy diversas emociones. Estaba triste y echaba de menos a mis amigos del grupo, especialmente a mis «hijos espirituales», las personas que yo había reclutado. Me faltaba la excitación de sentir que lo que estaba haciendo era de una importancia cósmica. Echaba de menos la sensación de poder que confiere la sencillez mental. En aquel momento lo único que sabia era que tenía la pierna rota. Sentía una vergüenza tremenda por haberme dejado enredar por una secta. Mis padres ya me habían advertido que era una secta. ¿Por qué no les había hecho caso? ¿Por qué no había confiado en ellos? Pasaron semanas antes de que pudiera dar las gracias a mis padres. Y tuvieron que transcurrir meses antes de que pudiera referirme a los Moon como una secta.

Leí durante meses. Para mí, la cuestión más preocupante saber cómo se las habían arreglado los Moonies para convertir y adoctrinarme hasta tal punto que ya no podía pensar por mismo. Leía todo lo que caía en mis manos. Al principio, el a mismo de leer era tremendamente dificultoso. Durante años sólo había leído literatura Moonie. Me resultaba difícil concentrar y había momentos en que me quedaba con la mente en blanco sin comprender lo que leía.

Vivir en casa también presentaba sus dificultades. Estaba rr deprimido. Al tener la pierna enyesada, necesitaba ayuda par< de un lugar a otro, para comer e incluso para ir al bañó. No estaba acostumbrado a ser tan dependiente. Había sido el responsable de una casa y dirigido las vidas de ocho personas. Ahora un capitán sin soldados. Me sentía muy mal por la experiencia que le había hecho vivir a mí familia. Se comportaban maravillosamente bien conmigo, pero yo no podía evitar un tremendo sentimiento de culpa.

Me sentía aún más culpable por mi actitud como Moonie. Había mentido a muchas personas, las había manipulado, engañado e inducido a que abandonaran a sus familias, sus estudios y a sus amigos para que siguieran a un dictador en potencia.14 La culpa se convirtió en rabia conforme aumentaba mis conocimientos sobre el control mental.

Conseguí dar con el paradero de Robert Jay Lifton y conseguimos una cita en su apartamento de Manhattan. Él sentía curiosidad por saber por qué alguien podía tener tanto interés en un libro acerca de las técnicas chinas de lavado de cerebro que había escrito quince años antes, en 1961. Se sorprendió muchísimo cuando le describí, con todo lujo de detalles, lo que hacían los Moonies para reclutar nuevos adeptos y el funcionamiento de los talleres de trabajo de 3, 7, 21, 40 y 120 días, Exclamó: «Por lo que me cuenta, es mucho más complejo que las técnicas chinas los cincuenta. Es como una mutación híbrida de un virus maligno!».

Lifton cambió todas las perspectivas sobre mí mismo cuando me dijo: «Steve, tú sabes mucho más que yo sobre todo esto por que lo has vivido. Lo conoces en la práctica. Yo sólo lo sé en teoría y de segunda mano. Deberías estudiar psicología y aplicar lo que has aprendido en tus experiencias para poder explicárselo a otras personas». También me preguntó si quería compartir con él la autoría de un libro sobre control mental, un proyecto que no se pudo concretar. Me sentí halagado por el ofrecimiento y pensé que lo podríá hacer, pero todavía no era el momento apropiado para mí.

Salgo a la luz pública

Conocer a Lifton cambió mi vida. En lugar de examinarme a mí mismo y verme como un estudiante fracasado, un poeta sin poemas (lamentaba profundamente haber tirado aquellos cuatrocientos poemas cuando me lo pidieron) y un ex miembro de una secta, comprendí que tal vez había un destino más importante para mí. Por aquel entonces, a pesar de que ya no era un Moonie, de alguna manera aún pensaba en términos de blanco o negro: el bien contra el mal, nosotros contra ellos. El experto en lavados de cerebro más conocido del mundo pensaba que yo podía aportar una contribución muy importante, que mis experiencias podían servir .para ayudar a otras personas. En aquella época, comencé a asistir a reuniones donde se trataba de los problemas que acarreaban las sectas, y me abordaron numerosos padres que tenían hijos con los Moonies. Me preguntaban si podía hablar con sus hijos. Yo acepté.

Fue entonces, en 1976, cuando comencé en serio a dar los primeros pasos para convertirme en consejero profesional. En primer lugar, debía establecer el marco de mi trabajo; no había entonces alternativa alguna a la desprogramación a fondo. Había asistido a un breve cursillo como consejero estudiantil en la universidad antes de unirme a los Moonies. Yo mismo había sido desprogramado. El punto más importante a la hora de hablar con los miembros era que yo había sido un Moonie de alto rango, y sabia qué era lo que provocaba una respuesta en su interior. Estuve trabajando en desprogramación alrededor de un año. En un par de casos se podría haber hablado de secuestro por parte de los padres o de personas contratadas; la mayoría eran casos en que los miembros habían ido a su casa de visita y no les habían permitido marcharse. Algunos eran casos legales de ejercicio de la patria potestad, donde la familia recibe la custodia legal de su hijo adulto. Estas leyes ya no son aplicables. En mi opinión, conseguir que fueran abolidas es otra victoria de los abogados de las sectas.

Por fortuna, nunca me demandaron. Tuve éxito en la mayoría de los casos. Sin embargo, no disfrutaba con la tensión de una desprogramación a la fuerza, y deseaba buscar otros medios para ayudar a los miembros de sectas destructivas.

Después de un año de actuación pública, en el que di conferencias y participé en entrevistas en la radio y la televisión, decidí que, una vez más, necesitaba descubrir quién era. Abandoné mi vida de cazador de sectas y volví a la universidad. Escribía poesías, jugaba al baloncesto, salía con chicas, hacía de asesor en un par de agencias estudiantiles de la Universidad de Boston, y retomaba el contacto conmigo mismo.

Durante aquel tiempo, sin embargo, Moon estaba en la cresta de la popularidad. En el Congreso, el subcomité de Relaciones Internacionales estaba realizando una profunda investigación sobre las actividades de la CIA coreana en Estados Unidos y los esfuerzos de otros agentes coreanos para influir en las decisiones del gobierno de Estados Unidos. Acepté colaborar en las investigaciones del comité, siempre y cuando no me pidieran testimoniar públicamente. En realidad, no presté mucha atención al desarrollo de la investigación del «Coreagate», aparte de leer algún que otro artículo. Tenía la más absoluta confianza en que el gobierno revelaría a la opinión pública los entresijos del grupo Moon y que acabaría con él.

El informe final de la investigación15 incluía una sección de ochenta páginas dedicadas a los Moonies. El informe señalaba que la organización Moon «había violado sistemáticamente las leyes estadounidenses de impuestos, de inmigración, bancarias, monetarias y el Acta de Registro de Agentes Extranjeros, además de las leyes estatales y locales referentes al fraude en la beneficencia». Se pedía la formación de un grupo integrado por personal de las distintas agencias gubernamentales para seguir el proceso de recopilación de pruebas y procesar a Moon y a otros líderes de la Iglesia de la Unificación por sus actos delictivos. La minoría republicana del subcomité incluyó su propia declaración, que en uno de los apartados decía: «Resulta difícil de comprender por qué las agencias que dependen del Ejecutivo no tomaron las oportunas acciones pertinentes contra aquellas actividades de la organización Moon que son ilegales». Poco podía saber yo sobre los hechos que se producirían en el futuro próximo y que me llevarían a adoptar una posición mucho más pública.

El informe vio la luz el 31 de octubre de 1978. Tres semanas más tarde, el congresista por California Leo j. Ryan, miembro de la investigación del Coreagate, fue muerto a balazos en un aeropuerto cercano a Jonestown, Guyana, cuando intentaba ayudar a los miembros de otra secta, el Templo de la Gente, a escapar de los horrores del campo de Jim Jones. Vi las telenoticias sobre las novecientas personas que habían muerto porque el líder de la secta había enloquecido. Un sudor frío me corría por la espalda. Jamás había oído mencionar antes el Templo de la Gente, pero conocía a la perfección los mecanismos mentales de sus miembros.

Recordé las arengas que nos dirigía Moon, en las que nos preguntaba si estábamos dispuestos a seguirle hasta la muerte. Rcordé haber escuchado a Moon declarando que si Corea del Norte invadía a Corea del Sur, enviaría a los miembros de la Iglesia de la Unificación a combatir en primera línea para que Estados Unidos siguiera el ejemplo y entrara en una nueva guerra terrestre en Asia.

Pasé muchos días reflexionando sobre el problema de las sectas. Más que ninguna otra cosa, la masacre de Jonestown me indujo a convertirme de nuevo en un activista público. Acepté varias invitaciones para aparecer en televisión. Me ofrecieron la posibilidad de hablar en la audiencia pública del senador Robert Dole en el Capitolio, en 1979. Pero, en el último momento, todos los ex miembros de sectas que habían sido invitados a participar fueron retirados del programa. La audiencia fue un desastre.

Después de eso, la influencia política de Moon fue en aumento. Cuando Ronald Reagan llegó a la presidencia, los grupos controlados por Moon comenzaron a financiar el movimiento político de la Nueva Derecha en Washington. Al comprender que el gobierno federal no tenía ninguna intención de actuar contra los Moonies, decidí organizarme. Fundé un grupo llamado Ex Miembros Contra Moon, que se llamó más tarde Ex Moon, Inc. Convoqué conferencias de prensa, publiqué una revista mensual y concedí numerosas entrevistas. Había considerado la posibilidad de formar un grupo con antiguos miembros de diferentes sectas, pero decidí que tras la publicación de los resultados de la investigación del Congreso, sería mucho más efectivo centrarme en los Moonies. Envié un Acta de Libertad de Información, dirigido al Departamento de Defensa, en la que preguntaba por qué a una compañía propiedad de Moon, Tong II Industries, se le permitía fabricar fusiles M-16 en Corea cuando sólo el gobierno de Corea del Sur tenía permiso legal para hacerlo. ¿Formaba parte del gobierno coreano la organización Moon? ¿Estaba el Departamento de Defensa otorgándole un trato de favor? La solicitud fue rechazada basándose en que revelar tal información comprometía la seguridad de Estados Unidos. Hasta el día de hoy, no he conseguido averiguar la verdad.

Tenía claro que no deseaba realizar ninguna desprogramación más. Debía encontrar una manera de ayudar a las personas a que abandonaran las sectas que fuera menos traumática1 más barata y que no fuera ilegal. Había leído docenas de libros y miles de páginas -todo lo que podía encontrar– acerca de la modificación del pensamiento, lavados de cerebro, cambios de actitud y persuasión, así como sobre el reclutamiento de la CIA y sus técnicas de adoctrinamiento. El siguiente y prometedor campo a explorar era la hipnosis.

En 1980, asistí a un seminario de Richard Band lor sobre la hipnosis que estaba basado en un modelo llamado Programación Neuro-Lingúistica (PNL) que habían desarrollado él y John Grinder. Quedé impresionado por lo que aprendí, pues me proporcionaba una llave para acceder a las técnicas mentales y para poder combatirlas. Empleé casi dos años en estudiar la PNL con todas las personas que trabajaban en su formulación y presentación. En cierto momento, me trasladé a Santa Cruz, California, para realizar un período de aprendizaje con John Grinder. Para aquel entonces, me había enamorado y contraído matrimonio. Regresé a Massachusetts cuando a mi esposa, Aureet, le concedieron una beca para ir a Harvard a trabajar en su tesis.

Sin embargo, comencé a preocuparme de lo ético que podía ser realizar una amplia campaña de mercado para promover el PNL como una herramienta para aumentar el poder. Por último, abandoné mi asociación con Grinder y empecé a estudiar los trabajos de Miltón Erikson, Virginia Satir y Gregory Bateson, en los que se basaba el PNL. Aprendí muchísimo sobre el funcionamiento de la mente y la manera de comunicarme más efectivamente con una persona. Estos estudios me brindaron la posibilidad de aplicar lo que sabía para ayudar a las personas atrapadas en las sectas. Descubrí que era posible analizar y crear un modelo para los procesos de cambio que se desarrollan cuando una persona ingresa en una secta y luego consigue abandonarla.

¿Qué factores individuales hacen que una persona sea capaz de alejarse de la psique sometida a control mental? ¿Por qué algunas intervenciones tienen éxito y otras no? ¿Qué ocurre en los procesos mentales de las personas que, sin más, abandonan las sectas? Comenzaron a aparecer unos patrones. Descubrí que quienes se marchaban sin más eran personas que habían conseguido mantener el contacto con individuos ajenos a la secta destructiva. Quedaba claro, pues, que si esas personas podían man-tener contacto con el exterior, podían comunicar una valiosa información susceptible de cambiar la vida de una persona traspasando las barreras mentales de la secta.

Era consciente de lo importante que habían sido para mí las lágrimas de mi padre. Y más importante aún, me daba cuenta de que él había sido capaz de invitarme a que me mirara a mí mismo desde su perspectiva y a reordenar mi información desde su punto de vista. Al analizar mi propia experiencia, reconocí que lo que más me había ayudado era mi propia voz interior y mis experiencias prácticas vividas en carne propia, sepultadas bajo todos aquellos rituales supresores del pensamiento como los cánticos y las oraciones y toda la represión emocional. En el fondo, mi verdadero yo no estaba muerto. Tal vez estaba atado y amordazado, pero estaba bien vivo. El accidente y la desprogramación me habían ayudado a moverme física y psicológicamente a un lugar donde podía estar en contacto conmigo mismo. No había duda de que mis propios ideales y fantasías sobre un mundo ideal me habían llevado a los Moonies, pero también de que estos mismos ideales me habían permitido, en última instancia, abandonar y condenar públicamente el control mental de las sectas.

Desde que obtuve la licenciatura de psicólogo consultor en 1985 en el Cambridge Colíege, he comenzado una nueva fase de mi vida. Además de la práctica psicoterapéutica y de mis actividades de educación púbIica~ he trabajado también como coordinador nacional de FOCUS, un grupo de apoyo para ex miembros de sectas que desean ayudarse mutuamente. Sobre todo, he trabajado para alertar al público sobre el hecho de que el probJema de las sectas destructivas no ha desaparecido en la medida que los jóvenes idealistas de los setenta se han ido convirtiendo en los nuevos profesionales de los ochenta. Las sectas destructivas van a la caza y captura de muchos tipos diferentes de personas y continúan captando nuevos adeptos, como demostraré a continuación.

Sin embargo, al tiempo que las sectas destructivas prosiguen su crecimiento, también crecen nuestros conocimientos sobre los procesos del control mental antiético. El campo del asesoramiento en abandonos se amplía conforme. un número creciente de profesionales de la salud mental, trabajadores sociales, doctores, abogados y personas de todas las extracciones, entre las que hay muchas que han perdido a algún miembro de la familia a manos de las sectas destructivas, adquieren conocimiento de la dinámica del control mental. Hay algunas pautas básicas para identificar a las sectas destructivas, protegerse a sí mismo del control mental y ayudar a otros a desembarazarse del yugo de su influencia. Este libro pretende proporcionarle a usted las llaves de este conocimiento. Ir a ÍNDICE

CAPÍTULO 3

La amenaza: las sectas de control mental en la actualidad

Imagine, si lo desea, las siguientes escenas.

Hombres vestidos con túnicas de color azafrán que bailan y cantan en las esquinas acompañados de címbalos y tambores. Adolescentes desastrados que se afanan de coche en coche vendiendo flores bajo una lluvia torrencial. Hombres muy tensos, vestidos con traje y corbata, que piden dinero a la gente en las salas de espera de los aeropuertos para poner en cuarentena a los enfermos de SIDA y construir armas lanzadoras de rayos. Más de novecientas personas -hombres, mujeres y niños; blancos y negros- que yacen boca abajo en el fango de Jonestown, Guyana.

Mencione la palabra «sectas» y éstas serán las imágenes que evocará en muchas personas. Muchos de nosotros hemos visto tales imágenes con nuestros propios ojos, ya sea por experiencia personal o a través de los medios de comunicación de masas.

Sin embargo, estas imágenes no representan por completo el alcance que tiene en la actualidad el fenómeno de las sectas destructivas. No son sino su aspecto más visible.

Imagine, entonces, otra serie de imágenes.

Ejecutivos de negocios vestidos con trajes de tres piezas sentados en salones de hotel para participar en cursillos de concienciación organizados por sus compañías, que no pueden ni levantarse para ir al lavabo. Amas de casa que asisten a «sesiones de estímulo moral» para que puedan reclutar a amigos y vecinos y hacerles entrar en una estructura de ventas piramidal. Cientos de estudiantes reunidos en una universidad de renombre a quienes se les dice que pueden levitar y «volar» por los aires con sólo un esfuerzo de meditación. Alumnos de instituto que practican rituales satánicos con la utilización de sangre y orina, dirigidos por un anciano líder que proclama que él les hará desarrollar su poder personal. Cientos de personas de la más variada procedencia que pagan sumas enormes para aprender las verdades cósmicas que son «canalizadas» a través de un espíritu.

Estas son algunas de las formas que adopta en la actualidad el fenómeno de las sectas destructivas

¿Conoce usted a alguien que haya sufrido un radical cambio de personalidad debido a su pertenencia a un grupo de esta clase? Las posibilidades indican que alguien que usted conoce -alguien de su familia, uno de sus amigos, de sus compañeros de trabajo o de la escuela- ha sido afectado por sus relaciones con una secta destructiva. Si no es así, es sólo una cuestión de tiempo el que esto ocurra.

En los últimos veinte años, el fenómeno de las sectas destructivas se ha convertido en un problema de tremenda importancia social y política. Se estima que en la actualidad existen en Estados Unidos alrededor de tres mil sectas destructivas que tienen casi tres millones de adeptos.1 Las hay de todas clases y tamaños. Algunas sectas cuentan con cientos de millones de dólares, mientras que otras son muy pobres. Algunas, sin embargo, son sin duda mucho más peligrosas que otras. No contentas con ejercer su poder sobre la vida de sus miembros, tienen un plan para hacerse con el poder político y reformar la sociedad, y, en algunos casos, incluso el mundo.

Si tenemos en cuenta lo hábiles que han sido las sectas destructivas para ocultarse del escrutinio público durante los últimos años, puede parecer un tanto alarmista considerarlas como una amenaza para la libertad individual y la sociedad general. Sin embargo, están influyendo en el panorama político mediante la creación de grupos de presión y el apoyo a determinadas campañas de algunos candidatos. Algunas sectas intentan influir en la política exterior de su país y trabajan de forma encubierta para potencias extranjeras.3 Se ha descubierto que los Moonies han entregado grandes sumas de dinero y armas a las fuerzas de la “contra” en Nicaragua.4 También han invertido entre 70 y 100 millones de dólares en Uruguay,5 tal vez en un intento de convertir aquel país en el primer Estado teocrático de la secta, una plataforma de lanzamiento para conseguir su meta de «conquistar y sojuzgar al mundo».6

En Estados Unidos, las sectas ejercen un tremendo poder económico gracias a la compra de bloques enteros de viviendas y la adquisición de la propiedad de centenares de negocios. Algunas se infiltran en las empresas con la excusa de ofrecer entrenamiento para líderes ejecutivos, y mientras tanto realizan su labor secreta para apoderarse de la compañía. Otras buscan tener influencia en el sistema judicial mediante el pago de millones de dólares al año a abogados famosos en un intento de quebrantar la ley a su antojo.

Dado que todas las sectas destructivas creen que el fin justifica los medios, se consideran por encima de la ley. Mientras que crean que lo que hacen está «bien» y es «justo», a muchas no les importa mentir, robar, estafar o utilizar el control mental antiético para conseguir sus propósitos. Violan, de la forma más básica y fundamental, las libertades civiles de los individuos que reclutan. Convierten a personas de buena fe en esclavos.

De todas maneras, ¿qué derecho tengo yo a llamar secta destructiva a un grupo? Mi derecho a expresar libremente mi opinión sin llegar a la calumnia está, desde luego, garantizado en la Constitución de mi país. Sin embargo, cuando a una secta la llamo «destructiva», lo hago porque se ajusta a los criterios descritos con más detalle en el capítulo 6. En resumen, me refiero a un grupo que viola los derechos de sus miembros y que les perjudica por medio del empleo de técnicas de control mental antiéticas y abusivas. No todos los grupos que pueden ser considerados «sectas» porque incorporan creencias y prácticas extrañas son necesariamente destructivos. Una secta destructiva se distingue a sí misma de cualquier grupo normal, social o religioso, por someter a sus miembros a persuasión u otras influencias perjudiciales para retenerlos en el grupo.

De no haber sufrido personalmente la experiencia de estar sometido a control mental durante dos años y medio, probablemente sería un convencido defensor de los derechos de tales grupos para practicar libremente a salvo de la curiosidad pública. Soy un firme defensor de las libertades civiles, preocupado por la defensa de la libertad personal y de la libertad religiosa garantizadas por la Constitución. Doy mi más completo apoyo al derecho de las personas a creer en lo que quieran, sin importarme lo ridículo o poco ortodoxo de sus creencias. Si la gente quiere creer que Moon es el Mesías, están en su derecho, Sin embargo, y éste es el punto crucial, la gente debe estar protegida de los procedimientos que le hacen creer que el señor Moon es el Mesías.

El propósito de este capítulo es demostrar el predominio del control mental correctivo y antiético mediante la descripción de los diferentes sectores de la sociedad en los que surgen !as sectas y las técnicas utilizadas para el reclutamiento. Son sus formas de actuar las que convierten a una secta en destructiva. La manera en que un grupo recluta y lo que les ocurre a los miembros durante su pertenencia es lo que determina si se respetan o no los derechos de la persona a elegir por sí misma lo que quiere creer. Si se utiliza el engaño, la hipnosis o cualquier otra técnica de control mental para reclutar y controlar a los adeptos, se están violando los derechos de la persona.

Las «sectas» no son algo nuevo. A lo largo de la historia, grupos de entusiastas se han agrupado alrededor de líderes carismáticos de todo tipo. Pero en los últimos años ha venido a añadirse algo más: el uso sistemático de las técnicas de la psicología moderna para dominar la voluntad de un individuo y obtener el control sobre sus pensamientos, sentimientos y conducta.

Si bien por lo general pensamos que las «sectas» son grupos religiosos (la primera definición de «secta» en el Webster’s, Third New International Dictionary es «práctica religiosa, culto»), en la actualidad muchas son completamente seculares. El Webster’s también define «secta» como «un pequeño o reducido círculo de personas unidas por la devoción o aceptación de un programa artístico o intelectual, tendencia, o figura (de no mucha popularidad)». La segunda acepción se acerca un poco más al significado de una secta moderna, pero todavía se queda corta Las sectas actuales poseen un atractivo popular virtualmente ilimitado. Para ser breve, de ahora en adelante me referiré a muchos grupos simplemente como «sectas». No obstante, debe usted entender que utilizo el término únicamente para aquellos grupos que son destructivos.

En épocas pasadas, los líderes de las sectas podían ser muy dominantes, a menudo incluso demasiado. Las acusaciones contra ellos por control mental tienen una larga historia, Pero los Líderes conseguían el dominio sobre sus seguidores un poco al azar, aprendiendo sobre la marcha. El liderazgo de sectas era un arte que alcanzaban muy pocas personas. En algunos casos, grupos que eran considerados como sectas en sus primeros tiempos evolucionaron luego hasta convertirse en religiones respetadas, como por ejemplo Christian Science, que comenzó a destacar a principios de siglo. Sin embargo, incluso las principales organizaciones religiosas pueden tener aspectos destructivos y elementos que comparten con las nuevas sectas destructivas.

En estos tiempos, el control mental es algo más que una ciencia. A partir de la segunda guerra mundial, las agencias y secciones de Inteligencia de todo el mundo se dedicaban activamente a la investigación y desarrollo del control mental. La CIA admite que a principios de los años cincuenta realizó experimentos con drogas, electroshocks e hipnosis bajo el nombre en clave MK-ULTRA.7 Desde entonces, la investigación se ha extendido a otros campos.

Desde hace una generación, el movimiento psicológico de potencial humano comenzó a experimentar con procedimientos orientados a dirigir la dinámica individual y de grupos. Estas técnicas se desarrollaron con los mejores propósitos: hacer que las personas superaran sus trabas mentales y desarrollaran su auténtica personalidad. A finales de los años sesenta se hizo muy popular una forma de terapia de grupo conocida como sesiones «sensitivas». En estas sesiones, se estimulaba a los presentes a que discutieran entre sí sus asuntos más íntimos dentro del marco del grupo. Una técnica muy conocida en aquel tiempo era la «silla caliente», y consistía en que un miembro del grupo se sentaba en el centro de un circulo rodeado por los miembros que le manifestaban aquello que, a su juicio, eran sus defectos o problemas. Esta claro que, sin la supervisión de un terapeuta experimentado, se podía llegar a auténticos abusos.

Otro desarrollo que comenzó a afectar a muchísima gente fue la popularidad de la hipnosis, en particular a través del sistema conocido como Programación Neuro-Linguistica (PNL) (mencionado en el capítulo 2). Un número cada’ vez mayor de personas aprendieron unas técnicas determinadas para inducir el trance hipnótico, pero a menudo sin ser advertidas de los aspectos éticos del trabajo con el subconsciente.

Al principio, estos métodos se aplicaban tan sólo a los participantes de los grupos que se ofrecían voluntariamente, y hubo muchas experiencias positivas. Sin embargo, muy pronto algunas de estas técnicas se filtraron en la cultura general de la psicología pop, donde era fácil que cualquiera abusara de ellas. Gente sin escrúpulos comenzó a utilizarlas para conseguir dinero y poder, manipulando a sus seguidores. La «silla caliente», en particular, se utiliza todavía en muchas sectas destructivas, según declaraciones de antiguos miembros.

Muchos de los integrantes de los grupos de psicología pop iban de una organización a otra, llevando con ellos las técnicas de la dinámica de grupo. Los líderes de cualquier clase de secta comenzaron a darse cuenta de los beneficios que les podían aportar los nuevos métodos de control. El fenómeno de las sectas modernas se había puesto en marcha.

Debido a la creciente información que ofrecían los medios de comunicación, los ciudadanos de Estados Unidos tuvieron conocimiento de las nuevas sectas en la segunda mitad de la década de los setenta. ¿Quién puede olvidar el espectáculo de Patty Hearst,8 la hija de uno de los más poderosos editores de prensa, William Randolph Hearst III, transformada en «Tania», miembro del Ejército Simbiótico de Liberación, una secta terrorista de extrema izquierda?

A medida de que el público adquiría conciencia, del potencial destructivo de las sectas, asistimos al nacimiento de la desprogramación. Aparecieron desprogramadores profesionales como Ted Patrick, los cuales, contratados por la familia de un miembro de una secta, no vacilaban en reducir por la fuerza, si era necesario, al individuo y, a menudo encerrados en la habitación de algún motel, intentaban anular el «lavado de cerebro».9 Miles de miembros de sectas, como yo mismo, fuimos «deslavados» de forma permanente, y hemos dado testimonio público de cómo funciona el control mental de las sectas. Pero en otros muchos casos la desprogramación ha fracasado, y los adeptos y las sectas han presentado demandas judiciales contra las familias y los desprogramadores.

Muchas familias que tienen a uno de los suyos en sectas destructivas consideran repugnante el secuestro, intolerable la carga económica, e intimidatoria la amenaza de demandas. Si no deseaban intentar una desprogramación forzada, no tenían más remedio que ser pacientes y esperar a que, en algún momento, se produjera un cambio. A mediados de los años setenta, familiares y amigos de muchísima gente permanecían en las sectas. Entonces ocurrió algo que hizo cambiar la opinión general sobre las sectas destructivas: la masacre de Jonestown.

Sobre el trono de Jones había un cartel que rezaba: «Aquellos que no recuerdan su pasado están condenados a repetirlo». Si bien nadie puede explicar por qué Jones escogió como lema esta frase de George Santayana, la verdad del mensaje, aunque sea una ironía, es muy importante para todos los que hoy en día estudiamos la historia reciente de las sectas y analizamos las implicaciones.

Los cuatro tipos principales de sectas

Al tiempo que las noticias de la masacre de jonestown conmovían durante unos días al mundo, a finales de los setenta había una incomprensión generalizada acerca del papel del control mental antiético o el alto nivel que había alcanzado su uso en la sociedad. En la década siguiente a la masacre, las sectas han continuado su crecimiento sin obstáculos. Aparecen nuevas sectas y las antiguas se vuelven más complejas y menos aparentes. En la actualidad, hay grupos que utilizan técnicas de control mental en varios y diferentes sectores de la sociedad. Estos grupos incluyen las sectas religiosas, las políticas, las psicoterapéuticas/educacionales y las comerciales.

Sectas religiosas. Son las más conocidas y las más numerosas. Estos grupos están centrados en los dogmas religiosos. Algunos se basan en la Biblia, otros en religiones orientales, otros en temas esotéricos, y los hay que siguen las invenciones de sus líderes. A pesar de que los más de ellos proclaman que sólo se interesar por el espíritu, lo único que hay que hacer para descubrir sus verdaderos objetivos es observar el énfasis que ponen en el mundo «material»: el lujoso sistema de vida de sus líderes, los millones de dólares en propiedades inmobiliarias, las numerosas empresas, etc. Un ejemplo, ya presentado con cierto detalle, es la Iglesia de la Unificación. Otros son la Iglesia de la Cienciología,10 la iglesia Universal y Triunfante,11 El Camino Internacional,12 y Rajneesh.13

Sectas políticas. A menudo aparecen en las noticias, con el añadido de la palabra «marginal» o «extremista», pero la mayor parte de la gente no ha oído hablar de los engaños para reclutar adeptos o las prácticas de control mental que las distinguen de los fanáticos del montón. Uno de estos líderes, Lyndon LaRouche, se ha presentado como candidato a la presidencia de Estados Unidos en las tres últimas elecciones, y proclama que es asesor de altos funcionarios del gobierno y de líderes empresariales.14 Otro grupo, conocido como «Move», fue desalojado a tiros por la policía en Filadelfia, tras atrincherarse en una casa en la que tenían todo un arsenal.1~~ También está «La Nación Aria», que dirige campos de «supervivencia», sostiene la doctrina de la supremacía de la raza blanca y pretende hacerse con el poder o morir en el intento.’6 Por último, se podría citar al ya desaparecido Partido Democrático de los Trabajadores de California como ejemplo de una secta de extrema izquierda.17

Sectas psicoterapéuticas y educacionales. Organizan talleres de trabajo y seminarios, por lo general en los salones de algún hotel, con unas cuotas de inscripción de cientos de dólares, para desarrollar el «conocimiento interior» y la «concienciación». Estas sectas emplean muchas de las técnicas básicas del control mental para que los participantes vivan una experiencia que satisfaga sus expectativas. Esta satisfacción momentánea es todo lo que consiguen la mayor parte de los clientes, pero hay otros a quienes se manipula para que se inscriban en cursos más avanzados y más caros. Los graduados de estos cursos superiores pueden acabar enganchados por el grupo. Una vez comprometidos, se les pide que traigan a amigos, parientes y compañeros de trabajo, o bien que los abandonen. No se permite a los reclutadores que expongan el programa con detalle. Muchos de estos grupos han provocado en sus miembros crisis nerviosas, separaciones y fracasos empresariales, e incluso existen pruebas bien documentadas de suicidios y muertes por imprudencia temeraria. En algunos casos, las personas que liderean estos grupos tienen antecedentes más que dudosos y pocas o ninguna referencia fiable.

Sectas comerciales. Creen en el dogma de la codicia. Engañan y manipulan a las personas para que trabajen por muy poco dinero o gratis, con la esperanza de hacerse ricos. Existen muchísimas organizaciones mercantiles estructuradas como pirámides, o de múltiples niveles, que prometen enormes ganancias pero exprimen a sus víctimas. Luego aplastan la autoestima de los explotados para que no protesten. El éxito depende del reclutamiento de nuevas personas, que a su vez reclutan a otras. Otras sectas comerciales son aquellas que convencen a los incautos para que vendan suscripciones de revistas o artículos diversos de puerta en puerta. Estas sectas publican anuncios en los periódicos locales en los que prometen viajes emocionantes y carreras lucrativas. Los reclutadores organizan «entrevistas» en sus habitaciones de hotel, a la caza de estudiantes de bachillerato y universitarios. Cuando la persona es «aceptada», por lo general tiene que pagar una cantidad para su «entrenamiento» y después la envían en furgoneta a lugares lejanos para vender sus mercancías. A estos vendedores se les manipula a través del miedo y la culpa, y en ocasiones sufren abusos físicos y sexuales. Estas personas se convierten en esclavos de la «compañía» y tienen que entregar lo que ganan para pagar su «manutención y alojamiento».

El reclutamiento: cómo se hace

Como puede verse, hay muchas formas diferentes para atraer a la gente a un grupo que utiliza el control mental. Dado que los grupos destructivos buscan deliberadamente a personas que son inteligentes, tienen talento y triunfan, los propios miembros resultan muy persuasivos y seductores para los nuevos. El simple número de miembros comprometidos y sinceros que el recién llegado conoce es probablemente mucho más atrayente para el posible converso que cualquier doctrina o proyecto. Las grandes sectas dan sobrada prueba de que saben entrenar muy bien a sus «vendedores». Adoctrinan a los miembros para que sólo muestren los aspectos favorables de la organización. Se les enseña a suprimir cualquier sentimiento negativo que tengan sobre el grupo y a que siempre muestren una expresión de felicidad y alegría en su rostro.

De la misma manera, se les enseña a evaluar la personalidad del recién llegado y a cómo presentar al grupo para que éste se trague el anzuelo. En los Moonies, me enseñaron a utilizar un modelo de personalidad dividido en cuatro categorías. Las personas estaban catalogadas en pensadores, emotivos, activos o creyentes. Los pensadores eran aquellos que enfocan su vida con la mente, como los intelectuales. Los emotivos se dejan regir por sus emociones. Los activos realizan alguna actividad continuamente y tienen un físico muy desarrollado. Los creyentes tienen inclinaciones espirituales.

Si una persona estaba catalogada como pensadora, utilizábamos un acercamiento intelectual. Le mostrábamos fotografías de ganadores del premio Nobel mientras participaban en una de las conferencias científicas patrocinadas por el grupo, o a filósofos que discutían una amplia variedad de temas de interés. Se trataba, deliberadamente, de dar la impresión de que estos gigantes de las comunidades científicas y académicas apoyaban nuestro movimiento. En realidad, hasta donde yo he podido saber, ni uno solo de ellos ha apoyado nunca la causa Moon. Estaban interesados tan sólo en reunirse con sus colegas profesionales y sus amigos. Desde luego que los viajes pagados y los miles de dólares que recibían en concepto de honorarios representaban un incentivo extra.

Los emotivos siempre respondían bien a un acercamiento amable y cariñoso por parte de los miembros. Con estas personas mi grupo ponía de relieve nuestro bienestar emocional, y hacíamos hincapié en el aspecto de gran familia del grupo. Les hablábamos siempre del amor y de que no había suficiente amor «real» en el mundo. Los emotivos deseaban automáticamente ser aceptados por los demás en el grupo, así que hacíamos todos los esfuerzos para transmitirle a la persona una sensación de cariño y de aceptación incondicional.

A los activos les agradan los desafíos y buscan el triunfo en muchos aspectos de su vida, Son personas orientadas a la acción. Quizás habían visto la miseria y el sufrimiento del mundo y deseaban ponerle fin. Nosotros les contábamos lo mucho que hacíamos al respecto. Tal vez estaban preocupados por la guerra o el comunismo, y nosotros enfocábamos nuestro discurso de forma que llegaban a creer qué éramos el único grupo con un plan de acción que funcionaba. (A pesar de que objetivamente no era cierto, nosotros creíamos que si lo era.) Les hablábamos de los cientos de programas que patrocinábamos para reparar y sanar a este mundo «destrozado».

Considerábamos a los creyentes como personas que se centraban en la búsqueda de Dios o de un significado espiritual para sus vidas. Era habitual que nos relataran sus experiencias espirituales: sueños, visiones, revelaciones. En la mayoría de los casos, estas personas estaban «abiertas de par en par», y en realidad se reclutaban a sí mismas. No dejaba de sorprenderme ver la cantidad de gente de esta categoría que nos decía que habían estado rogando a Dios para que les mostrara lo que él deseaba que hicieran con sus vidas. Muchos creían que habían sido guiados «espiritualmente» hasta uno de nuestros miembros. Con estas personas no había más que compartir nuestros «testimonios» para convencerlas de que Dios les había guiado hasta nosotros.

Al contrario de lo que cree la gente, la mayor parte de las personas que reclutábamos no pertenecían a la categoría de los creyentes, sino que eran emotivos o activos. En cuanto a los clasificados como «intelectuales», los más de ellos se convertían en líderes de la organización.

Con estos modelos de personalidad para guiar a los reclutadores, y cientos de grupos pantalla para ocultar sus operaciones, la organización Moon puede lanzar una extensa red de reclutadores capaz de pescar a las personas más diversas.18 Y en realidad los miembros se consideran a sí mismos como «pescadores de hombres», un término sacado de una de las metáforas de Jesús para sus discípulos en el Nuevo Testamento.

El trabajo de los pescadores, sin embargo, se ve considerablemente facilitado por el hecho de que la mayor parte de la gente no tiene idea de los enormes recursos de las principales sectas destructivas. Muchas de éstas se han hecho ricas gracias a las técnicas y estrategias para recaudar fondos a través de las aportaciones del público y de la apropiación del dinero y propiedades de sus propios adeptos. Reinvierten una gran parte de este capital en reclutar nuevos miembros. Hoy en día, es bastante común que algunas sectas dediquen sumas muy elevadas en contratar empresas de relaciones públicas. Pagan las tarifas más altas a los expertos para que les ayuden a conseguir la «imagen» positiva que necesitan para obtener mejores resultados en la consecución de sus propósitos secretos. Contratan a especialistas en marketing para que diseñen sus campañas de reclutamiento. Utilizan cualquier método que funcione.

Una persona normal no tiene muchas posibilidades de resistencia. No entiende el control mental. No conoce la forma de actuar de las diferentes sectas. No sabe cuáles son las preguntas que debe formular ni los comportamientos que debe vigilar. La persona normal supone que nunca la podrán captar.

¿Por qué tienen tanto éxito?

¿Por qué existe una especie de complacencia con respecto a la amenaza de las sectas que practican el control mental? En primer lugar, aceptar que el control mental antiético puede afectar a cualquiera, desafía el antiguo principio filosófico (en el cual se basan nuestras actuales leyes) de que el hombre es un ser racional, responsable de, y con el control de, cada una de sus acciones. Este principio no admite ningún tipo de control mental. En segundo lugar, todos nosotros creemos en nuestra propia invulnerabilidad. Resulta alarmante pensar que alguien pueda hacerse con el control de nuestra mente. Por último, el proceso de influencia comienza en el instante mismo en que nacemos, así que es muy sencillo asumir la posición de que todo es control mental. Es muy fácil, entonces, decir: «¿Por qué tenemos que preocuparnos de este asunto?».

Comencemos con la idea de que el hombre es un ser racional. Si partimos desde este punto de vista, creeremos sin más que los adeptos han «elegido» racionalmente vivir de una forma anormal, Si esta persona es un adulto, continúa el razonamiento, entonces él o ella tienen derecho a vivir como él o ella prefieran. Este argumento sería válido si no se emplearan engaños para influir de forma indebida en la «elección» de dicha persona.

Aunque puede resultar obvio, los seres humanos no somos criaturas totalmente «racionales». La racionalidad completa negaría nuestra naturaleza emocional y física. No podríamos funcionar sin nuestras emociones. Todos necesitamos amor, amistad, atención y aprobación en nuestra vida. Casi todos nosotros estaríamos de acuerdo, por ejemplo, en que es maravilloso enamorarse. Tampoco negaría nadie que nuestros cuerpos tienen una enorme importancia en la manera en que actuamos. ¿Ha estado usted sin dormir o durmiendo muy poco durante varios días? Si ha sido así, dudo mucho que sin dormir haya podido actuar racionalmente y con un completo control de todas sus acciones. ¿Ha ayunado usted (sin comer) durante días? La mente comienza a sufrir alucinaciones cuando el cuerpo no ha ingerido suficiente comida. En tales circunstancias, nuestra psicología mina nuestra racionalidad. A continuación encontramos, desde luego, los problemas derivados de creer en nuestra propia invulnerabilidad. Todos necesitamos sentir que poseemos el control de nuestra propia vida No nos gusta creer que los acontecimientos están fuera de control, así que encajamos la realidad en un orden que tenga sentido para nosotros. Cuando nos enteramos de que a alguien le ha sucedido algo malo (tal vez le han golpeado o violado), por lo general tratamos de encontrar una razón que explique por qué aquella persona fue la víctima. ¿Paseaba él o ella en el momento «inadecuado» por un barrio «peligroso»? La gente intenta buscar una relación directa de causa-efecto a lo que ha sucedido: si algo malo le ha ocurrido, entonces tiene que haber hecho algo mal. Este tipo de comportamiento se denomina culpar a la víctima.

A pesar de que intentar evaluar la posibilidad de un comportamiento descuidado tiene su valor (es cierto que debemos aprender de las tragedias de la vida), la realidad es que la persona bien podría hallarse en el lugar inadecuado a la hora incorrecta. Culpar a la víctima desempeña un importante papel psicológico al permitir que nos distanciemos de la persona que ha resultado herida. De esta forma, nos decimos a nosotros mismos: «Tal cosa no me pasaría a mí porque soy diferente. Yo tengo más conocimiento». A menudo la gente ve una víctima de las sectas y se equivoca al decir: «Qué persona tan débil; estaría buscando un medio para eludir las responsabilidades y que alguien controlara su vida». Así las personas niegan la realidad de que a ellas les podría pasar lo mismo.

La gente cree «que nunca les pasaría a ellos» porque quieren creer que son más fuertes y mejores que los millones que han sido víctimas del control mental de las sectas. Nuestra necesidad de creer que somos invulnerables es, en realidad, una debilidad de la cual se aprovechan fácilmente los reclutadores de sectas. Por ejemplo, un reclutador puede decir: «Bill, tengo la impresión de que es usted una persona muy inteligente y conoce el mundo Es usted de esa clase de personas que no permiten que nadie les obligue a hacer algo que no quieren. A usted le gusta tomar Sus propias decisiones. Usted no se deja asustar por todas esas tonterías de la prensa sobre el control mental. Usted es demasiado listo. ¿A qué hora quiere que le venga a buscar para ir a la conferencia?».

Por último, ¿qué puedo decir sobre el postulado filosófico que afirma que «todo es control mental»? Bueno, es muy cierto que sufrimos influencias a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, existe un continum de procesos de influencias que comienza en un extremo con las influencias benignas (un amigo que nos recomienda una película) y termina en el otro extremo con las influencias destructoras, como adoctrinar a una persona para que se suicide o haga daño a otra (Jonestown). La mayoría de las sectas de las que me ocupo se ubican en la parte destructora del continum.

¿Qué quiero decir exactamente cuando hablo de control mental? El término se refiere a un conjunto de técnicas que influyen en la forma de pensar, sentir y actuar de una persona (véase el capítulo 4). Como la mayor parte de los conocimientos, no es en sí mismo ni bueno ni malo. Si las técnicas de control mental son utilizadas para que un individuo pueda tener más oportunidades, y la autoridad sobre su vida permanece en sus manos los efectos pueden ser muy beneficiosos; por ejemplo, toda la gente que se ha sometido a la hipnosis para dejar de fumar. Sin embargo, si el control mental es empleado para cambiar el sistema de valores de un individuo sin su consentimiento y le hace dependiente de una figura autoritaria exterior, los efectos pueden ser devastadores.

Algunos grupos destructivos convierten a sus miembros en adictos. Con tantos programas para el tratamiento de alcohólicos y drogadictos, es importante que los profesionales de la salud mental presten atención a los numerosos ex miembros de sectas. Las personas adoctrinadas para realizar horas y horas de meditación o entonar cánticos a diario pueden llegar psicológica y fisiológicamente a convertirse en adictos a las técnicas de control mental. Esto genera en el cerebro fuertes descargas químicas que causan no sólo un estado de disociación mental sino también una «euforia» similar a la que producen las drogas ilegales. Algunos ex miembros que han utilizado estas técnicas durante varios años han informado de una extensa variedad de efectos secundarios indeseados, incluyendo fuertes dolores de cabeza, espasmos musculares involuntarios y disminución de las facultades cognoscitivas como la memoria, la concentración y la capacidad de tomar decisiones.

Fobias: La fuerza que suprime la libertad de los miembros de las sectas

A pesar de que en el capítulo 4 me ocuparé con más detalle de los procesos de control mental, hay un tema muy importante que merece una discusión aparte: las fobias.19 ¿Conoce usted alguien que haya padecido una fobia? ¿Usted mismo, tal vez? Las fobias más comunes son el miedo a volar en aviones, a hablar en público, a utilizar un ascensor, conducir por túneles o puentes, y a ciertos animales como las serpientes, las araña, e incluso los perros.

Básicamente, las fobias son una intensa reacción de miedo a algo o a alguien. La reacción fóbica puede variar desde una muy suave a una muy intensa. Una reacción fóbica intensa puede causar reacciones físicas como aceleración del ritmo cardíaco, sequedad de boca, sudores y tensión muscular. Hay fobias que llegan a inmovilizar a las personas impidiéndoles hacer cosas que en realidad desean hacer. Es muy cierto que las fobias pueden anular en el individuo la capacidad de elegir libremente.

Por lo general, las personas desarrollan fóbias como resultado de una experiencia personal traumática- Por ejemplo, un amigo que muere en un accidente de aviación; alguien que se queda encerrado durante horas en un ascensor sin luz; un conocido a quien ha mordido una serpiente Aprendemos a asociar sentimientos extremadamente negativos con el objeto. Tras una experiencia semejante, nuestros miedos pueden tomar vida propia y, en cuestión de minutos o después de algunos años, convertirse en una fobia.

La estructura de una fobia incluye diversos componentes internos que interactúan originando un círculo vicioso. Estos componentes incluyen los pensamientos preocupantes, las imágenes internas negativas y los sentimientos de temor y de estar fuera de control. A veces, el simple hecho de pensar en el objeto puede poner el ciclo en marcha. La persona, por ejemplo, se dice a si misma: «Espero que el profesor no me haga salir a leer mi informe», y éste pensamiento es suficiente para provocarle tensión y angustia. Ve (por lo general, de forma inconsciente) una imagen de sí misma que avanza hasta la pizarra y se queda helada. En esta «película» tan vívida se ve a sí misma sudando y moviéndose inquieta mientras la mente se le queda en blanco. Todo el mundo se ríe y el profesor comienza a increparía. Este ridículo imaginario le aumenta la sensación de inquietud ante la posibilidad de ser la próxima de la lista, y así ya está en el buen camino para tener una fobia completamente desarrollada. La gente que sufre abusos sexuales en la infancia a menudo adquiere fobias que le impiden una correcta actividad sexual incluso, en la madurez, a menos que reciban el tratamiento adecuado.

¿Qué tienen que ver las fobias con las sectas y el control mental? En algunas sectas, se consigue que los miembros tengan fobia a abandonar el grupo. Las sectas actuales saben cómo implantar de forma efectiva en el subconsciente de los adeptos, vívidas imágenes negativas que hacen imposible que el individuo pueda imaginar siquiera la posibilidad de ser feliz y tener éxito fuera del grupo. Cuando se programa el inconsciente para que acepte las imágenes negativas, éste se comporta como si fueran realidad. Se consigue que el inconsciente almacene una serie de imágenes que representan todas las cosas malas que le pueden ocurrir al sujeto si, alguna vez, intenta traicionar al grupo. A los miembros se les programa abierta o sutilmente (según la organización) para que crean que si abandonan el grupo sufrirán una muerte horrible (atropellados por un coche, en accidente de avión, por una enfermedad espantosa) o provocarán la muerte de un ser querido. Algunos grupos programan a sus adeptos para que crean que si se marchan, el resultado será el holocausto nuclear a escala planetaria.

Desde luego, todos estos pensamientos son irracionales y no tienen el menor sentido. Sin embargo, no olvide que la mayoría de las fobias son irracionales. La mayor parte de los aviones no se estrellan, los más de los ascensores no se atascan, y la mayoría de los perros no están rabiosos. En muchos casos, las fobias inducidas por las sectas están tan bien ideadas e implantadas que la gente ni siquiera sabe que existen. Los miembros están tan condicionados para suprimir su verdadera personalidad que ni tan sólo se dan cuenta de su deseo de marcharse. Creen que son tan felices en el grupo que jamás querrán abandonarlo. Estas personas no pueden generar imágenes positivas de sí mismas después de abandonar el grupo.

Imagine lo que pasaría si usted creyera que unas personas misteriosas están resueltas a envenenarlo. Si esta idea estuviera implantada dentro de su inconsciente, ¿cree que podría ir a un restaurante a disfrutar de la comida? ¿Cuánto tiempo cree que transcurriría antes de comer únicamente los alimentos que compre y cocine usted mismo? Si, por casualidad, la persona que ha ido a comer con usted a un restaurante se pone enferma de repente, ¿cuánto tiempo pasaría antes de que dejara de comer del todo?

Esta creencia limitaría radicalmente sus elecciones. Claro está que usted puede intentar disimularla o incluso racionalizar su comportamiento diciéndole a sus amigos que no le agrada comer fuera porque está a dieta, o tratar de convencerlos de que los restaurantes son poco limpios y peligrosos. Por lo tanto, su elección en materia de comida ya no incluye la posibilidad de ir a un restaurante a disfrutar de una buena mesa.

De la misma manera, las fobias implantadas por las sectas despojan a la gente de su posibilidad de elegir. Los adeptos creen a pies juntillas que serán destruidos si abandonan la seguridad del grupo. Piensan que no tienen otro camino para crecer espiritual, intelectual y emocionalmente. Están prácticamente esclavizados por esta técnica de control mental.

El inconsciente: la llave de la creatividad. y la vulnerabilidad

¿Qué es lo que nos hace tan vulnerables a estos procesos de influencia? La respuesta está en la naturaleza de la mente en sí misma. La mente ha sido descrita como un biocomputador increíblemente complejo, construido para que podamos sobrevivir. Es notable su habilidad para adaptarse en forma creativa y responder tanto a las necesidades de una persona como a su entorno. Nuestra mente filtra cada segundo enormes cantidades de información para que podarnos hacer frente a aquello que consideramos importante.

Nuestras mentes son unos inmensos depósitos de información, clasificados en imágenes, sonidos, tactos, sabores y olores. De un modo sistemático, toda esta información es traducida a formas significativas. Nuestro sentido del yo se desarrolla a lo largo de años de vida y experiencias. A medida que crecemos y cambiamos, también cambian nuestras creencias sobre nosotros mismos y el mundo. Nuestras creencias son el medio más especializado que tenemos para el proceso de la información y para determinar nuestro comportamiento.

Poseemos un cierto grado de control consciente, pero hay muchísimas más cosas que controlamos inconscientemente. La mente consciente tiene un estrecho campo de atención. El inconsciente hace todo lo demás, incluyendo la regulación de todas las funciones corporales. Imagine que tuviera que decirle a su corazón que ha de latir 72 veces por minuto. No tendría usted tiempo para nada más. La mente inconsciente es el controlador primario de la información.

Nuestro inconsciente creador es el que nos permite formar imágenes mentales y sentirlas como «reales». Intente hacer el siguiente experimento: durante unos instantes, deje que su mente le transporte a un maravilloso paraíso tropical. Sienta el calor del sol, la brisa fresca y el olor del océano. Aunque usted no haya estado jamás en un sitio así, le será posible realizar este experimento. ¿Ha ido usted a otro lugar durante estos instantes? Nuestra imaginación puede ser, canalizada también en otras direcciones. Por ejemplo, los jugadores profesionales de baloncesto pueden visualizar cómo la pelota sale de sus manos y encestan antes de hacer el tiro. Esta capacidad para la fantasía y la visualización existe en cada uno de nosotros, y es una parte esencial del ser humano. Todos hemos soñado con los momentos más felices de nuestra vida, como encontrar la pareja «ideal», o que nos toque la lotería. Pero la hipnosis también puede crear en nuestra mente inconsciente un mundo fantástico susceptible de ser utilizado para esclavizarnos.

A medida que pasan los años, la mente no borra los recuerdos anteriores, sino que sistemáticamente forma sobre ellos varias capas con las nuevas experiencias. Es sorprendente la facilidad con que podemos rememorar los acontecimientos del pasado. Por ejemplo, intente recordar cómo jugaba de pequeño con su juguete preferido, o mientras comía su plato predilecto. Nuestros recuerdos de la niñez forman un gran archivo que puede ser investigado y explotado por las técnicas hipnóticas. No es mera casualidad que muchas sectas destructivas pidan a sus miembros que «se conviertan en niños pequeños». Los adultos pueden ser conducidos con facilidad a través del tiempo hasta el momento en que tenían muy poca o ninguna capacidad crítica. Como niños, dependemos por completo de nuestros padres como figuras de la máxima autoridad.

La mente, a pesar de toda su fuerza y capacidad, no está exenta de sus debilidades. Depende de un suministro de información coherente para tener un funcionamiento apropiado. Encierre a una persona en una cámara de aislamiento sensorial y al cabo de pocas horas comenzará a padecer alucinaciones y se volverá muy sugestionable. De la misma manera, coloque usted a alguien en una situación en la que sus sentidos sean sobrecargados con informaciones incoherentes, y la mente se «adormecerá» como medida de protección. Se le nublan las ideas y se confunde; las facultades criticas ya no trabajan correctamente. En tal estado de debilidad, las personas son muy vulnerables a las sugestiones de los demás.

La mente necesita marcos de referencia para poder estructurar la realidad. Modifique el marco de referencia y la información recibida será interpretada de una manera diferente. Tome, por ejemplo, el rito judío de la circuncisión. Si usted le quita su significado cultural y las ventajas sanitarias, se convierte en un ataque a un niño indefenso. Nuestro sistema de valores nos permite interpretar la información, tomar decisiones y actuar de acuerdo con nuestras creencias. Cuando una persona es sometida a un proceso de control mental, por lo general carece de marcos de referencia para valorar la experiencia y por lo tanto acepta con frecuencia los marcos de referencia que le ofrece el grupo.

Cuando tomamos decisiones, habitualmente nos basamos en la información que creemos auténtica. No tenemos tiempo para verificar toda la información que recibimos. Cuando vamos de compras, creemos lo que nos dicen sobre que un artículo determinado es más barato que en cualquier otra tienda. Después de todo, ¿qué motivos tiene el vendedor para mentirle cuando sabe que usted puede volver a reclamar? Si desconfiáramos de todo, nos volveríamos paranoicos. Si, por el contrario, confiáramos en todo y en todos, seríamos unos ingenuos y se aprovecharían de nosotros durante el resto de nuestra vida, En consecuencia, tratamos de vivir nuestra vida en un equilibrio entre el escepticismo y la confianza. Una persona con una mente abierta intenta vivir con un equilibrio saludable.

Los estafadores son mentirosos profesionales. Sus cualidades más estimadas son su buena presencia y su habilidad para actuar.

La mayor parte de las víctimas de los estafadores declaran que confiaron en la persona porque él o ella «no tenía aspecto de ser un delincuente». Los grandes estafadores jamás lo parecen. Dan una impresión de «confianza» que les permite franquear las defensas de la gente. Por lo general, son grandes conversadores pero sin llegar a parecer demasiado astutos. La «astucia» les denunciaría. El delincuente quiere evaluar a su víctima, montar la estafa, coger el dinero y huir.

Los reclutadores de las sectas utilizan muchas de estas mismas habilidades, pero lo que pretenden es que usted se una a ellos., Casi todos han sido víctimas, en el momento dado, del mismo engaño. Creen que lo que hacen es realmente beneficioso para usted. Sin embargo, quieren algo más valioso que su dinero. ¡Quieren su mente! Desde luego, al final también se harán con su dinero, pero no echarán a correr como si fueran delincuentes comunes. Quieren que usted vaya con ellos. Y no satisfechos, pretenderán que usted vaya y haga lo mismo con otras personas.

Todos, nos guste o no, somos vulnerables al control mental. Todos deseamos ser felices. Todos necesitamos afecto y comprensión. Todos buscamos algo mejor en la vida: más sabiduría, más conocimientos, más dinero, mejor posición social, mejores relaciones, más medios o más salud. Son éstas las cualidades y necesidades humanas sobre las que se ceban los reclutadores de las sectas. Es muy importante tener presente que, en general, la gente no se une a las sectas. Son las sectas las que reclutan a la gente

Las formas básicas de reclutamiento

¿Como podemos aumentar nuestra precaución ante el reclutamiento de las sectas? La mejor manera es ser capaz de reconocer al punto las formas en que las sectas tratan de conseguir nuevos adeptos. Hay tres formas básicas para abordar a una persona: a través de un amigo o pariente que ya es miembro; a través de un extraño que traba amistad con el sujeto (por lo general, una persona del sexo opuesto), y, por último, a través de un acto patrocinado por la secta, como puede ser una conferencia, un simposio o la proyección de una película.

Muy a menudo, el individuo no sospecha que está siendo reclutado. El amigo o el pariente acaban de tener unas experiencias interiores increíbles y desean compartirlas, o bien sólo «quieren conocer su opinión», simulando que necesitan ayuda cuando en realidad lo que pretenden es engañarle para que asista a una sesión de adoctrinamiento. Si el reclutador es un extraño, las más de las veces el individuo pensará que ha hecho un buen amigo.

Las encuestas efectuadas a actuales y a antiguos miembros de sectas revelan que la mayoría de las personas reclutadas por las sectas destructivas fueron abordadas en un momento de tensión en que eran vulnerables. La tensión tiene con frecuencia su origen en un cambio importante: el traslado a otra ciudad, el comienzo en un nuevo empleo, el fin de una relación, los problemas económicos o la pérdida de un ser querido. Las personas en tales situaciones tienden a que sus mecanismos de defensa estén sobrecargados o debilitados. Sí no saben cómo descubrir y evitar a las sectas destructivas, son presa fácil.

Es importante tener en cuenta que el reclutamiento no ocurre así sin más. Es un proceso impuesto por unas personas a otras. Ejecutivos de empresas que ocupan cargos de mucha responsabilidad, que se ven presionados por la competencia y están obligados a triunfar, son reclutados por colegas que les hablan de los increíbles beneficios que pueden conseguir si participan en el «curso». Los estudiantes universitarios presionados por el trabajo académico y la necesidad de ser aceptados se harán amigos de un reclutador de sectas profesional, o asistirán a una conferencia del grupo sobre algún tema de actualidad. Un ama de casa empujada por la necesidad de «hacer algo con su vida» sigue el ejemplo de una amiga y entra en la pirámide de una compañía de ventas a domicilio. Un estudiante de bachillerato es alentado por sus compañeros a participar en ritos satánicos.

Otras personas entran en contacto con las sectas a través de un medio impersonal. Hay gente que empieza por comprar un libro de la secta anunciado en la televisión como un best seller; habrá otros que reciban por correo una invitación para asistir a una, en apariencia inocente, reunión de «estudio sobre la Biblia». Otras personas responden a una oferta de trabajo. Algunas son reclutadas cuando entran a trabajar en una empresa propiedad de la secta.

Cualquiera que sea la forma de aproximación, al fin se consigue el contacto personal. El reclutador comienza entonces a aprender todo lo que puede acerca del recluta en potencia: sus esperanzas, sueños, temores, amistades, trabajo, sus intereses. Cuanta más información pueda conseguir el reclutador, mayor será su capacidad para manipular al individuo. El reclutador planifica su estrategia para conducirle paso a paso hasta el grupo. El plan puede incluir continuas loas y alabanzas, presentarle a una persona con intereses y antecedentes similares, mentirle deliberadamente sobre el grupo y responder con evasivas a las preguntas que se le formulen.

Hoy por hoy, cualquier individuo puede ser reclutado por una secta destructiva. En los años setenta y principios de los ochenta, el miembro típico estaba en la edad universitaria, pero a finales de los ochenta ya es habitual que gente de todas las edades se convierta en víctima. Es muy probable que también se reclute a personas de edad avanzada.21 Desde luego, las más de las sectas no utilizan a las personas mayores en las actividades que realizan los jóvenes y personas de mediana edad. A los miembros de edad se les dedica a la búsqueda de contribuciones financieras importantes o a campañas de relaciones públicas. Muchas personas de mediana edad son reclutadas por su capacidad profesional para organizar o dirigir empresas que pertenecen a las sectas. Los jóvenes, en la mayoría de los casos, serán los trabajadores de base. Pueden dormir menos, comer menos y trabajar más.

A pesar de que los hombres blancos de clase media son el objetivo principal del reclutamiento, diversos grupos han empezado a trabajar activamente para reclutar negros, hispanos y asiáticos. A medida que captan individuos de estas comunidades, pueden utilizarlos para diseñar programas que atraerán a otros. Las grandes sectas, por ejemplo, ya han desarrollado programas de adoctrinamiento en castellano. Otro grupo de población que forma parte de su objetivo es el integrado por los europeos que visitan o trabajan en Estados Unidos. Después de unos cuantos años de entrenamiento y adoctrinación (a menudo con los visados caducados), son enviados de regreso a sus países de origen para que recluten nuevos miembros.

Es digno de hacer notar que, por lo general, las sectas evitan reclutar personas que puedan representarles una carga, como son aquellos que padecen graves problemas emocionales o psíquicos. Buscan gente que pueda soportar las pesadas exigencias de la vida en la secta. Si por ejemplo reclutan a un drogadicto, le piden que deje las drogas o que se marche. Por lo que sé, prácticamente no hay disminuidos físicos en las sectas porque cuesta tiempo, dinero y esfuerzos cuidar de ellos.

La vida en la secta: la ilusión y el abuso

La persona que ingresa en una secta destructiva disfruta, durante las primeras semanas o meses, de una especie de luna de miel. Le tratan como si fuera un miembro de la realeza. Le hacen sentir muy importante mientras toma forma su nueva vida en el grupo. El nuevo adepto todavía no sabe lo que le aguarda en el futuro.

Aunque la mayor parte de los miembros de las sectas declaran que son «más felices que nunca en toda su vida», la realidad es, por desgracia, muy diferente. La vida en una secta destructiva es, en gran medida, una vida de dolor y sacrificio. Las personas que están plena dedicación en la secta destructiva conocen lo que es vivir sometidos al totalitarismo, pero no son capaces de ver objetivamente qué les está sucediendo a ellos. Viven en un mundo de fantasía creado por el grupo.

Los miembros de las sectas emplean todo su tiempo en reclutar a más gente, en recolectar fondos o trabajar en proyectos de relaciones públicas. Cuando ya están totalmente enganchados, entregan grandes sumas de dinero y propiedades al grupo, a veces todo lo que tienen. A cambio, les prometen cuidados y cariño durante el resto de sus vidas. Esta transacción deja al sujeto en completa dependencia del grupo: comida, vestidos, alojamiento y atención médica. En muchos de estos grupos, la manutención es más que insuficiente, y la negligencia médica, vergonzosa. Se convence a los enfermos de que son sus propias debilidades físicas o espirituales las causantes de sus problemas de salud. Todo lo que deben hacer para que el mal desaparezca es arrepentirse y trabajar más.

Muy pocas sectas cuentan con un seguro médico para sus adeptos, así que cuando uno de ellos cae gravemente enfermo, mental o físicamente, a menudo se le envía como indigente a un hospital o clínica gratuita. A personas que han trabajado con suma devoción durante años, que han recolectado cientos de miles de dólares para el grupo, se les ha dicho que el grupo no podía pagar las facturas del hospital y que debían abandonar la secta hasta haberse recuperado. A los que han de someterse a tratamientos muy caros se les pide muy a menudo que vuelvan con su familia para que ésta pague las facturas. Si el sujeto no tiene familiares que le ayuden, se ha dado el caso de que le llevan hasta las puertas de un hospital y lo abandonan allí. Estos hechos están basados en mi propia experiencia personal y en los informes facilitados por ex miembros.

Algunas sectas practican la curación por la fe como único tratamiento de los problemas médicos. El resultado es el sufrimiento y, a veces, la muerte. A los enfermos se les dice que sus males tienen una causa «espiritual», y les hacen sentirse culpables por no haberse dedicado enteramente al grupo. Hay sectas que dicen a sus miembros que ir al médico es una prueba de su falta de fe, e incluso los amenazan con expulsarlos si lo hacen.

Junto a la falta de atención médica está el problema del abuso infantil. Muchos niños han muerto o han quedado marcados para el resto de sus días por la vinculación de sus padres con una secta destructiva.22 Como público, hemos olvidado casi por completo que alrededor de 300 niños fueron asesinados en la masacre de Jonestown, Aquellos niños no pudieron elegir y tuvieron que beber el refresco que contenía el veneno. El público tampoco sabe que muchos de aquellos niños estaban bajo la tutela del gobierno de California y que fueron adoptados por miembros del Templo de la Gente para conseguir mayores ingresos y contar con una fuerza de trabajo gratuita.

Algunos grupos abogan por castigar e incluso torturar a los niños para reforzar la disciplina. En Jonestown, por la noche metían a los niños en pozos sin luz y les decían que estaban llenos de serpientes, mientras los adeptos agitaban cuerdas desde lo alto para asustarles aún más. Pese a que Jonestown representa un ejemplo extremo, ciertas sectas utilizan palos y bastones para golpear a los niños, a veces durante horas y a veces por todo el cuerpo. Otras sectas someten a los niños a abusos sexuales. Dado que los niños a menudo no van a la escuela y están apartados de cualquier otro contacto con la sociedad, no se denuncian los abusos.

A menudo, los niños son criados de forma comunal y sólo pueden estar con sus padres en contadas ocasiones. Les enseñan a depositar su cariño en el líder de la secta o en el grupo, no en sus padres. El tiempo libre para los juegos es limitado o no existe; Los niños reciben normalmente una educación deficiente, a veces ni siquiera eso Como a sus padres, se les enseña que el mundo es un lugar hostil y malvado, y se ven forzados a depender de la doctrina de la secta para interpretar la realidad. A pesar de que se les podría considerar como el futuro del grupo, por lo general son vistos como un obstáculo para las exigencias inmediatas de “trabajo”.

Las víctimas del control mental de las sectas incluyen no sólo a los millones de adeptos, a sus hijos, a sus amigos y a sus familiares, sino también a nuestra sociedad. Se le está robando a nuestra sociedad uno de sus mayores recursos: las personas brillantes, idealistas y ambiciosas capaces de realizar una enorme contribución a la humanidad. Muchos de los ex miembros que conozco se han convertido en médicos, profesores, consejeros, inventores o artistas. ¡Imagine lo que podrían conseguir los miembros de las sectas sí pudieran desarrollar libremente el talento y las habilidades que les ha dado Dios! ¿Qué pasaría si pudieran canalizar sus energías para resolver problemas en lugar de intentar socavar las libertades individuales y sociales con sus visiones de un totalitarismo retorcido?

Mientras tanto, las sectas destructivas continúan haciéndose más grandes y poderosas, actuando con total impunidad para esclavizar a la gente. Resulta irónico que en Estados Unidos, un país que honra la libertad y la independencia, haya más interés en proteger al ciudadano de las presiones de los vendedores de coches usados, que en defenderla de organizaciones cuya intención es despojar a la persona de su capacidad de actuar por sí misma. Hasta que la ley no sea capaz de establecer las normas que regulen dichas prácticas por parte de individuos u organizaciones, y reconozca la existencia de técnicas modernas de control mental, a la gente no le queda otra opción que defenderse con sus propios medios.

Quizá lo más importante que debemos comprender al enfrentarnos a las sectas destructivas es que todos somos vulnerables. Lo mejor que podemos hacer para protegernos a nosotros mismos es informarnos a conciencia sobre las formas de actuación de las sectas destructivas, y ser «consumidores exigentes» cuando nos interese integrarnos en un grupo. Los amigos o familiares de alguien que está buscando entrar en una secta, o que atraviesa una crisis emocional, deben estar alertas a cualquier repentino cambio de personalidad en dicho sujeto. Si usted sospecha que algún conocido suyo ha entrado en la órbita de influencia de una organización de control mental, actúe con rapidez y busque la ayuda de alguien capacitado. La mayoría de las enfermedades responden mejor al diagnóstico precoz y al tratamiento inmediato, y este mismo principio es válido también para el problema de las sectas destructivas.

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CAPÍTULO 4

Comprender el control mental

Cuando pronuncio una conferencia en alguna universidad o instituto, por lo general desafío a la audiencia con la pregunta:

«¿Cómo pueden saber si están sometidos a control mental?».

Después de unos instantes de reflexión, casi todos comprenden que si uno está bajo control mental, le sería imposible saberlo sin la ayuda de otras personas. Además, uno debería comprender muy bien qué es el control mental.

En la época en que yo estaba sometido a control mental, en realidad no entendía muy bien de qué se trataba. Suponía que el control mental guardaba alguna relación con ser torturado en un sótano húmedo con una luz muy fuerte enfocada directamente a mi rostro. Desde luego, jamás experimenté algo semejante mientras estuve con los Moonies. Siempre que alguien me gritaba llamándome «robot sin cerebro», lo consideraba como parte de la persecución habitual. Me hacía sentir aún más comprometido con el grupo.

En aquellos años, no tenía un marco de referencia para el fenómeno del control mental. No fue hasta el momento de desprogramación que me mostraron exactamente en qué consistía y cómo se aplicaba. Dado que yo era miembro de los Moonies y considerábamos al comunismo como nuestro enemigo, estaba muy interesado en las técnicas que los comunistas chinos empleaban para convertir a sus oponentes durante los años cincuenta. No me resistí, pues, cuando mis consejeros me pidieron que leyera ciertas partes del libro del doctor Robert Jay Liffon Thought Reform and the Psychology of Totalism (La reforma del pensamiento y la psicología del totalismo).1 Dado que el libro había sido publicado en 1961, no podía acusar a Lifton de ser anti-Moon.

Esta obra me fue muy útil para comprender lo que me había sucedido en los Moonies. Aprendí que Lifton había identificado ocho elementos básicos en el proceso de control mental que utilizaban los comunistas chinos. Mis consejeros hicieron hincapié en que al margen de lo maravillosa que pueda ser la causa, o el atractivo de sus miembros, si cualquier grupo empleaba los ocho elementos señalados por Robert Jay Lifton, entonces estaba actuando como un medio de control mental. Por fin, fui capaz de ver que la organización Moon utilizaba los ocho elementos: miIieu control o control de la comunicación dentro de un entorno, manipulación mística o espontáneamente planeada, exigencia de pureza, culto a la confesión, sacralización de la ciencia, simplificación del lenguaje, prioridad de la doctrina sobre la persona y abstracción de la existencia. (Véase una descripción más detallada en el Apéndice.)

Sin embargo, antes de que pudiera abandonar a los Moonies tuve que enfrentarme a unas cuantas preguntas de tipo moral. ¿Tiene el Dios en que yo creo la necesidad de utilizar el engaño y el control mental? ¿Es cierto que el fin justifica los medios? Tenía que preguntarme a mí mismo si los medios determinaban el fin. ¿Cómo podía el mundo convertirse en un paraíso si había que subvertir la libre voluntad de los individuos? ¿Cómo sería el mundo si Moon asumía el poder total? Tras formularme estas preguntas, decidí que ya no podía participar en una organización que utilizaba prácticas de control mental. Abandoné el mundo de fantasía en el que había vivido durante años.

Desde que salí del grupo, he llegado al convencimiento de que millones de personas han estado sujetas a un régimen de control mental sin que ni siquiera se apercibieran de ello. No pasa una semana sin que tenga que hablar con varias personas’ que todavía sufren los efectos negativos del control mental. A menudo, les proporciona un gran alivio saber que no están solos y que sus problemas vienen de sus relaciones con el grupo.

Tal vez el principal problema con el que se encuentran quienes han abandonado las sectas destructivas es el desmoronamiento de su propia identidad. Hay una buena razón para que así sea: durante años han vivido con una identidad «artificial» que les ha proporcionado la secta. Aunque el control mental de las sectas es algo de lo que se puede hablar y definir de muchas maneras, creo que se comprende mejor como un sistema que desbarata la identidad del individuo. La identidad está formada por elementos tales como las creencias, el comportamiento, los procesos de pensamiento y las emociones, que constituyen un patrón definitivo. Bajo la influencia del control mental, la identidad original del individuo, formada por la familia, la educación, las amistades y, lo que es más importante, las cosas elegidas libremente por la persona, es sustituida por otra identidad, por lo general una que el individuo no habría escogido si no hubiera estado sometido a una tremenda presión social.

El control mental practicado por las sectas destructivas es un proceso social, a menudo relacionado con grandes grupos de personas que lo refuerzan. Se consigue al rodear al individuo de un entorno social donde, para poder funcionar, debe despojarse de su vieja identidad y apegarse a la nueva identidad deseada por el grupo. Cualquier realidad que pudiera recordarle su identidad original -cualquier cosa susceptible de confirmar su anterior forma de ser- es apartada y reemplazada por la realidad del grupo. Aun en el caso de que, al principio, el individuo sólo simule aceptarla, el acto tarde o temprano llega a ser real. Acepta una ideología totalista que, al ser interiorizada, sustituye a su anterior sistema de valores. Por lo general, el individuo experimenta un cambio radical de personalidad y una drástica interrupción del curso de su vida. Este proceso puede ser activado en unas pocas horas, pero habitualmente necesita días o semanas para consolidarse.

Desde luego, todos nosotros estamos sujetos a diario a diversas presiones sociales, las más evidentes en nuestro trabajo. La presión para que se acepten ciertas normas de comportamiento existe en casi todas las organizaciones. Estamos sometidos constantemente a muchas formas de influencia, algunas de ellas obvias e inofensivas (por ejemplo, los carteles de «Por favor, abróchense los cinturones»), y otras más sutiles y destructivas. Así pues, no puedo aseverar firmemente que cuando utilizo el término «control mental» haga referencia específica al extremo destructivo del espectro. En consecuencia, como ya he recalcado antes, el término «control mental» utilizado en este libro no se aplica a ciertas técnicas (por ejemplo, el biofeedback) que se utilizan para reforzar el control personal y estimular la capacidad de elección. Se referirá, en cambio, sólo a aquellos sistemas que pretenden socavar la capacidad de/individuo para tomar sus propias decisiones. La esencia del control mental consiste en fomentar la dependencia y el conformismo, y desalentar la autonomía y la individualidad.

Aun así, es digno de mencionarse que no siempre el propósito del control mental del grupo es malo. Por ejemplo, hay muchos programas de rehabilitación de drogadictos y delincuentes juveniles que utilizan algunos de estos métodos para destruir la antigua personalidad de adicto o criminal. Pero estos programas, por mucho éxito que tengan, están cargados de peligros. Después de que se ha conseguido «quebrar» a un individuo y se le ha facilitado una nueva identidad, también se le debe restaurar su autonomía y su individualidad, un proceso que depende por completo del altruismo y comportamiento responsable de los directores del grupo. Un programa de rehabilitación de drogadictos, Synanon, al parecer ha orientado sus actividades de tal manera que han sido demandados en numerosas ocasiones por atropellar los derechos más elementales de sus miembros.

Control mental versus lavado de cerebro

Si bien es importante poseer una comprensión general del control mental, no lo es menos conocer aquello que el control mental no es. Por desgracia, cuando la gente común discute sobre el tema, muchísimas veces se utiliza el término «lavado de cerebro» como sinónimo de «control mental». Sin embargo, hoy en día los dos procesos son muy diferentes y no deben ser confundidos. El control mental no es un lavado de cerebro.

El término «lavado de cerebro» lo acuñó el periodista Edward Hunter en 1951. Lo utilizó para describir cómo los militares estadounidenses capturados en la guerra de Corea cambiaban súbitamente su escala de valores y sus lealtades y creían haber cometido crímenes de guerra inexistentes. Hunter tradujo el término del chino hsi nao, «cerebro lavado».

El lavado de cerebro es típicamente coercitivo. El sujeto sabe desde el primer momento que está en manos del enemigo. Se inicia con una clara demarcación de los respectivos roles -quién es el prisionero y quién el carcelero-, y el prisionero no tiene ninguna alternativa. Los malos tratos, e incluso la tortura, se utilizan normalmente.

Tal vez el caso de lavado de cerebro y control mental más famoso de los últimos tiempos en Estados Unidos sea el de Patricia Hearst, heredera de un imperio periodístico. Patty fue secuestrada en 1974 por el Ejército Simbiótico de Liberación (ESL), una pequeña secta política con métodos terroristas. Encerrada durante semanas en una armario a oscuras, fue privada de alimentos y violada. Posteriormente, pareció convertirse en miembro activo del grupo. No aprovechó las oportunidades que tuvo para escapar y participó en el robo de un banco, delito por el cual fue condenada y encarcelada.

Por desgracia para ella, Patty Hearst fue víctima de un juez y un jurado ignorantes.

El ESL quizá tuvo éxito en el lavado de cerebro de Patty Hearst, pero, en general, el método coercitivo no cuenta un porcentaje de éxitos muy elevado. Tan pronto como el individuo se aleja de sus secuestradores y vuelve al entorno familiar, los efectos tienden a desaparecer. El ESL tuvo éxito con Patty Hearst porque le dieron una nueva identidad como «Tania». La convencieron de que el FBI tenía orden de disparar en cuanto la vieran. Creía que su seguridad estaba en permanecer junto al grupo más que en buscar la liberación.

El lavado de cerebro resulta eficaz para conseguir que se acepten exigencias tales como la firma de una confesión falsa o denuncias contra el gobierno. Los individuos que son coaccionados se avienen a realizar ciertos actos específicos para salvaguardar lo que han hecho. Pero estas nuevas creencias no están por lo general bien interiorizadas, y cuando el prisionero escapa del campo de influencia (y miedo) es capaz, casi siempre, de quitárselas de encima.

El control mental, casi siempre, llamado «reforma del pensamiento», es más sutil y retorcido. Quienes lo practican son considerados como amigos o compañeros, de forma que el sujeto no está tan a la defensiva. Inconscientemente, colabora con sus controladores y les suministra información privada sin saber que la utilizarán en su contra. El nuevo sistema de valores es interiorizado en la estructura de una nueva identidad.

En el control mental hay muy poco o ningún abuso físico. Por contra, los procedimientos hipnóticos se combinan con los de dinámica de grupo para conseguir un fuerte efecto de adoctrinación. El individuo es engañado y manipulado -sin amenaza directa alguna- para que acepte las alternativas ordenadas. Las más de las veces, el individuo responde positivamente a lo que le hacen.

No es buena cosa que los medios de comunicación utilicen la expresión «lavado de cerebro» con tanta ligereza. Evoca imágenes de conversión por la tortura. Quienes están en una secta saben que no han sido torturados, así que piensan que aquellos que les critican son unos mentirosos. Cuando yo era miembro de los Moonies, «sabía» que no me habían lavado el cerebro. Recuerdo, sin embargo, la ocasión en que Moon nos dio una charla en la que dijo que una revista muy popular le acusaba de habernos lavado el cerebro. Sus palabras fueron: «Las mentes americanas son muy sucias, están llenas de egoísmo materialista y de drogas, ¡y necesitan un lavado de cerebro celestial!»3 Todos nos echamos a reír.

Una nota sobre el hipnotismo

Si la expresión «lavado de cerebro» se confunde a menudo con «control mental», también el término «hipnotismo» es muchas veces mal interpretado. El empleo de la palabra «hipnotismo» en varias formas es muy común en nuestras conversaciones habituales (muchas veces decimos cosas como «ella le hipnotizó con su sonrisa»). En realidad, la mayor parte de las personas no entienden muy bien lo que es la hipnosis. Cuando se menciona el término, la primera imagen que acude a la mente es la de un doctor barbudo que balancea de la cadena un viejo reloj de bolsillo ante la cara de una persona a quien se le cierran los párpados. Si bien esta imagen es desde luego un estereotipo, apunta al objetivo central del hipnotismo: el trance. Los individuos que son hipnotizados entran en un estado como trance que es fundamentalmente distinto de la conciencia normal. La diferencia estriba en que en el estado consciente normal, la atención se dirige hacia afuera a través de los cinco sentidos, mientras que en el trance la atención se dirige hacia adentro. Uno escucha, ve y siente internamente. Naturalmente, existen varios grados de trance, que varían desde el leve trance normal de soñar despierto hasta los estados profundos en los cuales el individuo pierde casi por completo la conciencia del mundo exterior y es extremadamente susceptible a las sugestiones que se puedan implantar en su mente.

El hipnotismo está relacionado de muchas maneras con las prácticas de control mental antiético de las sectas destructivas. En muchas de las sectas que se definen como religiosas, lo que a menudo se denomina «meditación» no es más que un proceso por el cual los miembros de la secta entran en trance, momento en el que pueden recibir sugestiones que les harán más receptivos para seguir fielmente la doctrina de la secta. Las sectas no religiosas emplean otras maneras de introducir individual o de grupo. Además, como estar en trance resulta por lo general una experiencia relajante y placentera, la mayor parte de la gente desea entrar de nuevo en trance tantas veces como sea posible. Es importante resaltar que los investigadores psicológicos han establecido clínicamente que las facultades críticas de los individuos disminuyen en el estado de trance. Uno está menos capacitado para evaluar la información recibida en un trance que en un estado normal de conciencia.

La capacidad de la hipnosis para afectar a las personas puede ser considerable. Es posible ponerlas en trance en cuestión de minutos, y realizan entonces proezas notables. Quizás el ejemplo más conocido es aquel en que a un sujeto hipnotizado se le clava una aguja muy larga en el muslo y no siente dolor. A un individuo hipnotizado se le puede hacer bailar como Fred Astaire, tenderse entre dos sillas y adoptar la rigidez de una tabla, comportarse como si tuviera las manos «pegadas» a los costados, y cosas por el estilo. Si puede lograrse que realicen semejantes hazañas, lograr que los sujetos hipnotizados crean que forman parte de unos «pocos escogidos» también es fácil de conseguir.

Por lo general, las sectas destructivas inducen el trance en sus miembros a través de largas sesiones de adoctrinamiento. Las repeticiones y el forzar la atención son buenos medios para la inducción de un trance. Si observamos a un grupo en esa puesta en escena, es fácil distinguir cuándo se ha conseguido el trance. Los presentes parpadean y tragan con lentitud, y sus expresiones faciales se relajan y adoptan una actitud vacía y neutra. Con los individuos en semejante estado, los líderes sin escrúpulos pueden implantarles creencias irracionales. Yo he visto a personas de una gran fuerza de voluntad que hipnotizados hacían cosas que normalmente no habrían hecho jamás.

Algunos principios básicos de psicología social y dinámica de grupo

La experiencia política de la segunda guerra mundial, en la que miles de individuos en apariencia normales tomaron parte en proyectos tales como el mantenimiento de lós campos de concentración donde millones de seres humanos fueron asesinados, despertó un considerable interés entre los psicólogos.4 ¿Cómo fue posible que gente que llevaba una vida ordinaria antes de que Adolf Hitler se hiciera con el poder de Alemania, participara en un intento deliberado de exterminar a todo un grupo humano? Desde el final de aquel conflicto, se han realizado miles de experimentos de psicología social que han permitido descubrir las diversas maneras de influir en las personas, ya sea en grupos o individualmente. El resultado neto de estos estudios ha sido la bien comprobada demostración del enorme poder de las técnicas de modificación del comportamiento, la conformidad generalizada y la obediencia a la autoridad. Estos tres factores son conocidos en términos psicológicos como «procesos de influencia». Uno de los descubrimientos más notables de la psicología social es que en nuestros intentos por encontrar la respuesta más apropiada a la situación social, a veces respondemos con información que recibimos de forma inconsciente.

Por ejemplo, una clase de estudiantes de psicología «conspiró» para emplear las técnicas de modificación de comportamiento con su profesor. Mientras éste les dictaba la clase, los estudiantes sonreían y se mostraban atentos cuando él se movía hacia la izquierda de la habitación. Cuando se movía hacia la derecha, adoptaban un aire de aburrimiento y de falta de atención. Al cabo de poco, el profesor comenzó a desplazarse siempre hacia la izquierda, y después de unas cuantas clases daba sus explicaciones apoyado en la pared izquierda.

Y ahora llegamos al punto clave: cuando los estudiantes hicieron partícipe de la broma al profesor, éste insistió en que nada de esto había sucedido, que le estaban tomando el pelo. No le parecía extraño que se apoyara en la pared, y declaró enojado que era su estilo personal de dar las clases, algo que había escogido por su propia voluntad. Era del todo inconsciente de cómo había sido influido.

Desde luego, en circunstancias normales, la gente de nuestro entorno no está conspirando en secreto para hacernos algo. Simplemente actúan más o menos de la forma en que han sido culturalmente condicionados a actuar, lo que a su vez nos condiciona a nosotros. Ésta es la manera, después de todo, en que una cultura se perpetúa a sí misma. En una secta destructiva, sin embargo, el proceso de modificación del comportamiento se monta alrededor de los nuevos reclutas, que por supuesto no tienen ni la menor idea de lo que está pasando.

Si las técnicas de modificación del comportamiento son poderosas, también lo son las influencias de conformidad y obediencia a la autoridad. Un conocido experimento de conformidad realizado por el doctor Solomon Asch5 demostró que los individuos dudan de sus propias percepciones si son colocados en una situación social donde parece que las personas en las que más confía el grupo dan la respuesta equivocada a una pregunta. Otro psicólogo, Stanley Milgram, descubrió en unas pruebas de obediencia a la autoridad que más del 90 % de los sujetos examinados obedecían las órdenes aunque creyeranque al hacerlo causarían así sufrimientos físicos a otra persona. Milgram escribió: «La esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona llega a verse a sí misma como el instrumento que realiza los deseos de otra persona, y en consecuencia no se considera ya responsable de sus propias acciones».6

Los cuatro componentes del control mental

Está claro que no se puede comenzar a entender el control mental sin reconocer el poder de las técnicas de modificación del comportamiento, así como de las influencias de la conformidad y la obediencia a la autoridad. Si tomamos estos presupuestos de la psicología social como punto de partida, nos será posible identificar los componentes básicos del control mental. A mi modo de ver, el control mental puede entenderse en su mayor parte mediante el análisis de los tres componentes descritos por el psicólogo Leon Festinger, en lo que se conoce como la «teoría de la disonancia cognoscitiva».7 Estos componentes son: control del comportamiento, control del pensamiento y control de las emociones.

Cada componente tiene un poderoso efecto sobre los otros dos: si modificamos uno, los otros dos se modificarán. Si conseguimos cambiar los tres, desaparecerá el individuo. Sin embargo, como resultado de mis experiencias en la investigación de las sectas destructivas, he añadido un cuarto componente que es vital: el control de la información. Si alguien controla la información que recibe un individuo, restringe su libre capacidad para pensar por sí mismo. Yo llamo a estos factores los cuatro componentes del control mental. Y sirven como puntos de referencia básicos para comprender cómo funciona el control mental.

La teoría de la disonancia cognoscitiva no es algo tan intrincado como parece indicar su nombre. En 1950, Festinger resumió el principio básico de la siguiente manera: «Si usted cambia el comportamiento de un individuo, sus pensamientos y sentimientos se modificarán para minimizar la disonancia».8

¿Qué quiere decir Festinger con «disonancia»? En palabras sencillas, se refiere al conflicto que se plantea cuando un pensamiento, un sentimiento o un comportamiento es alterado en oposición a los otros dos. Un individuo puede tolerar sólo una cierta discrepancia entre sus pensamientos, sentimientos y acciones, que en definitiva son los diferentes componentes de su identidad. La teoría de Festinger propone, y numerosas investigaciones han venido a darle la razón, que si uno cualquiera de estos tres componentes se modifica, los dos restantes cambiarán para reducir la disonancia.

¿Cómo se aplica este tipo de «cambio» al comportamiento de los individuos que están en una secta? Festinger buscó un lugar donde contrastar sus ideas en el mundo real. En 1956 escribió un libro, When Prophecy Faik [Cuando falla la profecía], sobre una secta de Wiscosin que creía en los platillos volantes y cuyo líder había predicho el fin del mundo. El líder de la secta afirmaba estar en contacto mental con alienígenas de otro planeta. Los seguidores vendieron sus casas y repartieron el dinero, y en la fecha señalada esperaron durante toda la noche, en la ladera de una montaña, la llegada de los platillos volantes que debían recogerles antes de que a la mañana siguiente un diluvio arrasara el mundo.

Cuando llegó la mañana sin que los platillos volantes hubieran hecho acto de presencia, ni tampoco el diluvio (sólo un torrente de artículos en los periódicos que se burlaban de la secta), se podría suponer que los seguidores estarían desilusionados y enojados. Unos pocos reaccionaron así (miembros marginales que no llevaban mucho tiempo en la secta), pero la mayoría de los adeptos estaban más convencidos que nunca. El líder proclamó que los alienígenas habían sido testigos de su vigilia y su fe y habían decidido perdonar a la Tierra. Los miembros se sintieron más unidos con su líder después de realizar una dramática demostración pública, que acabó en humillación pública.

La teoría de la disonancia cognoscitiva explica por qué se produjo esa mayor identificación. De acuerdo con Festinger, el individuo necesita mantener un orden y un sentido en su vida. Necesita pensar que actúa de acuerdo con su propia imagen y sus propios valores. Si por cualquier motivo su comportamiento cambia, también cambian su propia imagen y sus valores para mantener el equilibrio. Lo importante es saber que las sectas crean deliberadamente las disonancias entre sus adeptos y las utilizan para controlarlos.

Examinemos ahora con un poco más de detalle cada uno de los componentes del control mental.

Control del comportamiento

El control del comportamiento es la regulación de la realidad física del individuo. Incluye el control de su entorno -el lugar donde vive, qué ropas viste, qué come, cuántas horas duerme-así como su trabajo, rituales y otras acciones que realiza.

La necesidad de tener el control del comportamiento es la razón por la cual la mayoría de las sectas prescriben unos horarios muy rígidos a sus miembros. Cada día, una parte importante del tiempo se dedica a los rituales de la secta y a las actividades de adoctrinamiento. También es habitual que a los miembros se les asigne el cumplimiento de unas metas y tareas específicas, lo que restringe su tiempo libre y su comportamiento. En la secta destructiva siempre hay algo que hacer.

En algunos de los grupos más restrictivos, los miembros tienen que solicitar el permiso de los líderes para casi todo. En otros, el individuo es tan económicamente dependiente que sus opciones de comportamiento se reducen de forma automática. El miembro ha de pedir el dinero para el billete de autobús, la ropa o la visita médica, opciones que todos nosotros damos por supuestas. Debe pedir permiso para llamar por teléfono a un amigo o pariente que no esté en el grupo, y se ve obligado a dar cuenta de su actividad a todas horas del día. Así, el grupo controla las riendas del comportamiento, y en consecuencia las del pensamiento y las emociones.

A menudo, el comportamiento se controla mediante la exigencia de que cada uno actúe como grupo. En muchas sectas, las personas comen juntas, trabajan juntas, tienen reuniones de grupo y, en ocasiones, duermen juntas en la misma habitación. Se trata de desalentar el individualismo. A veces se le asigna a la persona un «compañero» que no se aparte de ella, o bien es ubicada en un grupo más reducido de media docena de miembros.

Por lo general, la cadena de mando en las sectas es autoritaria, y fluye desde el líder a través de sus lugartenientes hasta los sublíderes, y de allí a los miembros de base. En un entorno tan bien regulado, todos los comportamientos pueden ser premiados a castigados. Esto sirve a la jerarquía para mantener a sus adeptos fuera de equilibrio. Si un individuo se porta bien, recibirá las alabanzas públicas de sus jefes y tal vez premios o una promoción. Si el individuo no observa un comportamiento correcto, se le acusará y criticará públicamente y se le obligará a realizar tareas domésticas como limpiar los lavabos o lustrar los zapatos de los demás miembros.

Otras formas de castigo pueden incluir el ayuno «voluntario», las duchas con agua helada, permanecer una noche entera de vigilancia, o algunos trabajos de penitencia. Una persona que participe activamente en su propio castigo llegará a creer que lo tiene merecido.

Cada grupo en particular tiene su propia serie de comportamientos rituales que fortalecen su cohesión. Estos tanto pueden incluir particularidades en el lenguaje, posturas o expresiones faciales, como también las formas más tradicionales de representar las creencias de la secta. En los Moonies, por ejemplo, seguíamos muchas costumbres orientales como descalzarnos cuando entrábamos en un centro Moonie, sentarnos sobre los talones y hacer una reverencia cuando saludábamos a los miembros de mayor edad. Practicar estas pequeñas cosas nos ayudaban a sentirnos especiales.

Si un individuo no se comporta con el suficiente «entusiasmo», puede ser llamado por un líder y acusado de conducta egoísta o impura, o de no esforzarse lo bastante. Se le exigirá que emule a un miembro más antiguo del grupo, incluso hasta el extremo de imitar el tono de su voz. La lección más importante que deben aprender es la obediencia a las órdenes del líder. Los líderes no pueden mandar en los pensamientos íntimos de un adepto, pero saben que si gobiernan su comportamiento, el corazón y la mente vendrán a continuación.

Control del pensamiento

El control del pensamiento, el segundo componente de importancia en el control mental, incluye un adoctrinamiento tan profundo de los miembros que éstos interiorizan la doctrina del grupo, incorporan un nuevo sistema de lenguaje, y utilizan técnicas de interrupción del pensamiento para mantener las mente «centrada». A fin de ser un buen miembro, la persona debe aprender a manipular sus propios procesos de pensamiento.

En las sectas totalísticas, la ideología es interiorizada como «la verdad», el único «mapa» de la realidad. La doctrina no sólo sirve para filtrar la información que se recibe sino también para regular cómo se debe pensar sobre esta información. Por lo general, la doctrina, que es absolutista, lo divide todo en «blanco contra negro», «nosotros contra ellos». Todo lo que es bueno está representado por el líder y el grupo. Todo lo que es malo se halla en el exterior. Una gran parte de los sectas totalísticas afirman que sus doctrinas están científicamente probadas. La doctrina se proclama capaz de responder a todas las cuestiones planteadas por cualquier problema o situación. El adepto no necesita pensar por su cuenta porque la doctrina piensa por él.

Es habitual que una secta destructiva cuente con su propio «lenguaje simplificado» de palabras y expresiones. Dado que el lenguaje suministra los símbolos que utilizamos para pensar, controlar ciertas palabras ayuda a controlar el pensamiento. Muchos grupos sintetizan situaciones complejas, las etiquetan, y después las convierten en frases hechas de la secta. Estas etiquetas, que son la expresión verbal del lenguaje simplificado, gobiernan la manera de pensar en cualquier situación.

En los Moonies, por ejemplo, siempre que uno tenía dificultades para relacionarse con alguien que estuviera por encima o por debajo en la jerarquía de la secta, se decía que era un «problema Cain-Abel». No importaba quién estuviera involucrado o de qué problema se tratara, era simplemente un «problema Cain-Abel».

El término en sí mismo dictaba cómo debía resolverse el problema. Cain tenía que obedecer a Abel y seguirle, en vez de asesinarle como estaba escrito en el Antiguo Testamento. Caso cerrado. Pensar de otra manera habría sido obedecer el deseo de Satanás de que el malvado Cain prevaleciera sobre el honrado Abel. Un pensamiento critico acerca de un mal paso del líder no podía atravesar este bloqueo en la mente de un buen adepto.

Las frases hechas dé la secta, o lenguaje simplificado, también levantan una pared invisible entre los creyentes y los advenedizos. El lenguaje ayuda a que los miembros se sientan especiales y distintos de las personas comunes. También sirve para confundir a los recién llegados, que querrán entender de qué están hablando los miembros, y a que piensen que sólo tienen que esforzarse más en el estudio para poder «comprender» la verdad. En realidad, al incorporar el lenguaje simplificado, lo que aprenden es a no pensar. Aprenden que comprender significa creer.

Otro punto clave del control del pensamiento se basa en entrenar a los miembros para que bloqueen cualquier información que sea crítica con el grupo. Los mecanismos de defensa típicos del individuo son reorientados para que defiendan la nueva identidad que le ha proporcionado la secta contra la antigua identidad original. La primera línea de defensa incluye la negación («Lo que usted dice no ocurre en absoluto»), la racionalización («Esto ocurre porque hay una razón muy buena para que así sea»), la justificación («Esto sucede porque tenía que ser así»), y el deseo intelectual («Me gustaría que fuese verdad, así que tal vez lo es»).

Si la información transmitida a un miembro de la secta es interpretada como un ataque al líder, a la doctrina o al grupo, se levanta un muro de hostilidad. Los miembros están entrenados para no aceptar ninguna crítica. Se le ha explicado con anterioridad que las criticas son «las mentiras que sobre nosotros pone Satanás en la mente de las personas», o que son «las mentiras que la conspiración mundial imprime en lo periódicos para desacreditamos, porque saben que estamos por encima de ellos». Aunque resulte paradójico, las críticas al grupo confirma que el punto de vista de la secta acerca del mundo es correcto. La información que reciben no se interpreta correctamente.

Tal vez el método que más se emplea y que resulta más efectivo para controlar los pensamientos de los miembros, es el de los rituales de interrupción del pensamiento.9 Se enseña a los miembros a que interrumpan el pensamiento por sí mismos. Les dicen que les ayudará a desarrollarse o a ser más eficaces. Cuando el miembro de una secta empieza a tener un «mal» pensamiento, utiliza la interrupción del pensamiento para ahogar el «negativismo» y centrarse a sí mismo. Así aprende a aislarse de cualquier cosa que amenace su realidad.

Los diferentes grupos emplean técnicas distintas para interrumpir el pensamiento: concentrarse en la oración, entonar cánticos en voz alta o mentalmente, meditar, «hablar en lenguas», cantar o tararear. Estas acciones, muchas de ellas habituales por su valor y utilidad, son pervertidas en las sectas destructivas. Se convierten en algo mecánico porque el individuo está programado para activarías al primer síntoma de duda, ansiedad o incertidumbre. En cuestión de semanas, la técnica se vuelve innata, se hace automática. De hecho, el individuo a veces ni siquiera se da cuenta de que ha tenido un «mal» pensamiento. Sólo advierte que de pronto se ha puesto a cantar o ritualizar. Mediante la utilización de la interrupción del pensamiento, los miembros piensan que se están desarrollando cuando en realidad sólo se están convirtiendo a sí mismos en adictos. Después de abandonar una secta que emplea exhaustivamente las técnicas de interrupción del pensamiento, la persona atraviesa un difícil proceso de readaptación antes de poder superar el hábito.

La interrupción del pensamiento es la forma más directa para córtocircuitar la capacidad de un individuo para aquilatar la realidad. Además si alguien es capaz de pensar sólo cosas positivas sobre su participación en el grupo, resulta evidente que está enganchado. Puesto que la doctrina es perfecta y el líder también lo es, cualquier problema que surja es asumido como una falta del miembro individual, que aprende a culparse a si mismo y a trabajar con mas ahínco.

El control mental puede bloquear efectivamente cualquier sentimiento que no se corresponda con la doctrina del grupo. También sirve para mantener al miembro de la secta trabajando como un esclavo obediente. En todo caso, cuando los pensamientos son controlados, el comportamiento y los sentimientos también están controlados.

Control emocional

El tercer elemento del control mental, el control emocional, intenta manipular y reducir el alcance de los sentimientos del individuo. El miedo y la culpa son las herramientas necesarias para mantener a la gente bajo control. La culpa es, con toda probabilidad, el arma emocional más sencilla y eficaz que existe para conseguir la conformidad y la sumisión. La culpa histórica (por ejemplo, el hecho de que Estados Unidos lanzara la bomba atómica sobre Hiroshima), la culpa de identidad (por ejemplo, un pensamiento del tipo «No vivo de acuerdo con mi potencial»), la culpa por acciones del pasado (por ejemplo, «Hice trampas en el examen») y la culpa social (por ejemplo, «Hay gente que muere de hambre») pueden ser explotadas por los líderes de las sectas destructivas. Sin embargo, la mayor parte de los miembros de una secta no pueden ver que utilizan la culpa y el miedo para controlarlos. Están tan condicionados a culparse siempre a si mismos que responden con gratitud cada vez que el líder les señala uno de sus «defectos».

El miedo se utiliza para aprisionar a los miembros del grupo de dos maneras. La primera es la creación de un enemigo exterior que te persigue: el FBI te meterá en la cárcel o te matará, Satanás te llevará al infierno, los psiquiatras te aplicarán electroshocks, miembros armados de las sectas rivales te dispararán ó te torturarán, y, desde luego, los desprogramadores. La segunda es el terror a ser descubierto y castigado por los líderes. El miedo a lo que podría sucederte si no haces bien tu trabajo puede ser muy eficaz. Algunas sectas proclaman que el holocausto nuclear o cualquier otra catástrofe sería el resultado de la indisciplina o la negligencia en el compromiso de los miembros.

Para poder controlar a alguien a través de sus emociones, a menudo hay que redefinir sus sentimientos. La felicidad, por ejemplo, es una sensación que todo el mundo desea. Sin embargo, si la felicidad se define como estar cerca de Dios, y Dios no es feliz (como aparentemente sucede en muchas sectas religiosas), entonces la única manera de ser feliz es ser desgraciado. En consecuencia, la felicidad consiste en sufrir para poder estar más cerca de Dios. Tal idea aparece también en algunas teologías ajenas a las sectas, pero en éstas es una herramienta para la explotación y el control.

En algunos grupos, la felicidad estriba en seguir las órdenes del líder, en reclutar el máximo número de individuos o en donar una buena cantidad de dinero. La felicidad se define como el sentido de comunidad que brinda la secta a todos aquellos que disfrutan de una buena posición.

La lealtad y la devoción son, entre todas las emociones, las más respetadas. Los miembros no están autorizados a sentir o expresar emociones negativas, excepto hacia los foráneos. Se les enseña que nunca han de experimentar sentimientos hacia su propia persona o sus propias necesidades, sino que deben pensar siempre en el grupo, sin quejarse jamás. No podrán nunca criticar al líder, pero en cambio deberán criticarse a sí mismos.

Muchas sectas ejercen un control total sobre las relaciones interpersonales. Los líderes pueden decir y dicen a los adeptos que deben evitar a ciertos miembros o que deben pasar más tiempo con otros. Algunos llegan incluso a «recomendar» a los miembros con quién han de casarse, y controlan toda su relación, incluyendo su vida sexual. Hay sectas en las que se pide a los seguidores que nieguen o supriman sus sentimientos sexuales, lo cual se convierte en una fuente de frustración contenida que puede ser canalizada hacia otras salidas, como por ejemplo trabajar con más ahínco. Pero otros grupos, en cambio, exigen la sexualidad, y al miembro que se contiene le hacen sentir egoísta. De una manera u otra, el grupo ejerce el control emocional.

A menudo, se mantiene a los individuos en constante desequilibrio. En un momento dado se les alaba, y al siguiente son insultados. Este mal uso de las técnicas de modificación del comportamiento -recompensa y castigo- crea una sensación de dependencia e indefensión. En algunas sectas, un día puedes estar haciendo relaciones públicas vestido con traje y corbata ante las cámaras de televisión, y al día siguiente estar en otra provincia relegado a hacer trabajos manuales como castigo por algún pecado imaginario.

La confesión de antiguos pecados o de actitudes equivocadas es también un recurso poderoso para lograr el control emocional. Lo cierto es que una vez confesado públicamente, en contadas ocasiones se perdona o se olvida de verdad el antiguo pecado. En el instante en que uno se aparte de la fila, se sacará de nuevo a la luz y se utilizará para manipular al adepto y conseguir su obediencia. Cualquiera que se encuentre en una sesión confesional de una secta debe recordar esta advertencia: cualquier cosa que diga es susceptible de ser y será utilizada en su contra. Este ardid puede llegar incluso al chantaje si no abandona la secta.

La técnica más efectiva para el control emocional es la implantación de fobias, ya mencionada en el capítulo 3. Con ella se consigue que los individuos experimenten una reacción de pánico al pensar en marcharse: sudores, palpitaciones, intensos deseos de evitar la posibilidad. Les dicen que si se marchan se encontrarán perdidos e indefensos en medio de los más terribles horrores; se volverán locos, les asesinarán, se convertirán en drogadictos o se suicidarán. Ejemplos de casos semejantes se narran continuamente tanto en las conferencias como a media voz en los corrillos informales. Es casi imposible que un miembro adoctrinado de una secta llegue a sentir que encontrará alguna seguridad fuera del grupo.

Cuando los líderes de las sectas declaran en público: «Los miembros son libres de marcharse cuando les parezca: la puerta está abierta», dan la impresión de que los miembros son libres de escoger y que sencillamente prefieren quedarse. Sin embargo, los’ miembros tal vez no dispongan de la posibilidad real de escoger, porque se les ha adoctrinado para tener fobia al mundo exterior. Las fobias inducidas eliminan la posibilidad psicológica de que un individuo decida abandonar el grupo simplemente porque no es feliz o porque desea hacer otra cosa.

Si las emociones de una persona caen bajo el control de un grupo, acto seguido lo harán sus pensamientos y su comportamiento.

Control de la información

El control de la información es el último componente del control mental. La información es el combustible que utilizamos para que nuestra mente funcione correctamente. Niéguele a un individuo la información que necesita para emitir un juicio acertado y será incapaz de hacerlo. La gente permanece atrapada en las sectas destructivas porque no sólo se le niega el acceso a una información crítica sino que además ha sido despojada del mecanismo interno necesario para procesaría. El control de la información tiene un impacto tan dramático como devastador.

En muchas sectas totalísticas, los adeptos cuentan con un mínimo acceso a los periódicos, revistas y programas de radio y televisión ajenos a la secta. Esto se debe en parte a que están tan ocupados que no disponen de tiempo libre. Cuando leen, por lo general se trata de libros o folletos de propaganda editados por la secta, o de material que ha sido censurado para «ayudar» a los miembros a que se mantengan centrados.

El control de la información también se extiende a todas las relaciones. No se permite a los miembros que discutan entre si nada que sea crítico respecto al líder, la doctrina o la organización. Los adeptos se espían los unos a los otros e informan a los líderes de las actividades incorrectas o de los comentarios. A los nuevos conversos no se les permite que mantengan conversaciones entre sí sin la presencia de un miembro más antiguo que les vigile. Lo más importante es que se les exige que eviten todo contacto con los ex miembros o con quienes se muestran críticos. Se deben alejar sobre todo de la gente que podría facilitarles la mayor cantidad de información. En algunas sectas se llega incluso a leer la correspondencia de los miembros y a escuchar sus conversaciones telefónicas.

Por lo general, la información es fragmentada para que los miembros no obtengan un panorama global. En las grandes sectas, se informa a los adeptos únicamente de aquello que «necesitan saber» para realizar sus trabajos. Así, un miembro de otra ciudad no tiene por qué saber necesariamente que en otro lugar se ha tomado una importante decisión legal, que en la prensa han aparecido comentarios críticos o que una discusión interna está creando desavenencias en el grupo. Los miembros creen, por supuesto, que saben mucho más sobre las actividades del grupo que los extraños, pero al asesorar a ex miembros he descubierto que a menudo son ellos los que menos saben.

Las sectas destructivas también controlan la información mediante la creación de muchos niveles de «verdad». Las ideologías de las sectas tienen doctrinas «exteriores» y doctrinas «interiores». El material exterior es propaganda relativamente suave destinada al público en general o a los nuevos adeptos. Las doctrinas interiores se van desvelando sólo a medida que aumenta el compromiso del individuo con el grupo.

Por ejemplo, los Moonies siempre han declarado en público que son pro americanos y que están a favor de la democracia y la familia. Los Moonies eran pro americanos porque deseaban lo que creían mejor para Estados Unidos: convertirlo en una teocracia bajo el mando de Moon. Pensaban que la democracia había sido instituida por Dios para conceder a la Iglesia de la Unificación un lugar donde organizar una dictadura teocrática. Eran partidarios de la familia porque creían que la «verdadera» familia de todos los seres humanos estaba formada por Moon, su esposa y sus hijos espirituales. Sin embargo, la doctrina interior era -y todavía es- que Estados Unidos es inferior a Corea y debe por tanto someterse a ella, que la democracia es un sistema disparatado que «Dios está eliminando»,’0 y que los individuos deben ser aislados de sus familias «físicas» (en opción a las «espirituales») si son criticas respecto de las sectas.

Un adepto puede creer sinceramente que las doctrinas exteriores no son mentiras, sino tan sólo un nivel diferente de verdad. Al crear un entorno donde la verdad tiene múltiples niveles, los líderes de las sectas consiguen que al individuo le resulte imposible efectuar una valoración final objetiva. Si plantea problemas, le dicen que no es todavía lo bastante maduro para conocer la verdad íntegra, pero que dentro de poco quedará todo muy claro. Si trabaja con entusiasmo, ganará el derecho a conocer los niveles más altos de la verdad.

Pero hay muchos «niveles interiores». A menudo, un miembro avanzado que cree que lo sabe todo aún se encuentra a varios niveles del centro. A los preguntones que insisten en saberlo todo y además enseguida, naturalmente, son reorientados hacia una meta externa hasta que se tranquilizan.

Control del comportamiento, control del pensamiento, control emocional y control de la información: cada una de estas formas de control tiene un gran poder e influencia sobre la mente humana. juntas, constituyen una red totalística que puede manipular incluso a las personas de gran fortaleza mental. De hecho, son precisamente los individuos con mayor capacidad mental quienes más se comprometen y más entusiastas se muestran con las sectas.

No hay ningún grupo que haga todo lo que se describe en este capítulo. He procurado citar sólo las prácticas más comunes y que más se aplican en cada componente del control mental. Existen otras prácticas que seguramente se aplican en determinadas sectas, pero no las he incluido.

Hay prácticas que encajan en más de una de estas categorías. Por ejemplo, ciertos grupos cambian el nombre de sus adeptos para acelerar el proceso de formación de la nueva «identidad de secta». Esta técnica puede catalogarse en cualquiera de las cuatro categorías.

Existen muchas variaciones entre las sectas. Por ejemplo, algunos grupos realizan abiertamente la implantación de fobias; otros son muy sutiles. Lo más importante es el efecto global en el individuo. ¿Tiene o no el control de sus decisiones vitales? La única manera de saberlo es darle la oportunidad de reflexionar, de tener acceso a toda la información, de saber que tiene libertad para abandonar el entorno.

Los tres pasos para conseguir el control de la mente

Una cosa es ser capaz de identificar los cuatro componentes del control mental, pero otra muy distinta es saber cómo se utilizan en la práctica para cambiar el comportamiento de las personas confiadas. A primera vista, los tres pasos del proceso para conseguir el control de la mente parecen bastante sencillos. Yo lo denomino descongelación, cambio y congelación.

Este modelo de tres pasos fue deducido a finales de los años cuarenta de un trabajo de Kurt Lewin,11 y fue descrito en el libro de Edgar Schein Coercive Persuasion [Persuasión coercitiva].12 Schein, al igual que Lifton, también estudió los programas de lavado de cerebro en la China de Mao Tse-Dong a finales de los cincuenta. Su libro, basado en las entrevistas con antiguos prisioneros estadounidenses, es un valioso estudio del proceso. Sus tres etapas conceptuales se aplican igual de bien al control mental no coercitivo como al lavado de cerebro. De acuerdo con su descripción, el descongelamiento consiste en destruir las defensas del individuo, el cambio es el proceso de adoctrinamiento, y la congelación es el proceso de formación y reforzamiento de la nueva identidad.

Las sectas destructivas actuales cuentan con la ventaja de treinta años de investigaciones y técnicas psicológicas desarrolladas desde los tiempos de Mao, con lo cual sus programas de control mental son mucho más efectivos y peligrosos. Los procesos hipnóticos, por ejemplo, han adquirido mucha más importancia en el moderno control mental. Además, las sectas destructivas actuales son más flexibles en sus planteamientos. Están preparadas y son capaces de cambiar su forma de abordar a una persona para adaptarse al perfil psicológico específico del individuo, mediante la utilización del engaño y un lenguaje básico muy elaborado, o el empleo de técnicas como la interrupción del pensamiento y la implantación de fobias.

Examinemos con más detenimiento este modelo de tres etapas para ver cómo el programa va creando paso a paso a un bien disciplinado miembro de una secta destructiva.

La descongelación

Para predisponer a una persona para un cambio radical, lo primero es perturbar su realidad. Sus adoctrinadores deben desorientarlo. Sus marcos de referencia para comprenderse a sí mismo y a su entorno deben ser cuestionados y destrozados. Cambiar su visión de la realidad abatirá sus defensas naturales contra los conceptos que desafían su realidad.

Hay muchísimos métodos para conseguir el descongelamiento. Desorientar psicológicamente a una persona puede resultar muy efectivo. Privarle del sueño es una de las técnicas más comunes y más eficaces para quebrar su resistencia. Además, el cambio de las dietas alimenticias y de los horarios de comida también puede producir un efecto de desorientación. Algunas sectas utilizan dietas bajas en proteínas y alto contenido de azúcar, o una alimentación escasa durante períodos prolongados, para minar la estabilidad del individuo. La descongelación se consigue más fácilmente en un entorno controlado por completo como en una casa aislada, pero también en lugares mucho más accesibles como el salón de un hotel.

Los procedimientos hipnóticos constituyen otra eficaz herramienta para descongelar a un individuo y burlar sus mecanismos de defensa. Una técnica hipnótica particularmente efectiva se basa en el uso deliberado de la confusión para inducir el estado de trance. La confusión es el resultado habitual de presentar de forma congruente cualquier información contradictoria. Por ejemplo, si el hipnotizador dice con un tono de voz autoritario: «Cuanto más intente comprender lo que les digo, menos capaces serán de comprenderlo. ¿Me comprenden?». El resultado es un estado de confusión temporal. Si lo repite una y otra vez puede que al final tenga sentido. Sin embargo, si a un individuo se le mantiene durante el tiempo suficiente en un entorno controlado, y se le hace escuchar un lenguaje que le desorienta y una información que le confunde, lo más normal es que acabe por suspender su juicio crítico y se adapte a lo que él cree que los demás están haciendo. En un entorno así, la tendencia observada en la mayoría de la gente es la de dudar de sí mismos y seguir al grupo.

La sobrecarga sensorial, lo mismo que la privación de sensaciones, también consigue desequilibrar por completo a una persona y hacerla más abierta a la sugestión. Un individuo puede ser bombardeado con datos de una fuerte carga emocional a un ritmo superior al que puede digerir. El resultado es una sensación de estar desbordado. La mente se pone en punto muerto y deja de evaluar los datos que recibe a raudales. El recién llegado puede pensar que esto es algo que ocurre espontáneamente en su interior, pero es el grupo quien lo ha estructurado así de forma intencionada.

Otras técnicas hipnóticas, como el vínculo doble,13 pueden también utilizarse para ayudar a descongelar el sentido de la realidad de un individuo. El doble vínculo fuerza a la persona a realizar lo que desea el controlador manteniendo la ilusión de que puede elegir. Por ejemplo, el líder de una secta puede proclamar: «Todos aquellos que tienen dudas acerca de lo que les digo, deben saber que soy yo quien coloca esas dudas en su mente, para que sepan sin lugar a dudas que soy yo el verdadero maestro». El individuo puede creer o no las palabras del líder, pero las dos posibilidades están cubiertas.

Veamos otro ejemplo del doble vínculo: «Si usted admite que hay cosas en su vida que no funcionan, entonces, si no participa en el seminario, le está dando a esas cosas el poder para que controlen su vida». En otras palabras, el mero hecho de estar allí demuestra que es incapaz de decidir si se queda o se va.

Ejercicios tales como las meditaciones guiadas, las confesiones personales, las sesiones de rezos, los ejercicios gimnásticos vigorosos, e incluso el cantar en grupo, también facilitan la descongelación. Es típico que estas actividades comiencen de forma inocente, pero poco a poco se vuelven más intensas e intencionada conforme progresa el taller de trabajo o el seminario. Casi siempre son realizadas en grupos, lo que implica la falta de intimidad y frustra la necesidad del individuo de estas a solas, pensar y reflexionar.

En esta etapa del descongelamiento, a medida que los sujetos se debilitan, la mayor parte de las sectas les bombardean con la idea de que tienen graves defectos: son incompetentes, están enfermos mentalmente o su espiritualidad es nula. Cualquier problema que sea importante para el individuo, como el bajo rendimiento en los estudios o en el trabajo, el exceso de peso o las dificultades en sus relaciones personales, son exagerados hasta el infinito para probar que uno no vale nada. Algunas sectas pueden ser bastante virulentas en sus ataques personales, llegando con frecuencia a la humillación delante de todo el grupo.

Una vez que la persona se hunde, está lista para la segunda fase.

El cambio

El cambio consiste en imponer una nueva identidad personal -una nueva serie de comportamientos, pensamientos y emociones- para llenar el vacío dejado por la desaparición de la identidad anterior. El adoctrinamiento de esta nueva personalidad se realiza tanto formal (en seminarios y rituales) como informalmente (en compañía de otros miembros, con lecturas y audiciones de grabaciones y vídeos). Muchas de las técnicas utilizadas en la fase de descongelación son también aplicadas en ésta.

La repetición, la monotonía y el ritmo: he aquí las tres adormecedoras cadencias hipnóticas a través de las cuales se realiza normalmente el adoctrinamiento. Los datos se repiten una y otra vez. Si los conferenciantes tienen una preparación más seria, varían en algo sus charlas para mantener la atención, pero el mensaje es siempre el mismo.

Durante la fase de «cambio», todas estas repeticiones se centran en unos cuantos temas básicos. Se les dice a los novicios lo malo que es el mundo, y que los no iluminados no saben cómo arreglarlo. Esto es así porque la gente común carece del nuevo «entendimiento» que ha traído el líder. El líder es la única esperanza para conseguir una felicidad duradera. A los reclutas les dicen: «Tu personalidad es la que te impide experimentar plenamente la nueva verdad». Tus “viejos conceptos” son los que te mantienen sujeto. Tu mente “racional” te impide acercarte a este fantástico progreso. Ríndete. Déjate ir. Ten fe».

Los comportamientos se moldean al principio de forma sutil, después con más determinación. El material que servirá para construir la nueva identidad se suministra gradualmente, pieza a pieza, y sólo se aumenta el ritmo cuando se considera que el sujeto está preparado para asimilarlo. La regla elemental es: «Dile sólo lo que pueda aceptar». Cuando yo era conferenciante de los Moonies, a menudo discutía las tácticas a emplear con los otros conferenciantes. Para racionalizar nuestras manipulaciones utilizábamos la siguiente analogía: «Tú no le darías a un bebé trozos de filete, ¿no es cierto? Tienes que alimentarle con algo que pueda digerir, como las papillas. Bueno, estas personas (los conversos en potencia) son como bebés espirituales. No les digas más de lo que puedan asimilar o se morirán». Si un novicio se enfadaba porque estaba aprendiendo demasiado sobre nosotros, la persona que trabajaba con él se hacía a un lado y dejaba que otro miembro le diera un poco de papilla.

Las sesiones formales de adoctrinamiento pueden ser muy monótonas y rítmicas: una forma de inducir estados hipnóticos. Resulta bastante corriente que la gente se duerma durante estos programas. Cuando yo era conferenciante de la secta, reprendía a las personas cuando se dormían y las hacía sentirse culpables, pero de hecho significaba que estaban respondiendo bien a la hipnosis. Más adelante aprendí que la hipnosis es algo habitual en muchas sectas. Aun cuando se ponga a echar una cabezada, la persona permanece más o menos atenta a la información y es afectada por ésta, al estar sus defensas intelectuales normales con la guardia baja.

Otra técnica muy eficaz para el cambio es la «experiencia espiritual» inducida, que a menudo se consigue de manera por completo artificial. Su amigo más íntimo en el grupo se encarga de recoger toda la información privada del recluta y se la pasa en secreto a los líderes. Más tarde, en el momento preciso, esta información se utiliza de improviso para crear una «experiencia». Tal vez semanas después, en otra ciudad, un líder entrevista al recluta y le habla de pronto del suicidio de su hermano. Como sabe que no ha hablado de ello con nadie de este nuevo lugar, el recluta piensa que el líder ha leído sus pensamientos o que ha sido informado directamente desde el mundo de los espíritus. Se siente sobrecogido y pide perdón por no ser mejor hermano.

Las sectas religiosas destructivas no son las únicas en organizar experiencias «místicas». Un experto en artes marciales y autotitulado «mentalista», que estaba formando su propia secta, pagaba en secreto a unos gamberros para que agredieran a algunos de sus estudiantes en la calle, para intensificar su miedo al mundo «exterior», se entrenaran más y en consecuencia se hicieran más dependientes de él. Un psicoterapeuta (líder de una secta) manipuló a una de sus clientes echándole en cara su incapacidad para seguir la dieta. No le dijo que la había visto horas antes cuando se comía un helado. Ella creyó que el hombre tenía poderes ocultos.

Una técnica bastante común en las sectas religiosas consiste en pedirle a sus adeptos que le pregunten a Dios qué quiere Él que hagan. Les exhortan a que estudien y recen para llegar a conocer la voluntad de Dios. Siempre se insinúa que unirse al grupo es lo que Dios quiere, y que abandonar el grupo es traicionar su voluntad. Claro que si una persona le dice al líder de la secta que Dios le ha indicado que debe abandonar, tal deseo no será aceptado como válido.

Tal vez la persuasión más poderosa es la ejercida por los otros miembros de la secta. Para una persona normal, hablar con un adepto adoctrinado es toda una experiencia. Es muy probable que usted no haya conocido jamás a nadie, amigo o familiar, que esté tan absolutamente convencido de saber qué es lo mejor para usted. Un buen adepto jamás acepta un no por respuesta, porque ha sido adoctrinado para creer que si usted no se adhiere, el culpable es él. Esto genera una gran presión sobre el adepto para que triunfe.

Cuando uno está completamente rodeado por esta gente, la psicología del grupo desempeña un papel muy importante en el proceso de «cambio». Se organiza adrede a los individuos en pequeños grupos específicos (o células). Quienes hacen demasiadas preguntas son aislados enseguida del grupo principal. En los Moonies, organizábamos equipos pequeños al empezar los talleres de trabajo para evaluar a los reclutas. Los dividíamos en «ovejas» y «cabras», y los destinábamos a sus respectivos grupos. Las «ovejas» eran aquellos que estaban «preparados espiritualmente». Las «cabras» eran individualistas recalcitrantes de quienes no se podía esperar que fueran buenos miembros. Si no se les podía «quebrar», su «negatividad» quedaba confinada con toda seguridad en un equipo de cabras donde las ovejas no podían acercarse, hasta que se pedía a las cabras que se marcharan. Más tarde, después de abandonar el grupo, me sorprendí mucho al saber que otras sectas muy distintas a la nuestra hacían lo mismo. Nosotros pensábamos que habíamos inventado la técnica.

Pero el proceso de cambio engloba mucho más que la obediencia a las figuras autoritarias de la secta. Incluye las numerosas sesiones de «participación» con los miembros de base, en las cuales se confesaban los antiguos pecados, se narraban los triunfos del presente y se fomentaba el sentimiento de comunidad. Estas sesiones de grupo eran muy eficaces para inculcar la adhesión, porque el grupo refuerza con energía ciertos comportamientos mediante efusivas alabanzas y reconocimientos, al tiempo que castiga las ideas y comportamientos ajenos al grupo con un silencio helado.

Los seres humanos tienen una capacidad increíble para adaptarse a nuevos entornos. Las sectas destructivas saben cómo explotar esta capacidad. Mediante el control del entorno del individuo, el uso de la modificación del comportamiento para recompensar ciertas conductas y suprimir otras, y la inducción de estados hipnóticos, pueden verdaderamente reprogramar la identidad de una persona. Cuando la persona ha «cambiado», está lista para el siguiente paso.

La congelación

Después de que alguien ha sido quebrado y adoctrinado en el nuevo sistema de creencias, debe ser reconstruido como el «nuevo hombre» (o la «nueva mujer»). Se le debe dar un nuevo propósito en la vida y nuevas actividades que consolidarán su nueva identidad. Una vez más, muchas de las dos primeras etapas son empleadas en la fase de congelación. Los líderes de la secta deben estar razonablemente seguros de que la nueva identidad se halle bien consolidada cuando la persona salga de su entorno inmediato. De este modo, los nuevos valores y creencias deben ser interiorizados por el nuevo recluta.

La primera y más importante tarea de la «nueva» persona es denigrar su anterior personalidad. Lo peor que le puede pasar a la persona es actuar como él mismo, a menos que ésa sea la nueva personalidad de la secta, que está completamente formada al cabo de varios meses. La memoria del individuo se distorsiona, minimizando las cosas buenas del pasado y exagerando los pecados, los fallos, las heridas y la culpa. Los talentos especiales, los intereses particulares, las aficiones, los amigos y la familia deben ser abandonados -preferentemente en dramáticas actuaciones públicas- si entran en contradicción con el compromiso hecho a la causa. La confesión se convierte en otro medio para purgar el pasado e integrarse en la secta.

Durante la fase de congelación se modela el método primario para proporcionar la nueva información. Los nuevos miembros forman pareja con los antiguos, que se encargan de enseñarle los entresijos. El «hijo espiritual» es instruido para que imite en todo al «Padre espiritual». Esta técnica cubre también otros varios propósitos. Mantiene al miembro «antiguo» en la buena senda al tiempo que gratifica su ego, y estimula las ansias del nuevo miembro de convertirse en un modelo respetado para poder él también entrenar a los miembros más jóvenes.

El grupo es ahora la «verdadera» familia del miembro; cualquier otra es sólo su vieja familia «física». Algunas sectas insisten en una transferencia muy literal de la lealtad familiar. Jim Jones no era ni por asomo el único líder de una secta que insistía en que sus seguidores le llamaran «Papá». En mi propio caso, yo dejé de ser Steve Hassan, hijo de Milton y Estelle Hassan, y me convertí en Steve Hassan, hijo de Sun Myung Moon y Hak Ja Han, los autoproclamados «Padres Verdaderos» de toda la creación. A cada momento me recordaban que debía ser un pequeño Sun Myung Moon». Conforme se afirmaba mi nueva identidad, yo quería pensar como él, sentir como él, actuar como él.

Para acelerar la congelación de un individuo, algunas sectas le dan un nombre nuevo. Muchas le cambian su forma de vestir, el peinado, y todo aquello que pueda recordarle el pasado. Como ya he mencionado, muchas veces los miembros deben aprender a hablar una jerga distintiva o lenguaje simplificado de la secta.

Por lo general se ejerce gran presión sobre el nuevo miembro para que entregue sus ahorros y demás posesiones. Esto persigue un doble propósito, además de enriquecer a la secta. Donar los ahorros de toda una vida congela al individuo en el nuevo sistema de creencias. Sería demasiado doloroso admitir el error, y también consigue que la supervivencia económica en el mundo exterior parezca mucho más difícil en caso de que la persona piense alguna vez en abandonar la secta.

El impedirle dormir, la falta de intimidad y los cambios dietéticos se prolongan durante varios meses, y a veces más. Al nuevo miembro se le traslada a algún lugar lejos de su vecindario y de sus fuentes de influencia, incluso en una nueva ciudad donde no ha estado jamás y donde no conoce a nadie. Esto fortalece aún más la dependencia total respecto a las figuras autoritarias de la secta.

Es típico que al nuevo miembro se le asignen tareas de proselitismo tan pronto como sea posible. Las investigaciones realizadas en psicología social demuestran que nada afirma tan rápidamente las nuevas creencias como intentar convencer a otros para que las acepten. Buscar nuevos adeptos cristaliza la identidad construida por la secta en un plazo muy breve.

Algunos grupos se autofinancian mediante la utilización de métodos para recaudar fondos que son arduos y humillantes, como por ejemplo pedir limosna en las calles durante las veinticuatro horas del día. Esta labor se convierte en una forma de glorioso martirio que ayuda a congelar el compromiso con el grupo. ¡Correr de un lado para otro en el aparcamiento de un supermercado vendiendo flores a un precio exorbitante bajo una lluvia torrencial es una eficaz técnica para conseguir que uno crea en lo que está haciendo!

Después de unas cuantas semanas de proselitismo y recolección de fondos en el mundo exterior, el miembro es, por lo general, reenviado a nuevas sesiones de adoctrinamiento. Este ciclo puede repetirse docenas de veces en el transcurso de los años.

Cuando el novicio ya ha pasado el tiempo suficiente con los miembros «antiguos», llega por fin el día en que se puede confiar en él para que entrene a otros recién llegados. De esta manera, la víctima se convierte en victimario, con lo que se perpetúa el sistema destructivo.

Doble identidad: la clave para comprender a los miembros de las sectas

Si tienen libertad para escoger, es de suponer que, las personas elegirán siempre lo que creen mejor para ellas. Sin embargo, los criterios éticos para determinar qué es «mejor» deberían ser propios, y no de algún otro. En un entorno de control mental, la libertad de elección es lo primero que se pierde. La razón para esta pérdida es muy simple: el miembro de la secta ya no actúa por sí mismo. Tiene una nueva estructura de identidad creada de forma artificial por la secta, que incluye nuevas creencias y un nuevo lenguaje. La doctrina de los líderes de la secta se convierte en el único «mapa» de la realidad con que cuenta el nuevo miembro.

El adepto de una secta de control mental está en guerra consigo mismo. En consecuencia, cuando se trata con un miembro, es de suma importancia tener siempre presente que posee dos identidades.

Al principio, identificar estas identidades duales resulta a menudo confuso para los familiares de los adeptos, sobre todo en las primeras semanas o meses después del ingreso, cuando la nueva identidad es la dominante. En un momento dado, el individuo está hablando en la jerga de la secta con un aire hostil o elitista, de sabelotodo. Entonces, sin previo aviso, parece volver a su viejo yo, con sus viejas actitudes y modos de ser. Hasta que, de repente, de nuevo se convierte en un extraño. Este comportamiento resulta muy familiar para cualquiera que trabaje con miembros de sectas, como es mi caso.

Por motivos prácticos, llamo a estas dos identidades «Juan Juan» (cuando Juan, por decir un nombre, es casi «él mismo») y «Juan Secta» (cuando Juan se comporta como un «clon» de la secta). Por lo general, sólo uno de los dos yos ocupa la conciencia cada vez. La personalidad que la ocupa más tiempo es la identidad de la secta. La vieja identidad únicamente se presenta de manera intermitente.

Es esencial que los familiares del adepto se acostumbren a las diferencias entre estos dos patrones de identidad, tanto en cuanto al contenido (de lo que habla el individuo) como a las modalidades de comunicación (la manera de hablar y actuar). Los dos son muy diferentes.

Cuando Juan Secta habla, su discurso es el de un «autómata» o como la grabación de una conferencia de la secta (lo que yo llamo una «cinta sin fin»). Hablará con una identidad y volumen inapropiados. Adoptará la típica postura rígida, con los músculos faciales tensos. A los familiares les llamará la atención el aspecto de sus ojos, vidriosos o fríos, y su mirada, que a menudo parece observar algo situado detrás de los interlocutores.

En el otro extremo, cuando Juan Juan habla lo hace de forma emocional. Será más expresivo y estará más dispuesto a compartir sus sentimientos. Será más espontáneo, y hasta puede mostrar un cierto sentido del humor. Su actitud será más relajada y amistosa, y el contacto visual no parecerá forzado.

Esta cruda descripción de una personalidad dividida puede parecer demasiado simplista, pero es asombrosamente ajustada. Empezar a hablar con alguien y sentir que, cuando estás a mitad de una frase, una personalidad diferente se apropia de su cuerpo, resulta una experiencia estremecedora. Advertir el cambio, y actuar de forma apropiada, es la llave para alcanzar la personalidad real del sujeto y liberarlo de las cadenas de la secta, como describiré en los próximos capítulos.

Pese a los reiterados intentos del adoctrinamiento de la secta para destruir y suprimir la vieja identidad y reemplazarla por la nueva, casi nunca se consigue un éxito total. Las buenas experiencias y los recuerdos positivos rara vez desaparecen del todo, aunque, desde luego, la identidad de la secta intentará enterrar los viejos puntos de referencia y sumergir el pasado del individuo. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, la vieja identidad se rebela y busca caminos para recuperar su libertad. Este proceso se acelera mediante los contactos positivos con personas que no son adeptos, y mediante la acumulación de las malas experiencias vividas en el grupo.

Es la identidad «real», enterrada muy hondo, la que ve y registra las contradicciones, las preguntas y las desilusiones. Siempre me sorprende, aunque pasé por la misma experiencia durante mi desprogramación, que durante las largas sesiones de una intervención, mis clientes sean capaces de verbalizar incidentes negativos muy específicos que ocurrieron en su etapa de miembros de una secta. Las personas son capaces de recordar cosas horribles, como ser violadas por el líder de la secta, o verse forzadas a mentir, estafar o robar. A pesar de que en ese momento sabían que estaban haciendo algo mal, o que se abusaba de ellos, no podían enfrentarse al hecho o actuar en su contra porque la identidad de la secta tenía el control. Era sólo cuando su identidad «real» recibía permiso y se la alentaba a hablar que estas cosas llegaban a la conciencia. Por cierto que una parte esencial del asesoramiento en abandonos consiste en que la persona saque a la luz sus propias experiencias, de forma tal que pueda procesarías.

En mi trabajo de asesor, he visto una y otra vez que la personalidad «real» tiene las claves de lo que hay que hacer para invertir el proceso de control mental. Está claro que la personalidad «real» es la responsable de la aparición de las frecuentes enfermedades psicosomáticas que sufren los miembros de las sectas. He conocido gente que había desarrollado graves problemas epidérmicos, con lo cual se evitaban los agotadores horarios de trabajo y tenían tiempo para dormir. Otros desarrollaban asma o profundas reacciones alérgicas para poder buscar atención médica y ayuda en el exterior. La personalidad «real» se expresa también de otras maneras. Puede ejercer presión sobre la personalidad de la secta para ir a visitar a su familia, poniendo como excusa la necesidad de recoger ropas o dinero, o la de hacer nuevos reclutas. También puede mostrar indicios de que la persona desea ser rescatada cuando habla con familiares o amigos. Diversas familias se han puesto en contacto conmigo después de que su hijo o hija les dijera que no buscaran a un consejero profesional para que les sacara de la secta. Antes de que el adepto formulara tal advertencia, las familias ni siquiera tenían idea de que existía alguien a quien podían pedirle ayuda.

La personalidad «real» también es la responsable de generar sueños temáticos. He conocido a centenares de ex miembros que me han contado que tenían continuas pesadillas durante su permanencia en la secta. Eran los típicos sueños donde aparecían los temas de estar perdido, herido o atrapado. Me han explicado que en sus sueños estaban perdidos en un bosque oscuro, se ahogaban o estaban prisioneros en un campo de concentración.

Algunas personas me han dicho que tuvieron una «revelación» que les indicaba que debían abandonar el grupo. Comentaban que, en aquella época, ellos (con la identidad de la secta) no querían abandonar el grupo, pero que su experiencia «espiritual» era tan poderosa que siguieron las instrucciones y buscaron ayuda. Yo creo que Dios trabaja a través de las personas, y que es capaz de indicarles que abandonen las sectas destructivas.

Mi creencia de que Dios actúa a través de otras personas se basa, en parte, en una de mis propias experiencias. Cuatro años después de que abandonara la secta, por accidente escuché a mi madre que hablaba con otra persona. Ella explicaba: «No se lo cuentes a Steve, pero recé durante un año para que Dios le rompiera una pierna. Yo decía: Querido Dios, no le hagas mucho daño. Sólo el necesario para que podamos encontrarlo y rescatarlo». Me quedé anonadado y le pregunté a mi madre por qué no me lo había contado después de tantos años. Ella me respondió: «No está bien rezar para pedir que alguien se haga daño. No quería que te enfadaras conmigo». Claro que no me enfadé. En cambio, acudió a mi memoria lo que me había dicho uno de los enfermeros cuando me sacaban del interior de la furgoneta: «¡No estás muerto de puro milagro!».

Como hombre de fe, creo que Dios escuchó las oraciones de mi madre. Me rompí la pierna. Creo que en algún nivel inconsciente, mi yo «real» fue influido desde lo alto para que me quedara dormido y me despertara en el momento exacto. Desde luego, no puedo probarlo, pero he oído hablar de otras personas que han sufrido «accidentes» que les condujeron a la libertad.

No importa el tiempo que una persona haya pasado en una secta destructiva, siempre hay esperanzas de poder ayudarla. No hace mucho hablé con una abuela de 85 años de edad que abandonó una secta destructiva de Nueva jersey después de estar quince años en ella. Le brotaban las lágrimas mientras describía lo maravilloso que era volver a ser libre. Yo también lloraba. Sabía exactamente lo que ella quería decir.

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CAPÍTULO 5

Psicología de la secta

Desde que abandoné la secta Moon, he aconsejado o hablado con más de un millar de ex miembros de sectas de todo tipo. Eran personas de la más variada extracción social, y sus edades iban desde los 22 hasta los 85 años. A pesar de que resultaba evidente que algunos de ellos tenían graves problemas emocionales antes de convertirse en adeptos, la gran mayoría eran sujetos estables, inteligentes e idealistas, con una buena educación y procedentes de familias respetables.

Este hecho no me sorprendía demasiado, porque cuando yo era un líder en los Moonies, hacíamos un reclutamiento selectivo de gente «valiosa», es decir aquellos que eran fuertes, inquietos y estaban motivados. En cambio, el individuo con problemas emocionales siempre tenía dificultades para ajustarse a la rígida agenda diaria y á las enormes presiones psicológicas a que le sometíamos. Cuesta mucho tiempo, energía y dinero reclutar y adoctrinar a los miembros, así que procurábamos no desperdiciar nuestros recursos en alguien que, a lo mejor, en menos de un año ya no podía soportar el esfuerzo.

Como cualquier otra empresa, todas’ las grandes sectas vigilan la relación coste/beneficio. Tienen miedo de que, si no lo hacen, sus organizaciones desaparezcan al cabo de unos años. Las sectas que cuentan con más de una década de existencia disponen de personal competente que se ocupa de los asuntos prácticos que cualquier organización con objetivos a largo plazo debe controlar.

Los grupos grandes se pueden permitir la contratación de personas extrañas para que realicen las tareas ejecutivas y profesionales, pero no se confía tanto en un profesional contratado como en alguien que está comprometido emocionalmente con la secta. Además, al adepto no le pagan por sus servicios. Las sectas intentan reclutar a profesionales para que administren sus asuntos y den una fachada respetable a la organización, así como también para asegurarse el éxito.

Los foráneos que tratan con los líderes de las sectas destructivas nunca dejan de asombrarse ante el hecho de que éstos no son unos locos de atar. Una secta, por lo general, busca a las personas más educadas, activas y capaces que puede encontrar. He escuchado comentarios como éstos: «No sabía que había tanta gente brillante en este tipo de grupos», o «Aquel líder es de verdad una persona muy agradable, bondadosa y muy inteligente. ¿Por qué se habrá unido a un grupo como éste?»

A veces me preguntan si existe lo que se puede considerar la típica «familia con problemas» de la cual provengan la mayor parte de los adeptos La respuesta a dicha pregunta es negativa. Cualquiera, no importan sus antecedentes familiares, puede ser reclutado por una secta. La variable importante no está en la familia de los posibles miembros sino en el nivel de capacidad del reclutador.

La participación en las sectas destructivas proporciona a algunos individuos una salida para diversos aspectos de si mismos que no encuentran en su vida familiar o en sus otras actividades sociales. Muchos hombres y mujeres sienten una auténtica necesidad de trabajar en equipo con otras personas en pro de las más variadas causas sociales o religiosas. Sin embargo, son relativamente pocas las comunidades que ofrezcan actividades organizadas de este tipo a las personas idealistas. La vida en una secta les brinda esta oportunidad, junto con los aparentes beneficios del «compañerismo» que se vive al participar en una intensa experiencia de grupo. Yo apoyo la búsqueda del individuo que quiere encontrar formas más significativas para desarrollar sus relaciones con otras personas, pero he aprendido que quienes se embarcan en esta búsqueda son a menudo más vulnerables que otros al reclutamiento por parte de las sectas destructivas

También me he dado cuenta de que muchos jóvenes idealistas reclutados por las sectas están en plena lucha por afirmar su personalidad, y que algunos atraviesan un período de rebelión. Para esta gente la pertenencia a una secta puede ser una forma de sustituir a su familia por los líderes del grupo mientras se alejan del hogar. A veces me he encontrado con problemas mas graves, como el alcoholismo o la drogadicción en el seno familiar, lo que hace que la persona sienta intensos deseos de alejarse de la familia disfuncional tan pronto como sea posible. Sin embargo, no parece ser éste el tipo de familia patrón de la que provienen los novicios. La mayoría de las familias son relativamente normales.

¿Qué hace que una persona sea vulnerable a las sectas? ¿Cómo es posible que una persona amable, inteligente y cariñosa se convierta en miembro de una secta destructiva? Si es como la mayor parte de los miembros, probablemente le habrán abordado durante un momento de mucho estrés, o tal vez cuando ocurría un cambio importante en su vida.

El estrés es algo habitual en el mundo moderno. Mucha gente experimenta una intensa presión en el trabajo o en la escuela, o tensiones originadas por problemas familiares, relaciones sociales, trastornos de salud, nuevos trabajos, cambio de casa, falta de recursos económicos o combinaciones de varias de estas causas al mismo tiempo. Por lo general, nuestros mecanismos de defensa nos ayudan a salir del paso, pero todos pasamos por momentos en que somos vulnerables.

A pesar de que en momentos de debilidad podemos sucumbir al control mental, esto no significa que sea permanente. Cuando los reclutas abandonan el entorno del grupo durante el tiempo suficiente para poder descubrir libros, artículos o testimonios de ex miembros, casi siempre se desvinculan de la secta. El problema se presenta en caso de que las personas dependan del grupo para toda la información clave. Al no tener a mano nada mejor, le otorgan a los miembros y a los líderes de la secta los beneficios de la duda. Pueden creer que cualquier problema que surja no es más que el resultado de la idiosincrasia particular de un miembro, y no del sistema en sí.

Un ex miembro al que atendí me dijo que cada vez que pillaba a su reclutador Moonie en una mentira, no le prestaba atención porque pensaba que mentir era un problema personal suyo Estos errores de juicio son comunes entre las personas que desconocen la naturaleza de las sectas.

Este capítulo tiene la intención de ayudarle a «ponerse en la piel» del miembro de una seca, a comprender su psicología y algo de cómo es su vida dentro del grupo. En la primera mitad del capítulo se identifican algunos de los temas básicos de la vida en las sectas destructivas, el común denominador que todas comparten en lo que dicen y hacen. La segunda parte se centra en cómo es la vida personal en una secta destructiva, mediante el análisis de los perfiles de diversas personas que han pertenecido a una secta. Yo he conocido a algunas de ellas durante mucho tiempo. Con la excepción de Elizabeth Rose, han abandonado las sectas a las que pertenecían y me han dado permiso para utilizar sus nombres verdaderos y verificar que sus historias fuesen ciertas. No importa lo extraño que puedan parecer estos relatos, son absolutamente verídicos.

La experiencia en la secta

¿Cómo es la experiencia de vivir en una secta destructiva que utiliza el control mental? ¿Qué se siente? ¿Qué se piensa?

Dado que existen tantos tipos diferentes de sectas que practican el control mental, sería imposible describir las creencias y prácticas de cada una. La mejor manera para obtener datos de un grupo concreto es localizar a un ex miembro, o al menos buscar un relato escrito por un ex miembro. Un pariente preocupado puede aprender la jerga especial de un grupo en particular y sus palabras en clave. Los ex miembros son una gran fuente de información, porque nadie mejor que ellos conoce la experiencia de vivir en una secta.

A pesar de que las sectas destructivas pueden presentar diferencias individuales, hay ciertos tenias de la pertenencia a una secta que son más o menos universales. Y al decir «temas» me refiero a los aspectos de la enseñanza en el grupo, a su vida social, y a las creencias que se convierten en factores poderosos en -y de hecho determinan- la vida diaria del adepto. Desde luego, el grado en que estos temas influyen en las personas depende de la fortaleza del vínculo (¿vive con el grupo o tiene su propia casa?), de cuánto tiempo hace que es miembro y de cuál es el nivel jerárquico que ha conseguido. Para la mayoría de los adeptos, los siguientes temas estarán muy próximos a sus propias experiencias.

La doctrina es la realidad

No hay lugar en un entorno de control mental para considerar las creencias del grupo como simple teoría, o como un medio para interpretar o buscar la realidad La doctrina es la realidad. Algunas sectas llegan tan lejos que enseñan que todo el mundo material es una ilusión, y en consecuencia todos los pensamientos, deseos y acciones (excepto los prescritos por la secta) no tienen existencia real.

Las doctrinas sectarias más eficaces son, en palabras de Eric Hoifer, «aquellas que son inverificables y no evaluables».1 Pueden ser tan intrincadas que se necesitaría años de esfuerzos para ponerlas en claro. (Pero, desde luego, no hay tiempo disponible, porque para entonces los novicios ya han dejado de estudiar la doctrina y han sido destinados a fines más prácticos, como salir a recaudar fondos y reclutar adeptos.) La doctrina debe ser aceptada, no comprendida. Así pues, la doctrina debe ser vaga y global, a la vez que lo bastante simétrica como para que parezca congruente. Su poder proviene de afirmar que hay una sola y única verdad que lo abarca todo.

Dado que el control mental se basa en la creación de una nueva identidad en el individuo, la, doctrina sectaria requiere siempre que la persona desconfíe de sí misma. La doctrina se convierte en el «programa maestro» de todos lo pensamientos, sentimientos y acciones. Y puesto que es la VERDAD, perfecta y absoluta, cualquier fallo que se detecte se atribuye a un reflejo de las propias imperfecciones del creyente. Se le enseña que debe seguir las fórmulas prescritas aunque en realidad no las comprenda. Al mismo tiempo, se le dice que debe intentar esforzarse más en su trabajo y tener más fe para poder llegar a comprender la verdad con mayor claridad.

La realidad es blanca o negra, el Bien contra el Mal

Incluso las doctrinas sectarias más complejas, en última instancia, reducen la realidad a dos polos básicos: blanco o negro; bueno o malo; mundo espiritual o mundo físico; nosotros o ellos.

Jamás hay lugar para el pluralismo. La doctrina no permite que ningún grupo exterior sea reconocido como válido (bueno, creyente, etc.) porque significaría una amenaza al monopolio que la secta ejerce sobre la verdad. Tampoco hay lugar para la interpretación o la desviación. Si la doctrina no le ofrece una respuesta directa, el adepto debe formular la pregunta a un líder. Si éste no tiene una respuesta, siempre puede eludir la pregunta calificándola de poco importante o improcedente.

Los demonios domésticos varían de un grupo a otro. Pueden ser instituciones políticas o económicas (comunismo, socialismo o capitalismo), los profesionales de la salud mental (psiquiatras, desprogramadores) o entidades metafísicas como Satanás, los espíritus, seres extraterrestres, e incluso las crueles leyes de la naturaleza. Se da por cierto que los demonios se han apoderado de los cuerpos de padres, amigos, ex miembros, periodistas, y de todo aquel que critique a la secta. Las «grandes conspiraciones» que trabajan para acabar con el grupo son, desde luego, la prueba de su gran importancia.

Algunas sectas practican la paranoia psíquica, pues asegura a sus adeptos que los espíritus les observan continuamente, y que pueden llegar incluso a apoderarse de ellos cada vez que sienten o piensan en desacuerdo con las normas de la secta. Un líder de los Moon llevó a centenares de miembros a presenciar la proyección de El Exorcista, que muestra horribles escenas de posesión demoníaca. Después les dijo que correrían la misma suerte si alguna vez pensaban en abandonar el grupo. Esta película fue un magnífico medio para la inducción de fobias.

Mentalidad elitista

A los miembros se les hace sentir que forman parte de un cuerpo de élíte de la humanidad. Este sentimiento de ser especial, de participar en los actos más importantes de la historia humana como parte de una vanguardia de creyentes comprometidos, es él fuerte vínculo emocional que mantiene a la gente haciendo sacrificios y trabajando al máximo.

Como comunidad, sienten que han sido escogidos (por Dios, la historia o cualquier otra fuerza sobrenatural) para sacar a la humanidad de las tinieblas y conducirla a la nueva era de los iluminados, Los adeptos tienen un gran sentido no sólo de su misión sino también de su lugar especial en la historia, y están convencidos de conseguir el reconocimiento de las generaciones futuras por su grandeza En los Moonies nos decían que se erigirían monumentos y se darían nuestros nombres a lugares históricos para conmemorar nuestra memoria y nuestro sacrificio.

Resulta irónico que los miembros de una secta miren por encima del hombro a los adeptos de los otros grupos. Son muy rápidos en percatarse de que: «Aquéllos están en una secta», o «A ellos sí que les han lavado el cerebro». Son incapaces de desmarcarse de su propio entorno y contemplarse a sí mismos de forma objetiva.

Estos sentimientos de elitismo y predestinación, sin embargo, conllevan una pesada responsabilidad, pues les dicen que si no cumplen a conciencia con sus obligaciones, le están fallando a la humanidad.

El miembro de base se muestra humilde ante sus superiores y los reclutas en potencia, pero arrogante frente a los extraños. A casi todos los miembros les han dicho en el momento de su adhesión que llegará un día en que se convertirán en líderes. Sin embargo, los ascensos se conseguirán tan sólo con un rendimiento notable ó mediante el compromiso político. ‘Pero al final, por supuesto, la élite que ostenta el poder real sigue siendo reducida. La mayor parte de los adeptos no llegan nunca a ser líderes, sino que permanecen entre los miembros de base.

Pese a ello, se consideran a sí mismo mejores, con más conocimientos y más poderosos que cualquier otro ser en el mundo. Como resultado, a menudo los miembros se sienten más responsables de lo que han sido en toda su vida. Caminan como si tuvieran que soportar sobre sus hombros el peso del mundo. Los adeptos no entienden lo que quieren decir los foráneos cuando afirman que no hay que intentar escapar de la realidad y de la responsabilidad afiliándose a una secta.

La voluntad del grupo sobre la voluntad individual

En todas las sectas destructivas, el individuo deberá someterse al grupo. La «intención total» debe ser el foco; la «intención personal» debe quedar subordinada. En cualquier grupo definido como secta destructiva, pensar en sí mismo o para sí mismo está mal. El grupo es lo primero. La obediencia absoluta a los superiores es uno de los puntos en que coinciden la práctica totalidad de las sectas. El individualismo es el mal. La conformidad, el bien.

Todo el sentido de la realidad de un adepto se basa en referencias externas: aprende a ignorar su ser interior y confía en la figura autoritaria exterior. Aprende a mirar a los demás en busca de guía y significados. He observado que los miembros de base, sin excepción, tienen dificultades para tomar decisiones, tal vez por el excesivo énfasis puesto en las referencias externas. En este estado de extrema dependencia, los adeptos necesitan que alguien les diga qué deben pensar, sentir y hacer.

Los líderes de las diferentes sectas utilizan tácticas muy similares para fortalecer la dependencia. Con mucha frecuencia, envían a los miembros a nuevos lugares que éstos desconocen, les cambian los trabajos, los ascienden y degradan a su capricho, con el único fin de mantenerles desequilibrados. Otra técnica consiste en asignarles metas imposibles del alcanzar. Les aseguran que si son «puros» tendrán éxito, y les obligan a confesar que son «impuros» cuando fracasan.

La obediencia estricta: imitación del líder

Al nuevo miembro se le induce muy a menudo a que abandone sus antiguos patrones de comportamiento y se convierta en un «dedicado», mediante el aparejamiento con otro miembro más antiguo de la secta que será el modelo que deberá imitar. Se urge al recién llegado a que sea esa otra persona. También se incita a los líderes de nivel medio a que copien a sus superiores, siendo el mismísimo líder supremo el modelo final que todos deberán imitar.

Una razón para que hasta al más ingenuo de los observadores le resulten algo raros los miembros de una secta es que todos tienen los mismo modales, usan prendas muy similares y hablan de la misma manera. Lo que el observador está viendo es la personalidad del líder transmitida a través de varias etapas de modelado.

La felicidad a través del buen rendimiento

Una de las más atractivas cualidades de la vida en las sectas es el sentido de comunidad que inspira. Al principio el amor parece ser incondicional e ilimitado, y los nuevos miembros se ven arrastrados a una luna de miel llena de alabanzas y atenciones. Pero al cabo de unos meses, conforme el adepto se involucra más en la secta, las alabanzas y las atenciones se vuelcan hacia los nuevos reclutas. El miembro de la secta aprende que el amor no es incondicional, sino que depende de su buen rendimiento.

Los comportamientos son controlados a través de las recompensas y castigos. Se utiliza la competencia para estimular y avergonzar a los miembros a fin de que sean más productivos. Si las cosas no van bien -se consiguen pocos reclutas, ataques de la prensa, deserciones- es una falta personal del miembro, y su ración de «felicidad» le será retenida hasta que el problema sea solucionado. En algunas sectas piden a los individuos que confiesen sus pecados para tener garantizada la «felicidad» y, en caso de que no recuerden ninguno, que se los inventen. Al final llegan a creer que de verdad han cometido los pecados inexistentes

Las buenas amistades representan un riesgo, y son desalentadas con disimulo por los líderes. El compromiso emocional del miembro de una secta debe ser vertical (hacia el líder), no horizontal (hacia sus iguales). Los amigos son peligrosos, en parte porque si un miembro abandona la secta podría llevarse a otros con él. Cuando alguien deja el grupo, por supuesto el «amor» que se le dirigía se convierte en irritación, odio y burla.

Las relaciones dentro de estos grupos son por lo general superficiales, porque se desaconseja activamente compartir sentimientos íntimos, sobre todo los negativos. Esta característica de la vida en una secta, prevalece incluso cuando el adepto siente que está unido a sus camaradas como nunca lo ha estado con cualquier otra persona. Cuando pasan vicisitudes (al recaudar fondos en el crudo invierno o bajo el tórrido sol del verano) o son perseguidos (la policía los arresta por infracciones de la ley o son molestados por personas extrañas), tienen una excepcional sensación de profunda camaradería y de compartir el martirio. Pero ya que la única fidelidad real es hacia el líder, una observación más profunda demuestra que tales lazos en el fondo son débiles, y a veces producto de la fantasía.

La manipulación mediante el miedo y la culpa

El miembro de una secta llega a vivir dentro de un ámbito delimitado por el miedo, la culpa y la vergüenza. Los problemas son siempre una falta del adepto, y se deben a la debilidad de su fe, a su falta de comprensión, a «padres malos», a espíritus perversos, o lo que sea. Se siente constantemente culpable por no dar la talla. Llega a creer que «el demonio» le persigue.

En todas las sectas destructivas que he conocido, el miedo es el principal motivador. Cada grupo tiene su propio diablo particular agazapado a la vuelta de la esquina que espera a los miembros para tentarlos y seducirlos, para matarlos o volverlos locos. Cuanto más vivo y tangible es el demonio que la secta puede conjurar, más intensa es la cohesión que alimenta.

Altibajos emocionales

La vida en la secta es como un viaje en una montaña rusa. El adepto oscila entre la felicidad extrema de experimentar la «verdad» junto a una élíte privilegiada, y el aplastante peso de la culpa, el miedo y la vergüenza. Los problemas son siempre debidos a su incapacidad, no a la del grupo. Es el eterno culpable por no alcanzar las metas. Si plantea objeciones, se le aplicará el «tratamiento de silencio» o se le trasladará a otra parte del grupo.

Estos extremos imponen una pesada carga en la capacidad de la persona para funcionar. Cuando los miembros están «arriba», pueden convertir su celo en una gran productividad y capacidad de persuasión. Pero cuando caen, se transforman en unos completos inútiles.

La mayoría de las sectas no permiten que los «bajones» duren demasiado tiempo. Un procedimiento habitual consiste en someterlo nuevamente al adoctrinamiento para que vuelva a funcionar. No es raro que alguien reciba un adoctrinamiento formal varias veces al año. Algunos de los miembros más antiguos se queman sin llegar a renunciar. Estos individuos ya no pueden soportar por más tiempo la carga ó la presión para que rindan, y comienzan a señalar las incongruencias en la política del grupo. Se les puede enviar a que realicen tareas manuales en lugares alejados donde no molesten, y se espera que permanezcan allí durante el resto de su vida; ó si se convierten en una carga, se les pide (o se les ordena) que se marchen. A uno de mis clientes le habían enviado dé vuelta con su familia, después de diez años en la secta, porque había comenzado a solicitar que le trataran mejor y que le dejaran dormir un poco más.

Cambios en la orientación temporal

Una interesante dinámica de las sectas es que tienden a cambiar la relación de la persona con su pasado, su presente y su futuro. Como ya he mencionado antes, el pasado del miembro es reescrito. Tiende a observar su vida pasada con una memoria distorsionada que lo pinta todo de color oscuro. Aun los recuerdos más positivos son desviados hacia lo malo.

El sentido que del presente tiene el adepto también es manipulado. Experimenta una gran sensación de urgencia por realizar las tareas que le han asignado. Recuerdo muy bien la sensación constante de que había una bomba de relojería bajo mis pies y que el mundo podía convertirse en un infierno o en un paraíso según mi capacidad para realizar el proyecto en curso.

Muchas sectas enseñan que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina. Algunas dicen que ellas evitan su llegada; otras simplemente creen que sobrevivirán. Cuando estás siempre demasiado ocupado con proyectos tan críticos -durante días, semanas, y meses- todo se hace borroso.

Para el miembro de una secta, el futuro es el tiempo en que será recompensado porque ya se habrá producido el gran cambio (o puede ser también donde reciba su castigo). En casi todos los grupos, el líder proclama que tiene el control del futuro, o al menos es el único que lo conoce. Sabe cómo pintar visiones del paraíso celestial o del infierno para dirigir a los adeptos hacia un camino u otro. Muchos grupos tienen incluso calendarios para el fin del mundo, que por lo general debe producirse entre los dos y cinco años próximos: lo bastante lejano para que no se demuestre lo contrario demasiado pronto, y lo bastante cercano como para que provoque un impacto emocional. Estas predicciones tienen la virtud de desaparecer de escena a medida que se aproxima la gran fecha. Otros grupos, en cambio, mantienen la fecha hasta que llega el día anunciado y no sucede nada.

Por lo general, el líder se limita a fijar una nueva fecha que aplaza el gran momento unos cuantos años. Después de hacerlo unas cuantas veces, puede ocurrir que algunos de los miembros más antiguos se vuelvan cínicos respecto al tema. Para aquel entonces, desde luego, ya hay miembros nuevos que no saben que el líder ha modificado las fechas varias veces. Cuando yo estaba en los Moonies, nadie conocía las fracasadas profecías de Moon acerca de que este viejo mundo se acabaría con la toma del Poder por la secta en 1960, y después en 1967. Moon predijo que la tercera guerra mundial estallaría en 1977. Cuando no fue así, todas las miradas convergieron en 1981. Las personas reclutadas alrededor de 1977 me han dicho que recordaban con toda claridad la mágica excitación que despertaban las palabras «¡1981!» cuando las oían susurradas en boca de los conferenciantes. Cuando en 1981 el único hecho importante para la Iglesia de la Unificación fue la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca (Moon estuvo presente en la toma de posesión), los rumores ya señalaban nuevas fechas que posponían el acontecimiento.

No hay salida

En las sectas destructivas, jamás existe una razón legítima para marcharse. A diferencia de las organizaciones no sectarias que reconocen el derecho inherente a la persona de abandonarlas, los grupos que practican el control mental dejan bien claro que no existe un modo legítimo para dejarla. Se dice a los adeptos que las causas que llevan al abandono son la debilidad, la locura, las tentaciones, el lavado de cerebro (hecho por los desprogramadores), el orgullo, el pecado, etc.

A los miembros se les adoctrina concienzudamente para que crean que si alguna vez se marchan, las consecuencias serán terribles para ellos, sus familias y la humanidad., A pesar de que los miembros a menudo dicen: «Dame un motivo que sea mejor que el mío y me marcharé», no se les permite contar con el tiempo ni los medios intelectuales para probar tal afirmación a sí mismos. Están encerrados en una prisión psicológica.

Las personas que han estado allí

Las personas que se unen a las sectas destructivas viven algunas experiencias tan terriblemente dolorosas que se niegan a recordarlas. Incluso después de haber recibido tratamiento, algunos antiguos miembros no desean comunicar sus experiencias de una manera pública. Otros, en cambio, están convencidos de que la sociedad en general tendría que comprender los sufrimientos que padecieron mientras estaban sometidos a control mental, y no tienen miedo de dar sus nombres. Aunque yo comprendo muy bien la reticencia de quienes desean mantener el anonimato, también admiro el coraje de aquellos que dan un paso al frente y exponen sus historias. Estas personas son más fuertes desde el momento que son capaces de compartir sus vivencias personales, y también nos ofrecen una valiosa fuente de información sobre la experiencia de ser reclutado, vivir en una secta destructiva y abandonarla.

Carol Giambalvo y el «est»

En la pasada década, un elevado número de personas ha conocido las enérgicas tácticas reclutadoras de programas de entrenamiento en concienciación a gran escala tales como el est, rebautizado en la actualidad como Forum. Werner Erhard estima que más de 750.000 personas han tomado parte en el entrenamiento est/Forum, y que más de cinco millones han sido enroladas en el Hunger Project (Proyecto Hambre). Sin embargo, la mayoría de las personas que pagan cientos de dólares para asistir a los programas de Erhard no participan en los numerosos seminarios para «graduados», promovidos con gran entusiasmo. No obstante, hay quien entra a formar parte del personal o se hace voluntario gratuito. De acuerdo con las experiencias de algunos ex miembros a los que he atendido, el programa est más intenso incluye algunos de los rasgos que he definido antes como característicos de una secta destructiva.

Si bien muchos graduados est hablan de los resultados positivos conseguidos en el entrenamiento, otros advierten de sus peligros, entre ellos las perturbaciones psiquiátricas.5 Robert Tucket, director ejecutivo del Toronto Council on Mind Abuse (Consejo sobre Abuso Mental, de Toronto) dice que el Consejo ha recibido y recibe todavía más quejas sobre el est que sobre cualquier simple grupo. «Estas quejas», ha dicho Tucker, «están en consonancia con nuestros informes sobre los efectos de las sectas. En mi opinión, Wener Erhard está explotando el deseo de la gente de tener un alto grado de concienciación y está comercializando una especie de “iluminación instantánea”. Pienso que al crear una primera experiencia de amplia concienciación, consigue el control sobre las personas que creen que él y sus seminarios son la fuente de la experiencia. Y pienso que esto manipula y distorsiona profundamente el significado de iluminación.»

Carol, una activa mujer de poco más de 40 años, conoció a Noel cuando éste todavía se estaba recuperando de su divorcio después de veinticinco años de casado. Se enamoraron y se casaron. Noel, consejero de escuelas primarias ya retirado, había participado en el entrenamiento est y se lo recomendó a Carol. juntos, se convirtieron en «adictos a los talleres de trabajo» y asistieron a seminario tras seminario.

Durante la época en que ambos estaban en el est, la hija que Noel había tenido en su primer matrimonio se incorporó a los hare Krishnas. Al principio, los Giambalvo se mostraron muy comprensivos y apoyaron la decisión de su hija. Pero luego comenzaron a notar sus drásticos cambios de personalidad y decidieron investigar las sectas y el control mental. Intentaron que recibiera asesoramiento profesional para abandonar el grupo, pero el intento no resultó y volvió a él. Pasado un tiempo, la muchacha sufrió una crisis nerviosa y fue expulsada de los Krishnas, Sin embargo, debido a lo que habían aprendido, los Giambalvo se interesaron por el problema de las sectas y comenzaron a dar conferencias sobre el tema. «Es increible pensar», opina ahora Carol, «que estuviéramos advirtiendo al público acerca de los peligros de otros grupos y sin embargo no nos diéramos cuenta de cuán atrapados estábamos en el est.»

Los Giambalvo, como muchos otros, se equivocaron al pensar que los individuos deben vivir juntos en una comunidad cerrada para ser afectados negativamente por su integración en una secta. A pesar de que su participación en las actividades est era considerable, vivían en una cómoda casa en Long Island. Sólo cuando comenzaron a analizar las técnicas y procedimientos específicos empleados en los seminarios est y en las reuniones del Hunger Project, reconocieron los elementos de engaño y de control mental practicados por la organización. Se dieron de baja e iniciaron el difícil proceso de analizar sus experiencias.

Durante una charla que pronunció en una reunión en la sección noreste de la CuIt Awareness Network (Red de Alerta ante las Sectas), Carol describió el momento de su «derrumbe» durante el período de adoctrinamiento.8 Le dijo a la audiencia: «Recuerdo que formulé una pregunta al director del seminario, y su respuesta fue algo parecido a “¡Cómo lo puede saber! ¡Usted está sentada en el banquillo de las víctimas!”. Cuando me preguntó por qué estaba sentada allí, le expliqué que era porque sufría de diabetes. En cuestión de segundos, me acusó de crear mi propia diabetes cuando era niña con el propósito de atraer la atención de mi madre; me avergonzó delante de 250 personas Más o menos vino a decir que si yo deseaba “borrar” mí enfermedad, podía hacerlo porque yo tenía el poder para crear mi realidad. Fue una buena cosa que no dejara de tomar la insulina. Me podría haber muerto».

Sin embargo, Carol permaneció en el seminario y asistió a muchos más. Al final, ella y su marido se convirtieron en dos de los primeros 70 líderes instructores del Hunger Project, fundado por Werner Erhard. Estuvieron en activo durante más de cinco años, alentando a la gente para que participara en el est y enrolando voluntarios para el proyecto. En el momento cumbre de su actividad, Carol y NoeI pasaban entre sesenta y setenta horas a la semana ocupados en su trabajo como voluntarios gratuitos para el Hunger Project, tiempo que ahora lamentan no haber destinado a trabajar para una organización dedicada a repartir alimentos entre la gente necesitada, en lugar de recaudar millones de dólares empleados en promover la idea de Erhard de que si la mayor parte de la humanidad «borraba el hambre», ésta desaparecería.

Carol es en la actualidad coordinadora nacional de FOCUS, una organización de apoyo e información para ex miembros de sectas. Con Noel, dedica mucho tiempo al asesoramiento de personas que abandonan las sectas.

Elizabeth Rose y la organización de Lyndon LaRouche

¿Ha estado usted alguna vez en un aeropuerto y ha pasado por delante de una mesa repleta de folletos y carteles que proclaman «Tirad a Jane Fonda a los tiburones», «Cuarentena para los enfermos de SIDA» o «Fabriquemos armas lanzarrayos de partículas para defender América»? Si es así, entonces ha visto a miembros de la organización política de Lyndon LaRouche. En la actualidad, acusados de fraude en el uso de tarjetas de crédito (utilizar las tarjetas de los afiliados para comprar las revistas y periódicos del grupo y cargar en cuenta cantidades no autorizadas) y obstrucción a la justicia, varios miembros de la organización LaRouche esperan ser llevados a juicio.9 LaRouche, que se ha presentado como candidato en las tres últimas elecciones presidenciales, afirma que Henry Kissinger actúa como un espía ruso, que la reina Isabel tolera el tráfico de drogas, y que sólo él puede salvar a Estados Unidos.10

LaRouche se aprovecha de los temores de la gente y de su patriotismo para que le apoyen él y a su organización.11 Tras su etapa marxista, se pasó a la extrema derecha más virulenta, e incluso ha establecido una «red de inteligencia» que a lo largo de los años ha prestado servicios a particulares y gobiernos.12

Elizabeth Rose,13 una mujer de 85 años de edad, fue reclutada por la organización LaRouche poco después del fallecimiento de su marido y de su hermana, lo que la obligó a vivir sola por primera vez en su vida. Miembros de la organización LaRouche la llamaron por teléfono, se encontraron con que se mostraba receptiva, y comenzaron a visitarla con frecuencia durante la noche. Al cabo de tres semanas, según informó su hija Nancy Day, Elizabeth Rose entregó a la organización más de 800.000 dólares en acciones, que eran propiedad de la familia, en calidad de préstamo, pues estaba convencida, según declaró, de que iba a ayudar a «salvar el mundo». Elizabeth también contó a su hija que con su afiliación ayudaría a la «colonización de Marte», y que tal vez ella fuese «la primera abuela en ir a Marte».

En octubre de 1986, el IRS y agentes del estado de Virginia irrumpieron en el cuartel general de LaRouche en Leesburgh y encontraron documentos que demostraban la existencia de más de 4.500 operaciones de préstamos, que afectaban a 3.000 personas en 50 estados y 12 países, por los que la organización había recibido más de 30 millones de dólares. Se estimó que al menos el 70% de las víctimas eran personas ancianas, y no encontraron documento alguno que demostrara que se habían realizado las devoluciones según lo estipulado en los términos de los contratos.

A pesar de que Nancy Day consiguió el fallo favorable de los tribunales, y pudo evitar así que su madre entregara más valores al grupo, Elizabeth Rose continúa trabajando para la organización LaRouche. Es muy persuasiva y eficaz a la hora de convencer a otros ancianos de que entreguen sus ahorros, a cambio de pagarés con un 10% de interés. Igual que hicieron con ella cuando la abordaron los adeptos de LaRouche, apela tanto a los sentimientos patrióticos de la gente como a su temor de qué los bancos «no son de fiar». Viaja por todo el mundo para defender la organización LaRouche, convencida de que la persecución contra el grupo está inspirada por la propaganda izquierdista.

Patrick Ryan y la Meditación Transcendental

Patrick Ryan, en la actualidad un empresario de éxito, estuvo relacionado con la Meditación Transcendental (MT) durante diez años. Es graduado por la Maharishi International University (MIU) de Fairfield, Iowa, una institución de reconocido prestigio. La mayoría de la gente piensa que la MT es una forma inocente de relajarse a través de la meditación. Pero para todos aquellos que se comprometen en profundidad con la organización de la MT, adquiere los rasgos de las sectas destructivas.

Hace ya tiempo que Pat fundó un grupo de apoyo llamado TM-Ex para los antiguos miembros, y habla sin tapujos sobre los aspectos más oscuros del movimiento. «Tiene todas las características de una secta destructiva», señala. «Muchos de mis amigos y yo mismo hemos sufrido un grave daño por nuestra participación en el asunto.»

Como la mayoría de las sectas destructivas, la MT utiliza el engaño.14 Sus portavoces afirman que la «MT no es una filosofía, una religión, o un estilo de vida». Sin embargo, Pat señala que «los seguidores se hacen vegetarianos, optan por el celibato, recitan mantras compuestos para honrar a los dioses hindúes, y adoran al Maharishi Mahesh Yogi como el “maestro iluminado del universo”.

En sus anuncios, la MT recalca los beneficios prácticos de la meditación, en especial la reducción del estrés. Los promotores de la MT proyectan vídeos en los cuales adeptos de todas las clases sociales dan testimonio de sus ventajas. Las campañas de venta de la MT están repletas de gráficas de presión arterial, de ritmos cardiovasculares y otras pruebas clínicas que evidencian la efectividad de la MT Pero lo que no se menciona es el hecho de que las pruebas científicas demuestran que se obtienen los mismos resultados al escuchar música suave o al realizar unos cuantos ejercicios básicos de relajación que se pueden aprender en libros asequibles a cualquier bolsillo.

Después de que el estudiante de MT paga su cuota de inscripción, más bien alta, y recibe el mantra personal que debe recitar, le dicen que no deberá revelarlo jamás a persona alguna. ¿Por qué? Porque este mismo mantra «único» ha sido dado, en base a la edad, a otros miles de personas.15

La mayor parte de la gente que aprende la MT jamás va más allá de los prescritos veinte minutos de meditación dos veces al día, por la mañana y por la tarde. Esto no puede considerarse propiamente como pertenecer a una secta. Pero hay quien continúa visitando los centros de MT para someterse a «controles», y sigue pagando por recibir cursos más y más avanzados. A la larga, se puede caer en el extremo al que llegó Pat: pagó 3.000 dólares por adelantado para aprender a levitar y volar. En la práctica, se encontró a si mismo recitando los mantras más «avanzados» mientras saltaba enérgicamente con las piernas cruzadas en la posición del loto, dos horas por la mañana y otras dos por la tarde.

No es de extrañar que sufriera violentos espasmos musculares, dolores de cabeza y contracciones faciales involuntarias. Así que acudió a sus instructores en busca de ayuda. «Me dijeron que me estaba liberando del estrés», explica Pat. «Me aconsejaron que volviera a casa, que siguiera con la meditación y que intentara volar con más entusiasmo.»

«Hasta que Bod Kropinsky ganó el primer pleito contra la MT por fraude y negligencia no tuve noticias de que habla personas a quienes la Meditación Transcendental había perjudicado»,16 continúa Pat. «Los líderes culpan a los seguidores, y no hacen absolutamente nada para corregir sus métodos.» Al igual que en otras sectas destructivas, el problema nunca está en el líder, la doctrina o el comportamiento de la organización; siempre es culpa de los miembros.

Pat comenzó a cuestionarse su participación en la MT sólo justo después de haber asistido a la desprogramación de su hermana Michelle de la secta The Way International (El Camino Internacional). A medida que antiguos adeptos de The Way le explicaban a Michelle los criterios que definen un entorno de control mental, Pat comenzó a oír una señal de alarma en su cabeza: los mismos métodos se utilizaban en MT. Se dio cuenta de que sus problemas provenían de las prácticas, que provocaban un cortocircuito en su sistema nervioso.

Pat echó mano de todas las fuentes que pudo encontrar en busca de la información que le permitiera entender la historia y los antecedentes de Maharishi y su organización. Descubrió, gracias a otros antiguos alumnos de la MIU, que algunos de los tan cacareados experimentos médicos se habían realizado sin ninguna base científica.17 En la actualidad es muy crítico con la organización a la que pertenecía y se dedica activamente a advertir a otros de sus prácticas de engaño y destrucción.

Gretchen Callahan y la Estación Verdad

Algunas sectas destructivas son tan pequeñas que pueden parecer insignificantes al lado de las grandes organizaciones como la Iglesia de la Unificación. Sin embargo, los grupos pequeños suelen causar tanto daño como los grandes. Esto es del todo cierto en el caso de Gretchen Callahan, que se adhirió a una pequeña secta bíblica fundamentalista en el sur de California llamada Truth Station (Estación Verdad).18 Sus treinta miembros eran dirigidos por un hombre convencido de estar en comunicación directa con Dios, Vivían juntos en una misma casa y el adoctrinamiento ocupaba la mayor parte de su tiempo. Creían ser las únicas personas que vivían como «auténticos cristianos», y creían también en la curación por la fe.

Gretchen me describió las largas reuniones del grupo en un atestado salón en el que el líder se pasaba horas sometiendo a los adeptos a la «silla caliente», donde los insultaba y humillaba mientras todos los demás miraban. «No estaba permitido levantarse para ir al lavabo durante la reunión. Todos tenían que quedarse y ser parte del proceso», me dijo Gretchen. Pretendía que los miembros creyeran que el «pecado» de cada uno de ellos debía ser «sacado a la luz» para destruirlo. Nadie sabía quién sería el próximo en sentarse en la silla caliente, y todos suspiraban con alivio para sus adentros cuando el llamado era otro.

El grupo tenía su propia jerga especial para abordar los problemas. Dudar de la autoridad del líder, por ejemplo, era «abrir paso» a los espíritus satánicos. Aceptar sin reservas la infalibilidad del líder y la interpretación de la Biblia enunciada como «La verdad» (es decir la versión de la verdad que tenía el líder) se consideraba el. distintivo de un «verdadero creyente». Los seguidores llegaban a cualquier extremo para demostrar que eran «verdaderos creyentes».

Un joven a quien Gretchen se refirió sólo como David, que contaba 26 años en la época en que ella entró en la secta, notó el sutil poder del grupo cuando le presionaron para que se volviera más espiritual. Como demostración del compromiso con el grupo y para ganar una mayor aceptación, decidió dejar de tomar la insulina para su diabetes, en la creencia de que Dios le curaría. Los miembros aplaudieron su fe y lo animaron a que tirara la insulina, cosa que él hizo.

En cuestión de días, la salud de David empeoró a ojos vista, y después de una semana el líder organizó equipos de oración durante las veinticuatro horas del día. El equipo de Gretchen era el que estaba de guardia cuando David exhaló su último suspiro. No obstante, el grupo, azuzado por las imperiosas exhortaciones del líder, estaba convencido de que David resucitaría, y rezaron durante quince horas junto al cadáver. El padre de David, en aquel entonces colíder de un grupo, golpeaba el pecho de su hijo muerto, exorcizando a Satanás y al Ángel de la Muerte, mientras’ sacaban de la habitación a la madre porque su dolor y su angustia se consideraban una «debilidad espiritual». Gretchen sostuvo la mano de David gran parte del día, hasta que el cadáver se volvió de color azul y rígido por completo.

Incluso después de que llegara la policía y el forense ordenara el levantamiento del cadáver, todos los miembros creían aún que el joven volvería. Durante los tres meses siguientes al fallecimiento, se le guardó sitio en la mesa, y los miembros (incluidos los niños pequeños) tuvieron visiones, sueños y profecías sobre su resurrección.

Unos días después, los padre de Gretchen la llamaron desde su casa de Jamaica porque habían tenido noticias de la muerte de David. Gretchen consiguió convencerles de que en realidad el joven no había muerto. El líder le había dicho que se produciría un gran milagro y despertaría, y que los no creyentes acudirían en manada al grupo.

Transcurridos dos años de la muerte de David, Gretchen fue expulsada del grupo por su «espíritu de rebelión». Ya no podía soportar más. Ella daba y daba y nunca era suficiente. «Supongo que diréis que estaba quemada», comentó a los ex adeptos de otras sectas durante una reunión de FOCUS, un grupo de apoyo para antiguos miembros. «Algo dentro de mí se apagó. A pesar de que aún tenía miedo de hacer algo equivocado o de estar “fuera del Espíritu”, ya no podía sentir arrepentimiento por los “pecados” que inventaban sobre mí. Me di cuenta de que ya nadie era feliz ni sonreía. Todos tenían miedo de hablar entre sí porque podían no estar hablando “en el Espíritu”. Pese a todo, incluso después de que me expulsaran seguía creyendo que ellos estaban en lo cierto y que tenían la única llave de la salvación. Hasta que mis padres me hicieron desprogramar no comencé a comprender que me habla enfrentado con los abusos del control mental, no con mi relación con Dios. »

Pocos meses después de la marcha de Gretchen, el grupo comenzó a utilizar la violencia física, sobre todo contra mujeres y niños, para erradicar los «espíritus satánicos».

«Me ha costado años llegar a comprender cuán profundamente controlaban mis emociones y pensamientos», me confió Gretchen. «De no haber sido por el excelente tratamiento que he recibido, probablemente aún estaría intentando ser readmitida.» Por lo que sé del grupo, me atrevería a decir que el líder la habría aceptado, al comprobar que ella hubiera estado más dispuesta que nunca a someterse a su voluntad.

Gary Porter y el Nichiren Soshu de América

Gary Porter, que ejerce de quiropráctico en Filadelfia, conoció y se enamoró de Nancy, una mujer relacionada con el NSA, o Nichiren Soshu de América. (A pesar de que la organización nació en Japón y proclama su herencia budista, recluta miembros en otros países del mundo desde hace más de veinte años.) Los adeptos de esta secta creen que si cantan repetidamente una serie de palabras místicas delante de un pergamino de papel de arroz -el gohonzon- obtendrán el poder de conseguir todo lo que deseen. Nancy llevaba en la secta más de dos años cuando comenzó a cantar «Nam myoho renge kyo» durante horas al día para cumplir su deseo de conocer a un médico y casarse con él. «La gente cantaba para conseguir un aparcamiento, un trabajo nuevo, mejores notas en sus estudios, o cualquier otra cosa», explicó Gary en una reunión del grupo de apoyo FOCUS.

Gary, que había sido educado en la fe metodista, pasaba por una crisis en su vida cuando conoció a Nancy. «Estaba quemado después de cuatro años en el colegio de quiroprácticos, mi mejor amigo se mató en un accidente de automóvil, y mis hermanos me presionaban para que volviera a casa y cuidase de mi madré enferma. Era presa fácil para cualquiera que prometiese las llaves para resolver los problemas de la vida.

»Pensé que el grupo era un tanto extraño, pero me avine a probar con los cánticos. Conseguían transportarme a lo más alto. Compré un gohozen, contraje matrimonio con Nancy y permanecí en el grupo durante más de cinco años».

El NSA utiliza a menudo la fama de sus miembros más célebres como Tina Turner y Patrick Duffy, tanto para reclutar como para reafirmar el compromiso de los adeptos. El otro gran banderín de enganche es «trabajar por la paz mundial». El NSA hace creer a sus adeptos que sólo su canto podrá salvar a la humanidad de la destrucción. Pero aparte de acudir a las manifestaciones patrocinadas por el NSA (rechazadas por los principales grupos pacifistas), los miembros hacen muy poco en pro de la paz. Las marchas del NSA ayudan a controlar el tiempo y las energías de los adeptos. «Solíamos ir a reuniones de grupo tres o cuatro veces por semana, sin contar las horas que pasábamos cada día con los cánticos.» Las relaciones entre los miembros eran manipuladas para asegurarse de que quienes dudaban fuesen acallados mientras se recompensaba a los conformistas.

Llegó el momento en que Gary mantuvo varias confrontaciones con sus líderes en el NSA y fue amenazado con la expulsión. En lo más profundo de su ser, eso era justo lo que él deseaba. Estaba cansado de las presiones y las manipulaciones. Su práctica profesional se había resentido a causa del tiempo y los esfuerzos que dedicaba al NSA.

Por último, la pareja fue expulsada del grupo, pero Nancy se pasó el año siguiente en un diván convencida de que padecía un cáncer en fase terminal. Entonces no se daba cuenta de que simplemente estaba actuando de acuerdo con su adoctrinamiento. Ella, como muchos otros adeptos, temía que si alguna vez abandonaba el NSA y dejaba de cantar, las consecuencias serían terribles.19

El relato de Gary y Nancy Porter no tiene el dramatismo de las historias de otros ex miembros de sectas. Su vida en un grupo destructivo fue bastante común en sus aspectos externos, y desde luego nunca les pidieron que montaran guardia junto a un moribundo. Por fortuna, pudieron abandonar el grupo juntos. Cuando Gary y Nancy comenzaron a estudiar el control mental y las sectas destructivas, se percataron de que el NSA utilizaba esencialmente las mismas técnicas de control mental que los grupos que exigen a sus miembros que vivan juntos de forma permanente. Les costó varios años poder rehacer sus vidas.

Wendy Ford y El Camino Internacional

Algunas personas han tenido experiencias en sectas destructivas que combinan las características de las pequeñas sectas bíblicas fundamentalistas con las complejas técnicas de «entrenamiento» de grupos como Forum y de los métodos radicales de las sectas exclusivamente políticas. Wendy Ford experimentó algo parecido durante sus siete años de afiliación a The Way International (El Camino Internacional).

Wendy es graduada de The Way Corps (Cuerpos de El Camino), un curso de adoctrinamiento intensivo de cuatro años para los líderes principales del grupo. Se sintió atraída en un primer momento a El Camino por un curso de introducción titulado «Poder para una vida plena». Al principio pensó que tan sólo le enseñaban la Biblia.

«Se presentaban así mismo como un grupo dedicado a la investigación de la Biblia y la enseñanza del ministerio fundado por el doctor Victor Paul Weirwille», le explica a sus oyentes. «No me enteré hasta mi desprogramación de que su doctorado lo había conseguido por correspondencia,20 y que las llamadas “enseñanzas divinas” no eran más que sus retorcidas interpretaciones de las Escrituras.»

Wendy, una mujer de negocios además de actriz y cantante de talento, trabaja en la actualidad en una gran compañía de ordenadores en Massachusetts y pertenece a la junta directiva de FOCUS. Recuerda con claridad cómo le enseñaron en El Camino a utilizar las técnicas de interrupción del pensamiento. «En mi grupo nos enseñaban a “hablar en lenguas”, lo que se suponía era una manifestación del Espíritu Santo. Lo debíamos hacer cada vez que comenzábamos a pensar por nuestra cuenta o cuestionar cualquier cosa.»

Como otros muchos grupos inspirados en la Biblia, El Camino remarca el poder del diablo en los asuntos cotidianos, con lo que infunde grandes temores a sus miembros para que obedezcan a los líderes sin formular objeciones. «Nadie quería ser poseído por Satanás, así que pensábamos que permaneceríamos centrados en Dios cada vez que hablábamos en lenguas». En realidad lo que hacíamos era suprimir nuestra capacidad de pensar crítica e independientemente.»

A medida que Weirwille se volvía más y más paranoico respecto al comunismo, El Camino se convirtió en una secta de supervivencia, que acumulaba armas y alimentos. Wendy y los otros miembros aprendieron a utilizar un fusil y a vivir de la tierra para estar preparados ante la inevitable invasión. «Los automóviles debían tener siempre el depósito como mínimo medio lleno, y se habilitaron almacenes con armamento y comida.» El miedo se convirtió en una herramienta eficaz para mantener la unión del grupo. «Teníamos miedo de cualquiera que hablara en contra de nuestra organización. Nos considerábamos soldados de Dios; las únicas personas que comprendíamos la Biblia tal y como debía ser enseñada.»

El Camino continúa con su centro de Emporo, Kansas, y su cuartel general está en New Knoxville, Ohio, a pesar de que Weirwille falleció en 1986. El número de sus miembros supera los 100.000, y es todavía una de las sectas destructivas más poderosas del mundo.21 Sin embargo, las rencillas interiores entre los altos mandos han hecho que algunos de los líderes abandonaran el grupo. Estos últimos han comenzado a denunciar las inexactitudes de El Camino en su interpretación de la Biblia, así corno la corrupción de los líderes, pero muy pocos de ellos comprenden la dinámica del control mental.

«Mantengo la esperanza de que los antiguos líderes se pongan de acuerdo para compartir sus informaciones y recursos a fin de encontrar la mejor manera de ayudar a otros de que abandonen esta organización destructiva», dice Wendy.

Linda Blood y el Templo de Set

Los rituales satánicos que cuentan con la participación de adolescentes se han convertido en los últimos años en el tema favorito de los periodistas de casi todo el mundo. Sin embargo, no todas las personas implicadas en estas actividades son adolescentes que se rebelan contra la autoridad. La relación de Linda Blood con una secta satánica, el Templo de Set, demuestra que a menudo estos grupos poseen un poderoso atractivo para los adolescentes.

Linda, vendedora profesional y escritora, perteneció al Templo de Set durante varios meses. En aquel período estuvo bajo la influencia directa del líder del grupo, Michael Aquino, un oficial de alta graduación del ejército norteamericano. Linda había leído en una revista un relato de ciencia ficción escrito por Aquino y le envió una carta. Tras varios meses de correspondencia, se unió al grupo, lo conoció y se enamoró de él y se vio envuelta en una compleja relación emocionalmente traumática con el líder.

«’Desde entonces, él ha declarado que jamás tuvo ningún interés romántico o sexual por mí, así que sólo puedo pensar que mentía cuando me lo dijo, y ~ie nie sedujo con el propósito de obtener el control sobre mí», dice con amargura. «En realidad, la relación sexual fue mínima; creo que el desafío de ver hasta qué punto podía manipularme era lo que le estimulaba.»22

Linda no sentía el menor interés por lo sobrenatural ni el ocultismo hasta que conoció a Aquino. «Me vi sometida a su influencia porque yo creía que él y los otros “setianos” comprendían de verdad el lado intenso, dramático, romántico y oscuro de mi personalidad que no tenía forma de manifestarse en mi vida normal de cada día», me dijo mientras contemplábamos una entrevista a Aquino en Oprah Win frey Show.

Quedé impresionada por la inteligencia de Aquino y su cuidada presentación, vestido con los hábitos negros de sacerdote de Satanás. A pesar de que hacía ya varios años que Linda había abandonado la secta, resultaba obvio que él todavía la afectaba profundamente. Era la primera vez que le veía desde que dejó el grupo en 1980.

El teniente coronel Aquino es astuto, bien educado y un hábil comunicador. Estuvo asignado durante muchos años a la división de guerra psicológica del Ejército. A pesar de la notoriedad que ha conseguido su secta, los portavoces militares han defendido el derecho constitucional de Aquino a sus creencias religiosas.23

«Tendría que haber ido al programa y enfrentarme a él, pero no estaba segura de estar preparada para verle otra vez de cerca», dijo Linda. «Ahora me gustaría haber ido. He hecho y dicho algunas cosas estúpidas en los momentos que estaba trastornada emocionalmente, tanto en la secta como fuera de ella, y él podría haberlas utilizado para humillarme. Pero habría valido la pena si hubiese servido para desenmascararle. Todavía hay algo patético en la persona que veo en esa pantalla; pomposa, distante, fría, ajena y emocionalmente muerta. Ya se lo puede quedar.

«Yo conozco la otra cara de Michael gracias a nuestra relación personal, y tengo la impresión de que necesita su magia con desesperación para escapar de una cierta desesperación que yo percibía en él, y para que al mismo tiempo le dé control y poder sobre los demás. Creo que es trágico lo que ha hecho consigo mismo.

Como Gini Scott apunta en su estudio del grupo The Magicians (Los Magos), y como Arthur Lyons señala en su libro Satan Wants You (Satanás te quiere), uno de los objetivos de Aquino es controlar a las personas sin que éstas sepan que están siendo controladas.24 «Controla a los miembros porque ellos creen en los poderes mágicos que dice poseer, y por la necesidad que tienen los miembros de creer que ellos podrán tener también dichos Poderes»,25 explica Linda. «Se suponía que todos debíamos sentir temor y respeto por él y el resto de los miembros dirigentes.»

A pesar de que el Templo de Set es declaradamente satánico, Linda no tomó parte en ningún ritual que incluyera sacrificios animales o humanos. Le pregunté si temió por su vida. «No por parte del templo de Set, porque que yo sepa, nunca han asesinado a ningún ex miembro», me respondió. «El Templo de Set actúa abiertamente y funciona en lo esencial como la mayoría de las demás sectas “públicas”, sin violencia aparente», señaló Linda.

«Pero las sectas satánicas violentas son mucho más temibles que las habituales sectas destructivas.»

De hecho, no hay ninguna prueba que vincule el Templo de Set con actividades ilegales. Pero las sectas satánicas más violentas actúan con mayor secreto, y se recrean en dar una imagen de maldad. Algunas realizan rituales muy bien estudiados para impresionar y horrorizar a sus miembros, a menudo con sexo ritual, derramamiento de sangre y sacrificio de animales. También se han dado casos de asesinato ritual. Antiguos participantes en tales actividades no pueden hablar de sus experiencias sin desencadenar una intensa reacción emocional entre sus oyentes y, posiblemente, una acción legal.

Estos grupos se hallan en alza porque los jóvenes están motivados emocionalmente por libros, películas, e incluso la música heavy metal, para creer que el culto a Satanás les dará poder. A pesar de que no era su caso, Linda piensa que la mayor parte de los miembros son reclutados mediante invitaciones a fiestas donde consumen drogas alucinógenas que les vuelven más sugestionables y dóciles, al tiempo que se les incita a ritos sexuales de iniciación. Poco a poco, el reclutador se hace con el control ganándose la confianza y lealtad del recluta. Sólo cuando se le considera preparado es introducido directamente en el culto a Satanás. Llegado este punto, el nuevo miembro ya no puede marcharse porque está implicado en actos ilegales. A quienes han presenciado y participado en asesinatos rituales, se les advierte claramente que serán asesinados por el grupo si pretenden abandonarlo en algún momento.

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CAPÍTULO 6

Evaluación de las sectas: cómo protegerse a uno mismo

Nadie se adhiere a una secta, simplemente pospone la decisión de marcharse

Anónimo

Muy a menudo me piden que ayude a personas que han pertenecido a un grupo del que no había oído hablar con anterioridad. Con el transcurso de los años he desarrollado un método para evaluar a un grupo y valorar su impacto negativo. He descubierto que muchas organizaciones, que quizá parezcan poco ortodoxas e incluso simplemente ridículas, no causan perjuicios a sus miembros. He recibido alguna llamada ocasional de padres o amigos preocupados por grupos que, en mi opinión, no practican el control mental.

También he atendido una docena de llamadas de padres a quienes no les caía bien el hombre con el cual su hija iba a casarse y le acusaban de practicar el control mental. En un caso la acusación resultó ser cierta, pero en la mayoría de las peticiones personales, sencillamente me he negado a intervenir o a verme implicado de cualquier manera. Creo firmemente que las personas tienen todo el derecho a tomar sus propias decisiones, incluso las equivocadas, si son legalmente adultos. Aunque siempre estoy dispuesto a trabajar para que la gente tenga más oportunidades de elegir, decidir y comunicarse, no me interesa aceptar todos los casos que me plantean.

Muchos grupos presentan algunos aspectos destructivos, pero no son destructivos en o por sí mismos. Estos grupos entran en lo que yo considero una «zona gris».. Para determinados individuos, su afiliación a una secta puede llegar a tener efectos destructivos, mientras que la organización en general bien puede no tener todas las características de una auténtica secta destructiva.

¿Cómo se puede aprender a discernir si un grupo es o no una secta destructiva? ¿Cuáles son los elementos determinantes que diferencian las organizaciones inocuas de las peligrosas? En este capítulo intentaré señalar con mayor detalle las características generales de las sectas destructivas de forma que usted pueda protegerse a sí mismo de su influencia. Con esto, intento ofrecer una respuesta a algunas de las preguntas que con mayor frecuencia me formulan sobre las sectas. Al final, incluyo una lista de preguntas que cualquiera puede utilizar para iniciar la evaluación de un grupo.

Al examinar y evaluar cualquier grupo del que sospecho que pueda tratarse de una secta destructiva, me fijo antes que nada en el terreno de la psicología y no en el de la teología o la ideología. Mis marcos de referencia para valorar las sectas destructivas son los procesos de influencia del control mental, hipnosis y psicología de grupos. Observo lo que hace el grupo, no lo que dice. Intento analizar la forma de comunicación entre la secta destructiva y sus miembros (o la falta de comunicación), mientras que otros analistas y críticos se aproximan al miembro de la secta convencidos de que su interpretación de la Biblia o su punto de vista político es el correcto. Tengo la impresión de que buscan convertir al miembro de la secta a su propio sistema de creencias. Mi orientación, en cambio, es estimular al individuo para que aclare las cosas por si mismo investigando una extensa gama de posibilidades.

El derecho que tiene una persona a creer no significa, sin embargo, la concesión automática de una licencia para actuar indiscriminadamente de acuerdo a dichas creencias. Si fuera así, los grupos partidarios de la supremacía blanca podrían deportar e incluso asesinar a todas las personas no blancas del país, o las sectas satánicas podrían dedicarse abiertamente a asesinar en sus sacrificios rituales.

Si un grupo cree que está bien mentir a los foráneos con el propósito de avanzar en su causa, y dicha mentira infringe los derechos del individuo garantizados por la Constitución, está violando su libertad. De igual manera, si un grupo viola día tras día los derechos civiles de sus miembros mientras trabaja para destruir la democracia, entonces no se sirve a la libertad. Debe existir una protección igualitaria de las libertades bajo la ley. La gente tiene derecho a librarse de las influencias de las sectas destructivas, lo mismo socialmente que como individuos.

Desde luego, algunas personas pueden responder con algo así como: «¿Por qué tengo que preocuparme de estas cosas? Siempre hay alguien que viola mis derechos cada día, y no hay nada que yo pueda hacer para evitarlo». Reconozco que existen muchos factores en nuestra vida que en apariencia van más allá de nuestro control, pero las personas deberían tener cierto control cuando se trata de adherirse a un grupo Al prevenir que otros violen sus derechos individuales, usted puede impedirles que le perjudiquen como persona. Después de todo, lo que destruyen las sectas que utilizan el control mental es la vida de las personas.

Veamos un ejemplo. Suponga que usted conoce a alguien de quien sospecha que es un reclutador de una secta destructiva. Tal vez usted no le hubiera dado a esta persona ni la hora si no fuese por el hecho de que él o ella es especialmente atractivo. Esta persona no deja de insistir para que usted asista a determinada reunión. Usted no tiene interés en ir, pero en cambio no deja de pensar que le agradaría conocer mejor a dicha persona. En una situación como ésta, la regla básica a seguir es: No le dé su número de teléfono ni su dirección hasta no saber algo más. Conténgase, aunque le resulte difícil, porque quizá su derecho a la intimidad esté a punto de ser violado por alguien que representa a un grupo muy bien organizado que no se da por vencido con facilidad.

Muchas personas acaban por sucumbir a la constante presión. Provistos de su dirección o de su número de teléfono, los miembros del grupo pueden ejercer esta presión de una manera muy directa. Y cuando usted se convierte en miembro de una secta destructiva, pierde por completo su derecho a la intimidad, y en el futuro puede sufrir graves daños.

Yo me dedico a desenmascarar las sectas destructivas debido a mi propia experiencia personal, y no porque crea que los gobiernos deban restringir las nueva religiones o legislar sobre las creencias de cualquier grupo. En cambio, sí creo que los grupos pueden y deben ser considerados responsables de sus acciones.

Los grupos que califico cómo sectas destructivas tienen unas características muy especificas que socavan el libre albedrío y la libertad del individuo. En este capítulo describiré mi esquema para evaluar la destructividad de cualquier grupo u organización. Las tres áreas básicas son liderazgo, doctrina y afiliación. Al examinar estas tres áreas, usted podrá determinar sin lugar a dudas si determinado grupo puede llegar a ser una secta destructiva.

Liderazgo

A pesar de que las sectas destructivas intentan disfrazar lo mejor posible la verdadera naturaleza de su organización, un buen punto de partida para recabar información y hacer una primera valoración es el liderazgo. ¿Quién es el líder del grupo en cuestión? ¿Cuál es su historial personal? ¿Qué tipo de educación, aprendizaje u ocupación ha desarrollado antes de formar el grupo? El líder de una secta (Eugene Spriggs) había sido pregonero de una feria de atracciones (la persona encargada de convencer al público para que asista a un espectáculo determinado).1 Otro líder de secta (Werner Erhard, de est y Forum) había vendido coches usados y más tarde enciclopedias.2 Otro (Carl Stevens, de The Bible Speaks -La Biblia habla-) era conductor de un camión de reparto de una panaderia,3 mientras que el quizá. más famoso de todos (L. Ron Hubbard, de Scientology -Cienciología-) se inició como escritor de ciencia ficción.4 Otro líder de secta bien conocido (Victor Paul Weirwille, de The Way International -El Camino Internacional-) obtuvo su doctorado en teología en una academia por correspondencia.5

En contra de lo que cree la mayor parte de la gente, no todos los líderes de sectas fundan un grupo porque ambicionen más dinero o poder político. Incluso el reverendo Jim Jones, que ordenó la masacre del Templo de la Gente en Jonestown, era un muy respetado ministro de la Iglesia con un largo currículo de trabajo en favor de los pobres. Sin embargo, es de dominio público que’ en algún momento comenzó a tomar anfetaminas, tal vez con el propósito de aumentar su capacidad de trabajo y poder así ayudar a un mayor número de personas. Conoció a otros líderes comprometidos en las falsas «curaciones por la fe», y comenzó a experimentar con estas y otras técnicas para «enardecer» a su congregación. Conforme su poder crecía, se volvió más y más inestable. Resulta interesante observar que muchos de los actuales líderes de sectas han sido antaño víctimas de un grupo de control mental Cuando una persona es sometida a procedimientos de control mental y abandona el grupo sin recurrir después al consejo profesional, le resulta muy fácil aprovechar lo que ha aprendido y ponerlo en práctica con los demás. Desde luego, no todos los ex miembros fundan su propia secta, pero hay personalidades que están dispuestas a hacerlo. A mí me parece obvio que algunos líderes de sectas tienen complejo de inferioridad y una personalidad un tanto antisocial. A pesar de que muchos líderes desean y necesitan la opulencia material, lo que buscan es, en mi opinión, atención y poder. De hecho, el poder acaba por convertirse en una adicción. Con el tiempo, los líderes de sectas desarrollan la necesidad de tener más y más poder. Lo que hace muy peligrosos a estos individuos es su inestabilidad psicológica, y el hecho de que llegan a creer en su propaganda. No son sólo unos astutos maestros de la superchería que quieren obtener dinero, Según mi experiencia, la mayor parte de ellos creen realmente que son «Dios», el «Mesías» o un maestro iluminado.

¿Tiene el líder del grupo antecedentes delictivos? Si es así, ¿de qué lo acusaron? ¿Fue condenado? Por ejemplo, Moon fue arrestado al menos en dos ocasiones mientras estaba en Corea, aunque los informes difieren sobre el motivo.6 En 1985 pasó trece meses en una prisión federal estadounidense por haber cometido un fraude fiscal.7

Si bien los antecedentes de un líder no tienen por qué revelar siempre que es un delincuente o un charlatán, donde hay humo siempre hay fuego. Resulta sorprendente la cantidad de líderes de sectas que tienen antecedentes dudosos.

Al observar la biografía de un líder y su estilo de vida, usted puede sacar algunas conclusiones generales acerca del grado de confianza que le puede otorgar. Por ejemplo, si una persona está pronunciando un discurso sobre cómo tener una buena relación matrimonial, el hecho de que se haya divorciado tres veces es significativo. Si un líder tiene antecedentes por consumo de drogas y comportamiento anormal, como es el caso de L. Ron Hubbard,8 yo aconsejaría no tomarse muy en serio sus proclamas de que es capaz de resolver todos los problemas de la humanidad. Cuando Sun Myung Moon declara que sus actividades están en favor de la paz mundial, recuerde que es el propietario de una fábrica de fusiles M-16 en Corea.9

Otro aspecto importante del liderazgo se refiere al flujo de poder dentro de la organización. ¿Cuenta la organización con una estructura dotada de un verdadero equilibrio de poder? Muchas sectas destructivas tienen una junta directiva, pero lo habitual es que sus integrantes sólo sean marionetas del líder. Su estructura auténtica es una pirámide con el líder de la secta como cabeza omnipotente (en la cúspide). Por debajo de él (o ella) hay un grupo de lugartenientes, totalmente serviles. Después encontramos a los sublíderes. Esta estructura operativa no permite ningún tipo de controles o inspecciones. El líder detenta el poder absoluto. Lord Acton tenía toda la razón cuando escribió: «El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente».

Si un líder tiene unos antecedentes personales dudosos y estructura su organización de tal forma que todo el poder se centralice y esté controlado por él, el grupo posee las características de una secta destructiva. En cambio, si en el sistema hay previstos medios de control e inspección, y el líder está obligado a satisfacer las necesidades y objetivos de los miembros, la organización resultante será mucho más sana.

Tenga presente que una secta destructiva no siempre tiene un líder que es glorificado (para los extraños) o que disfruta de una gran riqueza personal. Dado que muchos líderes actuales de sectas destructivas estuvieron también afiliados a una secta, quizás actúen así por pura desilusión y por el control mental, y no con una intención deliberada de obtener dinero y’ manipular a la gente. He atendido a muchas personas que abandonaban grupos cuyos líderes no «iban detrás del dinero» pero que, en mi opinión, eran adictos al poder personal. Muchas sectas destructivas bíblicas tienen líderes que no son «adictos» conspicuos, y que ponen como autoridad máxima a Dios y la Biblia; sin embargo, su interpretación de la Biblia y de la voluntad de Dios es utilizada para manipular y controlar a las personas.

Doctrina

Dado que la Constitución protege el derecho de las personas a creer en lo que les apetezca creer, un estudio en profundidad de la doctrina de cualquier sectario ofrece garantía alguna y es innecesaria. Sin embargo, pienso que las creencias del grupo deben ser explicadas abiertamente a toda persona que desee afiliarse.

La doctrina del grupo, ¿proclama públicamente ser una cosa cuando en realidad es otra? Me refiero al factor estructural de la existencia de una doctrina interior y otra exterior. Para que una secta posea integridad, es importante que los miembros crean de verdad en aquello que la secta afirma creer. Sin embargo, las sectas destructivas cambian la «verdad» para adecuaría a las necesidades de la situación, porque creen que el fin justifica los medios. Ayudar a la «salvación» de alguien es una racionalización utilizada para justificar el engaño y la manipulación. Las organizaciones legítimas no cambian sus doctrinas para engañar al público.

Afiliación

La afiliación es el último y más importante criterio para la evaluación de las sectas. La he dividido en tres componentes: reclutamiento, mantenimiento del grupo y libertad para marcharse. El impacto de la afiliación al grupo sobre el individuo, su identidad, sus relaciones, y la modificación de sus objetivos e intereses es algo fundamental. Ésta es el área donde concentro mis análisis cuando hago la evaluación de una secta.

La característica básica del reclutamiento en la mayoría de las sectas es el engaño. Como ya he dicho antes, las sectas destructivas no tienen el menor inconveniente en utilizar el engaño para reclutar nuevos adeptos. Actúan con la presunción de que la gente es demasiado «ignorante» o muy poco «espiritual» para saber qué les conviene. En consecuencia, se atribuyen la prerrogativa de tomar las decisiones por las personas que reclutan. Cuando las facultades críticas del individuo están intactas y a pleno rendimiento, la información que le proporciona la secta destructiva es muy escasa. Sólo cuando tales facultades se hallan disminuidas y no funcionan correctamente, la secta le brindará más información. El engaño incluye las mentiras más descaradas y el ocultar o distorsionar informaciones importantes.

La mayor parte de los reclutadores de las sectas destructivas negarán que intenten reclutar, a nadie. Cuando se les pregunta qué están haciendo, por lo general responden que sólo quieren compartir algo significativo y dar la oportunidad de reflexionar sobre el tema. Lo que no le dirán al recluta en potencia es que deben alcanzar unas cuotas de reclutamiento.

La práctica del engaño por parte de las sectas destructivas llega a la utilización de diversas «organizaciones pantalla» que sirven para confundir al posible recluta y ocultar los auténticos propósitos de la organización. CAUSA, C.A.R.P., Freedom Leadership Foundation (Fundación para el Liderazgo Libre), la International Cultural Foundation (Fundación Cultural Internacional) y muchas otras forman parte de la organización Moon.10 Dianética y Narconon pertenecen a la Iglesia de la Cienciologia.11 El ciudadano corriente ignora por lo general las conexiones entre estos diferentes grupos.

Cuando se establece una relación de reclutamiento, el reclutador busca la máxima información del posible recluta para establecer la forma más efectiva de atraerlo al grupo. Un reclutador eficaz sabe cómo aprovecharse de los puntos débiles de una persona: problemas con el novio o la novia, con los padres u otros miembros de la familia, en el trabajo o la facultad; el fallecimiento de un amigo cercano o un pariente; el traslado a una nueva ciudad, ó lo que sea. Un buen reclutador sabe cómo conseguir que la «presa» se sienta cómoda para poder sonsacarle informaciones muy íntimas y confidenciales.

Mientras tanto, el reclutador revela lo mínimo posible acerca de sí mismo, y menos aún sobre el grupo, a no ser que resulte absolutamente necesario. La mayor parte de la información la suministra el recluta. Este, desequilibrado flujo de información es otra señal de advertencia de que algo está mal.

Casi siempre, la impresión más común que recibe el recluta en potencia es que está haciendo un nuevo amigo. Sin embargo, en el mundo real las amistades necesitan cierto tiempo para consolidarse. No se hacen de la mañana a la noche. Los dos individuos comparten más y más información personal de manera recíproca, con muy poco o a veces ningún desequilibrio: cada persona da y recibe de forma equilibrada. Tampoco hay objetivos ocultos.

Cuando el posible converso es invitado a una reunión o un seminario de la secta, le someten a una gran presión, tanto abierta como disimulada, para que se comprometa lo antes posible. Las sectas destructivas, como los buenos estafadores, entran a matar en cuanto han calibrado a la víctima. No les conviene permitir una reflexión tranquila. Por contra, en los grupos legítimos no mienten al converso en potencia ni le presionan para que se comprometa rápidamente.

Una secta destructiva reclutará nuevos miembros mediante el empleo de técnicas de control mental, que ya hemos visto. El control de las experiencias del individuo es esencial para quebrarlo, adoctrinarlo y volver a formarlo a imagen de la secta. Durante la etapa de reclutamiento, los marcos de referencia de la identidad personal sufren un cambio drástico. A veces, mientras le están adoctrinando, no se le permite ponerse en contacto con su familia o amigos durante días o semanas. Cuando vuelve a verles, el cambio radical de su personalidad resulta evidente. El individuo cambia con frecuencia su manera de vestir y de hablar, y actúa con un distanciamiento que no le es propio. A menudo, ha perdido el sentido del humor. Sus intereses anteriores, aficiones y metas pueden ser abandonados «porque ya no son importantes».

Este cambio de personalidad parece reducirse después de un tiempo, si el individuo no continúa en contacto con el grupo ni participa en sus actividades. Sin embargo, cuando se mantiene el contacto (por teléfono o en reuniones del grupo), la nueva identidad se fortalece cada vez más.

Para la familia y los amigos, la persona parece no sólo más distante, sino también falsa y evasiva. En ocasiones es posible convencerla para que revele sus nuevas creencias. Lo más frecuente, no obstante, es que el nuevo miembro pida a familiares y amigos que hablen con miembros más antiguos o con los líderes, «porque ellos pueden explicarlo mejor».

El síntoma más revelador del trabajo de una secta destructiva es este radical cambio de personalidad que sufre el nuevo miembro. Quizás antes fuese partidario de la política liberal, pero ahora es un fanático conservador. Le podía gustar la música rock, pero ahora piensa que es algo diabólico. Tal vez fuera muy cariñoso y estuviese muy unido a su familia, pero ahora no confía en ellos para nada. Podía ser ateo, pero ahora Dios lo significa todo para él. Por descontado que la gente cambia sus creencias y valores como consecuencia natural de las experiencias de su vida. Sin embargo, cuando intervienen el engaño y el control mental, el cambio es espectacular, repentino y elaborado por medios artificiales. Una y otra vez he oído comentar a los familiares: «Ahora es una persona diferente. ¡Ya no sabemos quién es!».

Se sabe de personas que tras ingresar en una secta han cambiado de nombre, abandonado los estudios o el trabajo, hecho donación de sus ahorros y propiedades, y se han trasladado a cientos o miles de kilómetros de su casa. Sin embargo, la ausencia de estos requisitos no significa por fuerza que el grupo no sea una secta destructiva. Es cada vez mayor el número de grupos que deliberadamente postergan estas prácticas durante algún tiempo con el propósito de acallar cualquier sospecha.

Cada situación y cada grupo deben ser considerados por separado en cuanto a su impacto sobre la vida del individuo, El reclutamiento se hace paulatinamente; en algunos casos, el comportamiento de una persona tarda varios meses en cambiar, aunque lo más normal es que cambie en sólo días o semanas.

El mantenimiento de la afiliación se consigue mediante las actividades de la secta deliberadamente organizadas para socavar las relaciones del nuevo miembro con sus familiares y amigos. Una manera de lograr este objetivo es encomendar al nuevo miembro que reclute a todos sus conocidos. Mientras los familiares y amigos sean «carne cruda», como los denominan en la Iglesia de la Cienciología,12 los reclutas tienen permiso para estar y trabajar con ellos. Pero tan pronto como manifiestan su inquietud y anuncian que jamás se unirán al grupo, los líderes ordenan al nuevo miembro que deje de malgastar su tiempo con los no creyentes. En última instancia, si la familia del nuevo adepto se muestra demasiado crítica con la secta, le dirán a éste que corte todos los contactos. Las sectas destructivas no pueden tolerar ningún tipo de oposición. O bien la gente está de acuerdo con el grupo (y se les ve como posibles conversos), o son el enemigo.

Cuando el individuo se convierte en miembro, sus patrones de sueño a menudo sufren cambios sustanciales. La privación del sueño es algo habitual en muchas sectas destructivas. Cualquiera que haya pasado varias noches sin dormir, o haya tenido que permanecer toda la noche en pie por motivos de trabajo o de estudio, recordará qué difícil es funcionar normalmente sin las suficientes horas de sueño. En muchas sectas se aseguran de que los miembros duerman sólo de tres a cinco horas por noche. No es que estos grupos tengan una norma escrita al respecto -la mayoría no la tiene-, simplemente se cercioran de que el individuo esté tan saturado de trabajo que no le quede mucho tiempo para dormir. También prodigan alabanzas a los líderes que duermen muy poco y denigran a quienes duermen demasiado. Con el tiempo, los adeptos aprenden a dormir muy poco.

Los cambios en las dietas alimenticias también son frecuentes al adherirse a una secta. Algunos grupos practican el vegetarianismo más estricto, pero utilizan excesivas cantidades de azúcar para que los miembros se sientan «enardecidos». Hay sectas que promueven largos y frecuentes ayunos, con muy pocos o ningún cuidado para el cuerpo ni antes ni después. Existen incluso un par de grupos que hacen que los adeptos busquen su comida en los cubos de basura.13 Se producen drásticos cambios de peso. Aunque la mayoría de la gente pierde peso durante su permanencia en una secta destructiva, hay quien lo aumenta hasta la obesidad.

Lo que uno come, su actitud hacia la comida y la manera de comer contribuyen al sentido de identidad de la persona. Si a un miembro se le hace sentir que debe «morir para si mismo y para sus necesidades humanas», puede mostrarse de acuerdo en ayunar gran parte del tiempo y negarse cualquier placer en la comida. Si una persona es muy desgraciada y sus necesidades emocionales no son satisfechas, el resultado puede ser el exceso de peso. Los individuos obesos, por lo general, son ridiculizados por los adeptos, quienes les hacen sentirse culpables e indefensos, a no ser que se dé el caso de que el líder de la secta sea gordo o le agrade la gente gorda. Al contrario de lo que piensa mucha gente, las más de las sectas que practican el control mental no privan sistemáticamente a sus miembros de una comida decente. Si lo hicieran durante mucho tiempo, se resentirían sus cuerpos y no estarían en condiciones de trabajar.

Las sectas destructivas se caracterizan, sin embargo, por hacer muy poco para mantener la buena salud de sus miembros en todos los sentidos. Las enfermedades psicosomáticas abundan entre los adeptos, tal vez como un reflejo de su necesidad inconsciente de ayuda y cuidado. Los tratamientos médicos son mínimos, y en algunos grupos virtualmente inexistentes.

En las sectas destructivas se dedica muchísimo tiempo a las actividades de grupo, y se permite sólo un mínimo para dedicarlo a uno mismo, a los amigos o a la familia. No hay casi tiempo disponible para leer nada que no sea literatura de la secta o para aprender cualquier cosa aparte de las prácticas del grupo. Claro está que los miembros utilizan todos los medios para convencer a los foráneos de que llevan una vida «normal». Sin embargo, si entabla conversación con un adepto y conduce la charla a temas de actualidad, o arte, o historia, quedará patente que la mayoría de ellos no están enterados de nada.

Uno de los síntomas más evidentes de que una persona está en un grupo de control mental es la falta de capacidad para tomar decisiones independientes. A pesar de que los adeptos intentan convencer a los extraños de que son autónomos, en cuanto se rasca un poco la superficie resulta obvio que no pueden tomar decisiones importantes sin primero pedir permiso a sus superiores. Este tipo de dependencia es evidente en todos los niveles de la secta excepto en la cumbre. La madre de un adepto al que yo conocía se sentía feliz al pensar que su hijo había decidido por sí mismo ir a casa por Navidad, pero se desilusionó cuando su hijo le contó el motivo de la visita. «Verás, mamá, el yogui me dijo que debía estar contigo durante las vacaciones.» Le expliqué a la madre que la única razón de que a él le permitieran ir a su casa era que ella se había comportado como si aprobara su pertenencia a la secta, pues a menudo invitaba a otros miembros a cenar y nunca criticaba al grupo.

Los adeptos a menudo les dicen a sus familiares que «ya verán» si pueden ir a su casa por sucesos familiares importantes, como una boda, un sepelio o un cumpleaños. Lo cual significa que deberán preguntar a su líder. De la misma manera, los miembros de una secta tienen que pedir permiso para hacer cualquier cosa que la mayor parte de la gente da por sentada. Es casi imposible de imaginar que una persona deba tener permiso de un sacerdote para ir a visitar a un pariente enfermo. Sin embargo, un miembro de uno de estos grupos que simplemente vaya y haga lo que considera necesario es tildado de «egoísta», «independiente», «rebelde» y enemigo del «desarrollo positivo». De hecho, cuanto más control hay en el grupo, más difícil resulta que una persona pueda salir para visitar a un pariente enfermo o asistir a una boda, a un funeral, o a cualquier otra «actividad exterior». Algunos grupos llegan al extremo de controlar todas las relaciones sociales, y dicen a sus miembros con quién pueden o no tener una cita, e incluso con quién pueden o no casarse. Las sectas más extremistas regulan hasta la actividad sexual, indicando a los adeptos cuándo pueden hacer el amor y cuáles son las posturas aceptables, además de apartar a los hijos de sus padres con el propósito de adoctrinarles de una forma mucho más completa.

La vida en una secta destructiva presenta grandes variaciones. Algunas personas pueden vivir con otros miembros en un «ashram», un centro o una casa, mientras que otros miembros contarán con domicilios propios. Algunos adeptos pueden desempeñar tareas domésticas, que les exigen pensar muy poco (como porteros, encargados de mantenimiento, cocineros, asistentes), en tanto que otros están dedicados a trabajos mucho más exigentes (reclutamiento, relaciones públicas, empresas de la secta). Existe un grupo, los Niños de Dios, que animan a sus seguidoras a que se conviertan en prostitutas y actúen como integrantes de las «Happy Hookers for Jesus» (Alegres Busconas de Jesús), utilizando el sexo para ganar dinero y conseguir nuevos adeptos. Estas mujeres operan cerca de las grandes bases militares estadounidenses de ultramar, y se aprovechan de los soldados solitarios.

Algunos tienen un trabajo ajeno a la secta, con horario laboral, lo que les obliga a aislar los procesos mentales inculcados por el grupo. Lo normal es que estas personas, después de su afiliación, continúen con sus trabajos debido al dinero, el prestigio y las oportunidades que tienen para reclutar nuevos adeptos e influir en otras personas. Estos individuos son muy afortunados por disponer de algunas horas lejos del grupo y en contacto con no miembros, porque los efectos perjudiciales de la secta quedan así minimizados.

En la vida diaria de los miembros de las sectas destructivas, a menudo existe una gran variación en el grado en que son afectados por el control del pensamiento, el control emocional, el control del comportamiento y el control informativo. Todos aquellos que tienen prohibidos los «pensamientos negativos» o mantener contactos con críticos o antiguos miembros, incluso si trabajan en el exterior y viven aparte, todavía pueden seguir sometidos a control mental, aunque tal vez con un control no tan rígido como el de quien es un miembro completamente devoto durante las veinticuatro horas del día.

El último criterio para juzgar a un grupo es la libertad de marcharse de los adeptos. En otras palabras, los miembros de las sectas destructivas son prisioneros psicológicos. Como ya he mencionado antes, las sectas destructivas implantan fobias en las mentes de sus seguidores para fomentar el temor a abandonar el grupo. De esta forma, cierran de hecho la puerta a la libre elección. La gente tiene libertad para adherirse, pero no tiene libertad para abandonar una secta destructiva. En realidad, a los ojos de estas sectas, no existe una razón «legítima» para que una persona abandone el grupo.

Los grupos legítimos tratan a los individuos como adultos, capaces de determinar qué es lo que más les conviene. A pesar de que todas las organizaciones intentan retener a sus afiliados, los grupos legítimos nunca llegan a los extremos de controlar a sus miembros por medio del terror y el sentimiento de culpa como hacen las sectas destructivas.

Algunos de los grupos más violentos no vacilan en perseguir y tratar de silenciar a sus antiguos adeptos a través de la violencia encubierta, el acoso legal, la intimidación emocional y el chantaje. Paul Morantz, un abogado que llevaba un caso contra Synanon, un programa de rehabilitación de drogadictos, fue mordido por una víbora de cascabel que miembros de la secta colocaron en el buzón de su casa.15 Stephen Bryant, ex devoto de los Krishnas, fue asesinado de un disparo en la cabeza por un miembro de la secta, enviado al parecer por uno de los líderes Krishna.16 Bent Corydon, que perteneció durante 22 años a la Iglesia de la Cienciología, se ha visto sometido a una despiadada persecución legal por haber escrito L. Ron Hubbard: Messiah or Madman? (L. Ron Hubbard: ¿Mesías o loco?), una biografía crítica del fundador de la Cienciología.17 Jeannie MilIs, ex miembro del Templo de la Gente que denunció sin tapujos al reverendo Jim Jones, fue asesinada por personas desconocidas, junto con su esposo e hijos, después de la masacre de Jonestown.18

No hace falta repetir que las personas deben mantener siempre su derecho a decidir por sí mismas si quieren o no permanecer en un grupo. La libertad de escoger no le puede ser arrebatada a nadie que haya decidido afiliarse a cualquier organización.

Las preguntas de la gente sobre las sectas

Aunque uno puede suponer que la información sobre las sectas está al alcance de todo el mundo en las librerías y bibliotecas, la realidad es que hay una gran escasez de libros, cintas de vídeo, películas y otros materiales que contengan explicaciones objetivas sobre las sectas y sus actividades. He oído más de una vez que los adeptos van a las bibliotecas y librerías a robar o a comprar los libros que tratan de las sectas, en un intento de ocultar al público una información que les es perjudicial.

Una pregunta que escucho muy a menudo es si todas las sectas destructivas son igual de peligrosas. La respuesta es un simple «no», como cualquiera con un poco de sentido común puede comprobar. No todos los grupos son destructivos, por ejemplo, como el Templo de la Gente, o tan extremistas como las sectas terroristas de Oriente Medio. Tampoco todas las sectas son tan falsas, exigentes y peligrosas para el individuo, su familia y la sociedad como lo es la organización Moon. Al hablar de sectas destructivas, debemos comprender que caen en el extremo del espectro de influencias de nuestra vida diaria.

Otra pregunta que a veces me plantean es si las sectas destructivas cambian de forma significativa con el paso del tiempo. La respuesta es sí. Algunos grupos que utilizan el control mental comenzaron con muy buenas intenciones, y han acabado por manipular a sus miembros y engañar a la población. Este precisamente es el caso del Templo de la Gente, que al principio era un grupo parroquial dedicado a socorrer a los pobres de la ciudad. La tragedia es que las personas a quienes la secta pretendía ayudar acabaron siendo víctimas de la propia secta y convirtieron en víctimas a otros. El Templo de la Gente fue un grupo que se autodestruyó, pero hay otros que simplemente se desvanecen o se dispersan. Un ejemplo de los que se «esfuman» lo ofrece el Partido Democrático de los Trabajadores de California, que decidió disolverse después de que sus afiliados se sintieran profundamente desilusionados con su líder.19 El Centro para la Terapia Sensitiva se dispersó cuando un buen día los líderes desaparecieron, abandonando a su suerte a centenares de confusos y desorientados adeptos.20

Otra cuestión es si una secta destructiva es igual de peligrosa cualquiera que sea el lugar del mundo donde actúa. A pesar del hecho de que muchos grupos intentan ofrecer la imagen de que son muy grandes, poderosos y monolíticos, a menudo hay grandes variaciones en su funcionamiento interno. Puede existir una enorme diferencia en el grado de destructividad de una secta, que dependerá de la personalidad del líder, la severidad y el tratamiento. Durante el tiempo que estuve con los Moonies, había mucha disparidad entre el estilo de vida de los grupos de la Costa Este y los de la Costa Oeste. Por ejemplo, en el Este (sobre todo porque Moon vivía allí e inspeccionaba las operaciones personalmente) la disciplina militarista y el control eran exagerados. No se permitía que hombres y mujeres se abrazaran, se besaran, o se tomaran de las manos a menos que estuvieran casados y pidieran permiso. En cambio, en la Costa Oeste, los adeptos disponían de mucha más libertad y podían hacer todas estas cosas, si bien eran mucho más engañosos en las tácticas de reclutamiento.

Debido a que muchas sectas destructivas ofrecen técnicas de meditación o terapéuticas que proclaman unos resultados beneficiosos universales, una pregunta lógica es si las sectas afectan por igual a todo el mundo.

Por ejemplo, hay quien no responde bien a las técnicas de relajación pasivas. Una persona reclutada por una organización del tipo Meditación Trascendental (MT) puede sufrir efectos negativos, como dolores de cabeza, insomnio, un aumento de ansiedad, etcétera. Dado que los seguidores de la MT creen que su forma de meditar es buena para todos, a quien se queje de efectos negativos pueden simplemente decirle que se está «destensando» y que debe continuar con la meditación. Por desgracia, las consecuencias de ignorar estos problemas tal vez lleguen a producir graves trastornos de salud, crisis nerviosas, e incluso tendencias suicidas.21

Los grandes grupos que ofrecen cursillos de entrenamiento en concienciación, como el est (en la actualidad Forum), Lifesprin’g, y otros similares, han sido criticados con dureza por la falta de profesionalidad en sus sistemas de investigación para identificar a la gente susceptible de ser muy vulnerable. Como resultado, muchas de estas organizaciones han sido demandadas ante los tribunales por numerosos participantes perjudicados.22

Por último, están las consideraciones acerca del tamaño del grupo. ¿El grado de destructividad de una secta guarda relación con su tamaño? En absoluto. He conocido relaciones de control mental entre dos personas, «cara a cara», con unos efectos tan destructivos como los de los grupos grandes. Cuando investigaba el síndrome de la esposa maltratada, descubrí muchas similitudes y paralelismos con los adeptos de las sectas de control mental.23 Algunas de las mujeres maltratadas estaban sometidas a una relación de casi total dependencia, a menudo aisladas de los familiares y amigos que criticaban el comportamiento del marido A otras no les permitían tener dinero, aprender a conducir un automóvil, o trabajar fuera del hogar. Cada vez que intentaban comunicar sus necesidades o deseos, eran golpeadas. Les hacían sentir que cualquier problema matrimonial era culpa suya, y que con sólo un mayor esfuerzo por satisfacer a su esposo, todo iría de maravilla. La autoestíma de estas mujeres era tan escasa que llegaban a creer que no había futuro para ellas sin su marido. Algunas mujeres tenían un esposo que no sólo implantaba fobias en su mente para que no rompieran el matrimonio, sino que la amenazaba con perseguiría y matarla si alguna vez abandonaba el hogar.

Hacer preguntas: la clave para protegerse a uno mismo de las sectas destructivas

Aprender a ser un consumidor exigente puede ayudarle a ahorrar tiempo, energías y dinero. En el caso de las sectas destructivas, ser un consumidor exigente puede ayudarle a salvar su mente. Si alguna vez es abordado por alguien que intenta sonsacarle información sobre usted mismo o le invita a participar en un programa, ,usted puede formularle algunas preguntas muy concretas que le ayudarán a eludir a más del 90% de los reclutadores de las sectas. Estas preguntas serán más efectivas si las formula de forma muy directa pero amistosa, y exige respuestas muy concretas.

A pesar de que los más de los grupos utilizan el engaño, es importante tener presente que la mayor parte de los adeptos no se dan cuenta de que mienten en el proceso de reclutamiento. Por este motivo, al formular estas preguntas directas una tras otra, por lo general podrá descubrir si le están contando una historia falsa, o si el adepto no sabe que está mintiendo.

Dado que a los miembros les han entrenado para evitar los pensamientos negativos sobre el grupo, las respuestas serán con frecuencia poco concretas. Entre las tácticas más comunes de los reclutadores figuran el uso de generalidades indecisas, observaciones evasivas e intentos de cambiar de tema. Generalizaciones vagas como: «Tratarnos de ayudar a la gente a superar sus problemas», o «Esta noche ofrecemos una cena gratuita para discutir algunos de los problemas del mundo», o «Es sólo una reunión para estudiar juntos la Palabra de Dios» deben despertar sus sospechas. Los comentarios evasivos del tipo: «Comprendo que se muestre escéptico; yo también lo fui hasta que realmente conseguí la comprensión», o «¿Conque era esto lo que de verdad quería saber?», también deben ponerle sobre aviso.

Otra técnica habitual entre los reclutados es cambiar de tema. Cuando, por ejemplo, usted pregunta si el líder de la secta tiene o no antecedentes delictivos, le pueden soltar un larguisimo monólogo acerca de las persecuciones que han sufrido todos los grandes líderes religiosos del mundo. Pueden charlatanear acerca de que Sócrates fue acusado de molestar a los niños, de que a Jesús se le acusó de vinculación con las prostitutas, etc. No entre en el juego y no se deje llevar a un debate sobre Sócrates o Jesús; a usted lo que le interesa es una respuesta concreta sobre el líder del grupo. Si el reclutador no le contesta de forma clara, concisa y directa, puede estar seguro de que algo falta en su respuesta. Existe además una réplica que ningún reclutador es capaz de contradecir: puede usted dejar de escucharle y marcharse con toda tranquilidad.

Como ya he dicho al principio de este capítulo, jamás debe facilitar su número de teléfono ni su dirección a alguien de quien sospecha que pertenece a una secta. En cambio, pídale usted a él su número de teléfono y dirección, e inicie usted el contacto si es que desea hacerlo. ¡Mantenga el control! No permita que le presionen para sonsacarle información personal; la gente que ha facilitado su dirección y número de teléfono ha sufrido en carne propia las increíbles molestias que esto puede ocasionar.

Sobre todo, no olvide que la gran ventaja que tiene sobre el reclutador es la posibilidad de formularle preguntas directas y profundas. Las que incluyo a continuación han demostrado ser de las más efectivas:

• ¿Cuanto tiempo hace que usted (el reclutador) se dedica a esto? ¿Intenta reclutarme para alguna organización?

A mí me gusta saber de inmediato con quién trato. Una persona que no lleve más de un año en una secta destructiva es por lo general bastante inexperta. Es menos probable que mienta, y sus mentiras no resultan tan convincentes como las de un reclutador más experimentado. Si la persona en cuestión está comprometida desde hace muchos años, espero que dé respuestas concretas a todas mis preguntas, y si no es así le espetaré algo como:

«¡Vaya! ¡Es usted un adepto desde hace X años y no sabe la respuesta!».

Cuando se plantea el tema del reclutamiento, casi siempre la réplica del reclutador será: «No. Es sólo que usted me agrada y quisiera compartir esto con usted. Lo que decida hacer con la información es cosa suya». Maravilloso. No olvide la respuesta, porque si el grupo resulta ser una secta destructiva, llegará un momento en que le resultará obvio que quieren reclutarlo. En ese instante, puede recordar que el reclutador le mintió. Muéstrese lo bastante enfadado y márchese.

• ¿Puede usted decirme los nombres de todas las organizaciones que dependen de este grupo?

Lo que se pretende descubrir con esto es el nombre de los grupos que sirven de pantalla. Es bastante habitual que esta pregunta pille al reclutador con la guardia baja, y le pregunte a su vez qué pretende usted decir. Insista en saber si existen otros grupos u organizaciones que la secta utilice o haya utilizado antes como filiales. Si el reclutador contesta que no lo sabe, pídale que lo averigüe y que haga una lista por escrito. Usted le llamará al día siguiente para conocer los nombres.

Incluso aunque su interlocutor le diga que no existen otros nombres, en algún momento puede usted descubrir que miente. Es su oportunidad para montar en cólera, volverse agresivo y marcharse. Si nunca formula esta pregunta, entonces no podrá tener la seguridad de que le han mentido.

• ¿Quién es el líder supremo? ¿Cuáles son sus orígenes y calificaciones? ¿Tiene antecedentes delictivos por alguna causa?

Quizá consiga una respuesta concreta a estas preguntas. El reclutador tal vez le diga el nombre del líder supremo. Lo más probable es que no consiga nada en ambos casos. En ocasiones dan el nombre del sublíder en el país, la provincia o la ciudad, en un esfuerzo por encubrir la verdad. También es posible que él ignore los orígenes del líder y si tiene o no antecedentes delictivos, porque jamás se preocupó de averiguarlo. En tal caso usted puede preguntarle: «¿Cómo es que se ha comprometido con un grupo sin inquirir primero estas cosas?». No lo olvide: las sectas destructivas intentan primero atraer a la gente antes de revelar informaciones importantes. Un grupo legítimo siempre facilitará primero la información, y sólo pedirá la afiliación cuando la persona esté dispuesta.

• ¿Cuál es la creencia del grupo? ¿Creen que el fin justifica los medios? ¿Se permite el engaño en ciertos casos?

A la mayor parte de los reclutadores no les gusta dar en el acto explicaciones acerca de sus creencias. Están entrenados para despertar su curiosidad y llevarle a oír una conferencia, a ver un vídeo o a participar en un programa. Si lo consiguen, saben que dispondrán de una mejor oportunidad de influirle al tenerle en su propio ambiente.

Si el reclutador no está dispuesto a resumir en ese mismo instante los puntos clave de las creencias del grupo, puede estar seguro de que le oculta algo. Desde luego, él puede argumentar que tiene miedo de que usted haga una interpretación errónea basada en una breve descripción. De todos modos, insista. Cualquier grupo legítimo es capaz de resumir sus principales creencias. Pero éste no es el caso de las sectas destructivas. Si más tarde descubre que el resumen es una grosera distorsión plagada de inexactitudes, tiene todo el derecho a enfadarse e irse. Los miembros de la secta intentarán seguramente convencerle de que se han visto obligados a mentirle porque la prensa y la televisión le han lavado a usted el cerebro y le han predispuesto contra ellos, por lo que nunca les hubiera escuchado si le decían la verdad.

No pase por alto esta racionalización de que «el fin justifica los medios». Ninguna organización legítima necesita mentir para ayudar a la gente.

• ¿Qué se espera que hagan los miembros después de afiliarse? ¿Tengo que abandonar la universidad o el trabajo, donar mi dinero y propiedades, o apartarme de familiares y amigos que se opongan a mi adhesión?

Si la persona que le aborda es reclutador de una secta destructiva, le dirá que no tendrá que hacer prácticamente nada después de su ingreso. Sin embargo, esta pregunta consigue que la mayor parte de los adeptos se muestren muy incómodos y a la defensiva. Observe con atención las reacciones no verbales del reclutador mientras le plantea esta cuestión. Pregúntele qué hacía él antes de unirse al grupo y qué hace ahora.

• ¿Existen controversias acerca del grupo? Si la gente formula críticas, ¿cuáles son las principales objeciones?

Ésta es una pregunta definitiva, que sirve para determinar cuánto sabe la persona o cuánto está dispuesta a discutir. Si formula la pregunta con toda cortesía y acompañada de una sonrisa, se sorprenderá de las muchas veces que le contestarán: «Bueno, hay quien opina .que somos una secta y que a todos nos han lavado el cerebro. ¿No le parece ridículo? ¿Tengo yo pinta de que me hayan lavado el cerebro?». A este, último punto, suelo responder:

«Vaya. ¿Y qué pinta tienen las personas a quienes les han lavado el cerebro?». Por lo general, compruebo que mi interlocutor se siente muy incómodo, y si continúo insistiendo busca una excusa para marcharse.

• ¿Cuál es su opinión sobre los ex miembros de su grupo? ¿Se ha sentado alguna vez a hablar con un ex miembro para averiguar por qué abandonó el grupo? Si no es así, ¿por qué no lo ha hecho? ¿Impone su grupo restricciones a la comunicación con antiguos miembros?

Esta serie de preguntas es una de las más reveladoras que se pueden formular a un adepto. Cualquier organización legítima jamás desaconsejará el contacto con antiguos seguidores. Del mismo modo, apoyará la decisión que tome el miembro, incluso si ésta no es de su agrado.

En cambio, las sectas destructivas no aceptan ninguna justificación para la marcha de un adepto, cualquiera que sea el motivo. Además, las sectas inculcan el miedo. en sus afiliados, para asegurarse de que se mantienen apartados de quienes les critican y de los ex miembros. Pese a que algún reclutador experto, cuando usted insiste y quiere saber más detalles., pueda responder:

«Claro, algunos de mis mejores amigos se han marchado», acabará por descubrir que le ha mentido. Cuando me dan una respuesta parecida, ya a mi vez les pregunto: «¿Cuáles son los motivos concretos que motivaron su marcha?», y «¿Le han dicho si son más felices ahora que antes de abandonar la secta?». Una vez más, el reclutador no sabrá qué responder.

• Dígame las tres cosas que menos le gustan del grupo y de su líder

Soy incapaz de recordar cuántas veces he visto a los reporteros y a los entrevistadores de televisión preguntar a los miembros de una secta si les han lavado o no el cerebro. El adepto, por lo general, sonríe y responde: «Desde luego que no. Es ridículo». Sin embargo, es absurdo esperar una respuesta objetiva de alguien que está bajo control mental. Una pregunta mucho más acertada es: «Dígame tres cosas que no le agraden del grupo o del líder». Si tiene la oportunidad de coger desprevenido al adepto y le formula esta pregunta, le sugiero que observe con cuidado la expresión de su cara. Se le dilatarán las pupilas de sus ojos, y por un momento se quedará atónito. Cuando por fin responda, probablemente dirá que no puede pensar en algo que no le guste. Los miembros de una secta, por lo general, dan esta respuesta con ligeras variantes, porque no están autorizados a formular críticas, y menos por televisión.

Si tiene ocasión de seguir preguntando, intente averiguar qué otra cosa le gustaría hacer en la vida aparte de pertenecer al grupo. La respuesta habitual es: «Nada».

La pregunta definitiva es si la persona ha tenido tiempo o no para hablar con antiguos adeptos y leer informaciones críticas a fin de efectuar su propia valoración. Un individuo sometido a control mental puede decir que sí. No obstante, muy a menudo he visto cómo sus familiares le llevaban la contraria, y en general el adepto no replica. Si lo hace, es que está en camino de abandonar el grupo.

Si usted ha formulado todas estas preguntas y está razonablemente convencido de que la persona con la que habla es sincera, y está interesado en saber más del grupo, le recomiendo que haga aún varias cosas. Puede plantear las mismas preguntas a otros miembros del grupo y ver si coinciden las respuestas. Si hay grandes diferencias, puede intentar enfrentarlos a este hecho y observar cómo reaccionan.

Antes de participar en cualquier programa, recuerde que aún puede efectuar más averiguaciones por su cuenta sobre el grupo. Póngase en contacto con alguna organización especializada en sectas para saber si ellos tienen mayor información. No le causará ningún daño ser prudente.

Si así no consigue más información sobre el grupo, y todavía está interesado, asista a una reunión con un amigo de confianza. De esta manera, tendrá a alguien con quien poder discutir todo lo que vea y oiga. Las sectas destructivas, por norma, intentarán siempre encontrar algún modo de separarle de su amigo. La regla es «divide y vencerás». Desde luego, todo parecerá muy espontáneo e inocente, pero el resultado es siempre el mismo. Por lo general, un adepto iniciará una conversación con su amigo mientras otro comienza a formularle preguntas a usted. Al principio estarán juntos, al cabo de unos minutos les separarán un par de metros, y si usted lo permite, al final de la velada estarán en esquinas opuestas de la habitación. Algunos grupos no son tan disimulados y piden a los participantes que se emparejen con personas a quienes no conocen. No permita que nadie les separe. Insista en permanecer junto a su amigo. Si le presionan, o si tiene que enfrentarse con los líderes del grupo, márchese.

Si se ve inmerso en una sesión de adoctrinamiento, póngase de pie y anuncie que no le agrada que le manipulen y controlen. Cuanto más alto hable, más rápido le expulsarán de la habitación. ¿Quién sabe? Tal vez otras personas aprovechen la oportunidad para marcharse con usted.

No permita que le venza la curiosidad. Demasiada gente ha sido reclutada por estas organizaciones porque se creían capaces de poder «controlar» cualquier situación. La curiosidad y el exceso del confianza significaron la caída de muchas personas, entre las cuales me incluyo. Ponerse uno mismo en una situación peligrosa no vale la pena.

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CAPÍTULO 7

Asesoramiento en Abandonos: Libertad sin coacción

Cuando la gente comienza a buscar maneras de liberar a amigos o familiares de las sectas, la mayor parte sabe muy poco sobre el control mental, sobre las características de las sectas destructivas, o sobre cómo preceder para rescatar a alguien que está comprometido con una secta. Quizá lleguen a pensar que la única opción disponible es la “desprogramación”, sin saber que la desprogramación incluye el secuestro forzoso del adepto, un costo que va de los 18,000 a los 30,000 dólares. y las largas sesiones para intentar que el individuo recupere su antigua personalidad.

Hoy en día existen medios de ayuda no coercitivos. Los asesores en abandonos, como yo mismo, utilizan en la actualidad técnicas terapéuticas avaladas por todos los profesionales de la salud mental, junto con las últimas técnicas en asesoramiento. Además en nuestros días casi todos los asesores en abandonos son ex miembros de alguna secta.

Este capítulo pretende ser una guía para ayudar a comprender cómo trabaja un asesor en abandonos, para lo que me serviré de las historias de tres casos que yo mismo atendí. Los diálogos del texto están reconstruidos de memoria, pero son fiel reflejo de acontecimientos reales que ocurrieron con personas reales durante mi trabajo de consejero. Tengo la esperanza de ayudar a que la gente comprenda que existe una alternativa eficaz a la desprogramación.

Puesto que yo fui desprogramado, estoy familiarizado con sus desventajas. Cuando me desprogramaron, en 1976, había muy pocas opciones disponibles tanto para mis padres como para los preocupados parientes de otros miembros de sectas. O bien intentaban seguir en contacto con el adepto, con la esperanza de que abandonara el grupo sin ayuda, o contrataban a un desprogramador. Los líderes de las sectas vieron en la desprogramación una amenaza terrible porque perdían adeptos y líderes muy devotos que llevaban muchos años en la secta, y también porque estos antiguos podían hablar con los periodistas y revelarles detalles de las actividades del grupo. A diferencia de los ex miembros “fugitivos”, que suelen estar dominados por los sentimientos de culpa y guardan en secreto su afiliación, los que son desprogramados tienen una red de apoyo que comprende lo que han pasado y les brinda la fuerza y el estímulo para hablar en público.

Hacia finales de 1970, el tema del control mental estaba ligado, en opinión de la gente, con la desprogramación forzosa. Esta asociación forzosa. Esta asociación de ideas se debió en parte a las campañas de relaciones públicas financiadas por algunas de las grandes sectas, con el propósito de desacreditar a sus críticos y llevar el debate lejos de las sectas en sí mismas1.

La propaganda etiquetó a la desprogramación como “la mayor amenaza de todos los tiempos contra la libertad religiosa”. Se acusó a los desprogramadores de golpear y violar a las personas para obligarlas a abjurar de sus creencias religiosas. Como resultado de esta campaña, se realizó al menos una película donde los desprogramadores aparecían como unos malhechores ávidos de dinero que eran tan malos como los líderes de las sectas.

Quiero dejar aquí constancia de que no conozco ningún caso de desprogramación (y he atendido a cientos de personas desprogramadas) en que se hayan cometido abusos físicos o violaciones. Ninguna de las familias con las que me he reunido hubiera llegado al extremo de recatar a un ser querido para someterlo a una desprogramación donde pudiera sufrir el más mínimo daño físico.

Sin embargo, lo cierto es que la desprogramación resulta, en su aspecto legal, sumamente arriesgada, y a menudo emocionalmente traumática. En la desprogramación clásica, después de localizar al adepto, se le secuestra físicamente en una esquina, lo introducen en un coche o furgoneta y lo trasladan a un lugar secreto, por ejemplo la habitación de algún motel. Una vez allí, un equipo de seguridad le vigila las 24 hrs. Del día mientras el desprogramador, ex miembros de la secta y familiares le presentan información y discuten con él. Las ventanas están cerradas a cal y canto, porque se han dado casos en que el adepto se ha lanzado por la ventana de un segundo piso para evitar lo que ellos llaman el proceso de “quebrantamiento de la fe”. Muchas veces le acompañan al lavabo para prevenir cualquier intento de suicidio. Se le mantiene encerrado durante días, a veces semanas enteras, hasta que “rompe” el control mental de la secta o, como en algunos casos, simula haberlo hecho.

En las desprogramaciones en las que participé, durante los años 1976 y 1977, nos enfrentábamos con el adepto cuando visitaba su casa en lugar de cogerlo en la calle. Aun así, cuando le decíamos que no podría marcharse de nuevo, casi siempre se producía una reacción violenta. Me han dado puñetazos, propinado puntapiés y me han escupido; me han lanzado café caliente a la cara, y hasta un magnetófono a la cabeza. De hecho, si yo no hubiera estado enyesado desde la punta del pie hasta la cadera durante mi propia desprogramación, estoy seguro de que habría hecho lo mismo. Los miembros de una secta están adoctrinados para comportarse de esta manera: a permanecer “fieles” al grupo en cualquier circunstancia. En un primer momento, el adepto está más convencido que nunca de que su familia, que ha recurrido a semejantes extremos, es la mismísima encarnación del demonio.

En tal situación, la rabia y el resentimiento que experimenta el converso pueden tardar años en disiparse, aun si la desprogramación resulta efectiva. Conocí a una mujer que, varios años después de haber sido desprogramada de una afiliación breve a los Moonies, volvió a la secta durante poco más de un año y luego la abandonó por su propia voluntad, como si, según sus propias palabras, tuviera que probarse a sí misma que era capaz de hacerlo. Por desgracia, durante su segunda estancia en el grupo la exhibieron por todo el país para que hablara en contra de la desprogramación.

No hay nada tan terrorífico como hallarse prisionero y creer que uno está a punto de ser torturado o de ser blanco de un ataque sexual; experiencias que, según los líderes de las sectas, sufrirán los adeptos en la desprogramación. Como puede imaginar, ofrecer un buen asesoramiento en semejante situación es algo, en el mejor de los casos, bastante difícil. El miembro se cierra de inmediato en sí mismo, comienza a cantar, a rezar o meditar para aislarse de cualquier influencia exterior. Pueden pasar horas o días antes de que acepte que el líder de la secta estaba equivocado, que no lo van a torturar, que los desprogramadores son personas sensibles y cariñosas, y que hay muchas preguntas legítimas que uno puede plantearse. Sólo entonces comienza a responder.

Decidí no participar en ninguna intervención forzosa, porque creía que era cada vez más necesario buscar otra forma de enfocar el tema. Había que encontrar una manera legal y voluntaria para llegar al adepto; la familia y los amigos eran la clave. Pero éstos necesitaban aumentar su conocimiento de las sectas y del control mental, y necesitaban también asesoramiento para aprender a comunicarse de forma efectiva con el adepto.

Asesoramiento no coercitivo en abandonos: las historias de tres casos

La aproximación no coercitiva que he desarrollado intenta conseguir con delicadeza lo que la desprogramación obtiene por la fuerza. Los familiares y los amigos deben trabajar juntos como un equipo y planificar su estrategia para influir en el miembro de la secta. Aunque la aproximación no coercitiva no dará resultado en todos los casos, ha demostrado ser la opción preferida por la mayoría de las familias. La intervención forzada siempre puede reservarse como un último recurso si todo lo demás falla.

Para tener éxito, la aproximación no coercitiva precisa de una información excelente. La recogida y difusión de la información debe comenzar inmediatamente después de la primera llamada telefónica.

La Familia O´Brien

En el mes de diciembre de 1986, un tal señor O´Brien me llamó para manifestarme la inquietud que sentía por la afiliación de su hijo a un grupo denominado The Boston Church of Christ (La Iglesia de Cristo de Boston. También conocida como Multiplying Ministres –Ministerios Multiplicadores -, la iglesia de Cristo de Boston no debe ser confundida con la importante Church of Christ –Iglesia de Cristo-, o con la United Church of Christ –Iglesia Unida de Cristo-, una de las herederas de la tradición congregacionalista de Nueva Inglaterra.3) El señor O´Brien había obtenido mi nombre a través de Buddy Martin, un evangelista perteneciente a la Iglesia de Cristo de Cape God, (una importante iglesia) que denuncia con gran energía el autoritarismo de las tácticas de “orientación-discipulado” empleados por el grupo en Boston.

El señor O´Brien me explicó que cada día estaba más y más preocupado por su hijo. George había perdido varios kilos de peso, parecía siempre agotado, había abandonado sus planes de graduarse en un pequeño colegio de artes liberales en el norte del estado de Nueva York, y se había vuelto incapaz de tomar las más simples decisiones. Siempre tenía que consultar a su compañero “discipulador” antes de hacer cualquier cosa.

El señor O´Brien me preguntó por mis antecedentes personales y mi opinión sobre si este grupo en particular era una secta destructiva. En primer lugar, le hablé de mis referencias y le informé que en los últimos cinco años había atendido con éxito a más de 30 personas que había abandonado el grupo al que pertenecían. El se mostró satisfecho al escuchar esto.

Los O´Brien quisieron saber qué es lo que convierte a un grupo en una secta destructiva, y me formularon otras preguntas acerca de mis valores y mi ética. Les dije que, para mí ayudar a una persona a que pensara por sí misma era lo más importante, y que tenía muchísimo cuidado en no imponer mis propias creencias a un cliente. Mi papel era presentar la información, dar asesoramiento individual, y familiar si era necesario, y facilitar la comunicación familiar.

Hablamos durante cerca de media hora, y convinimos en que les enviará por correo más información sobre mi método de trabajo, un formulario con preguntas sobre antecedentes y diversas fotocopias de artículos sobre la Iglesia de Cristo de Boston. También les facilité los números de teléfono de algunas familias a las que yo había atendido. Les pedí que contestaran a las preguntas del formulario con mayor extensión posible: cuanta más información sobre ellos mismos pudieran darme la familia y los amigos, mejor.

Obtener información escrita de una familia es un buen punto de partida. Obliga a que los familiares se planteen una amplia gama de temas relacionados con el adepto en cuestión, con ellos mismos, lo que significa la adhesión a una secta, y cómo han reaccionado frente al problema hasta el momento. También me da tema para iniciar las discusiones persona a persona.

Para mí es muy importante el esfuerzo de la familia para hacer un trabajo minucioso. Los cuestionarios pueden sonsacar diferentes respuestas, desde contestaciones de una línea hasta 44 páginas mecanografiadas a un espacio. Por lo general, se llenan de seis a ocho páginas.

Hay algunas secciones que merecen una atención especial. ¿Cómo son las relaciones familiares entre los hermanos y entre éstos y los padres? ¿Qué clase de persona era el sujeto que ahora está en la secta? ¿Tenía muchos amigos? ¿Tomaba drogas? ¿Tenía unas metas bien definidas en su vida? ¿Sufrió algún tipo de trauma o una tensión especial durante su vida, como la muerte de sus padres o un traslado difícil a otra ciudad? ¿Tenía un sistema de valores políticos o sociales bien estructurado? Cuanto más saludables fueran las relaciones familiares y el sentido de identidad del individuo antes de entrar en la secta, más fácil será mi trabajo.

En concreto, quería saber todo lo que pudiera de George. ¿Cómo era antes del ingreso, y en qué había cambiado, aparte de la pérdida de peso y de su apatía e indiferencia? Quería saber con qué miembro de la familia estaba más unido. Quería saber cuál era su estado mental antes de entrar en la secta, y también quería saber sobre su educación, sus intereses y aficiones, su experiencia laboral y sus antecedentes religiosos.

En todos mis casos, siempre quiero saber cuánto tiempo tardó el sujeto en ser reclutado. ¿Ingresó en la secta justo después de que le abordaran una tarde o transcurrieron meses o años antes de que estuviera completamente involucrado? ¿Qué pensaba del grupo al que iba a unirse, y guardan aquellos pensamientos alguna similitud con lo que piensa ahora que está dentro? ¿Cuánto tiempo hace que ingresó? ¿Dónde ha estado viviendo: con otros miembros, solo o non no adeptos? ¿A qué se ha dedicado? ¡Ha expresado alguna vez dudas o ha reconocido problemas acerca de su afiliación?

Por último, quiero saber cómo reaccionaron sus familiares y amigos; qué hicieron o dijeron acerca de su adhesión a la secta ¿Qué libros o artículos han leído? ¿Con quién (incluyendo a profesionales) han consultado? Necesito saber quién está y quién no está dispuesto a ayudar a rescatarlo. Es interesante señalar que, con frecuencia, algún familiar que al principio no se muestra muy dispuesto a ayudar acaba por convertirse en el elemento clave para tener éxito en un caso.

Cuando me devuelven el cuestionario, el paso siguiente es volver a hablar con la familia por teléfono. Entonces ya estoy en condiciones de formular preguntas más concretas para terminar de encajar el rompecabezas y determinar lo que haré a continuación. En la mayoría de los casos pido a los familiares que hablen con otras personas para obtener más información, y a veces para conseguir un asesoramiento adicional. Es importante que durante este período de preparación la familia conozca y hable con otros que tienen el mismo problema, sobre todo con quienes han tenido éxito en rescatar a alguien. También es beneficioso para la familia hablar con ex miembros del grupo, porque así entenderán menor lo que pasa en la mente del ser querido.

A continuación, organizo una reunión con cuantos familiares y amigos sea posible, por lo general en casa de la familia. Allí trato de observar cómo se relacionan entre sí las personas presentes. En estas reuniones dedico mucho tiempo a explicar qué son las sectas y el control mental, y preparo a la gente pata los papeles que deberán interpretar. Es vital que las personas comprendan con toda exactitud cuál es el problema y qué pueden hacer para ayudar.

Describo las estrategias de comunicación: los modos de conectar con el adepto y conseguir que se abra. También podemos analizar diversos planes para una intervención. A menudo grabo la reunión para que aquellos que no han asistido puedan también sacar provecho de ella.

Hay algo en lo que pongo un énfasis especial: en que todos deben presionar a la vez y considerar el rescate como una tarea de equipo. Esto elimina el peso de la responsabilidad de los hombros de alguien en concreto, y garantiza que el adepto recibirá la influencia de todas las personas disponibles. Les urjo a que se pongan en contacto con otros familiares y amigos y que los convenzan para que ayuden; que estudien libros, artículos y vídeos, y que lleven un archivo.

Si ha contactado conmigo cuando sólo han transcurrido unos meses desde el reclutamiento, la probabilidad de conseguir que abandone la secta en el plazo de un año es muy buena. Por lo contrario, si cuando me llaman el individuo lleva por ejemplo diez años con el grupo, quizás haga falta algo más de tiempo antes de poder siquiera intentar una intervención con éxito (depende también de cómo sean las relaciones familiares). Pero los miembros más veteranos, desde luego, no son irrecuperables. Sólo requiere mucha más paciencia y un esfuerzo continuado. De hecho, he descubierto que en muchos aspectos es más fácil ayudar a alguien que lleva años en una secta. Estas personas conocen la dura realidad e la vida en un grupo –las mentiras, la manipulación, las promesas incumplidas por los líderes de la secta -, mientras que el converso reciente todavía puede estar flotando en las nubes de su fase de luna de miel.

En este caso en particular, George llevaba en el grupo dos años y medio. Vivía en un apartamento con otros “creyentes”. Aún mantenía contacto con sus padres y, algo menos, con su hermana Naomi. Sus padres no eran demasiados religiosos y criticaban la rigidez de la creencia de George en la interpretación de la Biblia que hacía el grupo. George había llegado a considerar la actitud de sus padres como “no cristiana”. Al igual que en muchas otras familias, la adhesión a la secta había provocado algunos enfados y profundos resentimientos por ambas partes. La familia había llegado a un punto muerto.

Cuando los padres de George decidieron intervenir, hacía ya tiempo que se daban cuenta de que su posición antagónica no les llevaba a ninguna parte. El padre de George decidió entonces cambiar la táctica. Le pregunto a su hijo si podía acompañarlo a una de sus sesiones de estudio de la Biblia, e incluso asistió a un par de servicios dominicales. Desde luego, George y sus compañeros “discípulos” interpretaron la presencia del padre como una señal de que “Dios había entrado” en su vida. Desde un punto de vista estratégico, ese fue un paso importante para recomponer las relaciones de George con su familia.

El señor O´Brien explicó a su hijo que deseaba aprender más cosas acerca de su iglesia porque le amaba. Lo cual era cierto. Con toda honestidad pudo no haberle dicho que no deseaba afiliarse, porque no lo deseaba. Lo que pretendía era hacerse con más información y reconstruir la relación con su hijo. De hecho, no sólo el padre de George sino cada uno de los miembros de la familia intentaban averiguar todo lo posible acerca del grupo. George jamás dudó del amor que sus padres le tenían, ni tampoco, en lo más hondo, de su amor por ellos. Lo que ocurría, simplemente, era que le habían enseñado que la gente o bien estaba de parte de Dios (en la iglesia) o del lado de Satanás.

Después de numerosas reuniones y llamadas telefónicas, la familia y yo comenzamos a trazar planes. George no tenía ni idea de que su familia estaba en contacto conmigo o con Buddy Martin. La cuestión de si había que recurrir al engaño era, como siempre, importante y peliaguda. Los O´Brien tuvieron que decidir entre varias opciones. ¿Debían sin más decir a George todo lo que sabían sobre el grupo y pedirle que hablara con nosotros?. Eticamente, eso era lo que deseaba hacer. Sin embargo, se las tenían que ver con una secta de control mental. Si le decían que querían que se entrevistara con personas que eran críticas con el grupo, ¿se trastornaría y rompería el contacto?

Alenté a la familia para que hablara con varios ex miembros y les preguntaran cómo respondería un adepto a una aproximación franca y directa. Sin excepción, todos ellos coincidieron en que, si lo hacían, George consultaría de inmediato a su compañero discipulado en busca de consejo. A partir de ese momento, el grupo estaría sobre aviso y emplearía todos sus recursos para convencerle de que evitara cualquier contacto con una familia obviamente controlada por Satanás.

Yo siempre he preferido que alguien le pregunte al adepto si estaría dispuesto a investigar en “la otra cara de la historia”, y observar la reacción que esto provoca. Una propuesta así debe ser realizada por un hermano o un amigo, mejor que por los padres. Si se hace de esta manera, resulta mucho menos amenazador.

Si el adepto acepta la oportunidad de conocer a antiguos miembros, el lugar y la fecha del encuentro han de convenirse de inmediato. Además, la persona que ha propuesto la entrevista debe mencionar el hecho de que si los otros miembros del grupo se llegan a enterar, intentarán convencerle de que no acuda a la cita. “¿Cumplirá su promesa pese a la presión del grupo?”, es una pregunta que debe formularse. Así se establece un contrato verbal.

Este tipo de intervención “a la descubierta” o abierta funciona mejor con quienes no están acabados de doctrinar, tiene dudas o se plantean interrogante sobre las sectas

Yo quería saber si George había expresado alguna insatisfacción o desilusión respecto al grupo. No respondieron los O´Brien, absolutamente ninguna. Por lo visto, estaba totalmente comprometido. Sólo confiaba en las personas del grupo. Estaba programado para pensar que todos los demás estaban “muertos”, lo que equivalía a “no espirituales”. Advertí a los padres de George que la decisión era cosa suya, pero que había muy pocas posibilidades de llegar hasta él si intentaban la aproximación abierta.

Decidimos que la mejor línea de acción consistía en alejar a George del grupo invitándole a la fiesta del 86 cumpleaños de us abuela en Cape Cod. Después de la fiesta, el domingo por la noche, los padres buscarían cualquier excusa para quedarse a dormir, y comentarían a George que ellos podían llevarle de vuelta a Boston al día siguiente. Por la mañana, la familia le diría que lamentaban mucho no haberle informado antes, pero que tenían previsto pasar los próximos tres días con un ministro de la Iglesia de Cristo, un asesor y un ex miembro.

Instruí a fondo a la familia sobre lo que tenían que decir y como decirlo. Quería que se aseguraran de que no telefoneara al grupo, y que hicieran todo lo posible para que no saliera corriendo. Debían convencerle de que no pretendían apartarlo de Dios, ni tampoco causarle el menor daño. Que lo único que deseaban era facilitarle el acceso a algunas informaciones sobre el grupo que de otra manera no podría conocer jamás. Tenían que pedirle que rezara, y decirle que estaban seguros de que su fe en el poder de Dios era más fuerte que su temor a Satanás.

Indiqué a los padres que preguntaran a George si estaba de acuerdo con un período de investigación de tres días en los cuales sería libre de ir y venir, tomarse todos los descansos que quisiera y decidir en que áreas deseaba profundizar.

El lunes por la mañana me encontré en una cafetería de Cape Cod con Buddy Martin y Ellen Queeney, una ex miembro a quien yo había asesorado, el verano anterior, para que abandonara la rama de París de la secta. Nos sentamos alrededor de una mesa y esperamos durante 4 horas. Mientras tanto, la familia intentaba persuadir a George de que aceptara sus condiciones. Me llamaron por teléfono media docena de veces para pedirme ayuda y consejo. La familia probó todo lo que les dije que hicieran, pero George se mantenía en sus trece. Sólo aceptaba reunirse con nosotros durante unas pocas horas. Decidimos seguir adelante y hacer todo lo que estuviera en nuestras manos. Antes de que saliéramos de la cafetería, un grupo de lugareños nos comentó que acabábamos de establecer un récord en lo relativo a permanecer sentados en el mismo sitio. Yo me eché a reír y dije para mis adentros: “¡Si supieran lo que está pasando!”.

George estaba acalorado, furioso y hostil cuando llegamos a la casa y nos encontramos. Era la primera vez que le veíamos en persona. Nos presentamos, y se mostró muy sorprendido al conocer a Buddy. Se trataba nada menos que de un portador de la Biblia, un ministro fundamentalista de la Iglesia de Cristo. George solicitó hablar a solas con dada uno de nosotros: primero conmigo, después Ellen, y por último con Buddy, Como era de esperar, estaba asustado y confuso. Hicimos todo lo posible para que se sintiera cómodo y darle la máxima sensación de control: para aprender, para crecer, y para demostrar a su familia que no estaba bajo control mental y que sabía lo que hacía. Esto fue lo que intenté decirle cuando quiso hablar conmigo en privado.

George demostró estar tan adoctrinado como cualquiera de los seguidores de una secta que yo había tratado. Se mostraba extremadamente reacio a aceptar la idea de que podría beneficiarse de todo aquello que llegáramos a discutir.

La participación de Buddy Martin fue decisiva. En su conversación a solas con George, comenzó a citarle versículos concretos de la Biblia y le preguntó cuál era su interpretación del significado de los mismos. Luego le demostró que, a pesar de que el grupo se proclamaba seguidor de la Biblia, en realidad sacaban las citas de contexto, ignorando deliberadamente otros versículos que alteraban su significado. Dado que el grupo había programado a George para que creyera en una interpretación literal de la Biblia, no podía negarse a examinarla. Este fue el resquicio por el cual comenzó a admitir la posibilidad de que el grupo no fuera absolutamente perfecto.

Una vez establecida esta primera base, Geroge se mostró dispuesto a escucharme cuando le hablé de los antecedentes del líder del grupo, Kip Mckean, y de su reclutamiento y adoctrinamiento realizada por Chuck Lucas, de Crossroad (Encrucijada), una secta de Gainesville, Florida5, allá por el año 1970. Tal vez fuera entonces cuando Mckean aprendió a utilizar los métodos de control mental que ahora ponía en práctica. George jamás había oído hablar de Encrucijada. Le mostramos una carta de McKean, escrita en marzo de 1986, dirigida a los líderes de la Encrucijada y publicada en su boletín, en la que afirmada que les “debía el alma”.6 George se quedó anonadado. Le enseñamos otra carta, ésta de los jefes de la Memorial Church of Christ (Iglesia Conmemorativa de Cristo) en Houston, Texas, escrita en 1977 en la que anunciaba la decisión de expulsar a Mckean de su ministerio debido a sus enseñanzas antibíblicas7.

Con este punto de partida pudimos empezar a discutir las características generales de las sectas destructivas y el control mental. Sin este marco de referencia hubiera sido imposible mostrarle a George lo que había ocurrido a él. En este punto de la discusión siempre hablo de otros grupos. Por experiencia personal, sé que la mayor parte de los adeptos de hoy en día tienen una visión negativa de los Moonies (con la única excepción, claro está, de los propios Moonies), así que por lo general comienzo con mi propia historia.

Esta forma de empezar ayuda a minimizar la resistencia defensiva y la técnica de interrupción del pensamiento. Detallo los componentes específicos de comportamiento del control mental, y me aseguro de dejar bien claros los puntos señalados por Lifton en su estudio sobre la modificación del pensamiento aplicada por los comunistas chinos. A continuación describo lo que sucede en el seno de otro grupo similar al que nos ocupa. De esta manera, los paralelismos entre los grupos se ponen de manifiesto con toda claridad, y resulta mucho más efectivo porque es el propio individuo quien establece las conexiones.

La información que le dábamos era demasiado intensa para George. Tenía que regular el flujo de lo que escuchaba. Cada dos horas, más o menos, se ponía de pie y anunciaba que necesitaba salir para dar un paseo y rezar. Esto sucedió varias veces cada día a lo largo de los tres días. Por la noche, yo iba a una pensión cercana donde podía descansar y planificar la estrategia. En cada ocasión que George salía de la casa, no podíamos estar muy seguros de si volvería o no. Le hubiera resultado muy fácil levantar el pulgar mientras caminaba por la carretera y hacer autostop hasta Boston, o telefonear a la secta para que vinieran a buscarlo. Pero intentar detenerle habría significado la pérdida de su confianza en nosotros. Nos habíamos metido en esto para hacer todo el trayecto. Si se marchaba en ese momento, la familia no tendría más opción que seguir suministrándole información cada vez que le vieran o hablaran con él. Debíamos confiar en que él quería hacer lo que considerase correcto. Además, la familia sabía que yo no estaba dispuesto a participar si intentaban cualquier tipo de intervención forzada.

Cuando George se quejaba de la estratagema que sus padres habían empleado para llevarle hasta la casa de su abuela, éstos se deshacían en disculpas. Le pedían que se pusiera en su lugar y que sugiriera cualquier otro acción que podrían haber realizado y que fuera igual de efectiva. Pero George no fue capaz de dar con ninguna. Se daba cuenta de que si le hubieran puesto sobre aviso, él se habría dirigido en el acto a sus superiores y éstos se hubiesen encargado de disuadirle.

Sus padres le recordaron que él ya había rechazado una invitación anterior para reunirse con ex miembros y leer unas cuantas informaciones críticas. Se quedó boquiabierto: ni siquiera guardaba en la memoria de la invitación. También le recordaron que un mes antes se había reunido con su prima Sally, quien a petición de los padres se había encargado de transmitirle el ofrecimiento. George la había rechazado de plano. Sus padres le explicaron que en su opinión ya no les quedaba más salida que ésta.

Durante aquellos tres días, pude realizar con la familia una excelente tarea de asesoramiento sobre las formas de comunicarse con mayor efectividad, y trabajar en algunos de sus propios problemas y preocupaciones, que poca relación guardaban con la participación en una secta. Así, George podía ver que toda la familia estaba aprendiendo y creciendo junta, y que si se unía a ellos sería un paso de gigante en el desarrollo de una relación mucho más estrecha con cada uno de los familiares

Incluso después de pasados los tres días, George se resistía a aceptar que nunca más volvería al grupo. Declaró que necesitaba más tiempo para estudiar y reflexionar sobre todo lo que había aprendido, Decidió no volver a su apartamento y quedarse en casa de sus padres. Allí podría leer libros y artículos, ver vídeos sobre actividades de las sectas, y continuar las charlas y reuniones con otros antiguos miembros.

Al cabo de un mes, George comunicó a su familia que ya no volvería jamas a la Iglesia de Cristo de Boston. Por ese entonces, asistía a los oficios religiosos y a los estudios de la Biblia en la Iglesia de Cristo de Burlington, una de las 18000 iglesias de Cristo, donde conoció a otros 75 refugiados del grupo de Boston. Hoy en día afirma sentirse muchísimo más feliz que cuando estaba en la secta, y tiene una mejor comprensión de la Biblia. Desde que abandonó el grupo, ha dedicado buena parte de su tiempo a ayudar a otras personas a comprender los aspectos destructivos de esta secta.

A pesar de que los padres de George hubieran preferido que les acompañara a la Iglesia Unitaria a la cual pertenecen, respetan su derecho a escoger su propio camino. Su padre asiste con él a sesiones de un grupo de estudio de la Biblia, cada martes por la noche, con el propósito de aprender y estar más cerca de su hijo. Hay que destacar que los O´Brien decidieron intervenir en la vida de George sólo hasta el momento en que él fuera capaz de reconocer y comprender las prácticas de control mental utilizadas por las sectas destructivas. Yo jamás acepto que clientes que apuntan como motivo para una intervención su propio interés. Deben comprometerse a ayudar al individuo a pensar por si mismo.

Las creencias que refuerzan mi método

Dado que las sectas atraen a la gente a lo que podríamos llamar una trampa psicológica, mi trabajo como asesor en abandonos es mostrar al adepto 4 cosas.

En primer lugar, le demuestro que él está en una trampa: una situación en la que se encuentra psicológicamente incapacitado y de la que no puede salir. En segundo lugar, le hago ver que cuando realizó la elección no deseaba meterse en una trampa. En tercer lugar, le señalo que las personas que están en otras sectas también se encuentran en una trampa. Por último, le digo que es posible salir de la trampa. Si bien estos cuatro puntos le pueden parecer muy obvios a cualquier persona que no pertenezca a una secta, no son tan evidentes para quien está bajo control mental. Se necesita alguien que comprenda lo que de verdad significa estar apresado en la trampa de una secta destructiva para transmitir este mensaje con la fuerza y determinación necesarias. Esta última razón es la que convierte a los antiguos adeptos, y en especial a los antiguos líderes de sectas, en los mejores asesores en abandonos.

Mi método descansa en varias creencias esenciales sobre la gente. Una es que las personas necesitan y desean desarrollarse. La vida está en perpetuo cambio, y es inherente a la persona moverse en una dirección que apoye y estimule el crecimiento.

Es importante que la gente se centre en el aquí y ahora. Lo hecho en el pasado ya ha quedado atrás. El enfoque no debe centrarse en lo que “hicieron mal” o en lo que “no hicieron”, sino en lo que pueden hacer en la actualidad. El pasado es útil sólo en la medida que facilita unas informaciones que pueden resultar valiosas en le presente.

También he observado y creo que la gente siempre elegirá lo que piensan que es mejor para ellos en un momento dado. Según mi experiencia, las personas siempre harán aquello que creen que es lo mejor para ellos en base a su información y vivencias. La razón por la que el adepto permite que le adoctrinen es sólo que él cree que el grupo es maravilloso y que se trata de algo enriquecedor.

También creo que cada persona es única y que cada situación es diferente. Toda persona tiene una forma particular de comprenden e interactuar con la realidad. Por lo tanto, mi aproximación está por completo centrada en el cliente. Me ajusto a mí mismo para encajar con las necesidades del cliente. No espero que él se adapte a las mías. En mi aproximación, el trabajo del asesor es comprender a la persona hasta el tuétano: cuáles son sus valores, qué necesita, qué quiere y como piensa. Debo esforzarme por encontrar un camino que me lleve al interior de su cabeza, en cierto sentido “ser él”, con el fin de comprenderle y ayudarle a hacer lo que él desea hacer. Mi aproximación se basa en el convencimiento de que, en lo más profundo de él, hasta el miembro más comprometido de un grupo de control mental sea abandonarlo.

Por último, mi aproximación está centrada en la familia. Ciando alguien es reclutado por una secta destructiva, todos y cada uno de quienes él conoce y ama resultan afectados. Los miembros de la familia y los amigos son vitales en la mayoría de los casos resueltos con éxito, puesto que se les puede entrenar para obtener un máximo de eficacia cada vez que se comunican con el miembro de la secta. De esta manera, su influencia emocional y personal puede ser utilizada para conseguir su cooperación,

Desde luego, esta forma de trabajar exige un gran esfuerzo por parte de la familia. Tienen que estar dispuestos a aprender nuevas formas de comunicarse, y a enfrentarse con algunas cuestiones molestas que pueden estar latentes. Si hay algún problema familiar importante, es mejor expresarlo y, si es posible, resolverlo antes de intentar una intervención.

Cuando se mantiene el foco sobre la familia, todos cambian. El miembro de la secta toma conciencia de que hay cosas positivas que ocurren fuera del grupo, los familiares aprenden a establecer un clima de respeto y confianza, y a cómo sembrar en la mente del adepto.

El amor de una familia es una fuerza mucho más poderosa que el amor condicionado que brindan los miembros y líderes de una secta. El amor familiar apoya el derecho del individuo a convertirse en un adulto autónomo y a tomar sus propias decisiones en la vida. El amor de la secta pretende mantener siempre a la persona en un estadio de adolescente dependiente, de ahí las amenazas de retirarle el amor si el individuo adopta decisiones sobre su propia vida en oposición a las órdenes del líder. Cuando los familiares aprenden cómo interactuar de manera eficaz, son de vital importancia para ayudar al sujeto a alejarse del grupo. Durante la intervención, este factor se convierte a menudo en determinante.

Cuan asesoro a un adepto, jamás intento separar el grupo de él o separarlo a él del grupo. Si lo hiciera, él sólo se sentiría amenazado, y tendría motivos para ello. En cambio, siempre busco la forma que madure ofreciéndole diversas perspectivas y posibilidades. Ayudo a las personas a que consideren opciones de las que ni siquiera conocían su existencia, después les animo a hacer lo que piensan que es mejor para ellas. Hago todo lo que está a mi alcance para que lleguen a sentir que tienen el control.

Como ya he dicho antes, el control mental de la secta jamás consigue borrar del todo la personalidad anterior (“Juan Juan”). Lo que hace es imponer una identidad de secta dominante (“Juan Secta”) que suprime continuamente el yo real. Como miembro de la Iglesia de la Unificación, pensaba que había tenido éxito en “morir para mí mismo”. Yo, Steve-Moonie, pensaba que el antiguo Steve Hassan había muerto. Sin embargo, el “yo” dormido se despertó durante mi desprogramación. Siempre estuvo allí. Fui capaz de recordar todas las contradicciones, los conflictos y las promesas rotas de Moon que viví –pero sin actuar- cuando era un converso, y estos recuerdos fueron lo que me hizo capaz de abandonar la secta. Algo dentro de mí lo había sabido desde siempre.

Tener éxito al intentar conectar con la personalidad soterrada de un individuo es lo que me permite ayudarle a abandonar un grupo. Si la personalidad soterrada está feliz y contenta con su participación en la secta, es muy poco lo que yo puedo hacer.

Una persona así jamas ha estado bajo control mental. Ha elegido estar allí. Pero en contadas ocasiones me encuentro con un caso semejante. Las familias me llaman porque ven que algo terrible está sucediendo. Y yo he descubierto que cuando a alguien que está sometido a la esclavitud se le da la oportunidad de escoger, no elige ser esclavo; no cuando tiene la posibilidad de adoptar decisiones sobre su propia vida, tener relaciones libres con otras personas, y dedicarse a la consecución de sus propios intereses y sueños.

Junto con estas creencias tan firmes, mi método tiene algunas características muy definidas. En primer lugar, me centro en el proceso de cambio. Lo cual significa que es más importante el cómo la gente llega al cambio que saber por qué o qué cambian. Dado que yo creo que las personas están interesadas en desarrollarse y aprender, mi aproximación también es educacional. Imparto un montón de enseñanzas: sobre psicología, comunicación, aspectos de control mental y de otras sectas destructivas, así como numerosos detalles de la historia particular de un grupo, sus líderes y las contradicciones de su doctrina.

Los casos difíciles: La intervención encubierta

Cuando el miembro de una secta se niega a hablar con personas que pueden “presentarle la otra cara de la historia”, o se marcha en medio de una intervención y vuelve al seno del grupo, no está perdido. Al menos se ha establecido una comunicación sobre temas de importancia. El adepto puede sentir remordimientos por haber tratado mal a sus seres queridos y estar dispuesto a hablar en un futuro encuentro.

El momento de la intervención quizá fuera poco propicio. Tal vez se realizó justo después de que la persona saliera de un curso intensivo de readoctrinamiento, de que se acabara de casar dentro del grupo, o de que le hubieran ascendido. Elegir bien el momento puede marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso. Como es lógico, la mejor ocasión es cuando el miembro está en un período “bajo”, y existen ciclos de altibajos emocionales en la vida del miembro de una secta como en la vida de todas las demás personas.

Tras el fracaso de una intervención, a la familia le puede llevar varias semanas, cuando no meses, restablecer las relaciones con el adepto. En ese punto, sólo tienen dos opciones. Pueden dar marcha atrás, y decirle al miembro que han hecho todo lo que estaba a su alcance y que cuando él desee recibir información o entrevistarse con ex miembros, se sentirán felices de poder ayudarle. La otra opción es intentar una intervención encubierta.

Es muy difícil tener éxito con una intervención encubierta. Se trata de un intento de asesorar al adepto sin que él tenga conocimiento de la participación de su familia para ayudarle a realizar una nueva valoración de su compromiso con la secta. A mí me resulta bastante arduo encontrar una excusa para reunirme con una persona y conseguir el tiempo suficiente para sacar algo de provecho.

Alguien que observase los preparativos de una intervención encubierta podría creer que está viendo otra vez Misión: Imposible. Se reúne un equipo. Se escruta e perfil psicológico del objetivo para dar con sus puntos débiles, intereses y patrones de comportamiento. Se urde una trama a fin de ponerse en contacto con él y retenerle el tiempo suficiente para encarrilar la misión.

Una intervención encubierta puede llegar a ser necesaria si las relaciones del adepto con sus familiares y amigos están muy deterioradas. Tal caso se da sobre todo en personas que llevan largo tiempo adheridas a una secta, cuyas familias hace ya mucho que han sobrepasado todos los límites de frustración y dolor, y han dicho o hecho cosas que han roto la relación. La intervención encubierta implica la utilización del engaño, algo de lo que acuso a las sectas, lo que me hace sentir incómodo. Sin embargo, no intento convertir a nadie en seguidor mío; una vez que mi trabajo de presentar la información, exponer las alternativas y ofrecer mi asesoramiento está acabado, queda en manos del individuo adoptar la decisión que crea conveniente.

Margaret Rogers y los Niños de Dios

Margaret Rogers era miembro de los Children of God (Niños de Dios), una secta liderada por Moses David Berg (que en la actualidad se llama Familia del amor), desde hacía unos diez años. Durante todo este tiempo sus dos hermanas y su hermano, sólo habían recibido de ella media docena de cartas. Margaret, que utilizaba el nombre con que la había rebautizado el grupo, viajaba por todo el mundo con esta insólita secta. Su familia, habitualmente, nunca sabía cómo ponerse en contacto con ella, excepto en una ocasión en que pudieron ir a visitarla a Filipinas. Cuando eso sucedía, ella estaba casa con un miembro del grupo y tenía tres hijos.

En el transcurso de la visita, su familia le rogó que se alejara durante un tiempo de la secta y que hablara con algunos antiguos miembros. Ella se mostró dispuesta a hacerlo, y de hecho necesitaba con urgencia una buena alimentación y descanso además de una exhaustiva revisión médica. Aunque no lo mencionaron, ellos sabían que el grupo la había puesto a hacer “la pesca del flirt”, un término que los Niños de Dios utilizan para referirse a la prostitución.10. Esta es la principal fuente de ingresos de la secta y de reclutamiento de seguidores varones. La familia Rogers era consciente de que no tenían el valor suficiente para discutir el tema.

En aquel momento, todos fueron testigos de los instantes en que Margaret volvió a ser “ella misma” –su rostro y su comportamiento se relajaban y se convertía en la persona que conocían de antes -, sobre todo cuando sus hermanas y hermano hablaban de los recuerdos de la infancia, o de la gente y los antiguos sucesos acaecidos en su ciudad natal. También se hizo evidente que su marido era un adepto convencido que ni siquiera dejo entrever su identidad anterior, Además, siempre era él quien tomaba las decisiones por ella. La familia de Margaret volvió a Estados Unidos contenta por haber estado con ella y con sus nietos… y firmemente decidida a internar rescatarla.

Sus padres asistieron a uno de mis cursillos sobre comunicación para familiares de adeptos, y me pidieron ayuda,. Me dijeron que les hubiera gustado contar con los consejos del curso antes de su viaje a Filipinas, e incluso haberme llevado con ellos. Les respondí que debían continuar aprendiendo todo lo que pudieran sobre le grupo: su expresiones características, su estilo de vida y sus creencias. Con este propósito les puse en contacto con varios ex miembros. También les aconsejé que no dejaran de practicar las técnicas de comunicación que les había enseñado. Transcurrido un año, Margaret les llamó desde México y les pidió que fuesen a visitarla de nuevo.

Nos reunimos y discutimos las posibilidades. ¿Cómo podríamos conseguir que yo la conociera, mantener alejado al marido tanto como fuera posible, y al mismo tiempo no despertar sus sospechas?. Llegamos a la conclusión de que los padres no debían emprender el viaje, pues representaban una clara amenaza al compromiso de Margaret con la secta por las amargas críticas que habían formulado desde el primer momento. Sus dos hermanas y el hermano irían a pasar una semana. Yo les acompañaría, en el papel de novio de su hermana Lisa.

Invitamos una historia según la cual el señor Rogers no podía realizar el viaje por órdenes del médico: nada menos que una enfermedad cardíaca. En cuanto a la señora Rogers, no podía abandonar su trabajo y se sentía obligada a quedarse para ayudar a su marido en caso necesario. Bob, el hermano de Margaret, llamó a la filiar de su empresa en Ciudad de México, y consiguió que citaran a su cuñado para una entrevista de concesión de empleo, puyes sabíamos que buscaba la manera de obtener unos ingresos regulares y lícitos. La colonia formada por los miembros de la secta se había dispersado por todo el país, y las familias de adeptos tenía órdenes de trabajar por su cuenta.

A continuación, Bob convenció al marido de su hermana para que aceptara la oferta de una entrevista de empleo. Bob le acompañaría a Ciudad de México durante unos días para darnos tiempo de estar a solas con Margaret.

El plan consistía en determinar el estado mental de Margaret y tratar de persuadirla para que volviera a Estados Unidos con sus hijos. Confiábamos en que tras la visita anterior sintiera nostalgia del hogar, y creíamos que si en realidad no amaba a sus marido, como sospechábamos, las posibilidades de tener éxito eran bastante grandes.

Todo comenzó a funcionar sobre ruedas. Cuando llegamos, Margaret y su marido no mostraron síntomas de inquietud. Pasamos el primer día juntos, y nuestro grupo pintó un cuadro de color de rosa sobre nosotros mismos. En ningún momento dimos muestras de estar preocupados por su forma de vida. Fuimos a comer a un buen restaurante, recorrimos las tiendas y compramos ropa nueva para toda la familia, y nos divertimos. También nos dimos cuenta de un detalle que nos pareció interesante: no Margaret ni su marido intentaban convencernos de las excelencias de su secta.

Al día siguiente Bob se marchó con el marido, y nosotros invitamos a Margaret a nuestro hotel, donde alquilamos una habitación para ella y los niños. Nos ofrecimos para llevar a los niños de paseo y le recomendamos que entre tanto aprovechara la ocasión para meterse en la cama y descansar un rato.

Cuando volvimos, cinco horas después, Margaret aún dormía. Resultaba obvio que estaba exhausta. Cuando por fin se levantó, su rostro tenía mucho más color. Llamamos al servicio de habitaciones e hicimos un pedido. Era evidente que no estaba acostumbrada a comer tan bien ni a que le sirvieran en un hotel tan bueno. ¡Y lo disfrutaba de lo lindo!

Después de la comida empezamos a charlar. En primer lugar rememoramos los gratos recuerdos de la infancia. Luego sus hermanas le hablaron de lo mucho que la echaban de menos, y de su sensación de que les habían robado a una hermana a la que tanto querían. Aparecieron algunas las lágrimas y los largos y entrañables abrazos. Después la conversación derivó hacia los niños y su futuro. ¿Era ésta la forma en que había soñado criar a su familia? ¿Encarnaba Tom su visión del marido ideal?

La ocasión parecía madura.

- Escucha, Margaret – dijo una de las hermanas -. ¿No te gustaría volver con nosotras a Connecticut?

- ¡Oh Dios mío, me encantaría! – gritó Margaret, entusiasmada. Pero de inmediato se hundió en sus sillón y añadió -: Pero no puedo hacerlo.

- ¡Por qué no? – preguntó Lisa.

- Por que no puedo.

- ¿Es porque crees que a Dios no le gustaría que lo hicieras?

- Intervine yo.

- Sí – respondió ella -. Además, Tom nunca lo aceptaría a menos que Elías se lo dijera. – Elías era el líder más cercano.

Por primera vez, Margaret mencionaba este aspecto de la secta a sus hermanas.

- A ti, ¿qué te gustaría hacer? – volví a preguntar.

- No lo sé. No creo que pueda – dijo con tono de disgusto.

- ¿Qué pasaría si Dios viniera y te dijera que regreses a Connecticut? – quise saber.

- El jamás lo haría – replicó.

- ¿Pero y si lo hiciera? – insistí -. ¿Qué harías si te dijera con voz fuerte y clara que su voluntad es que cojas a los niños y que vayáis a Connecticut durante unos meses? ¿Le obedecerías? – Mi voz aumentaba paulatinamente de volumen -. ¿Con quién te has comprometido, con Dios o con el grupo?

Pensó en ello durante unos instantes y después respondió:

- Si Dios me dice que vaya a Connecticut, entonces iré.

- ¿Incluso si tu marido o cualquier otro miembro del grupo dijera que no podías ir? – inquirí. Estaba apretando mucho, pero quería saber hasta dónde podía llegar.

- Si Dios me dijera que fuese, iría, aunque los demás quisieran que me quedase- declaró.

Muy bien, pensé. Ahora demos el siguiente paso. Proseguí con mi razonamiento.

- ¿Cómo puedes saber si Dios quiere que vayas, si no rezas y le preguntas cuál es su voluntad? ¿Le has planteado alguna vez una cuestión como ésta?.

- No pero lo haré esta noche. Aunque no creo que su voluntad sea que yo me marche a Connecticut.

- Vaya, así que tú le dirás a Dios lo que debe contestar – repliqué -. ¿Por qué no buscas en el fondo de tu alma y rezas sin ninguna conclusión preconcebida sobre lo que Dios quiere para ti y para tus hijos en esta vida? – El tono de mi voz era muy intenso -. Reza con fervor y claridad, y pon toda tu fe en que lo que El quiere será bueno para ti.

Margaret me preguntó si de verdad yo cría con tanta fuerza en Dios, y yo le respondí que sí. Entonces quiso saber más cosas sobre mi vida espiritual. Esto me brindó la oportunidad que necesitaba para referirle mi experiencia en los Moonies: cómo o había llegado a creer que Dios hablaba a través de mis líderes y al convencimiento de que no podía dudar, plantear cuestiones críticas o ni siquiera abandonar el grupo. Le expliqué el proceso de implantación de fobias, y le hablé de cómo fui capaz al fin de imaginar un futuro para mi fuera de la secta, gracias a mi encuentro con muchos ex Moonies que seguían siendo muy espirituales y buenas personas después de abandonar el grupo.

Ella me escuchaba con suma atención. Le expliqué que había llegado a desconfiar de mi propia voz interior cuando estaba en los Moonies, y a creer que era perversa, cuando de hecho, como aprendí luego, era un vínculo directo con Dios. Le describí cómo me habían controlado a través del miedo y la culpa, y añadí que tanto en los Moonies como en los Niños de Dios existía un control absoluto sobre toda la información que recibíamos. Los líderes de ambas sectas se consideraban a sí mismos como los elegidos de Dios en la Tierra, los dos tenían una autoridad total, y los dos eran inmensamente ricos.

-¿Crees que Dios le dio al hombre el libre albedrío sólo para quitárselo después mediante el engaño y el control mental? – le pregunté -. Piénsalo ¿Crees en un Dios que quiere que sus hijos sean autómatas o, en el mejor de los casos, esclavos? ¡Si lo hubiera deseado así – Señalé -, jamás le hubiera dado a Adán y Eva la libertad de elegir! ¿No es una gran contradicción?

Margaret estaba boquiabierta y con los ojos desorbitados. Le di un abrazo y me excusé: necesitaba estar a solas e iba a dar un paseo. Ella precisaba algún tiempo para asimilar lo que le había dicho. Yo confiaba en que sus hermanas serían capaces de ayudarla a ordenar sus pensamientos y de manejar los sentimientos que habíamos despertado.

Aquella misma noche volví a hablar con ella durante unas cuantas horas, más que nada para infundirle confianza en sí misma. Le dije que tenía una mente privilegiada y que debía aprovecharla. Ella que siempre había sido una persona ética, ¿de verdad creía que el fin justifica los medios? ¿Era un proceder cristiano utilizar el sexo para reclutar adeptos? Ella amaba a su familia. ¿Permitiría que sus miedos fueran más fuertes que su amor? También apelé a sus instintos maternales y le pregunté cómo se sentía al permitir que sus hijos crecieran en medio de la pobreza, sin educación y sin cuidados médico. Sabía que ella no ignoraba que los hijos de otros miembros habían muerto porque sus padres no pudieron llevarles a un médico.

Antes de que se fuera a la cama le recordé que debía rezar, y rezar con fervor.

- Reza como jamás has rezado antes. Pídele a Señor que te muestre el camino. ¡Pregúntale qué quiere El que hagas!

Aquella noche permitimos que los niños durmieran con nosotros para que ella pudiera descansar sin interrupciones. A la mañana siguiente, Margaret nos contó unos sueños increíbles llenos de símbolos de grandes luchas y desórdenes. En uno de los sueños era de noche, ella se había perdido en un bosque y no sabía cómo salir. En otro, sufría los embates de las olas tempestuosas del océano cuando navegaba sola en un pequeño bote. En el tercer sueño se veía a sí misma paseando por un campo de flores silvestres en un soleado y cálido día de primavera.

Durante el desayuno le pregunté si era consciente de la respuesta de Dios a su pregunta. Esbozó una sonrisa, pero de inmediato ésta se transformó en un gesto de preocupación. Abandonó su lugar de la mesa y caminó hasta la ventana. Su mirada se fijó más allá de los cristales durante unos minutos, después se volvió más allá de los cristales durante unos minutos, después se volvió y dijo:

- En mi corazón creo que debería regresar a Estados Unidos, pero pienso que no puedo.

Sentí como si me hubieran quitado del pecho un peso de cien kilos, pero intenté ocultar mi entusiasmo. Sus hermanas se echaron a llorar.

-¿Qué es lo que te detiene? – Pregunté.

Lanzó un suspiro y reflexionó durante un largo rato. Luego respondió:

- Tengo miedo.

Sus hermanas y yo fuimos a su lado u los cuatro nos fundimos en un estrecho abrazo.

- No te preocupes –la tranquilicé -. Nosotros te ayudaremos en todo lo que podamos. Confía en Dios.

Nos comportamos como si ya hubiéramos resuelto el problema. Había llegado la hora de ponernos en movimiento. En menos de dos horas estábamos camino del aeropuerto. Antes había telefoneado a los padres para transmitirles las buenas noticias. Margaret le escribió una larga carta a Tom explicándole que íbamos camino de Estados Unidos, que deseaba estar a solas con los niños y con su familia durante unas cuantas semanas, y que se pondría en contacto con él y le haría saber cuándo podía ir a visitarla, si le apetecía hacerlo. Le decía también que había tomado esta decisión voluntariamente, que había sido desgraciada durante mucho tiempo, y que sentía que Dios quería que ahora hiciera esto.

No hubo ningún problema en el aeropuerto. En una situación como ésta siempre tengo miedo de que suceda algún tipo de catástrofe, pro ejemplo que todos los aviones estén llenos o que los miembros de la secta se presenten en la sala de espera. Estuvimos hablando durante el vuelo y le dije que tenía unos cuantos amigos que habían sido miembros de los Niños de Dios. Pero decidí que no iba a explicarle el papel que yo había desempeñado hasta que hubieran pasado al menos un par de semanas y hubiese tenido tiempo para estabilizarse. Hay un par de clientes que hasta el día de hoy no saben que les ofrecí mi asesoramiento a petición de sus familias.

Cuando Margaret entró en su casa por primera vez en diez años, vio montones de globos y un enorme cartel de ¡BIENVENIDA A CASA! que colgaba del techo. La casa estaba llena de familiares y amigos. Las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Había olvidado lo maravillosa que la vida había sido para ella en aquel lugar. Más tarde me confesó que en aquel momento se sentía como un prisionero de guerra al que acababan de liberar tras diez años de cautiverio. Tantas personas habían crecido y cambiado. El vecindario había variado mucho. Y no sabía absolutamente nada de los sucesos ocurridos en el país y en el mundo durante la última década. Tenía que ponerse al día en muchísimas cosas.

Al cabo de un par de días, le concerté una entrevista con algunos antiguos miembros, y tuve la suerte de encontrar a uno a quien ella había conocido en el grupo. LA mejoría de Margaret era impresionante. Día a día ganó peso, comenzó a recuperar el sentido del humor, y el color y la expresión volvieron a su rostro. Sus hijos se adaptaron rápida y alegremente a su nueva vida. Más adelante se tomaron las oportunas disposiciones para ayudar al marido con el apoyo de la familia.

Nadie puede salir de una experiencia tan larga como ésta sin sufrir problemas emocionales, y ella no era la excepción. Sin embargo, no todos los casos tienen un final feliz. Sobre todo en los primeros años de mi carrera como asesor, trabajé en varios casos en los que no fui capaz de ayudar a la persona para que abandonara la secta. Al revisar estos casos en retrospectiva, me doy cuenta de que había demasiados factores en contra como para tener éxito, pero aun así lo intenté. Algunos caos estaban relacionados con la psicopatología del individuo en el grupo, o con los propios familiares. En otros, las familias habían omitido detalles de la historia familiar, mientras que en otros hubo un sabotaje intencionado por parte de uno de los miembros de la familia.

Alan Brown y la Fundación para la Compresión Humana

Alan, hijo de Herbert y Julia Brown, llevaba más de doce años afiliado a la Fundación para la Compresión Humana, una secta dirigida por Roy Masters. Hipnotizador profesional, Masters tiene un programa radiofónico llamado How Your Mind Keep You Well (Cómo su mente puede mantenerle en forma) que se transmite a todo el país y que pél utiliza para conseguir nuebvos adeptos. Alan fue reclutado cuando, tras escuchar una noche el programa envió dinero para comprar las grabaciones de Masters sobre “meditación”. Yo he escuchado estas cintas y he llegado a la conclusión de que el propósito de Masters es inducir un poderoso estado hipnótico, no meditación, como pretende en su programa. Más tarde, cuando me dediqué a investigar a Roy Masters, me enteré de que se había metido en el negocio del “exorcismo”: descubría entre su audiencia a quienes poseídos y tras el pago de una suma de dinero los liberaba. Su lugar de trabajo habitual era el salón de baile de un hotel, atiborrado de público12.

A diferencia de la mayor parte de mis clientes, los Brown tenían graves problemas psicológicos. Por desgracia, no me di cuenta de ello hasta que llegué a Michigan para hacer una intervención con su hijo antes de que se marchara interno a un cursillo de un mes de duración en el rancho de Master en Oregón.

Supe que algo andaba muy mal en cuanto atravesé el umbral de la puerta. El perro de la familia estaba virtualmente fuera de control: saltaba, ladraba, corría de arriba abajo como desesperado. Los Brown se disculparon, pero resultaba evidente que estaban para volverse locos. No paraban de sabotear la autoridad del otro sobre el perro: uno decía que se echara al suelo, y entonces el otro le animaba a que se le subiera a la falda. El perro no es que estuviese mimado: estaba arruinado.

Más tarde, cuando conocí a Alan, me encontré con un hijo único que por supuesto estaba mimado y sobreprotegido. Paso a paso, también él se estaba volviendo loco a causa de los contradictorios mensajes que constantemente recibía de sus padres, mensajes que éstos ni se daban cuenta que enviaban. En cierto momento, su madre le alababa porque había cortado el césped, y al siguiente, su padre le criticaba por haber dejado pasar dos semanas antes de hacerlo. El padre le decía que debía buscarse un empleo, pero entonces la madre comentaba que sería mejor que esperara unas cuantas semanas más.

Me resultaba evidente que Alan intentaba a toda costa alejarse de la influencia de sus padres. Deseaba ser independiente, pero no sabía ni por dónde comenzar. Quería demostrar a sus padres que era una persona capaz, pero su autoestima estaba tan deteriorada que siempre parecía estar al borde de una depresión. Alan tenía dificultades sociales, y cuando le conocí no contaba con ningún amigo fuera del grupo.

En este caso, Alan-Alan no era feliz ni tenía éxito. Era, de verdad muy desgraciado. Desde la perspectiva del asesor en abandonos, había muy pocas coas en su pasado que pudieran utilizarse como punto de conexión.

A pesar de las inquietantes características de su secta,13 mientras los padres continuaban con su anormal estilo de relacionarse y comunicarse con él, parecía que permanecer en el grupo en aquel momento era la mejor elección que podía hacer. Al menos el grupo le ofrecía una oportunidad para relacionarse socialmente con otras personas, además de la esperanza de poder mejorar si seguía las instrucciones de su salvador, Masters.

Estaba claro que comprender el funcionamiento del control mental y de las sectas destructivas no era suficiente para Alan. Lo que él necesitaba era un entorno seguro y protector, y una buena dosis de asesoramiento personal y familiar. Por desgracia, aunque sus padres le querían, no estaban dispuestos a buscar el tipo de ayuda que ellos precisaba. Querían que yo “sacara a Alan de la secta”, y nada más. Por colmo de males, los Brown tampoco se mostraban conformes de desembolsar el dinero necesario para pagar un buen programa de rehabilitación para Alan. Necesitaba de forma imperiosa encontrarse en un lugar saludable, no en su casa ni en la secta.

A pesar de todos mis esfuerzos, la intervención estaba condena al fracaso desde el principio. Los padres no comprendían lo que representaban las sectas y el control mental, ni tampoco estaban dispuestos a examinar su propio comportamiento y dar los pasos necesarios para cambiar. En aquel entonces, Alan recibía tanto de la secta (esperanza, atención, relaciones con otras personas) como para ni siquiera pensar en abandonarla. Sin embargo, son contadas las ocasiones en que gente como él “lo consigue” dentro del grupo. Las más de las veces son empujados hasta el límite, se queman, y o bien se van o los echan. Tal vez cuando llegue ese día Alan recordará algunas de las cosas que le dije.

Cuando abandoné el caso, en 1980, había aprendido varias lecciones importantes. Primero, había aprendido que reunirse con, evaluar y preparar a la familia es vital. Si la familia no estaba dispuesta a invertir el tiempo, la energía y el dinero necesarios para una intervención con éxito, no debía aceptar el caso.

Segundo, si la familia no estaba dispuesta a afrontar sus propios problemas y hacer un esfuerzo para cambiar y madurar, perjudicaría los progresos del adepto.

A lo largo de los años, es cierto que he tenido mi parte de casos fracasados. Sin embargo, hace poco he llegado a comprender las variables críticas para tener éxito, y tan solo intento la intervención cuando estoy seguro de que será un paso positivo para el individuo y para su familia. Además, tres días completos de asesoramiento parecen suficientes para asegurar el éxito. En los últimos tres años, más o menos, las únicas personas con las que no he conseguido que abandonasen el grupo son aquellas que no le dieron a su familia el plazo de los tres días.

Estos son sólo tres ejemplos de los cientos y cientos de casos en los que he trabajado desde que salí de los Moonies. A partir de mi propia experiencia he aprendido que la gente llegará hasta extremis increíbles para defender una causa que creen grande y justa. También he aprendido que nadie quiere sacrificar su tiempo, sus energías y sus sueños por una causa falsa y nociva. Una vez que la fobia contra el abandono es superada, que consigo establecer contacto con la personalidad auténtica del individuo, y le descubro qué han hecho con él, éste casi siempre escoge ser libre, porque las personas siempre elegirán lo que creen mejor para ellas.

Por último, es importante que los antiguos adeptos y sus familias no consideren todo lo ocurrido en la secta como negativo. Yo siempre aconsejo a los miembros que recuerden lo bueno y se lo lleven con ellos cuando decidan abandonar el grupo. No obstante, está claro que pertenecer a una secta destructiva siempre te marca para siempre. Llegas a comprender muchas cosas que habías dado por sentadas: la familia, los amigos, la educación, la capacidad de tomar decisiones, la individualidad, todo el sistema de valores. Abandonar una secta brinda la ocasión única de sentarse “desnudo” con uno mismo y analizar todo lo que has conocido o creído alguna vez. Este proceso puede ser liberador, como también bastante terrorífico. Es una oportunidad para comenzar de nuevo tu vida.

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CAPÍTULO 8

Cómo prestar ayuda

Si alguien que usted conoce y ama se convierte en miembro de una secta destructiva, probablemente se encontrará usted frente a una de las situaciones más difíciles de su vida. Al intentar ayudar al ser querido a que recupere su personalidad original, es muy fácil cometer errores que harán todavía más difícil su tarea. No obstante, si usted responde al desafío de una manera clara y bien equilibrada emocionalmente, las posibilidades de que sus esfuerzos fructifiquen son mucho mayores, y será además una experiencia muy gratificante y enriquecedora. Esto, al menos, es lo que he podido observar una y otra vez en las familias con las que he trabajado como asesor en abandonos.

Este capítulo pretende ofrecerle unas cuantas ideas básicas y prácticas de lo que la gente debe y no debe hacer cuando intenta ayudar a que un adepto abandone la secta, lo que debe hacer usted y también los otros miembros de su familia mientras realizan un esfuerzo común. Adoptar unas cuantas precauciones elementales puede evitarle un cúmulo de frustraciones.

La mejor manera de empezar es con los ejemplos de las reacciones opuestas de dos familias frente al problema de perder un hijo en una secta destructiva. Las historias que siguen a continuación están basadas en casos de personas reales a las que he atendido. Sus nombres, y también los de las sectas en las que estaban comprometidos, han sido cambiados.

La familia Johnson y la Hermandad Mundial

Cuando Bill y Lorna Johnson se dieron cuenta por primera vez de que su hija Nancy se comportaba de forma extraña, simplemente se despreocuparon del tema y lo achacaron a los típicos problemas de desarrollo de una muchacha de diecinueve años que pasaba el verano fuera de casa. Neil, que era su hermano mayor, también había mostrado un comportamiento extraño y atípico cuando tenía la misma edad. Nancy se encontraba en la región del Medio Oeste, y se dedicaba a vender libros a domicilio para ayudarse a pagar los estudios, pero sus ventas habían sufrido un bajón. Sin embargo, cuando llamó a sus padres y les comentó las dificultades que tenía en su trabajo, a éstos les sorprendió la aparente tranquilidad emocional de su hija, como si no tuviera ni una sola preocupación. Como sabían que Nancy era una persona a quien le gustaba salirse con la suya, Bill y Lorna esperaban que diera muestras de frustración y angustia. Había algo que no andaba bien, pero eran incapaces de saber de qué se trataba.

Unas semanas después recibieron una llamada telefónica de Leslie, una de las mejores amigas de Nancy. Leslie comentó a Bill y a Lorna que acababa de recibir una preocupante carta de Nancy. Leslie había dudado antes de llamar a los padres de su amiga, pues no quería traicionar su confianza. Pero en el contenido de la carta había tan poco de Nancy que decidió arriesgarse a un enfrentamiento con su amiga.

En ella decía, entre otras cosas: «Leslie, por fin he encontrado el lugar que de verdad me corresponde en el mundo. Dios me ha llamado para que forme parte de la Hermandad, que son los únicos cristianos verdaderos en la Tierra. He tirado mis tejanos, porque he comprendido que formaban parte de mi pasado satánico… El lugar de la mujer está por debajo del hombre… así lo dice la Palabra de Dios, y yo estoy aprendiendo a destruir mi ego vanidoso que desea formar parte de este mundo malvado”.

La prenda favorita de Nancy siempre había sido su pantalón tejano. Normalmente era una muchacha alegre con la que resultaba fácil llevarse bien, porque no tenía prejuicios. También, hasta cierto punto, tenía algo de feminista. Aquellos sentimientos de sumisión que manifestaba en la carta no eran muy propios de ella. Todos estos detalles que habían preocupado a Leslie preocuparon aún más a los padres de Nancy, porque su hija al parecer les había ocultado su afiliación. ¿Por qué Nancy jamás les había hablado de este grupo? Siempre se había comportado con ellos de forma abierta y sincera. No era habitual en ella que les mintiera deliberadamente acerca de su compromiso con un grupo religioso. Cuando le preguntaron qué novedades tenía para contarles, les respondió: «No muchas». A juzgar flor el tono de la carta, las novedades eran muchas.

Los Johnson telefonearon enseguida al ministro de su Iglesia para pedirle consejo. Él fue a verles de inmediato, y se mostró de acuerdo en que Nancy se comportaba de un modo extraño, y sugirió la posibilidad de que hubiera ingresado en un secta religiosa. Ante la sola mención de la palabra «secta» el pánico se adueñó de los padres. El señor Johnson estuvo a punto de cometer el típico error. Su primer impulso fue el de llamar a Nancy y pedirle explicaciones sobre el grupo, la carta a Leslie y las mentiras que les había contado. Por suerte, no lo hizo.

La señora Johnson era incapaz de controlar su llanto. Sentía que había fracasado como madre. Algo debía de faltar en la vida de Nancy para tener que ir a buscarlo en uno de esos grupos. Comenzó a revisar mentalmente todos los detalles de los incidentes más significativos de la vida de su hija, para tratar de saber qué la había hecho tan susceptible. Decidió llamar a Neil y pedirle que dejara lo que estuviera haciendo y acudiera a su casa sin pérdida de tiempo.

Cuando Neil llegó a su casa, se encontró con el siguiente panorama: su padre recorría una y otra vez la habitación, su madre lloraba, Leslie estaba sentada en un sofá cerca de ella con las manos cruzadas sobre su regazo, y el clérigo tenía el rostro demudado. «Pero bueno, ¿qué pasa?», preguntó Neil mientras se sentaba al lado de su madre y le pasaba un brazo por los hombros. El señor Johnson dijo: «Pensamos que Nancy se ha metido en algún tipo de secta religiosa». «¿Nancy? Nunca; imposible», exclamó Neil. «Ella no se dejaría enganchar por uno de esos grupos.» Entonces, sus padres le pusieron al corriente de todo lo que sabían. Se quedó asombrado.

Por fortuna, el clérigo fue capaz de persuadir a los Johnson de que no hicieran nada de momento. Les prometió que haría todo lo posible para obtener una mayor información sobre el grupo llamado la Hermandad y que buscaría asesoramiento sobre cómo podían ayudar a su hija. Ésta fue la primera de las noches que los Johnson pasarían sin dormir en las próximas semanas. Como el clérigo conocía la existencia de la Asociación para el Conocimiento de las Sectas (ACS), consiguió a través de ellos mi nombre y mi número de teléfono y se los dio a la familia.

Tan pronto como pudimos conseguir la suficiente información concreta para empezar trabajar, los Johnson llamaron a sus amigos y parientes para invitarles a participar en un programa de aprendizaje y consultas que se desarrollaría durante el siguiente sábado. Les aconsejé que buscaran toda la ayuda y apoyo que fuera posible. Por mi parte, conseguí que un ex miembro del grupo que vivía en otra ciudad grabara un Vídeo que mostrase todo lo que pudiera recordar acerca del grupo, sus líderes, sus creencias y sus prácticas. Con ese material como base, estuvimos en condiciones de organizar rápidamente una intervención.

Dado que ni Nancy ni el grupo sabían que la familia estaba al corriente de su afiliación, fue relativamente sencillo planificar una intervención sorpresa. La familia estuvo de acuerdo en tomar un avión todos juntos al cabo de una semana. A la mañana siguiente de nuestra llegada, montamos guardia frente a la casa de la secta y esperamos la salida de Nancy. Pensábamos que sería mucho más fácil hablar con ella si estaba fuera del domicilio del grupo y alejada de los otros adeptos.

Tras un par de horas de espera, Nancy y otra mujer salieron de la casa y subieron a una furgoneta. Las seguimos hasta un supermercado de un centro comercial cercano donde, al parecer, compraron provisiones. Les di a los Johnson instrucciones muy concretas sobre lo que tenían que decir y hacer. El plan consistía en esperar, si era posible, a que Nancy estuviera sola. En ese momento, tendrían que acercarse a ella y darle un fuerte abrazo. Como era de suponer, contábamos con la sorpresa y el asombro que sentiría Nancy al verles. Ya que ella no le había hablado a su familia de la existencia del grupo, le resultaría mucho más difícil negarse a su insistente invitación de llevarla a comer a un restaurante. Los señores Johnson le dirían únicamente que necesitaban comentar con ella una cuestión familiar de suma urgencia, y ni una palabra más. Se mostrarían cariñosos y amables, pero firmes. Neil se encargaría de que la otra mujer no interfiriera en el asunto.

Yo les observaba a través de una de las vidrieras del establecimiento. Nancy no opuso la menor resistencia. Parecía estar muy contenta de ver a su familia, aunque también sorprendida y confusa. Cuando Nancy dijo: Un «momento, que voy a avisar a Claire», Neil se ofreció a hacerlo y echó a andar. Nancy le gritó: «Creo que está en la sección de limpieza». «No te preocupes», le replicó Neil, sin detenerse. Sus padres ya se encaminaban hacia la salida. Neil esperó un minuto, oculto tras unas estanterías, y luego salió a toda prisa del supermercado. «Ha dicho que muy bien», declaró Neil mientras subía al coche; una treta. Por mi parte, llamé a un taxi y me dirigí al hotel donde tenía reservada una habitación contigua a la de los Johnson, y allí esperé a que la familia me llamara. En el entreacto, puse al corriente de todo lo su cedido hasta entonces al antiguo miembro del grupo que había venido conmigo para colaborar en la intervención.

No tuvimos que aguardar mucho tiempo. Tal como habíamos acordado, los Johnson esperaron a estar instalados en su habitación antes de decir a Nancy que habían volado hasta allí porque tenían dudas acerca del grupo al que pertenecía. En un primer instante, Nancy negó estar comprometida con grupo alguno. Entonces el señor Johnson le mostró la carta que ella había enviada a Leslie. Me contaron luego que el color de su cara se tiñó de rojo y que, a continuación, se echó a llorar. «¿Por qué has tenido que mentirnos?», le preguntó el señor Johnson, con tono severo. «No es propio de ti», añadió la señora Johnson. Nuevas lágrimas rodaron por las mejillas de Nancy.

«Estamos aquí porque te queremos y nos preocupamos por ti», dijo Neil, entre lágrimas. «¿Por qué no nos cuentas todo lo que ha pasado», preguntó el señor Johnson. «¿Por qué no comienzas desde el principio?», sugirió.

Conforme Nancy les contaba todo lo ocurrido, llegó a un punto en el cual adoptó una actitud muy de la secta y comenzó a citar la Biblia y a su líder. Los Johnson me contaron más tarde que, en aquel instante, se asustaron. La expresión de Nancy había cambiado, y se convirtió en otra persona. Le preguntaron si en lo más profundo de su corazón aún les quería y confiaba en ellos. La muchacha pensó un momento y dijo: «Sí».

La señora Johnson intervino entonces: «¿Te quedarás con nosotros durante los tres próximos días y no hablarás o verás a nadie del grupo?»

Nancy quiso saber por qué.

«Porque hay una información importante que pensamos te puede interesar y hemos citado a unas personas para que vengan y compartan contigo lo que saben», agregó la señora Johnson.

Nancy reflexionó sobre la propuesta durante unos minutos que parecieron eternos. Quería saber quiénes eran esas personas y por qué el encuentro debía durar tres días. «Cariño, puedes descubrirlo por ti misma. Están en la habitación de al lado. Todo lo que te pedimos es que confíes en nosotros y les des la oportunidad de contarte algunos hechos que tal vez el grupo no quiere que conozcas», contestó el señor Johnson.

La intervención sólo requirió dos días, Nancy nos prestó el máximo de atención una vez comprobó que éramos personas sinceras y que no llevábamos ni cola ni cuernos. Estaba inmensamente agradecida por toda la preocupación y cariño de que era objeto. Ella ya había tenido dudas acerca del grupo pero, como la mayor parte de los nuevos adeptos, pensaba que no era lo bastante espiritual para criticar las palabras de los miembros más antiguos.

Por qué triunfaron los Johnson

A pesar de que su hija había sido reclutada por una secta destructiva, los Johnson fueron muy afortunados. En primer lugar como hablaban con Nancy cada semana, pudieron darse Cuenta de algunos de los cambios en su voz y en su personalidad casi desde el principio. Instintivamente comprendieron que debían mantenerse en estrecho contacto, porque Nancy era joven, estaba casi en la otra punta del país y atravesaba un período de mucho estrés en su trabajo como vendedora a domicilio. Aunque los Johnson podrían haberse asegurado de que Nancy supiera qué son las sectas destructivas antes de su partida, no creyeron que el problema podía afectar a cualquiera, incluso a un miembro de su familia. Cuando comprendieron las técnicas y los efectos del control mental, estuvieron en condiciones de adoptar soluciones constructivas en lugar de permitir que el sentimiento de culpa por haber «fracasado» como padres les incapacitara para tomar decisiones.

Leslie se comportó como una heroína. Fue capaz de superar su miedo a un posible enfado de Nancy y actuó como una verdadera amiga al avisar a los padres. Gracias a ello, los Johnson fueron capaces de identificar y resolver el problema a las primeras de cambio. Tan pronto como salió del grupo, Nancy no tenía palabras para agradecerle lo que había hecho.

Los Johnson también tuvieron la gran fortuna de que el ministro de su Iglesia les aconsejó con acierto y no vaciló en acudir rápidamente en su ayuda. No sólo les ayudó a identificar el problema, sino que también consiguió evitar que cometieran los clásicos errores que hacen mucho más difícil y complicado el proceso de abandono. A diferencia de la mayoría de los clérigos, su ministro había participado poco antes en un seminario sobre sectas destructivas y pudo prestar una ayuda significativa. Comprendió que la familia no debía actuar de forma apresurada. Como sabía que demasiadas personas intentan asesorar por su cuenta a un pariente o a un amigo para que abandone la secta, tenía muy claro que lo que necesitaban era que les tranquilizasen y trazar un plan con la ayuda de expertos. Dado que el seminario al que había asistido lo patrocinaba un afiliado de la Asociación para el Conocimiento de las Sectas, sabía dónde acudir en busca de información y ayuda.

Los Marlowe y La Palabra

Roger y Kitty Marlowe no fueron tan afortunados como los Johson su hijo fue reclutado por The Word (La Palabra) cuando estaba en el instituto. Ellos también advirtieron algunos cambios drásticos en su personalidad y manera de ser, pero consideraron que la mayor parte de estos cambios eran algo muy positivo. Henry ya no soltaba tacos, y les dijo que había dejado de fumar y de beber. Cuando fueron a visitarle en el día de los padres, se sintieron complacidos al ver lo limpio y arreglado que tenía el dormitorio, y que la que había sido su revista preferida, Playboy, brillaba por su ausencia.

Henry presentó a sus padres algunos de sus amigos del grupo. Les resultaba un tanto extraño que se hubiera vuelto tan religioso. Jamás había manifestado el menor interés por el cristianismo. En general, los miembros de la hermandad les impresionaron favorablemente. Todos tenían un aire de pulcritud, resultaba obvio que eran muy inteligentes, que provenían de buenas familias y que eran muy cordiales. A los Marlowe ni siquiera se les pasó por la cabeza hacer averiguaciones sobre La Palabra. A primera vista todo les pareció perfecto.

Comenzaron a preocuparse cuando vieron las calificaciones que había obtenido al final del semestre. El promedio general de Henry que era «Bueno» se había hundido a «Deficiente» Cuando hablaron con él acerca de las notas, el muchacho se puso a la defensiva. Les dijo que había hecho todo lo que podía, pero que le habían tocado malos profesores. Por otro parte, agregó, estaba pensando en cambiar de carrera. Ya no tenía interés en el marketing. Quería licenciarse en estudios religiosos.

Henry siempre había sido una persona de ideas claras y muy independiente. Sus padres llegaron a la conclusión de que sabía lo que hacía. Esperaban, por supuesto, que fuera capaz de mantenerse a sí mismo, pero si había sentido una llamada espiritual, ¿quiénes eran ellos para oponerse? Tenía casi veinte años. Pasó otro semestre y los Marlowe seguían sin comprender lo que ocurría. Henry se las apañó para mejorar sus notas, pero todavía estaba por debajo de las calificaciones que solía obtener.

Aquel verano les dijo que tenía pensado viajar a Kansas para participar en una «reunión anual de creyentes». Sin embargo, cuando llegó allí, les volvió a telefonear para comunicarles que había escuchado «la llamada del Señor» pidiéndole que abandonara el instituto. Iba a comprometerse con el grupo durante un año para ir adonde le enviaran, buscar un trabajo de media jornada para cubrir sus gastos y dedicar al menos veinte horas semanales a la labor evangelizadora.

Su padre se puso furioso.

—¿Por qué no acabas primero el último curso y después te dedicas a la evangelización?—le preguntó visiblemente irritado.

Henry se enfadó a su vez al notar el tono de rabia en la voz de su padre.

—¡Porque, papá, creo que es lo que debo hacer!—dijo, en busca del apoyo paterno.

Entonces intervino la madre de Henry, que había escuchado toda la conversación desde un supletorio:

—¿Por qué no vienes a casa y hablamos sobre el tema?

—Mamá, confía en mí. Yo sé lo que hago—replicó Henry.

Roger y Kitty pudieron oír una serie de murmullos al otro extremo de la línea. Parecía que alguien estuviera junto a Henry y le dictara las respuestas.

—¿Hay alguien contigo que te indica lo que debes decirnos? —inquirió el padre.

—¿Cómo dices?—preguntó Henry.

—¡Que si hay alguien contigo que te indica lo que debes decirnos!—repitió el señor Marlowe.

—Bueno, yo, eehh, no—farfulló el hijo.

—Hijo, ¿te has dejado enredar por una de esas sectas religiosas?—quiso saber el padre.

—Somos una hermandad dedicada a la investigación y enseñanza de la Biblia—afirmó Henry, siempre a la defensiva. Repetía las palabras como si las leyera en un folleto de propaganda.

—¡Escúchame, jovencito! ¡Quiero que vuelvas a casa ahora mismo!—le ordenó el padre, cada vez más furioso—. ¡Si no lo haces, no te volveré a respetar jamás! —amenazó.

—Por favor, Roger, cálmate. Henry, tu padre está muy alterado. Dime la verdad, Henry, ¿no estarás metido en una secta? —preguntó la madre con la mayor ingenuidad.

—No, mamá, claro que no—respondió Henry.

—Lo ves, Roger, Henry no está en una secta—repitió la señora, como si el hecho de repetir estas palabras las convirtiera en verdaderas por arte de magia.

Henry no volvió a su casa para hablar con sus padres. En cambio, se marchó a Saint Louis a trabajar para el grupo, reclutando nuevos adeptos para La Palabra. Pidió a sus padres que pusieran algunas de sus pertenencias en cajas y que se las enviaran, lo que hicieron. Incluso le mandaron 500 dólares en efectivo para ayudarle a establecerse.

El padre de Henry estaba disgustado. Comenzó a frecuentar la biblioteca y a sacar fotocopias de los artículos que consideraban a La Palabra como una secta, y se las enviaba por correo. Pensaba que esos artículos le probarían que sus objeciones estaban documentadas. El resultado fue el contrario. Lo único que consiguió fue demostrar a Henry que sus padres estaban poseídos por el demonio y no se podía confiar en ellos.

La madre consideraba que su hijo era demasiado inteligente como para permanecer en un grupo como aquél durante demasiado tiempo. Se convenció a sí misma de que descubriría su error y se marcharía. A medida que transcurrían los meses y él parecía más y más distante, ella se volvió histérica y echaba la culpa de todo lo sucedido a sí misma y a su marido. Amy, la hermana de Henry, que tenía diecisiete años de edad, y su hermano Bernie, de catorce, se encontraron atrapados en medio de la tormenta emocional que había provocado Henry. Día tras día, tenían que soportar las obsesiones de sus padres por la integración de Henry en una secta y comenzaron a odiar a su hermano por haber llevado a la familia a semejante situación.

Una y otra vez, los padres se turnaban para enviarle a Henry las nuevas informaciones que habían obtenido sobre La Palabra.

Le dijeron que el fundador y líder de la secta era un plagiario, que bebía en exceso y soltaba tacos, pero estas noticias no influyeron en su hijo.

Durante todo este tiempo, los Marlowe no dijeron ni una palabra a sus amigos y parientes acerca de la afiliación de Henry. Roger era un político estatal y estaba preocupado por su propio trabajo. En cuanto a Kitty, ésta pensaba que la gente diría que había sido una mala madre por alterar a su hijo hasta tal extremo. Siempre que los amigos o parientes preguntaban por él, respondían que estaba bien, que había pedido permiso en el instituto para ausentarse, y que había decidido trabajar por una temporada. Tenían un miedo horrible a lo que pensaría la gente si decían la verdad.

Con el paso de los años, Henry se distanció cada vez más de su familia. Sólo se hablaban esporádicamente por teléfono o se enviaban una carta de vez en cuando. Henry sentía que no había razón alguna para ir a visitarles. A su juicio, estaban poseídos por Satanás.

Lecciones que hay que aprender

Aquí tenemos a dos familias diferentes, los Johnson y los Marlowe, cuyas respuestas al problema de las sectas fueron muy distintas. Los Johnson fueron capaces de descubrir enseguida que había algo que andaba mal y pudieron conseguir un buen asesoramiento. Los Marlowe, por su parte, no reconocieron los síntomas, y cuando se dieron cuenta de que su hijo estaba comprometido con una secta, no pidieron ayuda. El señor Marlowe perdió una oportunidad muy valiosa al enfrentarse a su hijo y darle el equivalente a un ultimátum. Hay personas que llegan a desheredar a los hijos que han caído víctimas de las sectas destructivas. Por desgracia, los errores cometidos por los Marlowe son muy comunes y ocurren en la mayor parte de las familias. En el caso de las sectas destructivas, las reacciones instintivas de los padres hace más mal que bien.

De todo esto se pueden aprender varias lecciones. Cualquier cambio súbito y atípico en la personalidad de un amigo o un ser querido debe ser investigado a fondo. Si el individuo comienza de pronto a ausentarse con frecuencia por períodos largos, descubra el porqué. Formule muchas preguntas pero siempre sin amenazas. No se haga ilusiones. Recuerde que cuando la gente se une a una secta, a menudo se vuelve mentirosa o responde con evasivas cuando se le pregunta por los cambios que experimenta su vida.

Si usted está preocupado, hable con todos los amigos y parientes de la persona que le sea posible. No haga como los Marlowe que intentaron mantener el problema oculto ante amigos y familiares. Al hacerlo, se están privando de un apoyo emocional muy valioso y también de las posibles ayudas. Tal vez alguien a quien conocían podría haberles buscado a un ex miembro de la secta o a un asesor en abandonos que les hubiera aconsejado. Tal vez uno de los amigos o parientes podría haber sido el encargado de establecer contacto con Henry y trabajar con él.

Por lo general, una persona que ingresa en una secta ha tratado de confiar en alguien, posiblemente durante la etapa del reclutamiento. Cuando las personas tardan en hablar con otras acerca del posible problema pensando que el adepto resolverá la cuestión por su cuenta, las consecuencias pueden llegar a ser desastrosas. Si usted ve a un amigo con problemas, no vacile en ponerse en comunicación con la familia. Ellos casi siempre le estarán muy agradecidos por su interés.

Las clásicas respuestas equivocadas

Dado que la mayor parte de las personas no comprenden en qué consiste el control mental y las prácticas de las sectas destructivas, les es muy fácil caer en patrones de comportamiento que no resultan eficaces.

El problema más común consiste en que la familia experimenta el típico exceso de culpa y vergüenza. La gente parece estar constantemente acusándose a sí misma por el ingreso de un ser querido en una secta. La culpa por las cosas hechas o no en el pasado es uno de los más grandes obstáculos para la acción positiva y eficaz. La gente ha de saber que la culpa no ha sido suya. Las sectas existen. El control mental existe. Y, como en buena parte de los problemas actuales, la gente no se da cuenta de lo perniciosos que llegan a ser estos grupos hasta que enganchan a alguien que conocen.

Otro problema emocional bastante común es que las personas olvidan sus propias necesidades. La mejor manera de ayudar a alguien es estar seguro de que uno se preocupa de sus propias necesidades. La participación en la secta tiene que situarse en la perspectiva correcta. La gente sólo puede hacer lo que está dentro de su capacidad. La vida tiene que continuar. Las personas terminan por dañarse a sí mismas y a los seres que aman cuando no son capaces de descansar, relajarse y hacer otras cosas que necesitan para seguir adelante. La gente se quema cuando cae presa de la obsesión, y a menudo acaba afectando a los otros familiares que intentan ayudar.

Por ejemplo, los Marlowe castigaron sin darse cuenta a sus otros hijos debido a que dedicaron demasiada energía inútil a Henry. Ambos acabaron exhaustos y desesperanzados. No importa cuánto tiempo lleve una persona en una secta destructiva para renunciar en algún momento a la esperanza. Yo he conocido personas que habían estado treinta años en una secta, la han abandonado y han vuelto a tener una vida feliz y normal. Aprender a tratar sus propias necesidades y las de su familia le permitirá ayudar mejor a la persona atrapada en una secta.

Otro error que se repite es que las personas reaccionan emocionalmente en exceso a la integración en una secta. Esto puede llegar a ser más peligroso que no hacer absolutamente nada. Una persona puede sentirse impulsada a comprometerse todavía más en un grupo por culpa de discursos histéricos y la utilización indebida de palabras como «secta» o «lavado de cerebro». Comportarse de una manera emocionalmente agresiva con el miembro de una secta casi siempre produce un efecto contrario.

También otra equivocación frecuente es que los familiares intenten persuadir a la persona para que abandone su compromiso utilizando una actitud condescendiente y antagónica. A menos que usted sea una persona muy bien preparada, con grandes dotes para la comunicación y muy afortunada, intentar convencer a una persona para que abandone una secta mediante una aproximación directa es algo condenado al fracaso. Las discusiones racionales no tienen ninguna aplicación con alguien que ha sido adoctrinado por medio del control mental.

No se debe culpar a una persona que ha sido reclutada por una secta destructiva. Los familiares y amigos deben considerar lo sucedido como un ejemplo del control mental destructivo. Me han repetido una y otra vez que la persona que consigue abandonar una secta destructiva se siente violada psicológicamente. Póngase furioso con las sectas. Grite contra todas las sectas destructivas de control mental. ¡Pero no se enoje con la persona que ha sido víctima de ellas!. No es culpa de ella.

Si usted quiere ajustarle las cuentas al grupo, en primer lugar rescate a la persona. Luego haga todo lo que esté a su alcance para denunciar a la secta ante la opinión pública. Si puede, presenté una demanda judicial. En el pasado, las sectas destructivas parecían tener dominio sobre el sistema legal debido a su enorme poder económico. Ya es hora de utilizar la ley para reforzar la Justicia.

Concentre su atención en ayudar a la persona que ha sido reclutada. Para conseguir este objetivo, la información y la estrategia son las dos herramientas más importantes. El objetivo primordial debe ser éste: haga todo lo que esté en su poder a fin de crear las condiciones necesarias para ayudar al adepto en su proceso de cambio y maduración.

Los miembros de la familia y los amigos deben tener siempre presente este objetivo a la hora de decidir qué hacer o qué decir. Tenga en cuenta que he omitido decir que el objetivo debe ser «sacar a la persona del grupo». He cometido deliberadamente esta omisión porque he descubierto que las personas abandonan las sectas destructivas como una consecuencia natural del cambio y la maduración. Si las personas se centran en la maduración positiva, habrá mucho menos resistencia y todo el mundo será más feliz y actuará con mayor eficacia.

Es esencial adoptar la actitud positiva de que el individuo abandonará el grupo. La única pregunta es si lo hará antes o después y si la transición será fácil y suave, o difícil y dolorosa. Las personas sólo pueden hacer lo que está dentro de su alcance y control. Las personas pueden ayudar a crear las condiciones positivas necesarias con el fin de ayudar a la persona atrapada en un culto para que madure fuera de los grilletes del control mental.

La mejor manera para ayudar a un adepto a abandonar el grupo es que usted esté adecuadamente preparado para asumir la tarea. He aquí unas cuantas maneras de asegurarse de que usted será capaz de sobrellevar el estrés que inevitablemente sufrirá.

Cómo prepararse para una intervención eficaz

Atienda a sus necesidades emocionales

Aprender a no esperar resultados inmediatos y saber repartir el esfuerzo para el largo camino que tiene por delante le ayudará a mantener una perspectiva equilibrada. Cuando el individuo lleva muchos años en la secta, los esfuerzos por ayudarle no deben hacerse a costa de la salud o el bienestar de otra persona. Uno de mis clientes, que vivía en Alemania, voló hasta Estados Unidos contraviniendo las indicaciones de su médico para intentar ver a su hijo que estaba con los Moonies. Sufrió un ataque de corazón y falleció. Imagine el sentimiento de culpa con el que tendrá que vivir su hijo después de abandonar el grupo.

Recuerde que está usted implicado en una especie de guerra contra la secta. Como parte del proceso de preparación, identifique y evalúe las preocupaciones y necesidades emocionales de los demás siempre que le sea posible. Un buen asesoramiento individual y familiar puede ser inmensamente útil.

Los padres y demás familiares han de intentar mantener el problema de la secta en una perspectiva equilibrada. La vida de ellos y de su familia debe continuar, sobre todo cuando el individuo lleva mucho tiempo como adepto.

Consolide sus recursos

Tome ejemplo de los Johnson, e implique en la intervención a la mayor cantidad posible de familiares y amigos con los que usted pueda trabajar sin dificultades, y ayúdeles a informarse. Invítelos a que participen en una reunión preparatoria. Póngase en contacto con aquellos clérigos que pueden tener conocimiento del tema, con profesionales de la salud mental, ex miembros de la secta, familias que han pasado por el mismo problema, y con cualquiera que esté en condiciones de ofrecerle apoyo. Si no encuentra a nadie en su ciudad, entonces búsquelos donde sea. Busque también personas de su propia ciudad que estén dispuestos a aprender. La coordinación, el trabajo en equipo y la buena comunicación forman la combinación que garantiza el éxito.

Si un miembro clave de su familia está muy unido a la persona integrada en la secta, haga todo lo posible para que colabore en la intervención. Innumerables veces me he encontrado en una situación en la que un hermano o hermana, que ejercían una gran influencia sobre el adepto, se negaban a prestar su ayuda en el rescate porque no comprendían lo que es el control mental, y no deseaban faltar a la lealtad que sentían por el hermano. Si es necesario, planifique primero una mini intervención con esta persona. Luego, cuando la tenga de su parte, le será mucho más fácil conseguir que el adepto abandone la secta.

Organícese y trace un plan

Comience por enterarse de todo lo que pueda. Una buena preparación es la clave del éxito. Estudie al «enemigo» (la secta determinada) y a otros grupos destructivos similares. Aprenda cómo piensan y cómo trabajan. Conviértase en un conocedor del control mental. Cuanto mejor lo comprenda, mucho más fácil le resultará explicarlo a otras personas, y en especial, cuando llegue el momento, a la persona atrapada en la secta.

Organice un archivo, haga copias de todos los artículos y notas importantes para compartirlos con las personas implicadas. Haga copias de todas y cada una de las cartas escritas al adepto y de toda la correspondencia que éste ha recibido. Esto puede resultar muy importante durante o después de la intervención. En muchas ocasiones he enfrentado a los adeptos con cartas escritas por ellos en las que formulaban promesas que no se cumplían, e incluso algunas en las que mentían descaradamente a su familia.

Tenga al corriente de cuanto sucede a todas las personas que participan en la intervención. Una comunicación constante con el adepto es siempre mejor que un contacto esporádico. Envíele una tarjeta o una nota una vez por semana, todas las semanas; es muchísimo mejor que escribirle un día una carta de catorce páginas y después pasarse un mes sin decir palabra. Pida al adepto que le llame a cobro revertido cada vez que sienta necesidad de hablar; en el momento que sea y desde donde sea.

Saber escoger al asesor en abandonos adecuado es un paso clave para la organización y trazado de un plan. Él o ella pueden ayudarle paso a paso a través de su propia situación particular. La mayor parte de estas personas son profesionales de primera fila y han demostrado su capacidad ayudando a una innumerable cantidad de adeptos a abandonar las sectas.

Si bien la Asociación para el Conocimiento de las Sectas intenta ayudar a las personas y facilitan, cada vez que está a su alcance, los nombres de asesores en abandonos, en este momento no existe una lista centralizada de asesores. Preste atención al hecho de que muchas familias sólo recomendarán a miembros locales o a personas con las que hayan trabajado antes. También tenga presente que, en contra de las afirmaciones propagandísticas de las sectas, la ACS no apoya ni patrocina la desprogramación forzosa, así que no encontrará desprogramadores, si alguna vez necesitara uno, en ninguna de sus oficinas. La desprogramación forzosa va contra la ley y, como ya se ha dicho antes, comporta un grave riesgo. La única manera de encontrar uno es buscar a alguien que, en alguna ocasión, haya contratado a un desprogramador.

Pero sobre todo, sea un consumidor exigente. Después de la tragedia de Jonestown, aparecieron más de una docena de estafadores que, con el cuento de que eran desprogramadores, se aprovecharon de numerosas familias y les robaron el dinero. Algunos de estos delincuentes eran adeptos de alguna secta e intentaban desprestigiar la desprogramación. Tenga mucho cuidado. El solo hecho de que una persona diga que es asesor en abandonos no la convierte necesariamente en uno de ellos.

Verifique las credenciales de la persona en todas las fuentes que sea posible. En mi opinión, los mejores asesores en abandonos son aquellos que durante algún tiempo pertenecieron a una secta. Ellos saben lo que se siente al estar sometido al control mental. Por otra parte, los mejores asesores en abandonos tienen muchísima experiencia. Hable con varias familias para las que el asesor haya trabajado a lo largo de los años. Pida la opinión de otros asesores en abandonos. Averigüe si tienen preparación como asesores; mi propio aprendizaje me ha sido siempre de una gran ayuda. Sin embargo, tener preparación como asesor no lo es todo. Hay una gran mayoría de profesionales de la salud mental que no saben absolutamente nada sobre cómo asesorar a alguien para que abandone una secta.

Recuerde en todo momento que usted es el que paga y tiene todo el derecho de decidir lo que se debe o no se debe hacer cuando se trata del bienestar de sus seres queridos. Además de controlar las credenciales y antecedentes del asesor en abandonos, confíe en sus instintos a la hora de seleccionar. Usted tiene que sentir que el adepto será capaz de confiar y de relacionarse con él como persona. Ser asesor en abandonos es algo muy serio y no hay lugar para los aficionados.

Los asesores en abandonos tienen unas tarifas que van desde los 250 a los 1.000 dólares diarios. Los ex miembros que ayudan al consultor reciben, más o menos, entre 100 y 300 dólares por día. por lo general, todos los gastos, como el alojamiento y los viajes, son aparte. A pesar de que cada caso es diferente, la mayoría de las intervenciones se realizan en un plazo de tres días. El coste medio de una intervención oscila entre los 2.000 y 5.000 dólares; casi todos los asesores en abandonos tratan de atender casos gratuitos cada vez que les es posible. Después de la intervención se necesita, por lo general, un seguimiento, ya sea en un centro de rehabilitación o mediante el contacto de la persona con el mayor número posible de ex miembros.

Una vez haya usted completado todos estos preparativos preliminares, es importante trazar planes a un mes, tres meses, seis meses y un año vista. A pesar de que las intervenciones han de hacerse lo antes posibles, no tienen que ser apresuradas. La mayoría de las intervenciones se realizan dentro de los doce meses, preferiblemente tan pronto como se hayan completado los preparativos y se presente la oportunidad favorable. No se olvide de que los acuerdos para contratar a un equipo de asesores en abandonos se hacen, por lo general, con muchos meses de antelación.

Cómo ayudar al miembro de una secta a cambiar y a madurar como persona

Puede parecer que conseguir que el adepto de una secta pase por un cambio de personalidad antes de lograr su abandono del grupo es dar un rodeo muy largo. Después de todo, ¿no es el objetivo primordial apartarlo físicamente de las personas que le tienen bajo control mental? Si bien un cierto grado de impaciencia resulta comprensible, es de una importancia vital entender que la única forma de poder sacar para siempre a una persona de las manos de una secta destructiva es ayudarla a que vuelva a establecer contacto con su personalidad auténtica, y echarle una mano para que comience a madurar mediante unas nuevas metas personales que signifiquen algo para ella.

Sin olvidar ni por un solo instante el objetivo a largo plazo, todos los que se han comprometido a ayudar al adepto deben centrar su atención en tres importantes objetivos a corto plazo. El primero es establecer una relación de mutua confianza. Si no hay confianza, nada de lo que usted haga resultará eficaz. El segundo objetivo es recoger información, acerca de cómo piensa, siente y ve la realidad el miembro de la secta. El tercer objetivo es utilizar técnicas específicas para sembrar la duda sobre la secta y alentar una nueva perspectiva.

Establecer una relación de mutua confianza

En el momento en que usted toma conciencia del problema con el miembro de la secta, intente comportarse como si no supiera que pertenece a dicho grupo. No enseñe sus cartas. NO le diga que está usted en contacto con personas antisectas o conoce información critica sobre las mismas. Si lo hace, el resultado será una falta de confianza.

Adoptar una postura de curiosidad un tanto preocupada es la actitud más efectiva que se puede tomar en la relación con el miembro. Resulta relativamente fácil establecer una relación de mutua confianza cuando usted se muestra curioso, porque lo único que hace es formular preguntas sin una intención critica. Usted se preocupa por la persona, por lo tanto es lógico que desee saber todo aquello que es importante para ella.

Muestre aprobación y respeto por el individuo, sus ideales y su talento. Sin embargo, tenga mucho cuidado y demuestre sólo una aprobación condicional de su pertenencia a la secta. Hágale saber que usted se reserva la opinión final sobre el grupo hasta no conocer todos los detalles. En algunos casos, puede ser conveniente decirle que tiene la sensación en la boca del estómago de que hay algo poco claro en el grupo, aunque no está muy seguro de lo que es. Si el miembro de la secta intenta atribuir al grupo los méritos por las cosas buenas en su vida, como haber dejado el alcohol o la marihuana, dígale que esto es fantástico, pero recuérdele que es él quien merece los elogios por las buenas acciones y no el grupo.

Evalúe su actual relación con la persona de la secta. ¿Existe entre los dos una auténtica relación de amistad y confianza? Si no es así, comience a pensar qué puede hacer para fortalecer la relación. Recuerde que si el adepto establece muchas relaciones con personas que no pertenecen a la secta, le resultará mucho más fácil abandonarla. Siempre se sentirá más unido a unas personas que a otras, pero todo el mundo deberá hacer un esfuerzo para estrechar sus relaciones con él. Coordine el flujo de comunicación. No le resultará natural que, de pronto, diez personas le envíen cartas al mismo tiempo. A usted no le interesa despertar sus sospechas.

Evite los envíos de dinero, y menos en efectivo, porque lo más probable será que los entregue al grupo. Es muchísimo mejor enviar ropas, fotografías, libros y otros objetos que tengan un significado más personal y duradero. Las rosquillas de la abuela tienen más importancia a la hora de establecer una relación que una tarjeta y un cheque.

Pregúntele qué puede hacer usted para sentirse más unido a él. Intente que sea concreto. Haga todo lo que esté a su alcance para acomodarse a sus necesidades, pero actúe con juicio. Si le pide que lea uno de los libros del grupo, respóndale que lo hará siempre que él, a su vez, lea el libro que le recomiende. Si él le pide que deje de formular críticas al grupo, pregúntele cómo puede hacer para comunicarle sus preguntas y preocupaciones sin que él se ponga a la defensiva.

Hay personas que han hecho muchas cosas creativas para poder establecer una relación de mutua confianza. Han escrito poemas y cuentos cortos, han preparado álbumes de fotografías, y han pintado cuadros y retratos. Han enviado calzado y prendas de invierno, así como entradas para espectáculos que sabían que eran del agrado del adepto. Algunas personas han llegado incluso a invitar al miembro de la secta a un viaje al extranjero, y en algunos casos han sido capaces de convencer al individuo para que permaneciera alejado del grupo el tiempo suficiente para ser asesorado.

Reúna información valiosa

Una vez establecida la relación, reunir información será muchísimo más sencillo. Cuanta más información pueda usted reunir, en mejores condiciones estará para saber qué está pasando en la mente del miembro. Comuníquese con él lo más regularmente que pueda. Si usted puede reunirse con él, hágalo, si es posible, a solas. Resulta muy difícil llegar a alguna parte si tiene que hablar con dos o más adeptos a la vez.

Tenga presente que llegará un momento en que le invitará a que hable con miembros más antiguos o con los líderes. Demore este encuentro todo lo que pueda. Dígale a la persona que usted se preocupa por él y le tiene confianza, que no está interesado en hablar con desconocidos. Usted quiere que él se encargue de explicárselo todo. Si le responde que no conoce las respuestas a todas sus preguntas, usted puede hacerle notar, con mucha discreción, que le preocupa el hecho de que si él no conoce todas las respuestas, tal vez se haya comprometido con el grupo antes de estar capacitado del todo para hacerlo. Sugiérale que podría no seguir adelante, de momento, y alejarse unas cuantas semanas para reflexionar sobre el grupo de forma objetiva. Si es un grupo legítimo; ¿qué podría perder con ello?

La información también puede ser muy útil para evaluar hasta qué punto está adoctrinada la persona. Cuando yo hablaba con Bruce, estaba capacitado por evaluar su grado de integración. Sabía, por lo tanto, que si le hablaba del juramento de fidelidad de los Moonies, se sentiría profundamente desilusionado. Si la familia puede determinar lo que el miembro sabe y lo que no sabe; entonces la labor del asesor en abandonos será mucho más sencilla y aumentarán las posibilidades de que la intervención tenga éxito.

Desarrolle habilidades específicas para promover una nueva perspectiva

Cuando puede usted establecer una buena relación y reunir gran cantidad de información, el último paso es desarrollar las habilidades y estrategias para minar o eludir el control mental utilizado por el grupo. Son demasiadas personas que intentan llegar a este último paso sin haber alcanzado los otros dos. Esto es un error muy grave. Sólo cuando se han establecido las bases se puede actuar de un modo eficaz.

Recuerde que lo que usted desea es establecer contacto y fortalecer la verdadera personalidad del individuo, no la de la secta. Hacerle rememorar las experiencias positivas de su vida anterior es una de las maneras más eficaces para conseguirlo. Por ejemplo, un amigo llama al adepto y le dice: «¡Hola! Hace tiempo que no nos vemos. Sabes, hoy he visitado la vieja escuela, y recordé los tiempos en que tú y yo íbamos un poco más temprano, así podíamos jugar a la pelota en el frontón. ¿Te acuerdas de aquella vez en que el profesor de gimnasia nos persiguió por todo el campo, exigiéndonos que le devolviéramos la pelota porque habíamos roto, sin querer, el cristal de una ventana?»

Un padre podría decirle, por ejemplo: «Sabes, hijo, el otro día buscaba algún programa interesante en la tele y vi uno acerca de la pesca de la carpa. Hace años que no vamos tú y yo a pescar. Te juro que me encantaría volver a aquel lago contigo este verano. Me gustaría poder estar contigo. Tú, yo y los peces». Evocar esta clase de sentimientos y recuerdos puede ser un medio muy poderoso para socavar la influencia del grupo. Sin embargo, sea precavido y no abuse de esta técnica porque despertaría las sospechas del adepto.

Al estar en estrecho contacto con el adepto y con la información recogida por los familiares y amigos, usted puede transmitirle mensajes significativos. Por ejemplo, si el adepto le dice a uno de sus viejos amigos que echa mucho de menos el ski, y este amigo se lo dice a la familia, ésta estará en condiciones de organizar un viaje a la nieve e invitar al amigo a que vaya con ellos. El miembro de la secta puede pensar que se trata de una coincidencia o que estaba fijado en el destino. Incluso en el caso de que no se le permita ir, ayuda a despertar en él un deseo muy fuerte.

Siempre que se establezca una comunicación, tenga presente que debe concentrarse en uno o dos puntos cada vez. Es mejor dejar bien asentada una cuestión que intentar el método del «bombardeo». Una vez más, el seguimiento es de una importancia crítica. Por ejemplo, si usted en una carta le dice al miembro que ha visto a uno de los líderes del grupo en un programa de televisión, y que éste ha declarado que los adeptos pueden ir de visita a su casa cada vez que les apetezca, usted puede mencionar, como de pasada, que recuerda una conversación que mantuvo con él unos meses antes, en la que dijo que «tenía que pedir permiso para ir de visita». si se olvida de responder a esta pregunta en su próxima carta o conversación telefónica, pregúntele otra vez. Hágalo amablemente pero con firmeza: «¿Por qué se produce esta aparente contradicción? ¿El líder ha dicho una mentira? ¿Eras tú el que mentías? Ayúdame a aclarar las cosas porque estoy un poco confuso». Hay muchísimas personas que consiguen establecer buenos puntos, pero después no aprovechan la ventaja. Tal vez porque encuentran muy difícil formular las preguntas que vienen a continuación sin que suenen amenazadoras, esas preguntas que obligan al miembro a pensar en la contradicción.

No envíe artículos que formulen criticas, si no se los han pedido, como hizo el señor Marlowe. Estas informaciones siempre hacen más mal que bien. Si usted cree que su relación con el miembro es muy buena, intente sostener una discusión personal. Si va a pasar cierto tiempo antes de ver de nuevo al individuo, hable con él por teléfono sobre el artículo y su contenido. Si expresa interés en leerlo, dígale que se lo enviará por correo, siempre y cuando le prometa discutirlo con usted punto por punto. Hay demasiadas personas que no se preocupan por conseguir primero el permiso, y si lo hacen se olvidan de seguir el tema.

Recuerde ser siempre usted mismo. El miembro sospechará si usted cambia de pronto su forma habitual de ser. Además, no se preocupe si comete errores. Si tiene que valorar cada una de sus palabras y movimientos, entonces se está incapacitando a usted mismo. No deje de aprender de sus errores, y con el paso del tiempo, podrá actuar con toda eficacia.

Dado que cada situación es diferente, no hay ningún libro que pueda atender a todas las necesidades particulares. En las circunstancias ideales, aquel que reconozca que un amigo o un ser querido se está integrando en una secta destructiva tendrá que buscar de inmediato la ayuda de un profesional. La cuestión más importante es: no dejar que pase el tiempo

Si usted conoce a alguien que lleva muchos años en una secta, comience a trabajar ahora mismo. ¿Qué haría usted si esta misma noche recibe la llamada del miembro de una secta y le dice que mañana irá a hacerle una larga visita? Por sorprendente que pueda parecer, este tipo de episodios por sorpresa (tal vez una llamada de auxilio) se repiten una y otra vez.

Por lo general, cuando se presenta una situación como ésta es demasiado tarde para realizar todo el trabajo de base necesario para una intervención eficaz. Lo mejor que se puede hacer es estar preparado para tal posibilidad. Conozca y hable con ex miembros. Hable con asesores en abandonos y otros profesionales. Si usted se preocupa y se compromete en este proceso, será uno de los mayores retos, y al tiempo lo más gratificante que habrá hecho en toda su vida.

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CAPÍTULO 9

Cómo vencer el control mental de una secta

A dondequiera que vaya -ya sea al supermercado, a la Asociación de jóvenes Cristianos o a otra ciudad en avión-, encuentro a personas que pertenecen a sectas destructivas. Me siento cercano a ellos porque yo también estuve una vez en una trampa similar. Ante todos los miembros de sectas que conozco, trato de recordar que están esclavizados. Son también el hijo o la hija, el hermano o la hermana de alguien. Cada vez que encuentro a personas como estas, me siento profundamente agradecido de encontrarme libre. Yo he sido uno de los afortunados que tuvo la oportunidad de ser aconsejado para poder librarme. Dado que la gente me ayudó, yo trato de compartir mi buena suerte.

En estos fugaces encuentros personales, sé que tan sólo dispondré de unos pocos minutos pero intento decir o hacer algo para ayudarles. A pesar de que las más de las veces nunca los vuelvo a ver, de vez en cuando descubro que aquel breve encuentro tuvo un impacto a largo plazo.

Allá por 1980, comencé con toda deliberación a apartarme de mi forma habitual de trabajo para realizar mini intervenciones imprevistas. En aquel entonces, yo estaba ansioso por investigar y practicar los enfoques no coercitivos del asesoramiento en abandonos. Veía en cada miembro de una secta que encontraba la oportunidad para pulir mis aptitudes.

Estas mini intervenciones me enseñaron otras formas de comunicación con los adeptos que eran más eficaces, métodos que servían como «llaves» para abrir el control mental de la secta. Este capítulo es un resumen de estas «llaves», acompañado de algunos ejemplos acerca de cómo las utilizo en una intervención.

En pocas palabras, éstas son las tres llaves más básicas para ayudar al miembro de una secta:

Llave No 1: establecer la relación y la mutua confianza.

Llave No 2: utilizar comunicaciones orientadas a un objetivo.

Llave No 3: desarrollar modelos de identidad.

Después de presentar como muestra dos ejemplos de intervenciones que he practicado (y una mini intervención que me practicaron cuando yo todavía era un adepto), abordaré con mayor profundidad las llaves que abren el camino a una intervención, paso a paso, hasta un desenlace satisfactorio:

Llave No 4: acceder a la identidad anterior a la afiliación.

Llave No 5: conseguir que el adepto contemple la realidad desde perspectivas muy variadas.

Llave No 6: evitar los procesos de interrupción del pensamiento mediante una forma indirecta de facilitar información.

Llave No 7: visualizar un futuro feliz para vencer las fobias del adoctrinamiento.

Llave No 8: ofrecer al adepto definiciones concretas sobre el control mental y las características de una secta destructiva.

Llave no 1: Establecer la relación y la mutua confianza

Ya he destacado antes la importancia de establecer una relación:

las diversas técnicas para establecer una relación no-verbal pueden ser de ayuda. La primera se limita a imitar el lenguaje corporal de la persona con la que hablo. También utilizo un tono de voz no amenazador, como tampoco son amenazadoras las preguntas e intento evitar la manifestación de juicios. Como montar en bicicleta o aprender un idioma extranjero, establecer una relación es una técnica que cualquiera puede aprender y desarrollar.

Llave no 2: Utilizar comunicaciones orientadas a un objetivo

Las comunicaciones orientadas a un objetivo, que se utilizan sobre todo en el mundo empresarial, representan la mejor manera para influir en las personas de una manera deliberada. Este estilo es por completo diferente de los que utilizan habitualmente las personas cuando interactúan con miembros de la familia o los amigos. Cuando existe una relación de intimidad con las personas, por lo general decimos todo aquello que pensamos o sentímo, porque somos «nosotros mismos». No tenemos un plan establecido para influir en los demás.

En el mundo empresarial, la mayor parte de las personas tiene que pensar en base a sus metas y objetivos y en la mejor forma de conseguirlos. Los altos ejecutivos comprenden que, a menudo, tienen que establecer un plan de acción gradual que les lleve a convertir sus sueños en realidad.

Imaginemos, entonces, que yo ya he señalado un objetivo (ayudar a alguien para que abandone la secta) y que ya he trazado un plan de acción gradual. Lo siguiente que debo hacer es descubrir quién es esta persona en la que intento influir. Comprender cómo es una persona «en su interior» resulta una enorme ventaja. Cada vez que un gran actor prepara su papel, primero debe investigar a fondo cómo es el personaje y recurrir a todas las fuentes posibles para descubrir qué hace «vibrar» a la persona. El actor crea en su mente un modelo del personaje y luego se mete en su interior, dejando a un lado su propia identidad, sus creencias y valores. Entonces podrá poner a prueba la comunicación y determinar si produce la respuesta esperada. La regla elemental es hacer lo que funciona. Si lo que usted hace no funciona, intente otro enfoque. Siga centrándose en la meta.

Llave no 3: Desarrollar modelos de identidad

A través de la búsqueda de información, los familiares y los amigos pueden investigar en profundidad al miembro de la secta en el que esperan poder influir. Para una mayor eficacia, es necesario construir tres modelos (también llamados «patrones mentales») que representen quién es esta persona.

El primer modelo corresponde a quién era la persona antes de entrar en la secta: qué pensaba sobre sí misma, el mundo, sus relaciones, sus puntos fuertes y sus debilidades. Así veía él todas estas cosas. La mejor manera de reunir esta información es a través de lo que ha escrito o dicho a sus familiares y amigos.

El segundo modelo es el del típico adepto de aquel grupo. Cualquier ex miembro puede facilitarnos un modelo genérico de cómo ve la «realidad» el típico Moonie o el miembro de cualquier otra secta. De una manera ideal, cualquier persona puede interpretar qué se siente como miembro de una secta. Igual que un actor ensaya los rasgos de su personaje, lo que importa aquí es la caracterización, aunque los diálogos sean improvisados. Los ex miembros pueden servir de maestros y enseñarle a pensar como lo hace el adepto de una secta. Los distintos familiares pueden turnarse para interactuar con el «miembro de la secta» y «ser» el miembro de la secta. A medida que progresen en la práctica de estas caracterizaciones, mejor comprenderán cómo piensa el adepto.

El tercer modelo es el que corresponde a la persona dentro de la secta. Este modelo se irá transformando poco, a poco, a medida que represente los diferentes niveles de implicación que el miembro alcance dentro del grupo. Al contrastarlo con el modelo genérico del adepto y con la persona real, usted puede hacerse idea bien clara sobre cuándo la persona está siendo muy «sectaria» y cuándo es más él mismo. Recuerde que cada persona es diferente, y que cada miembro de una secta sostiene una batalla entre la identidad de la secta y su identidad real. En cualquier momento, usted podrá ver cómo la persona cambia constantemente de una identidad a otra.

Muchas personas intentan con verdadera desesperación luchar contra la identidad de la secta siempre que pueden. Por ejemplo, existen sectas cuyos miembros han de ser vegetarianos y no deben beber alcohol ni consumir drogas. Sin embargo, he conocido a varias personas de uno de estos grupos que solían escaparse de la casa de la secta y conducir cerca de 60 km para poder comer una hamburguesa y beberse una cerveza. Un hermano o un amigo íntimo que mantenga una buena relación puede descubrir y hacer buen uso de esta información. En cualquier momento, el miembro puede cambiar a su identidad «real» o a la «sectaria».

Estos tres modelos son los que empleo en mi trabajo de asesor. Antes de conocer a la persona cara a cara, quiero disponer de estos tres modelos lo más ajustados posible. Luego, cuando estoy con la persona, puedo seguir refinando los modelos y formular un determinado tipo de preguntas. Al cabo de tres días, podré trazar una serie de planes muy elaborados.

De la misma manera que el actor, estoy capacitado para meterme en el papel e imaginarme a mi mismo como la persona a la que estoy aconsejando. Estoy capacitado para sumergirme en su «realidad». Durante todo este procesó, paso continuamente de una personalidad a otra.

Utilizo el modelo de quién es la persona en este momento (la persona dentro de la secta), y lo pongo a prueba anticipando sus respuestas en una conversación imaginaria con el individuo. A continuación, le formulo las mismas preguntas y observo en qué medida he sido capaz de predecir sus respuestas. A medida que se avanza en el asesoramiento, puedo ajustar el modelo cada vez más.

Cuanto más estrecha sea la relación que puedo establecer, más fácil será acceder a la información que necesito. Cuanto más deprisa elabore un modelo adecuado del miembro de la secta, más deprisa podré «convertirme» en él. Una vez adoptada su personalidad, ya puedo imaginar qué se necesita decir o hacer para ayudarle a recuperar el control de su vida.

Es, por supuesto, la identidad real la que me enseña cómo abrir las puertas. Es la personalidad real la que me dice cuáles son las llaves que hay que utilizar, dónde y en qué orden. Este proceso puede ser demostrado con el siguiente caso de interacción con un joven miembro de una secta que practica la meditación bajo el liderazgo de un hombre llamado Guru Maharaj Ji.

Un ejemplo de intervención: Gary y la Misión de la Luz Divina

-Perdona la curiosidad, ¿cuánto tiempo hace que perteneces a la Misión de la Luz Divina? –le pregunté, mientras miraba los folletos de propaganda que llevaba el joven. Ambos estábamos esperando el autobús.

-Unos siete años -me respondió Alzó lentamente los ojos hasta fijarlos en los míos.

-Eso es mucho tiempo -dije-. ¿Qué edad tenias cuando ingresaste en el grupo? -Yo intentaba hacerme el inocente, como si fuéramos amigos de toda la vida.

-Veinte años -contestó el joven.

-Me llamo Steve -dije mientras extendía mi mano para estrechar la suya-. Discúlpame si te estoy molestando. ¿Cuál es tu nombre? -le pregunté.

-Me llamo Gary -contestó, un tanto asombrado. Daba la impresión de que no sabía muy bien qué pensar de mí.

-Gary, sólo es por curiosidad, pero ¿a qué te dedicabas en aquella época de tu vida? –quise saber.

-¿Por qué quiere saberlo? -replicó, cada vez más intrigado.

–Me encanta hablar con personas que han escogido opciones poco ortodoxas en su vida Siempre intento comprender por qué la gente hace las cosas que hace -dije a modo de explicación acompañando mis palabras con un leve encogimiento de hombros.

-Oh, bueno, por aquel entonces yo trabajaba en una empresa constructora -me informó, demostrando un poco de entusiasmo.

-¿Y hacías algo más? -pregunté.

-Si. Me gustaba ir por ahí con mis amigos y también me gustaban mucho los animales. Tenía dos perros, un gato, unos cuantos peces tropicales, y un conejo -contó Gary. Una cálida sonrisa iluminó su rostro, mientras recordaba a sus amigos y a sus animales.

-Sí que te gustaban los animales. ¿Tenias alguno que fuera tu favorito?

-Bueno, mi perro, Infierno, era bastante especial. Él y yo éramos muy buenos compañeros -agregó Gary.

-¿Qué lo hacía tan especial?

-Era un espíritu independiente. Le encantaban las aventuras. Se chiflaba por ir conmigo de paseo al bosque -afirmó Gary. Resultaba obvio que echaba mucho de menos a su perro.

-Así que te gustan los espíritus independientes. ¿Admiras a las personas que sobresalen y hacen aquello que piensan que está bien sin importarles lo que digan los demás? -le pregunté. Yo estaba haciendo todo lo posible para animar a Gary a recordar las cualidades que en un tiempo había admirado.

-Así es. Infierno hacía lo que le apetecía. Y a mi me gustaba por eso -replicó Gary, un poco a la defensiva y con un tono un tanto puntilloso.

-Vaya. Dime, Gary, ¿qué fue lo que te hizo decidir que la Misión de la Luz Divina era el grupo donde deseabas pasar el resto de tu vida? -pregunté.

-Nunca me lo planteé así -respondió. En su rostro apareció una sombra de malhumor.

-Está bien, pero entonces ¿qué fue lo que, te llevó hasta ellos? -le interrogué en un tono más enérgico.

-En aquella época, mi novia Carol comenzó a asistir a satsan g, ya sabes, reuniones de grupo, y yo la acompañaba. Escuchábamos a la gente que hablaba de sus maravillosas experiencias del conocimiento y lo motivados que se sentían -me explicó Gary.

-¿Quién fue el primero que quiso recibir la iniciación? ¿Carol o tú? -pregunté, intentando conseguir más datos.

-Fue ella. Al principio, todo el asunto me parecía bastante raro. Pero después, cuando ella comenzó a meditar, sentí curiosidad y decidí meterme yo también -dijo. Su VOZ daba la impresión de que había sido muy escéptico.

-¿En qué año fue? -Yo quería que fuera preciso.

-En 1973 -respondió.

-Y en aquel entonces, ¿qué opinión te merecía el Guru Maharaj Ji? -fue mi siguiente pregunta.

-Yo pensaba que era un tío joven de la India que nos conduciría a una era de paz en el mundo -contestó con una pizca de sarcasmo.

-¿Estuviste en la gran reunión en el Astrodomo de Houston?

-Sí -contestó.

-¿Y qué pasó con Carol? —quise saber.

-No lo sé. Rompimos pocos meses después de nuestro ingreso -me dijo Gary mientras su rostro volvía a ensombrecerse.

-¿Cuándo fue la última vez que hablaste con ella?

-Hace unos cuatro años me envió una carta en la que me decía que había decidido volver a la escuela y que ya no seguiría practicando el conocimiento -fue su respuesta.

-¿Te dijo el motivo por el cual ya no volvería a pertenecer al grupo? -le pregunté, incrédulo.

-No me acuerdo –dijo él, con la mirada clavada en el suelo.

-¿Así. que la persona que te metió en el grupo se marchó hace cuatro años? -le repetí.

-Si.

-¿Y nunca más te has reunido con ella para conocer los motivos que tuvo para abandonar el grupo después de estar tres años en él? –le pregunté una vez más para remarcar la cuestión.

-Diga, ¿por qué me mira de esa manera? -protestó Gary, mirándome de frente.

Le sonreí, miré un instante al suelo y después le miré directamente a los ojos. Dije:

-Es que no lo entiendo, Gary. Si mi ex novia abandonase el grupo en el que me ha metido, a mí me interesaría poder hablar con ella y descubrir los motivos que tuvo para hacerlo. Debe haber tenido muy buenas razones para dejarlo después de tres años. Y es obvio que se preocupaba por ti, pues si no, ¿por qué te hubiera llamado y contado lo que había hecho?

Esperé un par de minutos mientras Gary permanecía delante de mí, en silencio. Después, continué:

-Supongo que ya no tienes manera de poder contactar con ella.

-Bueno, creo que sus padres continúan viviendo en el mismo lugar. Lo podría mirar en la guía telefónica.

-No es mala idea. Bueno, Gary, te deseo mucha suerte. Ha sido muy agradable hablar contigo. Gracias -dije, mientras llegaba mi autobús.

Me hizo un gesto de despedida con la mano cuando el autobús se puso en marcha.

La conversación precedente demuestra lo mucho que puede hacerse en pocos minutos para ayudar a alguien comprometido con una secta de control mental. Durante ese tiempo fui capaz de establecer de inmediato una relación, recoger información muy valiosa acerca de Gary y utilizar lo que había aprendido para ayudarle a que diera un paso muy importante para apartarse de la secta.

Como he afirmado antes, la relación es imprescindible para conseguir influencia. Si yo hubiera empleado un tono de voz amenazador o un poco condescendiente, no hubiera adelantado nada. Como utilicé un tono de curiosidad e interés, Gary se alegró de poder pasar el rato con un desconocido que se mostraba amable.

Cuando supe el tiempo que Gary llevaba en el grupo, pude asumir de inmediato que después de siete años no sentía el mismo entusiasmo que al principio. Me resultó relativamente fácil hacer que G’ary recordara cosas de su vida antes de entrar en la secta. Cuando recordó lo que hacia antes, fue capaz de actuar de nuevo con su identidad real y su manera de pensar, sentir y obrar antes de ser adoctrinado por el grupo. No sólo recordaba a su perro favorito sino que había declarado su admiración por los espíritus independientes y aventureros, un recurso muy valioso para ayudarle a abandonar un compromiso de siete años con Guru Maharaj Ji.

Gary también recordó lo que pensaba, en un primer momento, sobre el grupo antes de caer en sus manos. Retrocedió en el tiempo y observó a la secta con su mirada de antes, pensando que era un tanto extraña. En aquel entonces, no tenía la intención de unirse a la secta por el resto de su vida. Una estrategia importante para probar la realidad es volver atrás en el tiempo desde el punto de vista presente y preguntar: «Si hubieras sabido entonces lo que sabes ahora, ¿hubieras tomado la misma decisión?». En el caso de Gary, es evidente que la respuesta hubiera sido un no.

Después, cuando yo intentaba recabar más información, Gary me había dejado boquiabierto al decirme que Carol, la ex novia que había reclutado, había abandonado el grupo. Dado que todos lo que están sometidos al control mental sienten fobias con respecto al abandono del grupo, no me sorprendió que Gary no quisiera averiguar el motivo de su abandono. Era muy posible que cuatro años antes no estuviera en condiciones de hablar con ella, aunque se trataba de una amiga íntima. Sin embargo, yo tenía muy claro que Gary aún sentía curiosidad sobre el por qué Carol había dejado el grupo. Ahora había llegado un momento en su vida en que estaba más abierto a esta posibilidad. Yo le di el empujón para que fuera a hablar con Carol.

La primera experiencia de una mini intervención

Cuando hacía poco que había abandonado a los Moonies, buscaba en mis recuerdos aquellos momentos en que había tenido dudas o me planteaba interrogantes. Me acordé de varias ocasiones en las que había pensado fuera de los marcos de referencia Moonies. A pesar de que estas experiencias no fueron tan importantes como para impulsarme a abandonar, resultaron ser muy significativas a la hora de mi desprogramación. Uno de estos recuerdos se refería a una persona cariñosa que conocí una vez por casualidad. Fue durante mi primer año como adepto. Yo me encontraba en Manhattan recogiendo fondos y el día era terriblemente caluroso. Me acerqué a un hombre de unos sesenta años y le pregunté si quería comprarme unas flores.

-¿Para qué vendes esas flores, jovencito? -me preguntó mientras me obsequiaba con una cálida sonrisa.

-Para nuestros programas destinados a la juventud cristiana -le respondí, esperando que me comprase una docena de claveles.

-Vaya, vaya, pareces tener mucho calor -comentó.

-Sí, señor. Pero esta causa es muy importante, así que no me importa -respondí.

-¿Aceptarías que entráramos en aquella cafetería y que te invitara a un refresco? -preguntó.

Yo pensé para mis adentros: «Este tipo parece un buen hombre, pero tiene que comprarme las flores o no tendrá vinculación con el “Padre”». Entonces recordé que Jesús había dicho que quien da de beber al sediento está cumpliendo la voluntad de Dios.

-No serán más de cinco minutos -señaló el hombre-. Te refrescarás y podrás vender aún más flores. -En sus ojos había una chispa de picardía.

-De acuerdo. Muchas gracias -le respondí mientras entrábamos en el local con aire acondicionado. Era maravilloso no estar bajo el sol.

Ocupamos una mesa y el hombre dijo:

-Háblame un poco de ti,

-Bueno, pertenezco a una familia judía que vive en Queens

-comencé.

-Oh, así que eres judío. Yo también -comentó el hombre, sin dejar de sonreír.

Tal vez, me dije a mi mismo, Dios me ha enviado a este hombre para que sea «testigo de» (el término que utilizábámos en el grupo para referirnos al reclutamiento). Nos habían instruido para que durante la recolección de fondos no dedicáramos más de un par de minutos a cada persona. Pero como mi trabajo principal era el de reclutador, y yo había sido enviado a recaudar fondos un sábado por la tarde, pensé que no había nada malo en que pasara unos cuantos minutos más en su compañía.

Creo que pasé, al menos, media hora con él. Consiguió que casi todo el peso de la conversación recayera sobre mi. Durante el encuentro, sentí una inmensa nostalgia, no sólo de mi familia y de mis amigos, sino también de jugar a básquet, escribir poesías y leer libros. Antes de que me marchara insistió en que llamase a casa, me acompañó hasta el teléfono y él mismo echó la moneda. Recuerdo que sentí que aquel hombre me hacía pensar en mi abuelo, alguien a quien había querido mucho. Yo no tenía fuerza de voluntad para decir que no. Además, causaría una mala opinión sobre el grupo si me negaba a hablar con mis padres. Mi madre atendió la llamada y conversé con ella durante unos minutos.

En cuanto colgué, sentí que tenía que librarme de aquel individuo. Mi identidad sectaria empezaba a manifestarse con mucha fuerza. Comencé a sentirme culpable de no estar en la calle recolectando dinero y permitiendo a la gente que «pagara indemnización» al tiempo que se vinculaban con el Mesías.

Pese a mis esfuerzos, no podía concentrarme, así que no realicé ni una sola venta más en toda la tarde. Cuando volví al local de la secta, un líder Moonie me dijo que yo había creado una condición desfavorable al entrar en un bar a tomar un refresco, que Satanás me había tentado, y que yo había sucumbido. Me dijo que en aquel momento había crucificado a Cristo una vez más. Aquella noche oré y me arrepentí tratando de borrar cualquier recuerdo de lo sucedido. Jamás volví a recordar esta experiencia hasta después de mi desprogramación.

Otra intervención: Phil y la secta Hare Krishna

Aquí voy a describir una parte de la intervención que realicé con PhiI, que fue miembro de la secta Hare Krishna durante más de tres años. Phil se comprometió con el grupo unos seis meses después de que su hermano mellizo falleciera en un accidente automovilístico. La muerte fue un durísimo golpe para toda la familia y provocó en Phil una fuerte depresión, durante la cual consideró incluso la posibilidad de suicidarse. A pesar de los medicamentos y la terapia, nada parecía ayudarle. Entonces un día, mientras paseaba por el centro de la ciudad, fue abordado por una persona de los Krishna.

Conocí a Phil en el transcurso de una de sus escasas visitas al hogar y fui presentado como el asesor de la familia que llevaba trabajando con sus padres y sus dos hermanas durante varios meses. Le dije que creía necesario hablar con él a solas antes de realizar las sesiones familiares. Le comenté además que, desde mi punto de vista, él era un miembro de muchísima importancia en la familia y que su participación no sólo sería muy valiosa sino que resultaba imprescindible.

Después de presentarme, le sugerí que saliéramos a dar un paseo para poder, así, conocernos mejor. Él iba vestido con las prendas Krishna y calzaba sandalias. Dediqué los primeros minutos a explicarle mis antecedentes como asesor especializado en estrategias de comunicación y dinámica familiar, y que me había comprometido a ayudar a todos para que maduraran y disfrutaran de mejores relaciones con sus seres queridos. Él utilizaba el nombre de Gorivinda.

-¿Te importaría decirme, Gorivinda, Phil, cuáles son en estos momentos tus sentimientos respecto a tu familia? -le pregunté, con las manos en los bolsillos y mirando al suelo.

-No lo sé -respondió. Se encogió de hombros levemente.

-Bueno -continué-. ¿Eres feliz en tu actual relación con tu madre? ¿Tu padre? ¿Tus hermanas?

-Las cosas han mejorado bastante desde que dejaron de criticar mi compromiso religioso -respondió.

-¿Cómo te sientes cada vez que vienes a casa de visita? -le pregunté, tratando de ser lo más amable posible.

-Si he de ser sincero, resulta un tanto extraño -dijo.

Me alegré de la respuesta. Intenté sacarle más información preguntándole:

-¿Qué quieres decir?

-Bueno, es como llegar a otro mundo. Resulta tan diferente de la vida de devoción en el templo -respondió.

-¿Hay algunos buenos sentimientos de los que seas consciente cuando vienes a casa? -quise saber.

-Sí -dijo, con entusiasmo-. Quiero mucho a mis padres, a mis hermanas y a mi hermano. -Entonces se contuvo y agregó–:

Pero están viviendo en un mundo material.

–Ya veo -dije, un tanto desilusionado porque se había controlado pasando a la perspectiva de la secta-. ¿Te importaría hablarme acerca de tu hermano mellizo y de lo que significó su muerte para ti?

Con esta pregunta intentaba atraerlo hacia su identidad anterior.

–¿Por qué? -quiso saber, como si sospechase alguna cosa.

-Porque, como profesional de la salud mental, creo que toda la familia aún está sufriendo las consecuencias de la tragedia -declaré, mientras esperaba que mordiera el anzuelo.

En cuanto pronuncié estas palabras, Phil se echó a llorar y a ahogarse por la emoción. Me sorprendió la fuerza de sus sentimientos. Después juntó las manos y comenzó a mecerse. Pensé para mí: «Está cantando para dominar sus pensamientos». Después de unos minutos, recuperó la tranquilidad.

-Tom y yo estábamos muy unidos -dijo, mientras comenzaba una vez más a perder el control de sí mismo.

-Cuéntame cómo era él cuando vivía -le pedí-. ¿Qué cosas le gustaba hacer?

El rostro de’ Phil comenzó a brillar mientras recordaba a su hermano.

-Tom era inteligente, enérgico, tenía un gran sentido del humor. Era el más agresivo de los dos. Siempre me ayudaba a motivarme para hacer cosas.

-Dime, Phil, ¿qué piensas tú que liaría en la actualidad si no hubiera tenido el accidente? -le pregunté. Yo deseaba que Phil volviera a pensar en la clase de vida que Tom habría llevado.

-Es una pregunta difícil -replicó Phil.

-¿Tú crees que él se hubiera unido a los Krishna? -le pregunté con una sonrisa.

-No, jamás -manifestó Phil, sin dudarlo-. Tom nunca tuvo mucho interés en la religión, aunque era muy espiritual.

-Entonces ¿qué piensas que estaría haciendo? -insistí.

-Él siempre decía que quería meterse en el mundo del periodismo; le hubiera gustado trabajar en la televisión -me explicó Phil-, Quería ser el presentador de las noticias de la tarde.

-Así que le interesaban las noticias. ¿Le gustaba el periodismo de investigación? -pregunté. Sabía que si me respondía que sí, tendría otra perspectiva para trabajar con Phil más adelante.

-¡Era su tema favorito! -dijo.

La pregunta había dado en el blanco. Sin embargo, decidí primero estudiar otro enfoque. Pregunté:

-En aquellos tiempos, ¿que pensabas tú que ibas a hacer?

-¿En aquellos tiempos? Yo quería ser músico -exclamó con entusiasmo.

-Eso es -dije-. Tú hermana mencionó que tocabas la guitarra eléctrica y que también escribías canciones.

Tenía la sensación de que Phil comenzaba a hacer algunas de las importantes conexiones que yo esperaba que hiciese.

-Si.

-¿Así que deseabas tener tu propio grupo y grabar discos? -pregunté. Pretendía conseguir que Phil recordara todos los detalles posibles.

-Desde luego. Me gustaba tanto la música… Recuerdo cuando cantábamos mis canciones con Tom. Algunas veces, él me ayudaba a componer las letras -dijo, con mucho orgullo.

-¿Así que imaginabas que ibas a ser un músico de éxito, con una vida feliz y espiritualmente gratificante? -le pregunté, asintiendo con la cabeza. Yo quería que se formara una imagen mental lo más fuerte posible. Pretendía que se le grabara muy hondo.

-¡Exacto! -exclamó Phil, con la mirada un tanto extraviada. Era obvio que estaba disfrutando con las imágenes mentales.

-¿Puedes imaginarte lo maravilloso que es estar sobre un escenario y cantar tus canciones, impresionar a la gente con tu creatividad y hacerles felices? -dije. Quería que Phil se pusiera en contacto con lo bien que se hubiera sentido como músico.

-¡Sí! Es una sensación maravillosa -afirmó.

-¡Fantástico! Imaginate disfrutando de tu música, y tal vez ver que tus amigos están presentes. Ellos deben admirar y respetar muchísimo tu talento musical. Tal vez te has casado y eres feliz en tu matrimonio, tal vez ya tienes hijos –continué. Sabía que estaba corriendo un riesgo, pero él parecía disfrutar aún más con sus fantasías si les añadía una esposa y unos hijos. Esperé durante unos minutos a que Phil volviera de su agradable viaje imaginario.

-Bueno, todavía tengo otra pregunta –dije. Hice una pausa para tomar aliento y pregunté-: ¿Qué piensas que diría Tom en este momento si viera que estás con los Hare Krishna?

Phil se sorprendió. Después contestó:

-Se reina de mi y me diría que volviera al mundo real. ¡No entendería nada de todo esto!

Ésta era la respuesta que yo esperaba. Decidí insistir en el tema.

-Si Tom estuviera ahora mismo sentado a nuestro lado, ¿cómo le explicarías los motivos de tu ingreso en los Krishnas?

Debo admitir que me pilló desarmado ver que Phil era presa de fuertes sollozos que se prolongaron cinco minutos. Estábamos sentados en un banco de un parque muy tranquilo. Phil se sujetaba el pecho con las manos y se mecía de un lado a otro. Los fuertes sollozos parecían un eco que salía de lo más profundo de su cuerpo. Me pregunté si sería conveniente o no pasarle un brazo por los hombros y consolarle; decidí que era mejor no interrumpirle. Por fin, dejó de llorar y se rehízo una vez más. Le dirigí una mirada de compasión y formulé de nuevo la misma pregunta

-De verdad, ¿qué le hubieras dicho a Tom?

Phil se secó las lágrimas y declaró con firmeza:

-No quiero seguir hablando de este asunto, ¿de acuerdo?

Asentí y permanecí en silencio por unos minutos. Decidí que debía darle tiempo para que meditara un poco más sobre la pregunta, con la esperanza de que la contestara para sus adentros. Le sugerí que continuáramos nuestro paseo. Yo deseaba cambiar su esquema mental.

-Hay algo más que me gustaría discutir contigo antes de que volvamos a tu casa -dije, reanudando la conversación-. Si pudieras ponerte en el lugar de tu padre, ¿cómo te sentirías si perdieras a un hijo?

-¿Qué? -preguntó a su vez, mirándome.

-Imágínate que eres tu madre -continué-. Estuvo embarazada de Tom y de ti, os dio a luz, os amamantó, os cambió los pañales y os bañó. Cuidó de ambos cuando estabais enfermos. Jugó con vosotros, os enseñó y vio cómo os hacíais adultos. ¿Eres capaz de imaginar lo que significó para ella perder a Tom?

-Sí. Fue horrible -contestó. En realidad, hablaba como si de verdad fuera su madre.

-¿Y tu padre? ¿Puedes imaginar lo terrible que tuvo que ser para él? -añadí.

-Papá era el que más unido estaba a Tom. Para él fue un duro golpe -afirmó Phil.

-Así es -dije-. Ahora ya puedes imaginarte lo que han de sentir al ver que su otro hijo sufre una depresión y está al borde del suicidio, y que después, al cabo de pocos meses, cambia de nombre, se afeita la cabeza, y se marcha a vivir con un grupo que, al parecer, tiene una reputación más que dudosa.

-Sería algo espantoso -apuntó Phil-. Me enfurecería. Sería como perder a los dos hijos.

-Así es exactamente cómo me han dicho que se sentían -comenté-. ¿Lo comprendes ahora? Es por ello que se mostraron tan críticos con respecto al grupo cuando te uniste a ellos.

Hice una pausa y le dejé pensar unos instantes antes de continuar.

-Tengo curiosidad por saber qué pasaba por tu mente cuando conociste al primer miembro del grupo. ¿Qué fue lo que te llamó la atención y despertó tu interés por aprender algo más? -le pregunté.

Phil contempló el cielo unos momentos, luego miró al suelo, lanzó un profundo suspiro y respondió:

-Bueno, cuando me preguntó por qué estaba tan deprimido, le conté lo de la muerte de Tom. Le expliqué que no podía comprender por qué tenía que sucederle a una persona tan maravillosa corrió él. No me parecía justo. Él comenzó a explicarme las leyes del karma, y dijo que este mundo material, después de todo, no es más que una ilusión. Añadió que tenía que sentirme feliz de que Tom hubiera dejado su conciencia material para poder encarnarse en un ser más evolucionado en su próxima vida.

-Ya veo; así que el devoto te ayudó a comprender lo que le había pasado a Tom de una forma que te libraba del miedo y la confusión —dije.

-Y de la culpa -añadió Phil.

-¿La culpa? -pregunté.

-Si. Verás, yo le había pedido a Tom que aquel día fuera a la tienda a comprarme una cuerda nueva para la guitarra. Iba de camino cuando sufrió el accidente -respondió.

-¿Así que te culpabas de su muerte porque pensabas que si no le hubieras pedido que fuera a la tienda jamás hubiese tenido el accidente? -quise saber.

-Creo que sí -respondió Phil, apesumbrado.

Se me ocurrió que sería mejor que le ofreciera a Phil algunas perspectivas distintas sobre el accidente. En primer lugar, le dije:

-Si Tom hubiera muerto mientras nadaba en el otro extremo de un lago, ¿te hubieras culpado a ti mismo por no estar cerca de él?

-T’al vez -respondió, después de reflexionar unos instantes.

-¿Puedes imaginar una situación en la que Tom hubiera muerto sin que fuera culpa tuya? -pregunté.

Una vez más tardó en responder.

-Creo que no. Pero esto no cambia las cosas. Él iba a la tienda para cumplir con mi encargo.

-¿No crees posible que él también tuviera algunas cosas que comprar, o que tuviera que hacer otros recados? ¿No es posible que hubiera tomado otro camino hacia la tienda distinto al recorrido habitual, y tuviese allí el accidente? -pregunté.

Phil no parecía muy satisfecho.

-¿Cómo se sentiría Tom en estos momentos si hubieras sido tú el que un día hubiera ido a la tienda y se matara en un accidente de automóvil? -pregunté-. ¿Se habría sentido deprimido, habría pensado en suicidarse, y después se habría unido a los hare Krishna?

Phil se echó a reír.

Había hecho blanco en el centro de la diana. Al cabo de unos minutos era Phil quien comenzaba a formular preguntas.

-¿Qué opinas tú de los Krishna, Steve? -inquirió.

Pensé que estaba intentando, con toda honestidad, poner a prueba su «realidad» y no buscar mis fallos para dejarme de lado.

-Chico, es una pregunta difícil -dije, mientras me rascaba la cabeza.

-Quiero saberlo.

-Mi obligación como profesional, Phil, es asesorar y no formular juicios de valor sobre lo que las personas hacen con sus vidas. Sin embargo, yo también tengo sentimientos personales.

-Quiero saber tu opinión personal -insistió Phil en voz baja.

-Bueno, si he de ser sincero, te diré que estoy muy preocupado. Sabes, catorce años atrás me uní a un grupo religioso que mi familia reprobaba. Yo también me sentía deprimido antes de conocer a los miembros y no tenía muy claro qué quería hacer con mi vida. En aquel entonces, pensaba que ellos estaban interfiriendo en mis derechos como adulto a escoger lo que yo deseaba hacer.

-¿Qué grupo era? -preguntó Phil con curiosidad.

Decidí darle primero la respuesta más larga:

-La Asociación del Espíritu Santo para la Unificación de la Cristiandad Mundial. También se la conoce como la Iglesia de la Unificación -dije-. Bueno, la cuestión es que fui miembro devoto del grupo durante más de dos años. Dormía tres horas por noche, e incluso hice varios ayunos de siete días sólo a base de agua.

-Vaya, es mucho ayunar -exclamó Phil, admirado. Veía que no se perdía ni una sola de mis palabras.

-Sí. Adelgazaba entre siete y ocho kilos después de cada ayuno. Pero a lo que íbamos, en mi grupo reverenciábamos a nuestro líder como uno de los maestros espirituales más importantes de toda la historia. De hecho, creíamos que habla conocido a Jesús, Buda, Mahoma, Krishna, y a todos los otros grandes líderes espirituales.1

–¿Tú creías eso? -preguntó Phil. Estaba asombrado.

-Sí. Nosotros creíamos en un mundo espiritual. De hecho, creíamos que cada vez que alguien moría, como Tom, era como el pago de una indemnización por algún pecado cometido en el pasado por uno de los ancestros de la persona. De esta manera, cualquier otro familiar podía unirse al grupo, servir al hombre a quien reverenciábamos como el Mesías viviente, y después, cuando llegara el momento, intervenir para salvar a la persona que había entrado en el mundo de los espíritus. También por este medio, Dios no sólo podía devolver al mundo su estado original de, pureza, sino salvar asimismo a todos los seres espirituales que estaban en el mundo de los espíritus y que no podían progresar sin los «elementos vitales» suministrados por aquellos que estaban -en la Tierra.

Phil estaba boquiabierto. Preguntó:

-¿De verdad creías en lo que dices?

-En aquel tiempo, a pies juntillas -dije-. Sabes, en la Iglesia no se permitía a los miembros que formulasen preguntas críticas acerca de todo cuanto el líder dijera o hiciera. Nos enseñaban a creer que cualquier cosa que desafiara al líder o a las creencias del grupo era «negativa» y estaba originada por los espíritus malignos. Nos enseñaban a interrumpir el pensamiento para cerrar nuestras mentes. En mi grupo, esto lo conseguíamos mediante la oración o cantando cada vez que comenzábamos a dudar, o cuando sentíamos nostalgia de nuestro hogar.2

-¿Cómo has dicho que se llamaba el grupo? -preguntó Phil.

-La Iglesia de la Unificación -respondí-. Es probable que tú la conozcas con el nombre de Moonies.

-¿Tú estabas con los Moonies? No no me lo creo -exclamó Phil.

-Es la pura verdad. Yo era un devoto seguidor de Sun Myung Moon. Hubiera dado mi vida gustoso si él me lo hubiera ordenado -repliqué.

-¡Es increíble! -se asombró Phil.

-Y eso no es todo, sino que además nos hacían creer literalmente que, si alguna vez abandonábamos el grupo, nuestrás vidas quedarían destrozadas -continué-. Nos decían que traicionaríamos a Dios, al Mesías, a diez generaciones de ancestros y a todo el mundo. Nos decían que nuestros parientes que estaban en el mundo de los espíritus nos acusarían durante toda la eternidad de haber traicionado a Dios.

»Era como una pesadilla terrible. Nos obligaban a evitar a los antiguos miembros porque estaban controlados por el diablo. Si alguien al que estábamos muy unidos abandonaba el grupo, nos hacían sentir que él o ella se había convertido en un Judas y que estaba poseído por los espíritus demoníacos.4 ¿Puedes ponerte en mi lugar e imaginar lo que yo sentía cuando estaba con ellos?

-Sí -respondió Phil-. Es sorprendente. ¿Cómo pudiste librarte?

-Bueno. Sufrí un accidente de automóvil en el que estuve a punto de morir -respondí- Después de dos semanas en el hospital y una intervención quirúrgica en la pierna, me dieron permiso para ir a visitar a mi hermana. Un año antes, ella había tenido un niño, mi sobrino, al que yo no conocía. Nunca había podido conseguir permiso de mi superior para ir a verle. Bueno, a lo que íbamos. Mis padres contrataron a unos ex Moonies para que hablaran conmigo.

-Y tú ¿no opusiste resistencia? -quiso saber Phil.

-Desde luego. En el grupo me habían alertado acerca de la desprogramación -contesté-. Me habían dicho que me torturarían y que intentarían acabar con mi fe en Dios. Yo intenté escaparme, pero con una pierna rota y sin muletas no podía ir muy lejos.

-¿Así que fue entonces cuando decidiste abandonar? -preguntó Phil. Yo podía ver que estaba muy interesado en mi respuesta.

Le expliqué todo lo que aprendí durante la intervención. Le dije que había comprendido que los ex miembros continuaban amando a Dios y que en verdad eran muy buena gente. Los describí como personas que habían decidido abandonar el grupo, porque ya no querían seguir a un demagogo que sólo pretendía crear un mundo en el que todos fueran iguales en su manera de pensar, sentir y actuar. Los antiguos miembros me habían dicho que creían que Dios les había dado libre albedrío para poder escoger las cosas correctas, y no para ser forzados, a través del control mental, a hacer todo lo que el líder dice que es correcto. Le dije que cualquier grupo que impida a sus miembros que piensen y que, en cambio, obedezcan ciegamente a sus líderes, es peligroso. Le dije que toda organización que le dice a sus adeptos que no hablen con los ex miembros o que no lean informaciones críticas está ejerciendo un control informativo, que es una parte esencial del control de la mente.

También le conté que, durante la intervención, comencé a recordar algunas preguntas concretas que me había planteado, y las contradicciones que había observado, si bien nunca había tenido tiempo para meditar porque estaba siempre en compañía de otros adeptos y, porque como «buen» miembro tenía que utilizar casi constantemente las técnicas para interrumpir el pensamiento. En el momento en que pude ponerme en contacto con mi auténtica personalidad y replantear de forma objetiva la experiencia vivida, fui capaz de ver que en realidad había sido muy desgraciado en el grupo: había renunciado a mi individualidad; mi creatividad y mi autonomía

-Además, Phil, yo me dedicaba a reclutar a otras personas para que fueran sometidas de la misma manera –dije,, para terminar–. Me sentí muy culpable de lo que hice mientras estaba en el grupo.

Continuamos hablando durante mucho rato antes de regresar a casa. Le dije a la familia que tal vez convendría que nos tomáramos unas horas de descanso, antes de comenzar con la sesión de asesoramiento familiar. Nadie se sorprendió de que Phil quisiera estar a solas y tener un poco de tiempo para reflexionar sobre nuestra conversación.

La sesión familiar que realizamos después se basó en el trabajo que yo había hecho con Phil. Cuando hicimos un descanso a última hora de la tarde, la familia ya le había comunicado a Phil su deseo de que él se diera a si mismo la oportunidad de escuchar «toda la historia». Phil accedió a pasar unos cuantos días en casa para poder escuchar y hablar con ex miembros y así replantear su participación en la secta. Se llamó a varias personas para que le ayudaran en este proceso. Por mi parte, fui capaz de ayudar a la familia a resolver algunos de sus conflictos, y Phil decidió, finalmente, abandonar el grupo.

En la actualidad sigue una carrera musical.

Hay una llave para cada cerradura

En mi intervención con Phil, no sólo establecí, utilicé las técnicas de comunicación orientadas a una relación, un objetivo y desarrollé un modelo de su identidad, sino que deliberadamente intenté que Phil considerara su situación desde otra perspectiva. Luego, con toda intención, metí las llaves en las restantes cerraduras del control mental, y él respondió de forma positiva. Estas llaves llegan a los niveles más ocultos de la persona, y los cambios que pueden producir son muy profundos, como fue en el caso de Phil cuando se echó a llorar desconsoladamente.

Llave No. 4: Ponga a la persona en contado con su identidad original

Cuando una persona comienza a recordar quién era antes de convertirse en miembro de la secta, soy capaz de anclar su punto de referencia personal sobre la realidad en el tiempo en que no existía la identidad de la secta y, como consecuencia, tampoco control mental. Consigo que la persona repase todo lo que pensaba y sentía en cada una de las etapas del proceso de reclutamiento. Casi siempre, la persona tenía en aquella época dudas o preguntas significativas que ha reprimido durante mucho tiempo. Como ya he dicho antes, es bastante común el hecho de que, debido a la presión del adoctrinamiento, la persona silencie su voz interior, que está tratando de avisarle para que se aparte.

Es dentro de esa personalidad anterior a la secta donde aprendo exactamente todo lo que el individuo necesita ver, oír y sentir para poder abandonar el grupo. Con algunas personas, el criterio a seguir puede ser enseñarle la manera en que su líder malinterpreta la Biblia. Con otras, demostrarles los antecedentes delictivos y manejos del líder. Hay quien necesita, en cambio, que se le enseñen las contradicciones específicas de la doctrina. La pregunta:

«¿Cómo sabrá usted que ha llegado el momento de abandonar el grupo?» puede revelar hasta dónde el sujeto está dispuesto a tolerar a la secta. ¿La abandonará si Dios se lo ordena? ¿Se marchará si descubre que le han mentido? En el momento en que el adepto me revela explícitamente qué necesitaría para decidir el abandono del grupo, ya estoy en condiciones de hacer todo lo que esté a mi alcance para conseguir la prueba que desea.

En el caso de Phil, antes de unirse a la secta era una persona depresiva, con tendencias suicidas, y que estaba atormentado por la culpa de sentirse responsable de la muerte de su hermano. Si yo no hubiera sido capaz de ayudarle a que se enfrentara con sus sentimientos y a dar un nuevo enfoque al accidente, jamás hubiera podido abandonar el grupo. Se podría especular que, en algún nivel inconsciente, al unirse a la secta se estaba castigando a sí mismo por el «crimen». Hasta que no se replanteara las circunstancias de la muerte de su hermano y verbalizase lo que sentía, no podría estar en condiciones de dar ni un solo paso adelante.

En este y en otros casos semejantes, si el individuo no ha sido feliz o sano antes de unirse al grupo, resulta imperativo buscar un punto de referencia positivo que la persona pueda utilizar como anda de su identidad. Si no existen fuertes experiencias positivas para utilizar con este propósito, entonces es necesario inventarse una o cultivarla. La imaginación puede emplearse para crear ciertas experiencias positivas. Por ejemplo, se pueden formular preguntas como «¿Qué sentirías si tuvieras una familia cariñosa y comprensiva?» o «Si tu padre hubiera sido todo lo que tú querías cuando estabas creciendo, ¿qué cualidades debería haber tenido y qué cosas te hubiera gustado que hicierais juntos?»

Para que Phil llegara a considerar la posibilidad de abandonar a los Krishna, necesitaba recordar su personalidad anterior y lo bien que se lo pasaba tocando la guitarra, escribiendo canciones y disfrutando de la compañía de su familia y sus amigos. Era preciso sacar a la luz y trabajar con su inmensa pena y su irracional sentimiento de culpa. Tenía que recordar a Tom como una persona llena de vida, y no simplemente como una víctima. Phil fue capaz de resucitar a Tom en su vida interior, su deseo de convertirse en periodista, su desagrado por las organizaciones religiosas, su postura agresiva frente a la vida. Dado que los mellizos casi siempre están extremadamente unidos, resultaba imperativo que restableciera su vínculo emocional positivo con Tom.

Llave No. 5: Conseguir que el adepto contemple la realidad desde perspectivas muy variadas

Durante mi intervención con Phil, le pedí que se mirara a sí mismo desde diferentes puntos de vista. Cuando le pedí a Phil que cambiara de perspectivas y pensara como Tom, todo pareció dar un cambio dramático. Le pregunté: «¿Qué hubiera hecho Tom de haber si tú el que hubiera muerto? ¿Se hubiera unido él a los Krishna?». Phil había estado tan inmerso en su dolor que jamás se le había ocurrido considerar dicha posibilidad. Cuando le pregunté: «¿Qué hubiera dicho Tom de haber sabido que tú estabas con los Krishna?» la respuesta fue: «Se hubiera reído de mí y me hubiera dicho que volviera al mundo real».

Otra perspectiva importante que yo quería que Phil tuviera era la de sus padres. Necesitaba estar en contacto con el dolor y la sensación de pérdida que ellos sentían. Phil había estado tan absorto en su propia pena que no se había dado cuenta de lo mucho que sufrían todos los demás. Sus padres se habían contenido para ayudar a pasar el mal trance a sus hijos. Jamás habían tenido la oportunidad de expresar su sufrimiento.

Ayudar a Phil a recordar y analizar sus experiencias cuando fue reclutado por la secta fue otra de las perspectiva importantes. Al pedirle que verbalizara lo que pensaba y sentía al encontrarse por primera vez con el reclutador, los sentimientos de culpa que Phil había reprimido durante tanto tiempo, y que tenían su origen en el hecho de que le había pedido a Tom, en aquel día funesto, que le fuera a comprar una cuerda de guitarra, salieron a la superficie. Y no sólo eso, sino que al recordar su reclutamiento, Phil pudo también recordar algunas de las preguntas y dudas que se había planteado entonces. Recordó lo importantes que habían sido para él las explicaciones del devoto acerca del karma. Le ayudó a establecer Una barrera ideológica alrededor de la muerte de su hermano y a pensar que Tom estaba un paso más cerca de la iluminación. Recordó que cuando había comenzado a entonar los cánticos, el dolor había desaparecido. Recordó que, en aquel entonces, se había dicho a sí mismo: «Esto es muchísimo mejor que pensar en el suicidio».

En otras intervenciones, es importante introducir perspectivas diferentes. Cada vez que el miembro de una secta considera una perspectiva distinta, el dominio que ejerce la secta sobre él se debilita un poco. Además de pedirle a la persona que recuerde quién era antes de ingresar en el grupo, también puede ser muy valioso pedirle que se imagine el futuro. ¿Cómo será él dentro de un año, de dos, de cinco o de diez? Con toda sinceridad, ¿qué se ve haciendo en el futuro? ¿Seguirá vendiendo flores en una esquina? Si no es así, ¿cómo se sentiría si continuase sin poder hacer nada más que vender flores por la esquinas durante los próximos diez años?

Otra perspectiva muy valiosa puede ser la opinión sobre el líder del grupo. Yo le pregunté a una mujer: «Si usted fuera el Mesías, ¿viviría de la misma manera que el señor Moon, una mansión que es casi un palacio, tendría dos yates de 250.000 dólares cada uno, coches de gran lujo, etc?». Ella me respondió: «¡Claro que no! Daría todo mi dinero para ayudar a los pobres. Viviría de una manera muy sencilla». Al escuchar su respuesta, pude preguntarle qué pensaba ella de que él lo hiciera. Me dijo: «Esto es lo que me preocupa. ¡Siempre me ha preocupado!».

Cuando expliqué a Phil lo que se sentía viviendo con los Moonies, intenté transmitirle sobre todo aquellos sentimientos que se producían al estar cerca del señor Moon: la excitación, el honor, el sobrecogimiento. Yo podía haberle pedido que imaginara qué sentía un Moonie que creía que Moon era diez veces más importante que Jesucristo, sentir el increíble honor de vivir en este mundo y ver al Mesías en persona. Cuando Phil se puso en el lugar de un Moonie, su experiencia como devoto de Krishna se alteró para siempre.

Cada vez que un miembro es capaz de salir de su personalidad y ponerse en el Lugar de otra, ya sea la de un miembro de otra secta, o incluso la de sus padres o su líder, está debilitando su rigidez psicológica. De hecho, alentar psicológicamente al adepto para que adopte otra perspectiva le permitirá poner a prueba su realidad. En este proceso, la información con que fue programado es considerada bajo otro prisma.

El medio para suprimir la fe ciega es introducir nuevas perspectivas.

Llave No 6: Evitar los procesos de interrupción del pensamiento mediante una forma indirecta de suministrar información

Todas las personas que forman parte de una secta han sido programadas para interrumpir todos los pensamientos «negativos» acerca del líder, la doctrina o la organización, y también han sido adoctrinadas para creer que este grupo es superior a todos los demás grupos y diferente a todas las demás sectas.

El proceso para interrumpir el pensamiento se desencadena cada vez que se produce un «ataque frontal», o, en otras palabras, cuando la persona advierte que alguien ataca la validez del grupo. De esta manera, la interrupción del pensamiento actúa como un escudo que debe levantarse contra cualquier enemigo que se aparezca.

Sin embargo, el adepto no emplea la interrupción del pensamiento cuando no hay una percepción del «peligro». Dado que el miembro del grupo cree que no está integrado en una secta, pero que existen otros grupos que sí son sectas, es relativamente fácil mantener largas y detalladas conversaciones sin que él tenga, en ningún momento, la sensación de que usted está atacando al grupo o a su líder. En consecuencia, la forma de comunicarse con el adepto es a través del acercamiento indirecto.

Si es miembro de El Camino Internacional, no se sentirá amenazado en lo más mínimo cuando usted le cite a los Moonies. Si habla con un adepto de los Moonies, él no se sentirá amenazado si le habla de El Camino. Él piensa que su grupo es muy diferente, muy superior a todos los demás, De esta forma, se puede obtener una idea de los procesos de control mental y técnicas específicas utilizadas por este otro grupo de una manera muy sutil y apacible. Usted estará suministrando al inconsciente de la persona (su identidad Fulano de tal, “Juan Juan”) los marcos de referencia imprescindibles para que comience a analizar lo que le ha sucedido a él.

Tenga presente que en el caso de Phil, tuve mucho cuidado en no atacar a los Krishna. Si lo hubiera hecho, lo más probable es que se hubiera puesto a la defensiva y comenzara con los cánticos, y si yo me hubiese mantenido en mis trece, él se hubiera marchado. Toda la información se refería a los Moonies y a los otros grupos. Este método indirecto de transmitir información evita los mecanismos de interrupción del pensamiento.

Llave No. 7: Visualizar un futuro feliz para vencer las fobias del adoctrinamiento

Las fobias del adoctrinamiento o el miedo a dejar alguna vez el grupo residen, por lo general, en el inconsciente. La identidad «sectaria» jamás piensa en abandonar el grupo. Ni que decir que está siempre feliz, entusiasta y obedece a sus líderes. Es «Fulano de Tal» el que está esclavizado.

Yo ayudé a Phil para que comenzara a librarse de la fobia del adoctrinamiento pidiéndole que visualizara una imagen del futuro que al él le gustaría disfrutar: interpretar música, estar con sus amigos, tener una esposa, hijos, estar unido a su familia, etc. Después le pedí que «se metiera en la imagen» y que disfrutara con la experiencia. Al hacer esto, yo ayudaba a Phil para que abriera la puerta de salida de los Krishna. Esta técnica de visualización comenzó a desarmar las fobias del adoctrinamiento. Se convirtió en un puente para alcanzar una nueva vida.

En otros casos, a menudo le pregunto al adepto: «Si usted no hubiera conocido jamás a este grupo, e hiciera ahora lo que deseaba poder hacer, ¿qué sería?». Después de unos instantes de confusión y resistencia, por lo general tengo que repetir la pregunta varias veces, «Imagínese tan sólo que usted hace exactamente lo que deseaba hacer, de tal forma que es completamente feliz, que se siente espiritual y personalmente gratificado; y que desconociera por completo la existencia del grupo, ¿qué estaría haciendo ahora?»

Las respuestas varían. «Yo sería médico y trabajaría en una clínica atendiendo a los pobres.» «Sería tenista profesional.» «Estaría navegando alrededor del mundo.» Cuando la persona ha verbalizado su fantasía, procuro que se meta en la visualización de su nueva vida, y la estimulo para que se involucre emocionalmente con la misma.

Al dar este paso, estoy en condiciones de comenzar a neutralizar los sentimientos negativos programados. Éstos disponen que el miembro no puede hacer ninguna otra cosa que no sea ser un adepto. Una vez establecido un punto de referencia positivo, la imagen generada por el grupo sobre una vida oscura y llena de desastres fuera de la secta comienza a modificarse. Cuando la imagen positiva está en su lugar, se tiende un puente hacia otras posibilidades. Se considera a la gente ajena al grupo como personas buenas y cariñosas, hay muchísimas cosas de las que disfrutar, puede lograrse la gratificación religiosa y espiritual. Cuando el mundo exterior se llena de experiencias positivas, el grupo pierde el control total sobre el sentido de la realidad del adepto. Este estará entonces en, una posición más ventajosa para decidir si quiere permanecer donde está, o cruzar el puente y hacer algo personal que sea más valioso y gratificante.

Llave No. 8: Ofrecer al adepto definiciones concretas sobre el control mental y las características de una secta destructiva

Mi intervención con Phil demuestra la importancia de brindarle al adepto información específica sobre las sectas. Dado que yo había podido establecer una buena relación con Phil, estuve en condiciones de obtener mucha información sobre sí mismo y ayudarle. Durante el proceso, Phil sintió curiosidad por mi persona y quiso saber lo que yo pensaba.

Llegado a este punto, pude comenzar a ofrecerle información más concreta sobre las sectas y el control mental a través de mi experiencia personal en los Moonies. Fui capaz de explicarle lo que había sucedido durante mi desprogramación y que, gracias a ésta, había sido capaz de comprender que estuve sometido al control mental y que, de hecho, pertenecía a una secta destructiva. En mi caso, hasta que mis asesores no me enseñaron lo que los comunistas chinos habían comenzado a practicar en 1950, no fui capaz de entender con claridad el proceso del «lavado de cerebro» Y también cuando ellos pudieron demostrarme que todas las sectas destructivas, como los Krishna,5 estaban estructuradas de la misma manera autoritaria que la Iglesia de la Unificación, dejé de creer que los Moonies eran por completo diferentes a todos los otros grupos.

También le expliqué a Phil que algunas de las creencias de los Moonies, por extrañas que parecieran, tenían sentido siempre y cuando uno creyera en la totalidad de la doctrina. Me preocupé de incluir la teoría de los Moonies sobre el porqué ocurren las «muertes por accidentes», para que viese que existían sistemas de creencias alternativos que ofrecían otra explicación. También era muy importante para él saber que hay otros grupos guiados por personas que proclaman ser superiores espiritualmente. Cuando, en un momento dado, le informé de que había unas tres mil sectas, y que si una de ellas estaba encabezada de verdad por un auténtico líder (cosa que yo ponía muy en duda), entonces las probabilidades que él tenía de acertar con la correcta, en un primer intento, eran de una entre tres mil. No se podía considerar que hubiera muchas posibilidades de acierto.

También le hice ver que yo me había entregado al grupo, y que había escogido abandonarlo por las razones «correctas». Pretendía poner en duda lo que le habían dicho en su adoctrinamiento: que las personas abandonaban el grupo por. razones equivocadas, porque eran débiles o indisciplinadas, o porque querían caer en el materialismo. Quería que supiera que yo había dejado el grupo debido a mi integridad y fuerza de voluntad.

Abandoné el grupo porque había llegado a comprender de forma objetiva lo que había estado haciendo. Me había dedicado a una «fantasía» creada por el adoctrinamiento de los Moonies en sus talleres de trabajo. Pensaba que seguía al Mesías, la persona que sería capaz de acabar con las guerras, la pobreza, las enfermedades y la corrupción, y que establecería el Reino de Dios en la Tierra. No me importaba sacrificarme en aras de estos nobles ideales. Pensaba que, como adepto, enseñaba a la gente los modelos más elevados del amor y la verdad, y a llevar una vida ejemplar.

En cambio, para mi horror, me di cuenta de que había aprendido a comprometer mi integridad en nombre de Dios. Me di cuenta de que cuanto más alto ascendía en la organización, y cuanto más cerca estaba de Moon, me volvía cada vez más obsesivo. El poder casi se convirtió en adicción, y empecé a tomar decisiones con miras a defender y ampliar mi poder, no para defender lo que era moralmente correcto.

Abandoné cuando comprendí que el engaño y el control mental no podían nunca ser parte integrante de ningún movimiento espiritual auténtico: con su utilización, el grupo había creado un virtual «Infierno en la Tierra», un reino de esclavos. Cuando advertí que, a pesar de que yo quería creer que era verdad (que Moon era el Mesías y el Principio la Verdad) mi fe lo convertía en verdad, comprendí que aunque me quedara en el grupo cincuenta años más, la fantasía por la cual me estaba sacrificando no sería nunca verdadera.

El hecho de que me dieran unas cuantas definiciones concretas del control mental me permitió ver con claridad que habían hecho de mí una víctima y que había aprendido a convertir a otras personas en víctimas. Personalmente, llegué a un acuerdo con mis propios valores, creencias e ideales. Cuando lo conseguí, a pesar de lo mucho que había puesto de mí en el grupo, de haberme convertido en un líder y haber establecido fuertes vínculos con muchos miembros, no pude continuar en él. Nunca podría reintegrarme en su seno para volver a convertirme en un «auténtico creyente».

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CAPÍTULO 10

Estrategias para la recuperación

Los adeptos tienen tres alternativas básicas para dejar la secta: se marchan, los expulsan (a menudo cuando están «muy quemados» tanto física como psicológicamente), o se les asesora para que abandonen. Pese a que tienen la suerte de poder dejar el grupo destructivo, los ajustes para vivir en el «mundo real» pueden llegar a ser muy difíciles. Si no reciben una información adecuada y el asesoramiento debido después de dejar la secta, las fobias inducidas por el grupo, que conservan en su subconsciente, los convertirán en «bombas de relojería» ambulantes Además, muchos adeptos han vivido durante tanto tiempo sin haber realizado ningún tipo de trabajo normal o vida social, que el proceso de reajuste a la vida adulta se les hace muy cuesta arriba. Hay personas que después de abandonar la secta han vuelto a integrarse en la misma. Si bien, de acuerdo con mi experiencia, estas personas constituyen por lo general la excepción que confirma la regla, demuestran con claridad lo vulnerables que son las personas que acaban de dejar un entorno sometido al control mental.

Los que se marchan

Es indudable que el número más grande de ex miembros pertenece a la primera categoría. Son las personas que han conseguido apartarse físicamente de la secta, pero que no han recibido ningún tipo de asesoramiento. De vez en cuando, conozco a alguno de ellos en alguna reunión y descubro que hay quien, a pesar de que hace años que ha dejado el grupo, aún está luchando con los problemas del adoctrinamiento debido al control mental.

Por ejemplo., en el transcurso de una cena conocí una vez a una mujer que «había salido» de los Moonies. Durante nuestra conversación, me comentó que a pesar de que llevaba más de seis años casada y que era feliz en su matrimonio, sentía un profundo temor a quedar embarazada. Me dijo que no conseguía encontrar una explicación a estos temores porque, desde pequeña, siempre había deseado tener hijos. Ahora había entrado en la treintena y se daba cuenta de que estaba sosteniendo una carrera contra el tiempo para tener hijos, pero seguía sin poder superar su miedo.

Hablando con ella supe que había sido reclutada por los Moonies en 1969, unos doce años antes de nuestra charla, pero que había estado con el grupo tan sólo tres meses.

-Cuando comenzaron a exigirme demasiadas cosas, me fui -dijo. Estaba muy claro que se había despreocupado de la experiencia, pues consideraba que sólo había sido algo fortuito.

-¿Se le ha ocurrido pensar que su miedo a tener hijos puede estar relacionado con su episodio con los Moonies? -pregunté.

En su rostro apareció una expresión de extrañeza. Dijo:

-¿Qué quiere usted decir?

-¿Recuerda si en alguna ocasión, mientras estaba con los Moonies, le dijeron algo respecto a tener hijos?

Ella levantó la cabeza, como si su mirada quisiera perderse en el techo. Después de unos instantes, su rostro enrojeció y lanzó un grito.

-¡Sil ¡Ahora lo recuerdo! -exclamó. Para mi sorpresa, me agarró de los hombros y comenzó a sacudirme enérgicamente,

-¡Recuerdo que me dijeron que sí alguien traicionaba alguna vez al Mesías y abandonaba el grupo, sus hijos nacerían muertos! -afirmó.

Su excitación al recordar el origen de su miedo a tener hijos era tremenda, y yo no podía menos que compartirla. Parecía como si pudiéramos oír el ruido que hacían las cadenas psicológicas que habían encerrado su mente al romperse y caer al suelo.

En aquel momento, advertí que tendría que ofrecerle una explicación sobre la implantación de fobias. Le dije que, a pesar de que ella había estado con los Moonies sólo durante tres meses, sus reclutadores y los encargados del adoctrinamiento habían, conseguido implantar en su subconsciente una fobia que consistía en creer que sus hijos nacerían muertos.

-¿Aunque ya no crea en los Moonies? -me preguntó.

-La mente es capaz de recibir nuevas informaciones y retenerlas para siempre- respondí- Esto es tan válido para las cosas perjudiciales como para las buenas. Tal vez usted pensó que había acabado con los Moonies en el momento en que cruzó la puerta de salida, pero le ha costado doce años localizar y desactivar esa bomba de relojería que le habían puesto en la mente.

Es muy poco frecuente tener una conversación con un ex miembro durante una reunión social y que la charla desemboque en la eliminación de una fobia. Sin embargo, hay un gran número de personas que, como esta mujer, se las tienen que ver con las perjudiciales secuelas de haber pertenecido a una secta. Sus problemas a menudo se agravan por el hecho de que muchos profesionales de la salud mental no tienen los conocimientos suficientes sobre el control mental y no saben cómo ayudar, de una manera eficaz, a las personas que sufren dichas secuelas.

Muchas personas son capaces de marcharse, sobre todo durante las primeras fases del adoctrinamiento. La mujer del ejemplo pudo rebelarse y valerse por sí misma en 1969, cuando los Moonies eran mucho menos efectivos en su adoctrinamiento. Los nuevos reclutas pueden huir de la secta si reciben un exceso de información sobre la doctrina interior, y aún no están en condiciones de asimilaría. Por ejemplo, una mujer a la que yo había reclutado, descubrió que Moon le asignaría un marido durante las primeras semanas de adoctrinamiento y este hecho la enfureció de tal manera que se marchó del grupo. Un hombre se largó en cuanto supo, antes de que nosotros le preparáramos para que lo aceptara, que creíamos que Moon era el Mesías.2

Otras personas se van cuando resultan víctimas de las rencillas internas o los conflictos personales. Por ejemplo, muchísimas personas han terminado hartas y se han marchado porque no podían relacionarse con su superior inmediato y seguirle. Otros, que habían sido miembros durante muchos años, abandonaron al considerar que la política del grupo no se aplicaba justa y equitativamente a todos y que existían un lucha por el poder.

A lo largo de los años, he conocido a docenas de personas que habían abandonados su secta porque ya no podían soportarla más, pero que aún creían en el líder supremo. Existen miles de ex Moonies que no dudan que Moon es el Mesías, pero que simplemente no pueden tolerar la forma en que se dirige a la, secta.

En su interior, continúan esperando que llegue el día en que se modifique la política del grupo para volver a él. Son incapaces de comprender que el grupo está estructurado y se rige de esta manera por voluntad de Moon.

Los expulsados

Me he encontrado con muchas personas que fueron expulsadas de sus grupos, con la justificación aparente de que se rebelaban contra la autoridad y formulaban demasiadas preguntas. Otros habían sido sometidos a tantos abusos que estaban quemados y ya no eran «productivos». Y también los hay que fueron dados de baja por sufrir serios problemas físicos y mentales que requerían un tratamiento demasiado caro, convirtiéndose en un riesgo económico para la secta.

Las personas que han sido expulsadas de una secta destructiva son siempre las que llevan la peor parte de entre todos los ex miembros. Se sienten rechazados no sólo por los adeptos del grupo sino también, en el caso de las sectas religiosas, por el mismo Dios. La mayoría de ellos han dedicado su vida entera al grupo, y han hecho donación de sus ahorros y propiedades al hacer su ingreso. Se les dijo que el grupo se había convertido ahora en su «familia». y que ésta cuidaría de ellos por el resto de sus vidas. Luego años más tarde, se les dijo que no eran capaces de satisfacer las exigencias del grupo y que tenían que marcharse. Estas personas, con sus fobias al mundo exterior, se han visto lanzadas a lo que ellos consideraban como la total oscuridad.

Para muchos de los «expulsados», el suicidio parece ser la única salida real para librarse de sus sufrimientos.3 Nadie sabe cuánta gente se ha matado debido a su participación en una secta destructiva. Personalmente he conocido a tres personas que se suicidaron a causa de su pertenencia a un grupo destructivo.

Entre los que han intentado sin éxito quitarse la vida, hay muchos a los que de manera errónea se les ha diagnosticado una esquizofrenia cuando han sido sometidos a una evaluación psiquiátrica. No se puede culpar a los médicos, carentes de información. ¿De qué otra forma pueden tratar a una persona que pide a gritos que Satanás abandone su cuerpo? ¿Cómo pueden saber que la persona ha estado cantando a toda velocidad para sus adentros durante horas, y que esto le produce un estado casi catatónico?

Uno de mis clientes fue expulsado de una secta que se hallaba bajo el mandato de un gurú después de que su padre amenazara al líder con una demanda judicial y le persiguiera de otras maneras. El joven había sido programado durante seis años en la idea de que abandonar al gurú significaba la locura instantánea. Después de la expulsión (‘¡sorpresa!) se volvió locó. Sus padres lo llevaron a un sanatorio mental y los doctores confirmaron que, en su opinión, el muchacho estaba loco, esquizofrénico, para ser más exactos. El joven interpretó el diagnóstico como una prueba de que su líder tenía razón: el que abandonaba al gurú se volvía loco.

En el hospital psiquiátrico comenzó a darse de cabezazos contra las paredes. Le pusieron una camisa de fuerza y fue sometido a vigilancia constante. A nadie se le ocurrió preguntarle por qué hacía eso. Yo descubrí que, en su etapa de miembro, había visitado la India, donde le habían mostrado una piedra en la cual el propio gurú se había dado de cabezazos hasta que, según sus palabras, «logró alcanzar la gran conciencia». En su esfuerzo por reproducir el camino seguido por el gurú, el joven casi estuvo a punto de matarse. Y, para colmo de los colmos, el episodio sólo sirvió para «confirmar» el diagnóstico de que era un esquizofrénico.

Sólo cuando comencé a asesorarle vislumbró por primera vez cómo había sido programado por la secta, y cómo, sin darse cuenta, había reforzado su programación cada vez que recordaba la jerga del grupo y su adoctrinamiento de adepto fiel. Al repetir en su fuero interno las enseñanzas del líder de la secta, continuaba adoctrinándose y retardaba sus progresos durante años.

También debía luchar contra los años de ayuda «negativa» que había recibido de los profesionales de la salud mental durante su «tratamiento». Dijo que algunos de sus doctores habían llegado a manifestar que su participación en la secta había sido una de las cosas más sanas que había hecho en su vida. Uno de ellos incluso le había dicho que leyera libros de la secta. Durante todo el tiempo, se le recordaba a diario que era esquizofrénico.

Una ex miembro con la que trabajé y que había pertenecido a una secta ocultista estaba por completo convencida de que su cuerpo espiritual se desintegraba, y que estaba a punto de morir. Sufría tremendos ataques de ansiedad, sobre todo durante la noche, y sentía agudos dolores en el pecho. Los médicos la habían sometido a innumerables pruebas, y llegaron a la conclusión de que todos los problemas estaban «en su mente». Ella había sido programada por el grupo para autodestruirse si alguna vez lo abandonaba, y cuando estuvo fuera, esto fue exactamente lo que sucedió hasta que fue asesorada.

Cuando las personas que se han marchado o han sido expulsadas no tienen oportunidad de recibir asesoramiento, sus sufrimientos, por lo general, se ven prolongados. Sin embargo, hay muchos que, con la ayuda de familiares y amigos, son capaces de rehacer y progresar en la vida. No obstante, si estas personas no llegan a comprender el control mental y cómo se les utilizó para reclutarlas y adoctrinarías, jamás lograrán disfrutar de una vida tan plena como los que sí lo entienden. Estas personas tal vez consigan dejar en algún rincón de su mente sus experiencias con la secta y olvidarse de ellas. Pero, en algún momento pueden volver a presentarse en sus vidas.

Rick era una de estas personas. Se marchó de los Niños de Dios con su esposa y su tres hijos después de estar seis años con ellos. Transcurrieron cinco años y un día apareció, en el buzón de su casa, un folleto de propaganda de la secta. Todo el adoctrinamiento sectario del que había sido imbuido se puso en marcha al ver la carta del líder, y perdió por completo su control mental. En un momento dado, según sus explicaciones, comenzó a sentir una voz interior que le ordenaba que subiera al primer piso y estrangulara a sus hijos. Por fortuna, no le hizo caso. Rick fue asesorado y, en la actualidad, es un brillante profesor de informática.

Asesorados

Entre las personas que fueron asesoradas para abandonar el grupo, hay muchas que fueron afortunadas, ya que consiguieron la ayuda y la información que necesitaban. Sin embargo, son también numerosas las personas, en particular aquellas que fueron desprogramadas en los años 70 e incluso en los 80, que todavía cargan con el bagaje psicológico vinculado a la secta. El solo hecho de que hayan pasado varios años desde que abandonaron la secta no significa que todos los problemas estén resueltos. Nada más lejos de la verdad.

Ahora se sabe mucho más acerca del control mental y asesoramiento de abandonos de lo que se sabia hace unos años, y hay un número mucho mayor de asesores a los cuales acudir en busca de ayuda. La organización de apoyo FOCUS para antiguos miembros cuenta con grupos en algunas de las ciudades más importantes. Reunirse y hablar con ex adeptos del grupo concreto de cada uno, y de los grupos en general, es una forma muy efectiva para ayudar a la identificación y resolución de los problemas.

Problemas psicológicos de los ex miembros de las sectas

Los ex miembros han descrito una amplia variedad de dificultades psicológicas que aparecieron tras el abandono de la secta. Probablemente, la más común es la depresión que sufrieron durante los primeros meses después de la salida. Es difícil de describir el dolor que se siente al descubrir que te han mentido y esclavizado en un grupo de control mental, descubrir que tu «sueño» es, en realidad, una pesadilla.

Muchas de las personas que he conocido describen la experiencia como si se hubieran enamorado profundamente de alguien a quien dan todo su amor, su confianza y entrega para después darse cuenta de que el objeto de su amor era un mentiroso, y que sólo les estaba utilizando. El dolor y la sensación de haber sido traicionado es enorme.

Otros describen este descubrimiento en términos muchos más gráficos: es como si los hubieran violado espiritual y psicológicamente. La sensación de violación personal es indescriptible. Yo mismo tuve que comprender que todo el amor y la devoción que sentía por Sun Myung Moon y Hak Ja Han como mis «Padres verdaderos» era por completo unilateral. Después de abandonar la secta advertí que yo no les interesaba en absoluto como persona. Si hubiese sido así, hubieran intentado ponerse en contacto conmigo para saber por qué me había marchado. En cambio, fui automáticamente tildado de «satánico» y traidor.

Cuando las personas están deprimidas, tienden sólo a ver el lado negro de las cosas. Su dolor puede llegar a ser tan grande que borra cualquier esperanza de un futuro positivo. Es esencial que los ex miembros acepten y comprendan este dolor y que atraviesen ese período de pena. Al parecer, la mejor manera de ayudarles es conseguir que entiendan que también han conseguido cosas positivas con su afiliación a la secta, y demostrarles de qué manera son ahora más fuertes gracias a la experiencia vivida. También es útil alentarlos para que consideren el episodio desde una perspectiva esperanzadora y útil. Siempre se pueden encontrar ejemplos de personas cuyas experiencias han sido mucho peores que las propias, y que no sólo fueron capaces de sobrevivir sino que triunfaron después del abandono.

Otro problema que se presenta con frecuencia es una tendencia irresistible a continuar dependiendo de otras personas para que les orienten y les digan lo que tienen que hacer. En los grupos donde los miembros viven en comunidad, la mayoría de las decisiones son tomadas por los líderes. A los miembros se les pide que no piensen y que sean obedientes. Esta forma de dependencia fomenta la disminución de la autoestima y retarda el deseo y la capacidad de desarrollo individual.

Una forma específica que adopta este dependencia es la dificultad para tomar decisiones. He trabajado con personas que no sabían qué querían para comer, con qué ropas vestirse, qué libro debían leer, qué película ver, o qué debían hacer con respecto a su educación o empleo. A todos los que han tenido que pedir permiso a sus superiores para hacer las cosas más simples, verse de pronto lanzados al mundo de las responsabilidades personales les puede resultar muy complicado.

Cuando abandoné los Moonies, yo no parecía tener esta dificultad. Mis desprogramadores advirtieron a mis padres que me sería difícil tomar decisiones. Mis padres se sentían bastante confusos cuando salíamos a comer, porque yo no tenía problemas a la hora de escoger los platos que deseaba. Tiempo después me dijeron que habían pensado, de una manera un tanto retorcida, que no había sido desprogramado. Lo que no tuvieron en cuenta fue que yo no había sido un recluta. Yo había sido un líder y estaba habituado a tomar ciertas decisiones sobre mí mismo y con respecto a los demás. Las decisiones de cada día no constituían para mi ningún inconveniente; en cambio, decidir si quería volver o no al instituto era mucho más difícil.

Como sucede con casi todo, la toma de decisiones se hace más fácil con la práctica. Con el tiempo, las personas aprenden a asumir el control de sus vidas. Este proceso puede acelerarse con una dulce pero firme insistencia por parte de los familiares y amigos, a fin de que los ex adeptos tornen sus propias decisiones sobre lo que quieren comer o hacer. Al estimular la autoestima y la confianza en sí mismo del ex miembro, esta dependencia, por lo general, consigue superarse.

«Flotar»: enfrentarse a la identidad de la secta después de abandonarla

Un problema más difícil al que deben enfrentarse los ex miembros es un fenómeno que se conoce con el nombre de «flotar».5 Se puede describir como una experiencia en la cual el ex adepto comienza de pronto a «flotar» en el tiempo, retrocede a la época de su identidad de adepto. He aquí un ejemplo.

Margot Sullivan, una estudiante de 19 años de edad, fue reclutada por Lifespring (Manantial de la vida) en un campamento de verano durante el año 1987. A pesar de que había completado el curso básico y sólo le faltaba un fin de semana para finalizar el cursillo de aprendizaje para líderes, le desagradaban las presiones que recibía para que reclutara nuevos miembros. Por suerte, ella vivía en Maine y no estaba en las proximidades inmediatas del grupo central en Nueva Inglaterra, que tiene su sede en Boston. Esto le permitía una amplia libertad de movimientos, si bien la llamaban casi a diario para mantenerla bajo control. La madre de Margot, ministra metodista, observó los cambios de personalidad de su hija y se sintió tan preocupada que pidió dinero prestado para someterla a una intervención.

Como parte de una investigación realizada sobre Manantial de la vida, la cadena de televisión ABC incluyó en su programa «20/20» una entrevista con el psiquiatra y experto en sectas Dr. John Clark, de la Escuela de Medicina de Harvard. A pesar de que Manantial de la vida mantiene una opinión diferente, el Dr. Clark afirmó durante la entrevista que, a su juicio, dicho grupo practica el control mental y el lavado de cerebro.6 Para Margot, uno de los problemas a que tuvo que enfrentarse, después de la intervención, fue escuchar la música que se emitía por la radio, por ejempío la canción Higher Love interpretada por Steve Winwood, pues le recordaba escenas del entrenamiento. Hay grupos como Manantial de la vida que utilizan la música popular como parte del adoctrinamiento precisamente por esta razón. Crea en el inconsciente del individuo una poderosa asociación que; para poder superarla, se necesitan meses y a veces años si no se posee el asesoramiento adecuado. Muchas sectas utilizan música en el adoctrinamiento porque constituye un fuerte punto de referencia en la memoria.

Este mecanismo de estímulo-respuesta que trae a la mente la imagen retrospectiva o el «flotar» puede constituir un problema muy importante para los ex miembros. El mecanismo se pone en acción cuando el antiguo adepto ve, oye o siente algún estímulo externo o interno que forma parte del proceso de condicionamiento. Este hecho puede llevarlos durante unos momentos a que retrocedan a la identidad de la secta.

Durante el primer año después de dejar a los Moonies, cada vez que oía la palabra «moon» pensaba en «Padre» y me veía sentado a los pies de Moon. Otro ejemplo de este fenómeno me ocurrió más o menos un mes después de dejar la secta. Yo iba en mi automóvil a casa de un amigo cuando de pronto pensé: «¡Este sería un lugar magnifico para recoger fondos!». Tuve que controlarme y recordarme a mí mismo que ya no estaba con los Moonies. Este pensamiento surgió porque, durante los últimos cinco meses de mi pertenencia al grupo, había pasado entre quince y veinte horas diarias conduciendo de un lugar a otro en busca de lugares adecuados para que los adeptos pidieran dinero.

Todas aquellas personas que han pertenecido durante mucho tiempo a sectas que exigían una meditación excesiva, cánticos, decreeing,7 «hablar en lenguas» y cosas por el ‘estilo, son proclives, al menos durante un año después de dejar la secta, a sufrir este tipo de episodios involuntarios. Muchos de mis clientes sé han quejado de que, a mitad de una frase, mientras sostienen, una conversación normal, se descubren practicando las técnicas de interrupción del pensamiento que han utilizado durante años. Esto puede ser muy peligroso cuando se conduce un vehículo.

En una ocasión, un ex miembro de una secta bíblica me comentó: «Resulta muy frustrante darse cuenta una y otra vez de que tu mente está fuera de control, sobre todo cuando estoy en una situación estresante. De pronto, descubro que estoy balbuceando mentalmente palabras sin sentido y sílabas (“hablar en lenguas”) y que estoy completamente desorientado sobre lo que estaba haciendo».

Si no se comprende qué es el «flotar» y no se trata el fenómeno de forma adecuada, puede dar lugar a que el ex miembro que está deprimido, solo y confuso, vuelva a la secta. Para aquellos que tienen la fortuna de recibir asesoramiento, el «flotar» sólo en contadas ocasiones llega a ser un problema mayor. Sin embargo, para la gente que no comprende el control mental, puede convertirse en una experiencia terrorífica. De pronto, se encuentra uno metido en la mentalidad de la secta, y se ve atormentado por una sensación de miedo y de culpa debido a que han traicionado al grupo y a su líder. Usted pierde el control racional y comienza a pensar de una manera mágica. Con esto quiero decir que uno puede interpretar palabras y hechos personales desde la perspectiva de la secta. Por ejemplo, usted no consiguió el empleo «porque Dios quiere que usted vuelva a la secta», o el Jumbo de Aerolíneas Coreanas que realizaba el vuelo 007 fue derribado por los rusos «porque usted dejó a los Moonies».

Si un antiguo adepto comienza a «flotar», lo que debe hacer es, simple pero firmemente, recordarse a sí mismo que esta sensación ha sido puesta en marcha por algún estímulo, y que la superará. Además, deberá buscar a alguien que comprenda lo que es el control mental de las sectas para poder hablar del tema de forma racional. Téngalo presente: «flotar» es un subproducto natural por haber estado sometido al control mental. Disminuirá con el transcurso del tiempo, y existen técnicas que se utilizan para ejercer un control sobre el mismo.

La técnica más poderosa y efectiva es conseguir identificar el estimulo. Por ejemplo, podría ser una canción, ver a alguien que se parece a un miembro de la secta, o comportarse de una manera asociada con la forma de ser de un adepto. Cuando usted sepa cuál es el estímulo que hace de detonante, puede provocar deliberadamente el estímulo y esta vez asociarlo con algo diferente. Hágalo una y otra vez hasta que se convierta en una nueva respuesta aprendida.

En mi caso, por ejemplo, si yo escuchaba la palabra «moon» (luna) proyectaba mentalmente la imagen de una hermosa luna llena. Me decía a mi mismo: «La Tierra sólo tiene un satélite natural: la Luna». A lo largo de toda una semana me decía sistemáticamente la palabra «moon» y repetía la misma asociación una y otra vez. Me refiero siempre al líder de la secta como Mr. Moon, y no quiero llamarle «reverendo» por ser un título que se ha adjudicado él mismo.

Una ex miembro me dijo que, a pesar de que a ella le encantaba la playa, evitaba ir allí porque el sonido de las olas del mar siempre le recordaba el adoctrinamiento del grupo. A pesar de que hacía ya cinco años que había abandonado la secta, esta asociación todavía le impedía poder disfrutar de algo que a ella siempre le había gustado. Le dije que modificara la asociación. Podía oír el ruido de las olas y programar deliberadamente una nueva asociación que le fuera gratificante. Le dije también que repitiera esta asociación hasta que automáticamente prevaleciera sobre la programación de la secta. Al cabo de unos días estuvo en condiciónes de poder ir a la playa de nuevo.

Superar el «lenguaje cargado»

Sustituir el «lenguaje cargado» de la secta por el lenguaje real suele acelerar la recuperación total de la persona. Cuando yo conseguí eliminar la jerga de la secta que tenía en la mente, fui capaz de volver a mirar al mundo sin tener que utilizar las «gafas» del grupo. El «lenguaje cargado» de la secta había creado pequeños cubículos en mi mente, y cuando yo era adepto, toda la realidad se filtraba a través de ellos. Cuanto más rápido el ex miembro recupera las palabras y su significado real, más deprisa se recuperará.

Cuando yo estaba con los Moonies, todas las relaciones entre los adeptos eran calificadas como un problema de «Cain-Abel» o del «Capítulo 2». El término «Cain-Abel», como ya he explicado antes, se utilizaba para designar a una persona como superior o subordinado a otra. Los «problemas del Capítulo 2» abarcaban todo lo referente a la sexualidad y la atracción que podían sentir los miembros entre sí. Por consiguiente, todas las relaciones personales entraban en una de estas dos categorías.

El error más común que cometen los ex miembros es decirse a si mismos que no deben pensar en las palabras de la secta. La mente no sabe cómo no pensar en algo. El lenguaje está estructurado de forma tal que podamos pensar en asociaciones positivas. Por consiguiente, si usted es un ex miembro, haga una nueva asociación, de la manera que he descrito al tratar el problema del «flotar». Si usted es un ex Moonie y tiene problemas a la hora de relacionarse con alguien, considérelo como un conflicto personal o un problema de comunicación.

La pérdida de poder psicológico

Otro problema bastante frecuente es la pérdida de concentración y de memoria. Antes de unirme a los Moonies, solía leerme un libro de una sentada, y leía unos tres libros por semana. Sin embargo, durante los dos años y medio que pasé en el grupo, prácticamente lo único que leía era propaganda de la secta. Recuerdo la frustración que sentía cuando, después de abandonar el grupo, intentaba leer cualquier cosa que no fuera literatura Moonie. Al principio, conseguir acabar un párrafo era algo imposible. No había manera que dejara de divagar, o bien tenía que buscar en el diccionario el significado de palabras que yo conocía pero que, en aquellos momentos, no podía recordar. Tenía que leer una y otra vez la misma página antes de que los oxidados mecanismos de mi mente comenzaran a funcionar. Cuando miraba viejas fotografías, me tenían que indicar el nombre de personas que conocía o hablarme de cosas que yo había hecho antes de ingresar en el grupo.

Por fortuna, la mente es como un músculo. A pesar de que tiende a atrofiarse por falta de uso, con un esfuerzo puede recuperar su poder. Me llevó casi un año recuperar el nivel que tenía antes de entrar en los Moonies.

Pesadilla, culpa y otros problemas emocionales

Las pesadillas constituyen una buena señal de que el antiguo adepto necesita recibir un apoyo adicional para superar la experiencia de la secta. Estos sueños desagradables provienen de la mente inconsciente que todavía está luchando con los problemas de la participación en el grupo. Algunas de las pesadillas más comunes se refieren a soñar que se está atrapado en algún lugar desconocido, con gente que nos persigue con aviesas intenciones, o estar en medio de una tempestad o en un campo de batalla. Hay ex adeptos que, con frecuencia, comentan que tienen pesadillas en las cuales se ven conversando con los amigos que todavía permanecen en la secta, para convencerles de que abandonen el grupo, mientras ellos les piden que vuelva.

Otro tema muy importante para algunos ex miembros son los sentimientos de culpa por cosas que hicieron en la secta. Algunas personas se vieron implicadas en actos ilegales como la estafa, el robo, la prostitución, y el uso y venta de drogas. He conocido a personas que desertaron de las Fuerzas Armadas porque fueron reclutadas por una secta destructiva, y han tenido graves problemas al reintegrarse a la vida normal.

Por suerte, la gran mayoría de ex miembros a los que he conocido no han tenido nada que ver con actos semejantes. Sin embargo, la mayor parte debe enfrentarse con la culpa que sienten por la forma en que trataron a sus amigos y familiares durante su etapa en la secta. Por ejemplo, algunas persona, cuando su padre o su madre cayeron enfermos, obedecieron las órdenes de los líderes del grupo y se negaron a ir a visitarlos al hospital. Hubo casos en que falleció uno de los padres y el miembro no fue autorizado a ir al funeral, a pesar de que a veces se celebraba a menos de treinta kilómetros de distancia. Puede resultar muy doloroso para una persona abandonar una secta y tener que enfrentarse con todo el caos y el daño emocional causado por su afiliación al grupo.

En los primeros tiempos después de abandonar a los Moonies, yo tenía un increíble sentimiento de culpa por el papel que había jugado como líder. Me culpaba a mí mismo por haber mentido y manipulado a cientos de personas. Sentía que habla dejado que me utilizaran como el «hombre de paja» americano, un monigote en manos de coreanos y japoneses, los cuales tenían en realidad las riendas del poder dentro del grupo.

Otra cuestión está relacionada con los sentimientos que se tienen por los amigos que continúan en la secta. Cuando yo me marché, deseaba con desesperación poder rescatar a los que había reclutado personalmente. Por desgracia, los líderes Moonies, con toda astucia, se ocuparon de enviar a las personas que estaban muy vinculadas a mí a otros destinos lejanos del área de Nueva York. Se les dijo que yo había sido enviado a cumplir con «una misión secreta». Mis «hijos espirituales», las personas a las que yo había reclutado, no supieron nada sobre mi abandono hasta tres meses después. Creo que se les informó sólo porque, en aquel entonces, inicié mis intervenciones en la televisión para hablar en contra de la secta.

Unos seis meses después de abandonar el grupo, regresé al Queens College, donde había fundado una filial de C. A. R. P. y ofrecí una disertación pública sobre las sectas y el control mental en el departamento de psicología. Entre el público se encontraban mis tres mejores discípulos,8 Brian, Wi’llie y Luis. Jomaron asiento y durante más de una hora me escucharon hablar sobre el control mental. Ofrecí ejemplos muy concretos de que les había mentido y engañado con el propósito de reclutarlos. Al finalizar la conferencia, me acerqué a ellos y les pregunté, muy interesado, su opinión acerca de la charla. Willie sonrió y me dijo:

«Steve, no debes olvidarte del corazón del Principio Divino o del corazón del Padre». Me quedé de una pieza. Al parecer, no habían escuchado ni una sola de mis palabras. Recordé cómo, cuando yo era miembro, el señor Kamiyama me había enseñado a «educar a mis hijos espirituales para que fueran fieles, incluso si yo abandonaba el grupo». En aquel entonces, no me había dado cuenta de por qué debía hacerlo, pues no pensaba abandonar la secta. Entonces lo comprendí. Por lo que he podido saber, Brian ha dejado el grupo, y no tengo información acerca de Willie y Luis.

Muchas personas que han estado en sectas partidarias de la curación por la fe tienen que enfrentarse con el fallecimiento de un hijo o un ser querido por haberse opuesto a que recibieran tratamiento médico. El remordimiento que experimentan cuando dejan el grupo no debe volverse contra sí mismo en forma de acusaciones o culpa Tienen que comprender que ellos también han sido víctimas y que hicieron lo que creían correcto en aquel momento.

Otros han tenido que enfrentarse con la ira y el resentimiento de sus hijos, que en algunos casos han sido golpeados, abandonados o sometidos a abusos sexuales, al tiempo que se les privaba de una educación y una infancia normales. Los horrores que han tenido que soportar algunos de estos niños es inimaginable. En algunos grupos, corno los Krishna, separan por sistema a los niños de sus padres y sólo les permiten verlos muy esporádicamente. La secta que lidera el yogui Bhajan algunas veces manda a los hijos de los adeptos a su escuela de la India, separando de esta manera a los niños de sus padres para que su fidelidad se desarrolle sólo hacia el grupo.

Para aquellos que han pertenecido a sectas menos destructivas, la carga emocional sobre los hijos puede dar, en última instancia, un resultado positivo. Esto lo he podido comprobar en el caso de Barbara, que me llamó el año pasado para pedirme ayuda. Me explicó que durante la mayor parte de su vida había pensado que estaba loca, y que, durante una conversación mantenida con un amigo suyo, se había dado cuenta de que el grupo al cual pertenecían sus padres desde hacía diez años, era una secta destructiva. Tenía entonces veintidós años, y había pasado gran parte de su infancia viviendo con su familia en la comuna. Ella y su hermano habían tenido que aprender que todos los sentimientos negativos eran perjudiciales. La tristeza, la ira, los celos, la vergüenza, la culpa y el miedo debían ser evitados y no había que «refocilarse en ellos». Barbara y su hermano, Carl, se sintieron muy aliviados al saber que los problemas que llevaban soportando casi toda una vida no eran síntomas de desequilibrio mental y que con una adecuada ayuda podrían superarlos.

Desde que tenían diez y doce años respectivamente, Barbara y Carl hicieron lo que se les decía y asistieron a las sesiones de adoctrinamiento, pero jamás se encontraron a gusto. Sin embargo, amaban a sus padres y trataban de hacerlos felices. Ahora eran mayores, estaban en el instituto y, tan pronto como descubrieron que el grupo era una secta, decidieron que un ex miembro y yo nos reuniéramos con ellos y los asesorásemos.

Los padres eran personas muy inteligentes y preparadas, y ambos rondaban la cincuentena. El padre ejercía la abogacía, y la madre era maestra de escuela. El hombre había sido reclutado por un viejo amigo de su época de estudiante. Como abogado que era, el padre se mostró, en un primer momento, bastante escéptico, pero, poco a poco, se fue integrando en el grupo. Él y su esposa llegaron con el tiempo a presidir las reuniones de la secta en su ciudad.

La intervención fue un éxito total y la familia está más unida que nunca. Los padres se dedican ahora a ayudar a otros adeptos de la secta a que hagan una nueva evaluación de su compromiso. Varios de ellos han abandonado ya el grupo.

Acosos y amenazas

Otro problema que afecta a algunos ex miembros consiste en acosos, amenazas, intromisiones, chantaje, e incluso asesinato, en particular si la persona decide salir a la luz pública para denunciar a la secta Dado que algunos grupos creen que todo el que abandona la secta es un enemigo, siempre existe el riesgo de ser víctima de un ataque.

Yo he sido amenazado por adeptos de diversas sectas en más de una ocasión, generalmente por carta o por teléfono, pero también personalmente cuando participo en manifestaciones, mítines, o en lugares donde denuncio las actividades de un grupo en particular. Sólo en una ocasión fui agredido físicamente, cuando un Moonie me dio un puñetazo en la cara e intentó empezar Liria reyerta. Yo le miré a los ojos y le pregunté: «¿Es así como será el Reino de los Cielos, silenciando a la oposición?». Lo demandé ante los tribunales y alegó su inocencia. El juez decretó que debía pagarme unas gafas nuevas y le advirtió severamente que se mantuviera apartado de mí. Años más tarde, cuando esta persona abandonó el grupo, se puso en contacto conmigo. Se disculpó por el incidente y me dijo que sólo había hecho lo que le habían ordenado: «Ocúpate de Steve Hassan».

Si bien la violencia contra los ex miembros es poco frecuente, el factor miedo ha impedido a muchas personas salir a la luz pública para narrar sus experiencias. No se dan cuenta de que, una vez contada su historia junto con otras muchas, sería estúpido por parte de la secta tomar represalias, porque sólo serviría para desprestigiarse todavía más. Cuando yo fundé Ex-Moon Inc, en 1979, fue en parte porque me di cuenta de que había mucha más fuerza y seguridad en el número de ex adeptos. La estrategia dio resultado.

También hay algunos grupos más grandes y más agresivos, como la Iglesia de la Cienciología, que se caracterizan por su creencia de que es mejor atacar a los críticos que defenderse de las acusaciones.1 La mencionada secta ha presentado cientos de demandas legales contra ex miembros y críticos, entre los que figuran Pauleife Cooper, autora de The Scandal of Scientology, y Gabe Gazares, ex alcalde de Clearwater, Florida. La mayoría de estas demandas se presentaron sólo con el propósito de acosar y perjudicar económicamente a sus opositores. Hasta cierto punto, su estrategia ha resultado efectiva: la mayor parte de los ex miembros de Cienciología tiene miedo de realizar cualquier acción pública contra la organización.12 Sin embargo, cuando el FBI allanó el cuartel general de la secta, se encontraron documentos que demostraban la ilegalidad de muchas de las actividades de la organización. De hecho, la esposa de Hubbard y algunos de los altos jefes fueron condenados a penas de cárcel.

Problemas en las relaciones íntimas

Los ex miembros que comienzan a vivir en el «mundo real» tarde o temprano tienen que enfrentarse al hecho de que, durante años, sus necesidades emocionales para mantener una relación íntima satisfactoria con otro individuo no fueron nunca atendidas. Por otro lado, la experiencia de que se aprovecharan de ellos mientras estaban en la secta, hace que resulte muy difícil para estas personas correr el riesgo emocional de establecer una relación íntima con otros individuos. Algunos han negado su sexualidad durante tanto tiempo que pueden tener dificultades, incluso fuera del grupo, para superar las inhibiciones que les impiden expresar su sexualidad.

Alguien que no haya vivido integrado en grupos donde permiten a las personas vivir en la sociedad normal, también suele encontrar una perspectiva nueva sobre las relaciones personales después de dejar la secta. Tal vez él o ella han mantenido una relación sexual con un «entrenador» o un líder, que les manipuló, sin respetar en absoluto sus sentimientos. Abandonar una relación semejante es difícil para cualquiera, pero el dolor y la desilusión pueden superarse. En ambos casos, lo mejor es buscar la ayuda de un terapeuta que entienda qué es el control mental.

Maneras de curarse a sí mismo

El soporte informativo y emocional que tiene más eficacia es el que proviene de los ex miembros, En 1986, desempeñé durante un año el cargo de coordinador nacional de FOCUS, un grupo un tanto disperso formado por ex adeptos que deseaban ayudarse a sí mismos y a otros como ellos. Es toda una hazaña coordinar un grupo de personas que han salido «quemadas» de sus propios grupos. Me costó todo un año, después de mi marcha de los Moonies, tomar la decisión de implicarme en un grupo. Lo hice en 1977, cuando volví al instituto y, en este caso se trataba de una organización de asesoramiento para estudiantes.

FOCUS, una organización no-lucrativa afiliada a la Asociación para el conocimiento de las sectas, se sostiene económicamente con las cuotas de 500 dólares al año que pagan los socios; esto significa que el coordinador recibe dinero para pagar parte de las facturas de teléfono, correos y nada más. Es responsabilidad de algunos miembros en diferentes ciudades organizar reuniones cada vez que pueden. Aquí en Boston, gracias a Dean Thornburg, nos reunimos en el sótano de la Marsh Chapél en el campus de la Universidad de Boston. Entre diez y veinte personas aparecen una vez al mes y, durante un par de horas, hablamos de nuestras respectivas experiencias personales, los problemas con los que nos enfrentamos y la manera de curar nuestras heridas.

Una mujer que asiste a las reuniones del grupo FOCUS en Boston se puso en contacto conmigo tras haberme escuchado en un programa de una emisora local. Deborah había pertenecido a una secta de orientación política. Por lo que pude averiguar, se trataba de un grupo de acción social que funcionaba como una secta autoritaria. Había estado con ellos aproximadamente diez años. Un día incumplió una de las reglas de la secta. Había ido a comer sola con una persona ajena al grupo. Como no quería enfrentarse con el líder pues la «reprendería» delante de todos los demás adeptos, llamó a sus padres y les pidió que le enviaran un billete de avión. Pero después tuvo miedo de volver a su hogar y acabó viviendo en las calles de Boulder durante varios meses, hasta que fue capaz de rehacerse y reintegrarse a la sociedad. Cuando me encontré con ella el año pasado, era una mujer que había triunfado en el mundo de los negocios.

A pesar de que hacía ocho años que había abandonado el grupo, jamás habla sido capaz de hablar de su experiencia en la secta hasta que comenzó a asistir a las reuniones de FOCUS. «Siento como si todo esto fuera una gran caja negra, y tengo miedo de abrirla», le explicó a las quince personas que estaban presentes un miércoles por la noche. «Sin embargo, sé que sufro secuelas. Se manifiestan en mi incapacidad para confiar plenamente en mi novio y formalizar nuestro compromiso. Debe existir una relación con lo que he vivido.»

Todos estábamos sorprendidos de la capacidad de Deborah para compartir, durante tanto tiempo, su experiencia con el control mental. Cuando comenzó a hablar del tema, aparecieron grandes lagunas. Cuanto más hablaba, más insistíamos nosotros con nuestras preguntas y estímulos a su memoria. A medida que pasaban los meses, se ponía cada vez más en contacto con lo que le había ocurrido. Durante su permanencia en el grupo había sido sometida a un grado de abuso personal y emocional de una intensidad poco frecuente.

«Estoy muy contenta por haber podido conocer y hablar con otros ex miembros», nos dijo una noche. «Resulta agradable ver a otras personas inteligentes y con talento que han pasado por algo parecido a lo que yo he pasado. Nunca había podido hablar con nadie acerca del grupo sin que me tomaran por loca o enferma.»

Es evidente que formar parte de un grupo de apoyo puede enseñarle a la gente cómo funciona el control mental en las diferentes organizaciones. También permite a los que todavía buscan la forma de solucionar estos problemas, mantener la esperanza de que serán capaces de poder disfrutar de la vida y convertirse en personas felices y productivas. Para la mayoría de las personas que abandonan una secta destructiva, el primer paso es buscar la forma de enfrentarse a la experiencia con el grupo. Entonces, si hay otros puntos o problemas que existían antes de entrar en la secta, también pueden aprovechar la oportunidad para resolverlos.

Cuando busque un grupo de soporte en la zona donde reside, lo mejor es ponerse en contacto con el coordinador de FOCUS para saber la ayuda local existente. En caso de que no haya un grupo FOCUS en su ciudad, inícielo usted mismo. Además, tal vez pueda encontrar un centro de terapia de grupo en la zona, o un grupo en el que le agradaría participar. Si éste es el caso, le recomendaría que aplique a este grupo las mismas preguntas sugeridas para todos los grupos, y que se detallan en el CAPITULO 6. Sea un consumidor exigente, sobre todo cuando tenga que evaluar al líder del grupo. Durante el primer año de abandono del grupo, la mayoría de ex miembros toman conciencia de que los problemas que tenían antes de ingresar en la secta no han sido resueltos con su afiliación a ella.

Esto puede resultar muy desalentador, porque precisamente la ilusión de convertirse en una persona más sana mentalmente fue uno de los factores que influyeron para continuar dentro del grupo, a veces durante muchos años.

Por lo general, a los que han sido miembros durante años comprender este punto les resulta difícil, Imaginese lo que es entrar en una secta a los 18 años y abandonarla cuando ya se tienen 30. El individuo se ha visto privado de muchísimos años de experiencia en la vida. La década de los 20 a los 30 años, que es la etapa típica para el autoconocimiento y la experimentación, así como para la educación, el desarrollo de la capacidad trabajadora y para el establecimiento de relaciones, se ha perdido.

Algunos de estos ex miembros veteranos comparan su experiencia con las de los prisioneros de guerra que volvieron a casa al acabar las hostilidades en Vietnam. De hecho, el síndrome del estrés postraumático parece aplicarse perfectamente bien a algunos de estos ex miembros. Cuando regresan a casa tienen que ponerse al día de muchísimas cosas. Una persona a la que atendí no había oído hablar jamás del escándalo Watergate, no sabía quien era james Taylor, y ni siquiera tenía conocimiento que habíamos llegado a la Luna y caminado sobre su superficie.

Cronológicamente, la persona tiene 30 años. Psicológicamente, todavía se siente en los 18. Sus amigos de la escuela ya tienen buenos empleos; muchos se han casado, algunos tienen hijos; otros se han comprado su casa y tienen uno o dos automóviles. A los 30, todavía es un inexperto en materia de mujeres y ha estado fuera de contacto con los hechos actuales y con lo que ocurrió en el mundo durante más de diez años. En una fiesta, no tiene mucho de qué hablar, a menos que hable de su vida en la secta, lo que puede aumentar todavía más la sensación de estar metido en una pecera.

Esta persona a menudo siente una aguda sensación de tener que recuperar el tiempo perdido. Esta presión puede ser muy estresante. La realidad es que esta persona ha estado apartada del cuerpo social durante doce años. Debe aprender a que debe tomarse su tiempo para curarse, madurar y desarrollarse. Tiene que reconocer que él tiene su propio camino, su propio tiempo, y que se debe ocupar de sus necesidades y aprender a no compararse con las otras personas.

El padre de un ex adepto supo resumir de modo muy sensato la situación de los ex miembros cuando dijo: «Si a alguien le atropella un camión, se da por supuesto que necesitará tiempo para recuperarse. Nadie espera que, al cabo de una semana, esté en pie y en condiciones de salir y conseguir un empleo».

Cada una de las personas que ha estado en una secta es diferente y tiene sus propias necesidades. Algunas son capaces de adaptarse más deprisa. Otras, que están mucho más traumatizadas, necesitan más tiempo. En el caso de este padre, su hija vivió en el hogar durante el primer año y medio después de dejar la secta. Él no la presionó para que se mudara de casa o saliera a buscar un empleo. Reconocía que ella estaba haciendo todo lo que podía.

Los ex miembros necesitan aprender a confiar de nuevo en sí mismos. Se tienen que convertir en el mejor amigo de sí mismos, como también en su propio terapeuta. Tienen que comprender que no escogieron que se les mintiera y que se abusara de ellos. La culpa no es de ellos. Con el tiempo, a medida que aprenden a confiar en sí mismos y en su propia sabiduría e instintos, se darán cuenta de que pueden volver a confiar en otras personas. Tienen que aprender que no todos los grupos son el demonio en persona. De hecho, la parte positiva de estar integrado en un grupo sano, ya sea religioso, ya social o político, es que uno puede ejercer el control sobre su participación. Usted no tiene por qué permanecer ni un solo minuto más si no le apetece. No tiene por qué callar y culparse a sí mismo cuando no comprende lo que se dice o se hace Puede formular todas las preguntas que quiera. No sólo es lo correcto ¡es también su derecho constitucional!

Aprender la manera de ponerse en contacto con sus emociones y canalizarías de forma eficaz es otro proceso de importancia para los ex adeptos. A menudo, cuando la persona acaba de abandonar la secta, muchas de sus emociones continúan reprimidas. Pero a medida que la persona se ajusta, comienza a sentir vergüenza y desconcierto, después ira e indignación. La persona pasa del «¿Qué anda mal en mí?» a «¡Como se han atrevido a hacerme esto!».

En un momento dado, la persona tal vez comience una búsqueda desesperada para averiguar todo lo que pueda sobre la secta y obtener, de esta manera, todas las respuestas a las preguntas que se plantea. Este un paso muy positivo desde el punto de vista terapéutico. A menudo, la cuestión prioritaria para la persona que acaba de abandonar el grupo consiste en ayudar a rescatar a los amigos que todavía continúan en la secta. Para los adeptos, lo más lamentable de su abandono es perder el contacto con las personas que han llegado conocer y a estimar dentro del grupo. Les resulta muy difícil aceptar, cuando se dan cuenta de ello, que las amistades que consideraban tan firmes estaban condicionadas por su permanencia en el grupo. Un ex miembro puede darse cuenta enseguida de la fortaleza de los lazos del control mental cuando su mejor amigo dentro del grupo se niega a reunirse con él a menos que esté en compañía de otro adepto.

Con el tiempo, cuando todas las preguntas han sido respondidas y todos los problemas vinculados a la secta están resueltos, el ex miembro alcanza un punto de saturación. Ha llegado el momento en que afirma: «¡No van a disponer de lo que me queda de vida!» y comienza a trazar planes para el futuro,

Algunas veces, quedan temas que necesitan de un tratamiento individual ,un poco más extenso. Sarah, que había pertenecido durante diez años a la Iglesia Universal y Triunfante, había sufrido una desprogramación forzosa hacía ya más de cinco años, pero todavía tenía problemas relacionados con la secta. Acepté atenderla durante diez sesiones. La primera tarea que le encomendé fue que escribiera toda su experiencia con el grupo. Esto es algo que recomiendo a todos los ex miembros como un ejercicio destinado a conseguir una perspectiva completa de la experiencia. No había ninguna duda de que era algo que Sarah debía hacer para recuperarse a sí misma

Le sugerí que, al haber estado tanto tiempo comprometida con la secta, le seria más fácil comenzar la tarea si contaba con un esquema. Le dije que cogiera diez carpetas y que las numerara desde 1973 hasta 1983 y que, en cada una de ellas, pusiera doce hojas de papel y las marcara de enero a diciembre. Con este punto de partida, debía comenzar a escribir todo lo que pudiera recordar y tuviera un significado para ella, positivo o negativo. Le aconsejé que no se preocupara si quedaban muchas lagunas; con el tiempo se irían llenando todas.

Para ayudarla a recordar, le sugerí que pensara en los lugares donde habla vivido o que había visitado. Por ejemplo, durante su permanencia en la secta había vivido en varios estados, y había ido de visita a su casa unas cuantas veces. También le pedí que pensara en sus mejores amigos y en las personas que habían sido importantes para ella. Por último debía recordar todos aquellas actividades y sucesos que fueran significativos.

Paso a paso, fue capaz de dejar registrada toda su experiencia, cómo había sido reclutada y las cosas que le gustaban o desagradaban. Pudo señalar sus altibajos como miembro y descubrir los muchos momentos en los que se había sentido muy desgraciada y desilusionada, incapaz de encontrar una salida. Hubo un momento en que había ido a casa de sus padres y les había explicado su situación. La habían llevado a un psicólogo que, por desgracia, no fue capaz de ver que sus problemas estaban relacionados con la secta. Después de pasar dos meses en casa, Sarah volvió al grupo.

El hecho de escribir toda la historia permitió a Sarah analizar la experiencia y conseguir una nueva perspectiva sobre la misma. Ya no tenía que cargar con los sentimientos contradictorios que se mezclaban en su mente. Ahora todo estaba sobre el papel.

Corno parte de su terapia, le expliqué que la persona cuya historia aparecía en las diez carpetas ya no existía. Debía pensar que aquella persona era una Sarah más joven, alguien que había hecho todo lo mejor que había podido. En la época que fue reclutada, no sabia nada sobre las sectas o el control mental. En caso contrario, con toda seguridad jamás se hubiera comprometido.

Hice que se imaginara como una viajera en el tiempo y le pedí que volviera al pasado. Debía enseñar a la joven Sarah lo que era el control mental para poder evitar a los reclutadores de la secta. Le dije que imaginara lo diferente que hubiera sido su vida de no haber estado jamás integrada en el grupo. Esto le permitió comprender que, de haber dispuesto de una mayor información, hubiera podido tener más opciones y evitado el peligro. Más adelante, este ejercicio fue de gran importancia para su terapia.

También le pedí que volviera a experimentar, una por una, las experiencias traumáticas que había sufrido en la secta. Esta vez, en cambio, pudo modificar sus respuestas. Puso de vuelta y media a uno de los líderes delante de los demás miembros, y abandonó el grupo furiosa. A pesar de que ella sabía que sólo se trataba de un ejercicio, le brindó una oportunidad para canalizar sus emociones de forma constructiva y reclamar su dignidad y su poder personal.

Al ponerse en pie y decirle al líder de la secta que se callara, podía abandonar el grupo por su propios medios y evitar el trauma de la desprogramación forzosa. Sarah sabía que, en la realidad, sus padres necesitaban rescatarla. Sin embargo, a través de este procesó, fue capaz de recuperar el control personal sobre la experiencia. Esto era de una importancia vital para que Sarah pudiera seguir adelante con su vida.

Como todas las personas que están en su misma situación, ella necesitaba tomar todas las cosas que habla aprendido y a todas las personas que había conocido y llegado a apreciar, e integrarlas en su nuevo sentido de identidad. El integrar lo viejo en lo nuevo otorga a los ex miembros mucha fortaleza. Son supervivientes. Han sufrido abusos y vejaciones y, a través de la información y la reflexión, son capaces de superar la adversidad.

Al igual que todos los ex adeptos a los que he atendido, Sarah sufría una falta de confianza en sí misma y en los demás y el miedo a comprometerse en una relación personal o un empleo. Al ayudarla a analizar la experiencia vivida en la secta, pude demostrarle que poseía muchos más recursos que la joven Sarah, y que ya no era la misma persona qué había sido engañada y adoctrinada por una secta. Ahora es mayor, es más lista y más sabia. Sabe que en un nivel personal muy íntimo, es capaz de reconocer y evitar cualquier situación en la cual puedan manipularía o utilizarla. Puede tener absoluta confianza en sí misma, y si necesita ayuda, está en condiciones de saber dónde buscarla. Además, no tiene por que sentir miedo ante los compromisos. Ella ya sabe cómo formular preguntas y seguir preguntando hasta quedar satisfecha, y sabe también desconfiar de cualquier trabajo o relación donde tenga que hacer algo que viola sus valores o su ética.

Al igual que cualquier otra persona que haya sufrido abusos o molestias, los ex adeptos necesitan aprender paso a paso a rehacer la confianza en si mismos y en los demás. A su debido tiempo aprenderán a correr pequeños riesgos y a explorar el terreno, No tienen ningún motivo para ir más de prisa si no les apetece.

Centros para ex miembros de sectas

Las personas que necesitan una atención intensiva y a corto plazo disponen en la actualidad de tres centros en Estados Unidos, La integración en cualquiera de ellos es completamente voluntaria y la duración del tratamiento es, por lo general, de dos a cuatro semanas. El más grande y antiguo es el centro llamado Unbound, en Iowa City, Iowá, Fue fundado hace siete años y está dirigido por Kevin Crawíey y Diana Paulina. Tiene su sede en una casa dotada con una excelente biblioteca, vídeos y grabaciones magnetofónicas, y cuenta con una plantilla de ex adeptos que se en cargan del asesoramiento.

El Retreat, dirigido por Paul y Barbára Martin, es una granja privada en Ohio que ha sido transformada en un centro de rehabilitación. Paul es licenciado en psicología y ex miembro de la Great Commission International (Gran Comisión Internacional), una secta bíblica a la que perteneció durante ocho años.13 Pese a ser un centro relativamente nuevo, su biblioteca está muy bien dotada.

La Cook Home Inc., que está en Enid, Oklahoma, pertenece a Betty y jack Cook, y también posee una gran biblioteca. Los Cook rescataron a su hija Shery de El Camino Internacional hace ya varios años, y, desde entonces, se han dedicado a ayudar a otros ex miembros. Betty tiene el grado de master como asesora.

Todos estos centros se financian de forma privada. Las tarifas pueden ser de miles de dólares, pero varían según las necesidades de cada uno. Al considerar estos costes, es importante tener en cuenta que, para algunas personas, la oportunidad de tener un lugar adonde ir durante unas cuantas semanas para recibir apoyo y asesoramiento, no tiene precio. Está muy claro que se necesita ayuda económica para permitir que un número cada vez mayor de ex miembros pueda tener acceso a los mismos. Además, es importante que se creen nuevos centros en otras partes del mundo.

Cuando se trabaja con ex miembros de sectas resulta fundamental buscar un enfoque constructivo. Recuerde siempre que las personas que han abandonado una secta necesitan llevar consigo todas las experiencias positivas como los viajes, la experiencia en ventas, idiomas, autodisciplina, oratoria, etc., e integrarlas en su nueva vida. Al hacerlo se convierten en personas fuertes, tal vez más fuertes que la mayoría. Han pasado por una experiencia poco frecuente que, con un sentido sano de la perspectiva, les servirá para apreciar mucho más la libertad. Los ex miembros de las sectas destructivas son supervivientes. Deben aprender a reconocer su propia fuerza y poder. Si han sido capaces de superar la experiencia de la secta, entonces ya pueden hacer frente a todo lo que les depare la vida.

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CAPÍTULO 11

El siguiente paso

El uso en contra de todo principio ético del control mental ha llegado, en mi opinión, a un punto en el que se ha convertido en un importante problema social, no sólo en Estados Unidos sino también en otros muchos países del mundo. Algunas sectas destructivas han conseguido una considerable influencia política, como lo hemos demostrado en el caso de la Iglesia de la Unificación.1 Otras prefieren ejercer su influencia sobre la sociedad mediante el «entrenamiento» de empresarios que ocupen posiciones claves en empresas de nuestro país. Las sectas también están ganando terreno entre los nuevos inmigrantes asiáticos e hispánicos que llegan a los Estados Unidos, lo que indica que han ampliado su base de reclutamiento que, tradicionalmente, se centraba en la clase media blanca. Pero el hecho más destacable es que algunas sectas han perfeccionado en tal forma sus campañas de relaciones públicas, que han conseguido un alto grado de aceptación social, incluso entre los profesionales más prominentes. Cada vez que profesionales de sólido prestigio asisten a conferencias patrocinadas por las sectas (destinadas a científicos; abogados, políticos, clérigos y académicos) les están otorgando un aire de legitimidad A pesar de. que estas personas no saben o no les importa la vinculación que las sectas tengan en tales actos, su simple presencia en dichos actos puede ser interpretado como una aprobación indirecta a las actividades de las mismas.

Mi preocupación por las sectas es muy específica. Sus actividades, si permanecen incontroladas, continuarán produciendo graves daños psicológicos, y algunas veces hasta físicos, a muchos miles (si no son ya millones) de personas que no tienen la menor idea de lo que es la utilización antiética del control mental. A menos que se adopten acciones legislativas para que las sectas destructivas sean responsables ante la sociedad por las violaciones de los derechos de sus miembros, estos grupos continuarán engañando a la opinión pública, haciéndole creer que no hacen nada fuera de lo común.

Desde un punto de vista práctico, es comprensible que todos nosotros nos mostremos reacios a aceptar algo nuevo como motivo de seria preocupación. Cada día, cuando leemos el periódico o miramos los informativos de la televisión, se nos recuerda la amenaza de la guerra nuclear, la continua destrucción de los recursos naturales del planeta, la hambruna en África, el aumento de la corrupción política, el SIDA y otros problemas. ¿Por qué añadir otra preocupación más a la lista?

A pesar de que cientos de historias sobre las sectas se han publicado o emitido en los medios de comunicación a lo largo de los últimos años, muy pocos se han ocupado directamente del tema del control mental. Los artículos tienden más al enfoque «religioso» del problema en vez de considerar el problema de las personas sometidas al control mental. Además, desde que la masacre de Jonestown dejó de ser noticia de primera página, el público en general puede pensar que hay menos sectas, porque la prensa ya no se ocupa tanto de ellas. Soy el primero en admitir que no se han realizado encuestas a nivel nacional para obtener un baremo de la actitud del público frente a las sectas; son muy caras, y la Asociación para el conocimiento de las sectas tiene que hacer malabarismos para encontrar el dinero suficiente y poder seguir adelante. Sin embargo, muchas de las personas con las cuales he hablado sobre el tema de las sectas destructivas, han expresado su sorpresa cuando se enteran de que estos grupos constituyen, aún hoy en día, un grave problema para la sociedad. Creo que mucha gente da por supuesto que las actividades de reclutamiento de las sectas atrajeron a muchos «jóvenes confusos» en las décadas de los 60 y los 70, y que luego desaparecieron cuando la contracultura fue absorbida por la sociedad.

Esta concepción de las sectas como una «fase pasajera» no es casual. Muchas sectas han ejercido su influencia en momentos y puntos muy cruciales en los últimos años, con el fin de evitar la atención del público en sus asuntos. Permítanme que les ofrezca algunos ejemplos.

Las sectas y el gobierno de Estados Unidos

La reacción del público ante lo que se designó como «la masacre de Jonestown» fue de horror e incredulidad, y de una creciente preocupación por la influencia de las sectas destructivas. Después, el asesinato de un congresista norteamericano perpetrado por unos adeptos, sirvió para demostrar que en las sectas había personas que no se detenían ante nada para evitar que alguien, en particular alguien que tuviera la autoridad legítima para hacerlo, les desenmascarase ante la opinión pública.

Me sentí profundamente apenado al conocer la noticia del asesinato del congresista Ryan. Leo Ryan era un hombre muy versado y, al mismo tiempo, preocupado por el tema de las sectas destructivas, ya que había sido uno de los miembros más activos del subcomité del Congreso encargado de investigar las relaciones coreano-americanas, presidido por el congresista Donald Fraser. Hecho público el 31 de octubre, tan sólo unas pocas semanas antes del suicidio masivo en Jonestwon, el informe Fraser (como se le conoce) recomendaba que una comisión formada por las distintas agencias gubernamentales se encargara de investigar la presuntas actividades ilegales de la organización Moon.

Se hizo caso omiso de esta recomendación.

Desde luego, algunas personas llegaron a pensar que se estaba haciendo algo con respecto al problema de las sectas al ver el revuelo que se organizó en el Capitolio. Se llevó a cabo una investigación sobre los hechos de Jonestwon, y en 1979, el comité de Asuntos Exteriores del Senado hizo público su informe sobre la masacre en el Templo de la Gente. En el mismo, se describían con todo detalle las tácticas de lavado de cerebro utilizadas por Jim Jones. Se recomendaba la fundación del Instituto Nacional de Salud Mental para continuar las investigaciones sobre el control mental y las sectas destructivas.

Tampoco entonces se hizo caso de la recomendación parlamentaria.

Sin embargo, el senador Bob Dole consiguió que se celebrase una audiencia pública sobre las sectas después del episodio de Jonestwon y me invitaron a participar. Pero cuando llegó la mañana de la audiencia, me informaron por sorpresa que no se les permitiría a los ex miembros hacer uso de la palabra. La explicación dada fue que deseaban evitar que los adeptos dispusieran de igual tiempo que nosotros para pronunciar sus parlamentos. No obstante, cuando entramos en la sala, había personas que llevaban carteles que rezaban: «Votad a Bob Dole para presidente. Rechazad la Primera Enmienda». A pesar de que se había prohibido el uso de la palabra a los ex miembros, el comité autorizó a Neil Salonen, portavoz de los Moonies, a que leyera una declaración. En aquel momento comencé a descubrir el peso político de las sectas.

Algo andaba muy mal. No se habla hecho nada sobre la investigación referente al Templo de la Gente.

No obstante, importantes estudios en otras áreas comenzaron a proyectar una nueva luz sobre los problemas del uso antiético del control mental.

En 1979, fue publicado el libro The Search for Manchurian Candidate de John Marks. En esta obra, que fue promocionada a nivel nacional, el autor detallaba las investigaciones hechas por la CIA sobre el control mental durante los años 50 y principios de los 60. Clasificada con el nombre de código MK-ULTRA, dicha investigación incluía experimentos con LSD, hipnosis y terapia de electroshock. Unos meses después, la cadena de televisión ABC ofreció un programa especial dedicado a dicho libro. Entre los entrevistados figuraba el que había sido el principal psicólogo de la CIA, John Gittinger. Este admitió que se habían realizado pruebas de control mental en determinado tiempo, pero que la hipnosis, uno de los puntos principales de la investigación, había sido descartada por «las dificultades que entrañaba su utilización práctica». Sidney Gottlieb, otro miembro de la CIA que había participado en el proyecto, dijo que todas las investigaciones fueron abandonadas en 1963. Él se había retirado en 1973 y había destruido sus archivos.2

Yo sé que las técnicas de control mental existen en la realidad. He vivido en un entorno de control mental y he consultado a grandes expertos en el tema, como Robert Jay Lifton. Sé que ningún psicólogo que se respete puede negar que no haya algo «útil» en las investigaciones sobre el control mental. Las declaraciones de Gittinger y Gottlieb me obligaron a enfrentarme con muchísimas preguntas a las que había que dar respuesta.

¿Por qué el gobierno federal no ha informado a los ciudadanos de Estados Unidos acerca de los peligros del control mental? ¿Por qué siempre se incluye este tema en las discusiones referentes a la libertad religiosa y la Primera Enmienda? Tenía que existir una razón. Según John Mark, algunas de las investigaciones del gobierno sobre el control mental tuvieron como resultado el abuso de las personas que sirvieron como sujetos de prueba. No cabe duda que admitir la responsabilidad gubernamental en tales casos, no sólo seria embarazoso sino también costoso.

Tal vez existen razones políticas por las que el gobierno no quiere admitir que tiene conocimiento de las técnicas de control mental. No obstante, cualesquiera que sean las razones, no cabe duda de que los ciudadanos norteamericanos han estado gastando millones de dólares durante varias décadas en la investigación del control mental.

Mi objetivo no es protestar contra las investigaciones sobre el control mental. Como profesional de la salud mental, estoy de todo corazón en favor de las investigaciones realizadas de un modo ético y que aumenten los conocimientos acerca de nosotros mismos y el funcionamiento de la mente. Tampoco me opongo, como es lógico, a que ciertas informaciones sean clasificadas como materia reservada por razones de seguridad nacional. Sin embargo, si es cierto que el gobierno ha realizado investigaciones sobre el control mental, entonces tiene la obligación de informar al público norteamericano de que el control mental existe. En estos momentos, no hay ley alguna que reconozca la existencia del control mental, y muchos menos que prohiba el uso antiético del mismo por parte de algunos grupos como la Iglesia de la Unificación.3 Ante la falta del reconocimiento gubernamental de que el control mental existe y que el uso antiético del mismo está mal, nos encontramos con que el silencio del gobierno condona, de forma indirecta, la práctica del control mental antiético en el resto de la sociedad. Desde el punto de vista práctico, basta con echar una ojeada a nuestro alrededor para ver los efectos del silencio oficial y de la falta de medidas concretas: las sectas que utilizan el control mental proliferan a un ritmo sin precedentes.

Los principios de libertad y democracia en Estados Unidos exigen que la realidad del control mental sea expuesta a la luz pública.

Las sectas destructivas y la salud mental

Mientras que los avances contra las sectas destructivas en el terreno político son terriblemente lentos, no ocurre lo mismo dentro de la comunidad de los profesionales de la salud mental, donde se han producido algunos acontecimientos muy favorables. Entre éstos, hay que señalar que en el libro de diagnósticos utilizado por los psicólogos, el DSM-lll,4 se incluye ahora un apartado que hace mención a las víctimas de las sectas.

Este apartado recibe el nombre de «Desorden Disociativo Atípico 300.15». En una parte de su definición acerca de los efectos patológicos del control mental, dice: «Entre los ejemplos se incluyen estados de trance, la pérdida de la realidad no acompañada de despersonalización, y aquellos estados disociativos más prolongados que pueden presentarse en personas que han sido sometidas a largos períodos de continua e intensa persuación coercitiva (lavados de cerebro, modificación del pensamiento y adoctrinamiento mientras han sido prisioneras de terroristas o sectas)».

Sin embargo, todavía existe la necesidad de que un mayor número de profesionales de la salud mental estén preparados para diagnosticar y ayudar a las personas que han sido víctimas del control. Por desgracia, existen también varios «investigadores» que, al parecer, cuentan con abundantes fondos y están librando una guerra silenciosa para tratar de desacreditar las preocupaciones acerca del control mental y las sectas. No se puede hacer otra cosa que poner en duda la validez de cualquier investigación que se base, única y exclusivamente, en la cooperación de los líderes de las sectas para la obtención y análisis de los datos. Cuando yo estaba con los Moonies, nos preocupábamos mucho de informar a tales académicos de lo que a nosotros nos interesaba y demostrarles lo que nosotros queríamos que vieran.

Si estas investigaciones son de poca fiabilidad en sus resultados, no ocurre lo mismo con otras hechas sobre los problemas asociados con las técnicas de control mental. El Dr. Flavil Yeakley, un psicólogo de reconocido prestigio que pertenece a la Abilene Christian University, ha hecho extensas investigaciones sobre los perfiles psicológicos de los adeptos de las sectas.5 El Dr. Yeakley repartió el Meyers-Briggs Type Indicator (MBTI), un cuestionario para determinar el perfil de personalidad, entre centenares de miembros de diferentes grupos religiosos y sectas. Pidió a los miembros que respondieran al cuestionario desde tres perspectivas diferentes. La primera vez, se les pidió que contestaran las preguntas desde la perspectiva de la situación que vivían en el presente. En la segunda, tenían que contestar desde la perspectiva que tenían antes de ingresar en el grupo. Por último, el Dr. Yeakley solicitaba que los sujetos de la prueba respondieran a las preguntas como lo harían al cabo de cinco años.

Las encuestas fueron distribuidas entre miembros de la Iglesia de Cristo de Boston, la Iglesia de la Cienciología, los Hare Krishna, Maranatha, los Niños de Dios, los Moonies y El Camino Internacional. Los resultados demostraron un alto nivel de cambios con respecto a ciertos tipos de personalidad estándar, tal como los definía el test. En otras palabras, había individuos en determinadas sectas que, al parecer, tendían a tener el mismo tipo de personalidad, independientemente de la personalidad original que los llevó a unirse al grupo. Considero que los resultados de esta encuesta sustentan en parte mi teoría de que las sectas confieren unas nuevas personalidades a sus miembros (él las denomina «clónicas») suprimiendo sus identidades originales. En una carta que me envió el Dr. Yeakley manifestaba lo siguiente:

«En la Iglesia de Cristo de Boston y en tres de las sectas, el cambio era hacia el tipo de personalidad ESEC (extrovertido, sensitivo, emotivo, crítico). Dos de las sectas cambiaban hacia el ESRC (extrovertido, sensitivo, reflexivo, crítico) y una tendía al EIRC (extrovertido, intuitivo, reflexivo, crítico). No hay nada malo en ninguno de estos tres tipos. El problema reside en la presión a convertirse en alguno de estos tipos. Lo negativo es el cambio y no el tipo hacia el que tiende el cambio.»

Para comparar, se entregó el mismo cuestionario a miembros de las Iglesias bautista, católica, luterana, metodista y presbiteriana y a las «principales» Iglesias de Cristo. El resultado aquí fue que no había cambio significativos en los tipos psicológicos con el transcurso del tiempo. En otra palabra, no había nada que indicara la existencia de presiones de ninguna clase para adoptar un determinado tipo de personalidad. Los tipos de personalidad básicos permanecían intactos.

Estudio y aplicación de las investigaciones sobre el control mental

Resulta evidente que es necesario hacer muchas más investigaciones de este tipo y se espera que no se tarde mucho en realizarlas. Destacados profesionales de la salud mental, expertos en el control mental practicado por las sectas, como la Dra. Margaret Singer (U. de Berkeley), el Dr. Louis Jolyon West (Instituto Neuropsiquiátrico de la UCLA), el Dr. John Clark (Escuela de Medicina de Harvard) y el Dr. Michael Langone (de la American Family Foundation) están cerrando filas con otros muchos estudiosos para formar una sociedad de investigación que estudie el impacto social de la persuasión coercitiva.

La utilización dé la tecnología del control mental no es mala en sí misma. Como cualquier otra tecnología, puede utilizarse para bien o para mal. Puede ser empleada para fortalecer a las personas o para esclavizarías.

Hay millones de norteamericanos que sufren de graves depresiones que les roban fortaleza y les impiden disfrutar de una vida sana y feliz. No es tomar una postura orwelliana pensar en una aplicación positiva de las técnicas de control mental si la persona escoge libremente utilizarlas y si la persona las pone en práctica en sí misma, para conseguir la libertad de imaginar y crear un futuro mejor. Esto es muy diferente a que la persona pierda su poder de decisión a manos de otro individuo.

Hasta cierto punto, las sectas destructivas están realizando experimentos inadmisibles de psicología social. Sus prácticas no se pueden tolerar, ya que las normas éticas de investigación no aceptarían jamás tales comportamientos. Sin embargo, se puede aprender mucho estudiando a las personas que han sido sometidas a experiencias de control mental. Estoy convencido de que se pueden conseguir grandes beneficios en las investigaciones que se realicen en este campo. Creo, por ejemplo, que las técnicas de control mental pueden utilizarse éticamente para ayudar a las personas qué cumplen condenas. Es evidente que se impone una reforma masiva de nuestro sistema penal. Hay que enseñar a los penados formas más efectivas para romper sus ciclos negativos de baja autoestima y comportamiento delictivo. Tal vez podrían instituirse modelos nuevos para su rehabilitación.

Además, las personas que saben cómo funciona el control mental, tendrán una considerable ventaja sobre las que no saben de qué se trata. Para las personas de principios, su conocimiento del control mental se reservará exclusivamente a sus aplicaciones éticas. Por otro lado, pueden aprovechar sus conocimientos para protegerse a sí mismas de aquellos que hacen un uso antiético de control mental.

Asimismo, la moralidad y la sabiduría requieren una actitud mesurada al utilizar cualquier medio que pueda alterar la mente humana. Debemos alentar la esperanza de que todos estos temas serán debatidos en profundidad y se adoptarán las medidas pertinentes para prevenir todo tipo de abuso en la aplicación de estas técnicas.

Estas consideraciones sólo representan el principio de un enfoque que tiende a la comprensión social del problema. Se tiene que hacer mucho más para preparar a los profesionales de la salud mental, de forma que puedan ayudar a las personas que todavía están sufriendo las secuelas del control mental que ejercen las sectas.

Las sectas y la ley

Otro punto que merece nuestra atención es la ley. Las leyes actuales no reconocen la existencia del control mental a menos que se utilice la fuerza o las amenazas. No hay leyes que se ocupen de las inducciones hipnóticas encubiertas o la utilización en secreto de técnicas de control mental con fines poco escrupulosos.

De hecho, la ley tiende más a proteger a las sectas destructivas que a los intereses de sus víctimas. Ningún grupo debería violar los derechos civiles de sus miembros, pero las personas se ven privadas de. su libertad y del derecho a disfrutar de sus vidas cuando ingresan en una secta destructiva. Muchísimos miembros no pueden leer lo que les apetece, hablar libremente, elegir sus empleos, y en algunos casos ni siquiera pueden escoger la persona con la que contraerán matrimonio.

El enorme poder económico de las sectas les ha permitido contratar los servicios de los mejores abogados y presentar demandas judiciales (que no ganarán pero que sirven para causar perjuicios al demandado) contra los críticos y ex miembros. Incluso algunos de los líderes de la American Civil Liberties Union (Unión Americana para las libertades civiles) se han alineado históricamente con las sectas, invocando la Primera Enmienda e ignorando las investigaciones sobre el control mental. Que yo sepa, cualquier intento de legislación contra el reclutamiento fraudulento y el empleo de tácticas ilegales para recoger fondos ha sido rechazado.

Si no se han aprobado leyes en contra de las actividades de las sectas que violan los derechos individuales, ha sido en parte debido a la manera en que estos grupos han sabido refugiarse tras el escudo de la garantía constitucional de la libertad religiosa. En Estados Unidos, el derecho de las personas a creer en lo que quieran es absoluto, y así es cómo debe ser. Lo que no es absoluto es el derecho del grupo para hacer lo que le venga en gana. Por ejemplo, una secta puede creer que es un acto sagrado la manipulación de víboras venenosas, pero la ley prohibe los rituales con ofidios venenosos porque muchísimas personas han muerto debido a las picaduras. Los abogados de las sectas hacen todo lo posible por ignorar esta diferencia e intentan convertir los temas legales en cuestiones de creencia y no de comportamiento.

El reclutamiento y la «conversión» son dos puntos especialmente difíciles de analizar. ¿El grupo tiene, en realidad, derecho a engañar a un converso en potencia porque de saber la verdad no ingresaría a la secta? De la misma manera, ¿tiene el grupo derecho a manipular los pensamientos, sentimientos y el entorno de la persona con el fin de conseguir su «conversión»? Y, si éste es el caso, ¿hay que definir los límites entre la manipulación legal y la ilegal?

Durante mucho tiempo, ha sido científicamente imposible determinar si una persona está sometida al control mental. Cualquier evaluación tenía que ser subjetiva. Pero, a medida que transcurren los años, la ciencia avanza en la búsqueda de una prueba concreta que confirme la existencia de una disfunción mensurable. Estoy convencido de que antes de que acabe el siglo, podremos determinar que las ondas cerebrales del individuo sufren un cambio como resultado de los procesos del control mental. Ahora mismo, algunos de los aparatos susceptibles de determinar los efectos del control mental, están siendo utilizados para confirmar los diagnósticos de personas que se cree sufren desórdenes de personalidad múltiple. Estos individuos presentan ondas cerebrales diferentes según sus distintas personalidades. Cualquier intento por parte del sujeto de simular una personalidad «normal» se detecta con toda facilidad. Creo que es sólo cuestión de tiempo el que las investigaciones puedan demostrar ante un tribunal que la capacidad de funcionamiento de un individuo puede ser disminuida por medio del control mental.

Mientras tanto, también se han dado algunos pasos positivos en el campo de la ley. Ex miembros de diferentes sectas han comenzado a presentar demandas. Acusar a los grupos de fraude, negligencia, servidumbre involuntaria y acoso. También reclaman por la vía judicial los salarios perdidos, el dinero y las propiedades entregadas al grupo, y los daños psicológicos causados por los programas de la secta. En la actualidad, 550 ex miembros de Cienciología tienen presentada una reclamación de mil millones de dólares contra la secta.,6 Muchos de los asociados a TM-Ex, un grupo de información y apoyo para ex adeptos de la Meditación Trascendental, han presentado demandas contra la secta.7 También se han entablado demandas contra Werner Erhard y su grupo «Forum»,8 John Hanley y su Manantial de vida9 y otras muchas grandes organizaciones.

El Daily Mail de Londres fue acusado de difamación por los Moonies tras la publicación de dos artículos sobre el grupo en 1983. En el juicio por difamación más largo de la historia británica, el tribunal dictaminó que los Moonies practicaban «el lavado de cerebro a sus miembros y trataban de mantenerles apartados de sus familias». Los Moonies perdieron el juicio y tuvieron que pagar 2 millones de libras esterlinas en costas.

En Inglaterra, las leyes de libelo estipulaban que el que pierde el juicio debe pagar las costas de las dos partes. En este caso, los gastos legales del Daily Mail fueron abonados por los Moonies. Yo creo que este sistema debería adoptarse en Estados Unidos. El efecto inmediato seria la reducción de las demandas infundadas que presentan las sectas, al tiempo que se fortalecería la libertad de prensa.

Yo he sido testigo del miedo que sienten los medios de comunicación ante las sectas. A principios de 1988, el editor de una conocida revista me vio en un programa de televisión y me pidió que escribiera la reseña crítica del libro L. Ron Hubbard: Messiah or Madman? (L. Ron Hubbard: ¿Mesías o loco?”), escrito por Bent Corydon, que había sido durante veintidós años miembro de Cienciologia. Como sólo hacía una semana que acababa de leerlo, acepté encantado. Sin embargo, la reseña no llegó a publicarse. A pesar de que todo lo que se decía en ella era verdad, el editor me informó de que tenían miedo de que la Iglesia de la Cienciología les demandase. Dijo que lamentaban mucho no poder publicarla, pero que los intereses económicos de la empresa podían resultar perjudicados si lo hacían.

Tampoco se puede dudar de que si la economía norteamericana continúa tambaleándose, irá en aumento el número de empresas en propiedad de las sectas y que los empleados tendrán que asistir a todos los «talleres de trabajo» y «seminarios» patrocinados por esas empresas. (Ahora mismo, los ejecutivos asisten en manada a los programas que les enseñan a cómo controlar a las personas e influir en ellas. Se han dado casos en que, por este sistema, la secta se ha hecho con el control de la compañía.) Muchas empresas que pertenecen a las sectas pueden abaratar sus costes, en competencia desleal con otras empresas, ya que cuentan con mano de obra gratuita. También pueden eludir el pago de impuestos porque, en su contabilidad, se registran los pagos de la nómina, mientras que, en realidad, estos salarios son devueltos a la secta, que está exenta de impuestos. En consecuencia parece como si la empresa estuviera obteniendo un beneficio marginal a través de los adeptos que contrata.

Los peligros del sectarismo en el movimiento Nueva Era

El movimiento New Age (Nueva Era) ha conseguido un impulsó tremendo en los últimos tiempos. «Canalización», una palabra nueva para designar el «espiritismo» (una supuesta forma psíquica de comunicación con los muertos o los espíritus) se ha convertido en un negocio multimillonario. A pesar de que no existe ninguna evidencia verificable de los espíritus canalizados, muchísimas personas están profundamente interesadas en el fenómeno, y han aparecido en el mercado numerosos libros y cursos que, según se anuncia, pueden enseñar a la gente cómo entrar en trance y convertirse en un «canal».

A cambio de los cien dólares que pagan por seminario, los asistentes disfrutan de un par de horas en entrenamiento más una experiencia de hipnosis en masa. Cada vez que alguien es hipnotizado, hay una agradable sensación de relajación, una distorsión temporal (no se sabe si son las 2 o las 5 de la tarde, si es martes o domingo) y, lo que es más importante, se deja de lado la capacidad crítica de la mente. Las personas pierden su capacidad de evaluar de forma consciente y crítica la experiencia.

La hipnosis, un componente importante de las técnicas de control mental, es una herramienta fantástica para la autoexploración y el desarrollo mental, pero el control debe permanecer siempre dentro del individuo y no ser desviado a una autoridad exterior.

Si las personas llegan a creer que otra persona sabe mejor que ellas mismas lo que deben hacer, entonces pueden estar en un serio peligro. Me preocupa mucho el hecho de que se estimule a la gente a que abandone sus facultades críticas y se «rinda». ¿A quién se supone que deben rendirse? Además, en este sistema de creencias no existen, aparentemente, el azar ni las casualidades. Si a usted le ocurre algo, se dice que ha ocurrido para que aprenda alguna cosa. Esta creencia, por extensión, se aplica a todo tipo de violencia, incluyendo el control mental antiético. ¿Significa esto que las personas deben permitir que se las someta al control mental sólo porque éste se cruzó en su camino? Nosotros disponemos de nuestro libre albedrío y no debemos renunciar a nuestra responsabilidad personal para tomar las decisiones correctas. En mi opinión, no puede existir un auténtico desarrollo espiritual cuando se renuncia a la integridad y responsabilidad personales.

Demasiados charlatanes y embusteros con ansias de poder y dinero han aparecido súbitamente en los últimos años. La espiritualidad es algo demasiado precioso y demasiado personal para ser reducida a una colección de fórmulas y perogrulladas, o para que se le asigne un valor monetario.

Otro acontecimiento digno de mención es el renovado interés del público por los OVNIS, que ahora ha sido vinculado con el movimiento de la canalización. El enorme interés despertado por el libro titulado Communion de Whitley Strieber es un buen indicador de lo «caliente» que está el tema. A pesar de que algunos de sus lectores no se lo esperaban, Strieber ha formulado numerosos comentarios críticos sobre el movimiento de la «canalización» y de las tendencias sociales hacia las sectas OVNIS. Varios investigadores además de Festinger (especialmente jacques Vallee, autor de Messengers of Deception, un estudio sobre las sectas OVNI realizado en 1979) han alertado al público, desde hace años, sobre las actividades de las sectas que se centran en el fenómeno de los OVNI, y no faltan ejemplos similares.

Si bien puede haber algo de cierto en el fenómeno de los OVNI (no todos los casos pueden ser explicados de manera convencional), aún no disponemos de una explicación definitiva sobre qué son. Sin embargo, ante la ausencia de este conocimiento cierto, hay muchísimas personas que proclaman sus opiniones como verdad. Durante la década de los 80, hemos visto el ascenso de «canalizadores» vinculados a los OVNI, que afirman estar en comunicación con los «hermanos del espacio» que viven en las estrellas. Creo que estas variantes de la «canalización» son tan sospechosas como las normales, y que tienen el potencial para convertirse en una nueva secta OVNI. Hay que ser precavido.

Los ideales de crear una nueva era para la humanidad en nuestro planeta son, en su mayor parte, dignos de encomio. Yo creo que se debe establecer una nueva era en la cual no se recompense ni se premie la codicia, el poder ilimitado y el materialismo puro. La creatividad, la compasión y la sabiduría tendrían que ser las metas a las que todos deberíamos aspirar. No hay duda alguna de que debe adoptarse lo antes posible una nueva y positiva visión por parte de las personas de todo el mundo. Una revolución en la conciencia universal podría ser la antesala de esta nueva era de paz, bondad y responsabilidad.

Sin embargo, yo continúo siendo escéptico ante cualquiera que manifieste que ha alcanzado las respuestas absolutas o que cuenta con el método absoluto para alcanzar el entendimiento. Como escribió el poeta y visionario William Blake: «Yo debo crear un sistema, o seré esclavizado por el de otro Hombre.»

Las sectas y la libertad religiosa

Para mí es muy importante que no se vea coartada la libertad religiosa. La Constitución garantiza que las personas son libres de escoger su culto y que se respetará su derecho a seguir sus propios principios religiosos. Nada me apenaría más que saber que este libro pudiera despertar en algún lector la intolerancia religiosa.

La discriminación contra cualquier individuo por el solo hecho de que profese una creencia distinta no sólo es penosa sino también ilegal. Yo puedo recordar cómo me sentía cuando me escupían, me propinaban puñetazos y puntapiés, y me insultaban por ser un Moonie. Estos abusos, totalmente injustificados, sólo servían para reforzar mis sentimientos de que me perseguían por mi fe en Dios.

Por principio, estoy en contra de prohibir la presencia de las sectas en los campus universitarios, a menos que violen expresamente las reglas de conducta que debe seguir cualquier organización estudiantil. Creo que estos grupos tienen derecho a existir, y sería el primero en oponerme a que se dictaran leyes prohibiéndolos. Sin embargo, sí me gustaría que existieran programas patrocinados por los institutos, para enseñar a la gente qué es el control mental y las técnicas de reclutamiento que utilizan generalmente las sectas destructivas.

El futuro

¿Por qué aumentan las sectas destructivas? ¿Por qué la gente está tan dispuesta participar en las actividades de estas organizaciones? Éstas son las preguntas que a mi juicio deben responderse con miras al futuro.

Mientras que el desarrollo de nuevas y más elaboradas técnicas de control mental pueden justificar el aumento en el número de miembros, la proliferación de sectas destructivas puede atribuirse al cada vez menor sentimiento comunitario que caracteriza nuestra vida de hoy en día. Ya no vivimos y morimos dentro de un mismo radio de sesenta kilómetros; es algo bastante común que una persona cambie de domicilio varias veces, y que se traslade a muchos kilómetros de distancia a lo largo de su vida.

Este nomadismo socava el sentimiento de comunidad que, en mi opinión, necesitamos los seres humanos para sentirnos una totalidad. He escuchado una y otra vez que la persona se siente, en primer lugar, atraída a una secta porque él o ella disfrutaba al verse rodeada por un grupo de personas que se comportaban como una gran familia; más que ninguna otra cosa, los ex miembros echan de menos la sensación de pertenecer a una comunidad muy unida.

Depender de la televisión para el entretenimiento y la información también es un factor que predispone a enrolarse en una secta. Por desgracia, la mayor parte de los programas de televisión no estimulan nuestro intelecto, nuestra imaginación ni nuestras aspiraciones. En cambio, la televisión fomenta el conformismo y crea una visión distorsionada de la realidad. ¿Dónde si no pueden resolverse todos los problemas en un episodio de una hora? Además, si bien es cierto que es muy importante saber lo que está pasando en el mundo, el incesante bombardeo informativo sobre la droga, los escándalos sexuales, la corrupción y la violencia hacen mella en la psique humana. Nos volvemos insensibles a nuestros propios valores y perdemos la capacidad de creación y discriminación.

Se puede hacer mucho para detener la expansión de las sectas en nuestra sociedad. Con un liderazgo responsable, las organizaciones sociales e intelectuales tendrían que realizar un vigoroso esfuerzo para atender las necesidades de la comunidad y utilizar sus recursos. Estos esfuerzos darán como resultado la creación de un grupo unido de personas que trabajarán por una meta constructiva, satisfaciendo de esta manera la necesidad que mucha gente tiene de sentirse parte de una auténtica comunidad.

La otra respuesta a la proliferación dé sectas en nuestra sociedad es la masiva educación pública. Se deberían destinar fondos federales para la investigación y tratamiento de las víctimas del control mental. Se deberían hacer reformas en la educación pública para estimular a las personas a que piensen por sí mismas, y que aprendan a evaluar la información que reciben y las oportunidades que están a su alcance. Me encantaría ver qué, en todos los institutos y universidades, se enseña a los alumnos qué son el control mental y las sectas destructivas. No sería necesario mencionar en clase el nombre de ningún grupo en particular; se explicarían los principios psicológicos del control mental y se enseñaría a los estudiantes a sospechar de cualquier entornó que les impidiera formular preguntas de tipo crítico. Si se quiere que la democracia funcione, la gente debe estar dispuesta a asumir la responsabilidad de realizar los cambios. Habría que examinar de nuevo nuestros principios y prioridades, y asegurar el libre fluir de la información.

Últimas reflexiones

Escribir este libro marca la materialización del viejo anhelo de poder contribuir, con una guía práctica e informativa, a la resolución de los problemas que pueden tener las personas sometidas a la influencia de las sectas destructivas. Ha sido un largo y duro camino.

Después de todas las amenazas, acosos y temores, ahora puedo mirar atrás y decir que ha merecido la pena, si mi trabajo y mi libro permitieran que otras personas puedan comprender mejor cómo funciona el control mental en las sectas destructivas. Creo que era importante narrar toda la historia, incluyendo mis métodos de trabajo, aunque me temo que puede ser utilizado por las sectas para perfeccionar todavía más sus prácticas. Al desmitificar el asesoramiento en abandonos, lo he hecho con la esperanza de que muchísimas personas, que no desean recurrir a la desprogramación forzosa, comiencen a trabajar para ayudar a sus seres queridos.

También deseo que este libro sirva para crear una concienciación pública nueva y más fuerte sobre el control mental y las sectas destructivas. Espero que el gobierno reconozca la existencia del problema y haga algo por resolverlo. Mientras tanto, espero que los lectores se unan a la Asociación para el conocimiento de sectas y la American Family Foundation y que se suscriban a sus boletines informativos y periódicos. Además, pido a las personas que han pasado por la experiencia de pertenecer a una secta destructiva que se comprometan y se unan a nosotros. ¡Necesitamos su ayuda!

Cuando este libro entraba en prensa en el verano de 1988, yo seguía el debate del Senado para aprobar un proyecto que conmemoraría la tragedia de Jonestown con la celebración de la Semana de Alerta ante las Sectas. La resolución 390, presentada por el congresista por California, Tom Lantos, pretende establecer dicha semana, en cada mes de noviembre, para recordar al público el peligro que representan las sectas destructivas. Sin embargo, este pequeño gesto ha despertado una fuerte reacción de los lobbies sectarios de Washington. Si la resolución no se aprueba ahora, volveremos a presentarla en el próximo período. Yo le pido que llame o escriba a su representante y que haga oír su voz. Procure informarse sobre las conexiones políticas de las sectas, y manifieste su preocupación ante sus representantes autonómicos y estatales. La única manera de contrarrestar la influencia política de las sectas es que un número creciente de personas intervengan para suprimir el comportamiento abusivo e ilegal de éstas.

A medida que se comprenda mejor qué son las sectas destructivas y el control mental, comenzará a esfumarse el estigma social que significa haber sido adepto. Los ex miembros llegarán a entender que no fue culpa suya pertenecer a ellas. La gente se dará cuenta de que tenemos mucho para dar a la sociedad, si se nos brinda la oportunidad. Muchos de mis antiguos clientes y amigos han seguido adelante con sus vidas y ahora se han convertido en ciudadanos felices y productivos. Son médicos, abogados, dentistas, quiroprácticos, arquitectos, artistas, maestros, madres, padres, y trabajadores sociales. FOCUS puede ayudar mucho, pero necesita que la gente participe. Cada vez que usted requiera ayuda, o tenga algo que aportar, o las dos cosas, le pido que dé un paso positivo. Usted puede marcar la diferencia.

En palabras de Edmund Burke: «Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada».

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Apéndice

Los ocho criterios de Lifton sobre el control mental

El siguiente extracto del libro de Rober J. Lifton titulado The Future of Inmortality and Other Essays for a Nuclear Age (“El futuro de la inmortalidad y otros ensayos para una era nuclear”) (Nueva York, Basic Books, 1987), es una amplia explicación de los ocho criterios que establece Lifton para definir el control mental. A pesar de que en el texto se los menciona entrecomillados, a continuación incluyo una lista para facilitar su identificación:

1. «milieu control»

2. «manipulación mística» (o «espontaneidad planeada»)

3. «exigencia de pureza»

4. «culto a la confesión»

5. «sacralización de la ciencia»

6. «la carga del lenguaje»

7. «doctrina sobre la persona»

8. «dispensación de la existencia»

El ensayo del que ha sido tomada esta selección se titula: «Sectas: el totalismo religioso y las libertades civiles». En el mismo, Lifton enmarca sus comentarios en relación a lo que él llama el «totalismo ideológico», o el entorno en el cual los chinos practicaban la modificación del pensamiento, tal y como él lo conoció a partir de la guerra de Corea.

El totalismo ideológico

La fenomenología que utilicé cuando escribí sobre el totalismo ideológico todavía me resulta útil, a pesar de que escribí aquel libro en 1960. La primera característica es el «milieu control», que consiste esencialmente en el control de la comunicación dentro de un entorno. Si el control es muy intenso, se convierte en un control internalizado, un intento para dominar la comunicación interior del individuo. Esto no se puede conseguir jamás de forma total, pero se puede llegar muy lejos. Es lo que a veces se llama «la visión del ojo de Dios» o la convicción de que la realidad es una posesión exclusiva del grupo. Resulta evidente que este tipo de proceso crea conflictos con respecto a la autonomía del individuo; si se busca o se consigue en un entorno semejante, la autonomía se convierte en una amenaza al «milieu control». El «milieu control», dentro de las sectas, tiende a ser mantenido y expresado de diversas maneras: el proceso del grupo, el aislamiento de las otras personas, la presión psicológica, la distancia geográfica o no disponibilidad de transporte y, algunas veces, la presión física. A menudo, hay una secuencia de acontecimientos, tales como seminarios, conferencias y reuniones de grupo, que cada vez son más intensas y más aisladas, haciendo extremadamente difícil, tanto física como psicológicamente, que uno pueda abandonar la secta.

Estas sectas difieren de los patrones del totalismo en otras sociedades. Por ejemplo, los centros de reformas que se utilizaban en China estaban, más o menos, de acuerdo con el ethos de la sociedad tal como evolucionaba en aquel momento y, por lo tanto, cuando uno se marchaba o entraba y salía de esos centros, además encontraba un reforzamiento en el entorno. Las sectas, en cambio, tienden a convertirse en islas de totalismo dentro de una sociedad más grande que, en su conjunto, se opone a estas islas. Esta situación puede crear una dinámica propia, y, en tanto que se debe mantener el «milieu control», los requerimientos se magnifican por esa situación estructural. Los líderes de las sectas a menudo deben profundizar su control y manipular el entorno de forma sistemática y, algunas veces, con mayor intensidad, para poder mantener la isla de totalismo dentro del mundo exterior, que es su antagonista.

La imposición de un intenso «milieu control» está muy vinculada al proceso de cambio. (Esto explica en parte por qué puede producirse un súbito abandono de la identidad sectaria cuando una persona joven, que ha estado en la secta por algún tiempo, entra bruscamente en contacto con las influencias alternativas del exterior). Uno casi puede observar el proceso en algunos jóvenes que sufren un cambio dramático en su identidad anterior, cualquiera que ésta fuera, para abrazar el sistema de creencias de la secta y la estructura del grupo. Yo lo considero como una forma de doblaje: se forma un segundo yo que vive codo a codo con el yo primitivo, aunque en cierta forma autónomo. Como es obvio, debe existir algún elemento de conexión para integrar un yo con el otro. De no ser así, la persona en su conjunto no podría funcionar -aunque la autonomía de cada yo es impresionante-. Cuando se elimina el «milieu control» al apartar, por el medio que sea, al adepto del entorno totalista, vuelve a afirmarse algo del primitivo yo. El abandono puede ser voluntario o por la fuerza (o como ocurrió durante un juicio, en que el miembro de la secta se colocó al otro lado de la mesa, apartándose de los demás adeptos). Los dos yo pueden existir simultáneamente y entremezclados durante un tiempo considerable, y podría ser que estos períodos de transición fueran los más intensos y dolorosos psicológicamente, y potencialmente los más perjudiciales.

Una segunda característica general de los entornos totalísticos es lo que yo llamo «manipulación mística» o «espontaneidad planeada». Se trata de un proceso sistemático, planeado y dirigido desde arriba (por los líderes) pero que, en apariencia, surge de modo espontáneo dentro del entorno. Es necesario que este proceso no sea percibido como una manipulación, lo que plantea interrogantes filosóficos de mucha importancia. Algunos aspectos, como el ayuno, los cánticos y las vigilias, tienen una cierta tradición y han sido practicados por los grupos religiosos durante siglós. Ahora existe en las sectas un patrón por el cual, al ser humano convertido en el «elegido» se le considera como el salvador o como fuente de salvación. La manipulación mística puede tener una cualidad especial en estas sectas, porque sus líderes se convierten en portavoces de Dios. Los principios centrados en Dios son proclamados como argumentos irrebatibles y exclusivos, de tal forma que la secta y sus creencias se convierten en el único camino verdadero hacia la salvación. Eso puede otorgar intensidad a la manipulación mística y una justificación a los que se encargan de promulgaría y, en muchos casos, a los que son sus receptores.

En la medida en que hay un individuo especifico, un líder, que se convierte en el centro de la manipulación mística (o la persona en cuyo nombre se realiza), se produce un proceso que tiene dos vertientes. El líder puede ser algunas veces más real que un dios abstracto y, en consecuencia, más atractivo para los miembros de la secta. Por el otro lado, esta persona también puede ser motivo de desilusión. Si uno cree, como se ha dicho, que Sun Myung Moon (fundador de la Iglesia de la Unificación, y cuyos seguidores son conocidos comúnmente como los «Moonies») tiene vinculaciones con la Agencia Central de Inteligencia Coreana y esta información llega a conocimiento de los miembros de la Iglesia de la Unificación, su relación con la Iglesia puede verse amenazada por la desilusión que se experimenta respecto al líder. Nunca es así de sencillo, no se trata sólo de un patrón causa-efecto, pero estoy sugiriendo que este estilo de liderazgo tiene tantas ventajas como desventajas en cuanto a la lealtad sectaria.

Mientras que la manipulación mística conduce (a los adeptos) hacia lo que yo denomino la psicología del peón, también puede abarcar una legitimación del engaño (de los ajenos), el «engaño divino» de la Iglesia de la Unificación, aunque existen patrones análogos en los entornos de otras sectas. Si uno no ha visto la luz, y no está en el reino de la secta, uno se encuentra en el reino del mal y, en consecuencia, puede ser engañado justificadamente para cumplir con unos objetos más elevados. Por ejemplo, cuando los miembros de algunas sectas salen a recoger fondos, se considera correcto que nieguen su pertenencia a la secta cuando se les pregunta por ello. Se han dado casos de jóvenes que han pasado un tiempo en los centros de una secta sin que se les dijera de qué secta se trataba. La ideología totalista puede justificar, y a menudo justifica tales engaños.

Las otras dos características del totalismo, la «exigencia de pureza» y el «culto de la confesión» son habituales. La exigencia de pureza puede crear una cualidad maniquea en las sectas, al igual que en otros grupos religiosos y políticos. Esta exigencia requiere una separación radical entre lo puro y lo impuro, entre el bien y el mal, en el seno de un entorno y en uno mismo. La purificación absoluta es un proceso continuo. A menudo está institucionalizada, y, como fuente de estimulación de la culpa y la vergüenza, está ligada con el proceso de la confesión. Los movimientos ideológicos, cualquiera que sea su nivel, se apropian de los mecanismos de culpa y vergüenza del individuo para conseguir una influencia considerable sobre los cambios que él o ella sufre. Esto se consigue dentro de un proceso de confesión que tiene su propia estructura. Las sesiones en las que uno confiesa sus propios pecados van acompañadas de críticas y autocríticas, se realizan en el seno de pequeños grupos y motivan un activo y dinámico estímulo hacia el cambio personal.

Se podría hablar mucho más sobre la ambigüedad y complejidad de este proceso, y como Camus ha dicho: «Los autores de confesiones las escriben con el único fin de evitar la confesión, de no decir nada de lo que saben». Camus pudo haber exagerado, pero tenía razón al sugerir que las confesiones son una mezcla de lo que se revela y lo que se oculta. Una persona joven que confiesa los pecados anteriores a la secta o a su existencia preinstitucional puede, al mismo tiempo, creer en sus pecados y estar ocultando otras ideas y sentimientos de los que él o ella no es consciente o que no desea discutir. En algunos casos, estos pecados incluyen una continua identificación con la existencia anterior, como si tal identificación no hubiera sido totalmente desacreditada por el proceso de confesión. Las continuas confesiones son, muy a menudo, una expresión de arrogancia extrema en nombre de una aparente humildad. Cito una vez más a Camus:

«Yo practico la profesión de la penitencia con el propósito de acabar siendo juez» y «cuanto más me acuso a mí mismo, más derecho tengo a juzgar a los demás». Este es el tema central en cualquier proceso de confesión continuo, especialmente cuando se practica dentro de un grupo cerrado.

Los otros tres patrones que describo en relación al totalismo ideológico son la «sacralización de la ciencia», «la carga del lenguaje» y el principio de la «doctrina sobre la persona». Estas denominaciones casi se explican por si mismas. Yo pondría un énfasis especial en la sacralización de la ciencia, porque en nuestra era, algo tiene que ser científico además de espiritual para tener un efecto substancial sobre la gente. La sacralización de la ciencia puede ofrecer una gran seguridad a los jóvenes porque simplifica, en gran medida, el mundo. La Iglesia de la Unificación es un buen ejemplo, aunque no el único, de la necesidad contemporánea de combinar una serie de principios dogmáticos sagrados con la proclamación de una ciencia que encarna la verdad sobre el comportamiento y la psicología humana. En el caso de la Iglesia de la Unificación, su pretensión de ofrecer una ciencia humana irrebatible se refuerza con la invitación a destacados científicos e intelectuales (que, por lo general, cobran abultadas dietas) para que participen en simposios en los cuales se destaca la importancia de la unificación del pensamiento; los participantes expresan libremente sus opiniones, pero lo que interesa es su presencia, que contribuye a dar una apariencia de legitimidad intelectual.

La expresión «carga del lenguaje» se refiere a la literalización del lenguaje, y a las palabras o imágenes que se convierten en Dios. Un lenguaje muy simplificado puede parecer que está cargado de frases hechas, pero tiene un enorme atractivo y poder psicológico en su propia simplificación. Debido a que todos los problemas, y los jóvenes tienen muchos y muy complicados, pueden ser reducidos a unas frases que poseen una coherencia interior, uno puede decir y sentir que ha alcanzado la verdad. Hay respuestas para todas las preguntas. Lionel Trilling lo ha designado como el «lenguaje de no-pensar», porque siempre hay una frase hecha o un lema al cual se pueden reducir las preguntas más difíciles y complejas.

El patrón de la doctrina sobre la persona se presenta cuando existe un conflicto entre lo que uno siente que experimenta y lo que la doctrina o el dogma dice que uno deberla experimentar. El mensaje internalizado en un entorno totalístico dice que uno debe buscar la verdad del dogma y someter su propia experiencia a esta verdad. A menudo, experimentar esta contradicción, o el hecho de admitir que ha existido, puede ser inmediatamente asociado con la culpa, o bien (con el propósito de mantener a una persona sometida a la doctrina) puede uno verse condenado por los demás de una manera que lleva rápidamente a la asociación con la culpa. Se le hace sentir que las dudas son un reflejo de la propia maldad. Sin embargo, las dudas siguen planteándose, y cuando el conflicto se hace muy intenso, las personas se marchan. Esta es la dificultad más frecuente en muchas sectas: mantener la afiliación es un problema más grave que el dinero.

Por último, la octava, y quizás la más general y significativa de estas características, es la que yo llamo «dispensación de la existencia». Este principio es habitualmente una metáfora. Pero si uno tiene una visión absoluta o totalística de la verdad, entonces aquellos que no han visto la luz, que no han abrazado la verdad, que de alguna manera están en las sombras, están inmersos en el mal, son impuros y, por lo tanto, no tienen derecho a la existencia. Aquí entra en juego una dicotomía: «el ser versus la nada».

Los impedimentos para legitimar el ser deben ser apartados o destruidos. El que esté ubicado en la segunda categoría, el que no tiene derecho a existir, puede experimentar psicológicamente un miedo tremendo a la extinción interior. Sin embargo, cuando uno es aceptado, puede sentir una gran satisfacción al considerarse como parte de una elite. En condiciones más malignas, la dispensación de la existencia, la ausencia del derecho a existir, puede llegar a ser literal; se puede matar a la gente por sus carencias doctrinarias, como ha sucedido en demasiados lugares, incluyendo la Unión Soviética o la Alemania nazi. En el suicidio en masa ocurrido en el Templo de la Gente, en Guyana, un único líder pudo disponer de la dispensación de a existencia, o mejor dicho, la no existencia, por medio de una mística suicida que él mismo había integrado en la ideología del grupo. (Los informes posteriores basados en los resultados de las autopsias revelaron que se cometieron tantos asesinatos como suicidios.) El impulso totalístico de trazar una clara línea divisoria entre los que tienen derecho a existir y los demás, aunque pueden darse una serie de grados, puede ser un enfoque mortal para resolver los problemas humanos fundamentales. Y todos los enfoques relacionados con el totalismo o el fundamentalismo son doblemente peligrosos en la era nuclear.

Debo decir que, a pesar de estos problemas, ninguno de estos procesos es irrefutable. Uno de mis objetivos al escribir sobre ellos es contrarrestar la tendencia de nuestra cultura a negar que estas cosas existan; otro propósito es desmitificarlas, para que podamos comprenderlas en función de nuestros conocimientos sobre el comportamiento humano.

FIN

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Una respuesta a Cómo Combatir las Técnicas de Control Mental de las Sectas, Steven Hassan

  1. Luzmila Gonzàlez dice:

    Recomendado por una sobrina leì su libro en pocas noches , es tan importante que me quitaba el sueño, estamos viviendo una situaciòn de secta con una sobrina hace 8 años que no viaja donde su familia (ella vive en E.U. ) es muy triste pasar por este tipo de problema , pero no hemos descansado en investigar la llamamos y a veces esta como congelada , en otras ocasiones conversamos normal , pero la sentimos encerrada en una nueva personalidad, con este libro he comprendido mucho a comprender su situaciòn y siento que podemos rescatarla den algùn momento de su vida , creo en Dios verdadero que asì lo permitirà, sus hermanas que son dos sufren mucho y son incansables continuan investigando para que ella regrese a su Yo. es maravilloso encontrar puertas disponibles y necesitamos màs informaciòn y entrenamiento en la sociedad de hoy como una manera de prevenir.

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